Os explico por qué hay gente que me admira y otra gente que me odia

Tengo una increíble habilidad para no dejar a nadie indiferente. La gente me elogia o me odia. Me ha ocurrido toda la vida, y hay mucha gente que le caigo mal, muy mal, pero en mi opinión personal esto es una virtud muy positiva, si me fijo en la tropa de indeseables, en ambos sexos por supuesto, que les caigo mal.

Las razones por las cuales la gente me elogia y habla muy bien de mí son las mismas razones por las cuales hay mucha gente que me odia y no me soporta. No hay que ser adivino. Es una mezcla de mi forma de ser y de mi imagen. La gente que me conoce sabe que mi imagen, ahora, superados ya los 40 años, es muy normal. Paso inadvertido. No soy guapo, no soy alto, no tengo tatuajes, no tengo el pelo verde o rosa o de mil colores, hace años que no voy al gimnasio, mi ropa es lo que pillo en el armario para ir vestido, y ya ni me peino para no perder el tiempo por los pelos que quedan. Mi imagen es la que los estereotipos de la sociedad marcan como que soy muy normal.

En realidad, soy todo lo contrario. Una vez hablan conmigo me llaman de todo, pero nunca me ponen el adjetivo "normal" después de haber hablado conmigo. Soy muy especial.

Me encanta competir. Lo he hecho toda la vida desde pequeño, y sólo se competir. He competido siempre por todo. Competir es vivir. Soy agresivo en los términos de ser decidido, tengo un carácter muy fuerte, y mi preparación secreta por mi pasado me encanta la estrategia. La estrategia, la estructura y la organización, es fundamental. Siempre voy en serio. Yo no hablo. Yo hago. Las derrotas existen, sí, lo he dicho otras veces. Forman parte de las reglas del juego de la vida. Hay que levantarse, aprender de las derrotas, superarse, mejorar y seguir compitiendo hasta el último día de nuestra vida.

Esto ya es un problema para mucha gente. Simplemente por ser así ya le caigo mal a mucha gente, pero me importa una mierda si les gusta o no. No puedo gustar a todo el mundo. Nadie puede hacerlo. Si no les gusta cómo soy, ¡que se jodan!. Yo no voy a intentar quedar bien con nadie. Yo no leo cuentos de princesas.

A mí me gusta la gente competitiva. Me gusta ver la gente competir, y me repugna la gente que se pasa el puto día dejando las cosas para mañana, con todos los días sentados en un bar explicando sus historias de grandeza ridículas. No tengo compasión con esta gente.

Además, soy muy sincero, claro y directo. La gente siempre dice que le gusta la gente sincera y directa, ¡y una mierda! ¡Nos odian!. La gente odia la sinceridad. No soporta la sinceridad. Sólo quieren que les digan cosas que les gustan, que les des la razón siempre, y que pienses como ellos. ¡No me da la puta gana!. Yo digo las cosas como son, no le doy la razón a la gente si no la tiene, y pienso en mi pleno derecho libre como yo quiero. ¡Faltaría más!.

Otro problema habitual es la hipocresía de esta sociedad. Hablan mucho de ser liberales. La sociedad siempre dice que es de mente abierta, que es moderna. He conocido mucha gente con este falso discurso, pero les hablas de cuerdas, y te miran como si fuera un psicópata pervertido, como mínimo.

Hay gente que me ha dicho que mi web es pornográfica, simplemente porque hay chicas atadas y desnudas. El porno es sexo real, y en esta web no hay nada de sexo real. Una chica desnuda no es pornografía. Una chica atada no es pornografía. Supongo que para esta tropa de trogloditas intelectuales las playas nudistas deben de ser una orgía griega.

No soy nada falso. La falsedad es propia de gilipollas. No voy a bares si no me gustan. No tengo por qué compartir aficiones con nadie si considero que no puedo ser yo mismo. No tengo por qué decir cosas bonitas. No tengo que ser políticamente correcto. No creo en la gente. Creo que hay extraordinarias personas que valen la pena conocer, pero apenas son una anécdota entre una multitud de un millón de despreciable gentío.

Así soy de forma rápida y breve. Así sabéis por qué me elogian, y por qué me odian. Así sabéis por qué hay idiotas que me critican en la primera oportunidad que tienen. No hay mucho mayor secreto. Hay simplemente falta de respeto. Hay odio por ser cómo soy.

A estas alturas, superados los 40 años, debo de tener unos 123.786 enemigos por lo menos. Los enemigos forman parte de la vida de todos y todas. A mucha gente no le gusta. Los enemigos tienen una ventaja. Siempre critican, siempre vienen a hacer daño, siempre quieren joder, molestar. Esto tiene su parte positiva. Cada batalla, se gane o se pierda, te hace más fuerte, más rápido, más decidido, más astuto, más estratega, más inteligente. Cada batalla con esta tropa de imbéciles te hace superarte, te hace aprender. Los enemigos siempre quieren engañarte, siempre mienten, siempre tejen sus estrategias para fastidiar. ¡Lo asumo!

Mi vida está marcada por esta realidad repleta de subnormales desde que era pequeño, y lo asumo. La lista de enemigos, de gente que me odia y le caigo fatal, es interminable. ¡Los tuve, los tengo y los tendré!, y como el primero de toda la lista, por aquel entonces mi infancia, cada enemigo o enemiga aniquilada te hace más grande. Cada victoria te hace más grande. Las derrotas, si se aprenden, también. La vida es una partida tras otra de ajedrez, sin cesar y sin descanso. Así es, y así será, hasta la muerte.