Gente que me admira y gente que me odia

Mis seguidoras y seguidores desde hace muchos años ya saben que la gente me da asco desde que era pequeño. He dicho desde siempre que la gente me repugna, y que todos los días son maravillosos hasta que sale el típico imbécil de turno y te lo arruina. Cualquier gilipollas te puede arruinar en cualquier momento, sin venir a cuento ni esperártelo, el día, la semana, el año y la vida entera.

Es tan famoso este rasgo característico que marca mucho mi personalidad, incluso en mis actividades. Es una de las causas por las cuales soy una persona tan diferente al resto de la sociedad, y hoy os voy a escribir un artículo hablando de la gente. Me voy a quedar a gusto. Eso ya os lo imagináis.

"Desde cuándo me da asco la gente"

La gente me da asco desde que era un bebé. Siempre me ha dado asco la gente. Ya de pequeño no quería saber nada de la gente, por lo que diría que lo llevo en la genética, pero no hay ninguna experiencia impactante o traumática. Lógicamente, como todas y todos, he tenido malas experiencias con la gente, tengo a fecha de hoy malas experiencias, y en el futuro me encontraré subnormales que me provocarán malas experiencias. Eso también os ocurrirá a vosotros, y todo el mundo ha tenido alguna mala experiencia, y nos faltan muchas todavía para vivir, a mí y a tí.

Sin embargo, sacando mi carácter exigente conmigo mismo y rebuscando alguna causa concreta, destaca mucho en mí que soy una persona muy cerebral, y que uso muchísimo el cerebro. Ya de pequeño con cinco años jugaba al ajedrez y con ocho años gané a un maestro nacional en un torneo de ajedrez. Siempre he sido de usar mucho el cerebro, y por instinto cerebral nunca me creo las cosas por el mero hecho de que me las han dicho. Es cierto que, la gente que me conoce, sabe que tengo esa frase típica que digo yo, la de que de la gente me lo creo todo, pero es en sentido despectivo y de menosprecio hacia la gente.

Me percaté ya de niño que no te puedes creer las cosas porque te las dicen. Crecí rodeado de mucha naturaleza, con vacas, ríos, bosques, montañas, animales salvajes, perros, y tuve la gran oportunidad de comparar las burradas que dice la gente con la sabia naturaleza. Yo bebía leche de vaca real, natural, porque estaban en casa las vacas. Ordeñarlas, hervir la leche y beberla. Además, eran vacas que se alimentaban de pastos naturales. Es completamente distinto a los brebajes químicos que te venden en las tiendas.

Yo escuchaba a los profesores en el colegio, a la gente en el tren, en las fiestas del pueblo, los bocazas por televisión, y hablaban idioteces de almendras y comidas y ríos y árboles y frutas y mil habladurías del listillo de mierda de turno. Yo sólo tenía que abrir la puerta, y ahí tenía el árbol, los animales, los campos y todo en estado natural, para compararlo. Así descubrí que la gente es farsante, mentirosa, analfabeta, idiota, y charlatana.

Este ejemplo que he puesto creo que es una las principales razones por las que me da asco la gente. De guiarme por la gente, podría haber crecido con un montón de conceptos equivocados y errores en mi sabiduría, y decidí aprender lo que me enseñaba directamente la naturaleza espectacular que me rodeaba. Yo pude comparar, y no me refiero a lo que dice un libro con otro libro, o lo que dice un programa de televisión con otro. ¡No! Eso no es comparar. Eso es pasar de un borrego a otro. Sigo siendo gente. Yo pude comparar las sandeces de la gente con la maestría de la naturaleza, y la verdad siempre la dice y la enseña la naturaleza.

"El sentir asco por la gente es una virtud"

Ahí empecé a desarrollar el asco por el asco, me fue brutalmente bien, estoy muy orgulloso de haber podido aprender directamente de la naturaleza, y para mí el sentir asco por la gente es una virtud. ¡Sí, sí! Yo lo incluyo en mis virtudes, y presumo y nunca lo he escondido.

A veces conozco gente que me dice que le gusta la gente. Para mí, eso es un defecto, una debilidad, un punto débil, y yo no confío en nadie que le gusta la gente. Para poder desarrollar confianza con alguien, ha de detestar la gente y ha de de ser desconfiada. Esa actitud me gusta, y opino plenamente convencido que es la actitud correcta.

Eso no significa que yo no pueda hablar con la gente. ¡Claro que sí que hablo con la gente! He dicho que soy una persona muy cerebral, he usado el cerebro toda mi vida, soy muy racional, y tengo plena capacidad intelectual para hablar con quien quiera y cuándo quiero. Además, la gente se sorprender porque soy simpático, educado, correcto y sonriente. A lo mejor la gente se piensa que se va a encontrar con un primate enfadado, histérico o que te lanza la piel del plátano. ¡Incultura! ¡Hay que tener mucha paciencia con el analfabetismo de la gente!

Hablo con la gente, sí, claro. En mis coberturas como fotoperiodista para agencias y medios internacionales he accedido a lugares masificados con decenas de miles de personas. Estoy junto los protagonistas que la gente aclama y aplaude, y he tenido también que estar en medio de la gente, y puedo estar sin ningún problema. Tengo la suficiente capacidad intelectual cómo para saber afrontar y gestionar estas situaciones sin ningún problema.

También he de reconocer que no empatizo absolutamente con nadie. Me dan absolutamente igual las estrellas y lo famosos que sean, o si la gente llora o grita o se desnuda, y si son dos personas o centenares de miles de gente. Me da igual la causa que sea. Hago lo que tengo que hacer, soy infalible, hago mis fotos o las entrevistas o el trabajo, y cuando me voy ya pienso en mis cosas y me olvido de todas ellas y ellos. A partir del momento que me despido de la gente, ya son pasado e historia sin ningún vínculo emocional.

A nivel ya de gente anónima, mucha gente dirá que le ha sorprendido lo bien que han hablado conmigo y que se han divertido mucho. Yo siempre digo que todas las aventuras se han de vivir con entusiasmo e intensidad, para que sean situaciones únicas, pero cuando acaba yo no llamo a nadie, ni vamos al cine ni a comer tortillas juntos. ¡No, no! Cada uno a su casa.

"Mi imagen no concuerda con mi actitud competitiva"

Yo no sirvo para modelo de fotografía, y yo no sirvo para presentador, porque yo no tengo imagen. No soy guapo. No soy alto, pero tampoco bajo. Soy estándar, la media del país. No tengo tatuajes. No tengo el pelo ni verde ni rojo ni azul. Mi color es natural. No me peino, que no hace falta, porque tampoco tengo melena de príncipe encantador montado en su blanco semental. ¡No,no! Monta un semental, y verás cómo vuelas veinte metros por el aire. Me visto con lo primero que pillo por el armario, que es ropa cómoda para estar en la naturaleza, pero por Barcelona y ciudades visto igual. Me importa una mierda las apariencias, y he ido por Barcelona con pantalones manchados de barro y las camisetas agujereadas. No voy al gimnasio. Cruzo bosques y me hago muchos kilómetros por bosques a través o subiendo montañas, pero no tengo cuerpo musculitos gimnasio. Resumiendo, que mi imagen es la que los estereotipos de la sociedad marcan como que soy muy normal.

La gente juzga por la imagen, y me subestima y es absolutamente indiferente de mi presencia. Soy el típico tío que pasa por tu lado y ni te lo miras ni te fijas ni piensas ni él, y es que ni me ven. No me tienen miedo, no se asustan, y ni se preocupan por mí. Todo el mundo se siente superior a mí, me menosprecian, y esa actitud de la gente es una ventaja inmensa, sobre todo cuando al otro lado tienes una persona experta, competitiva, astuta, estratégica y racional.

En realidad, soy muy competitivo. Me encanta competir. Lo he hecho toda la vida desde pequeño, y sólo se competir. He competido siempre por todo. Competir es vivir. Soy agresivo en los términos de ser decidido, tengo un carácter muy fuerte, y mi preparación secreta por mi pasado me encanta la estrategia. La estrategia, la estructura y la organización, es fundamental. Siempre voy en serio. Yo no hablo. Yo hago. Las derrotas existen, sí, lo he dicho otras veces. Forman parte de las reglas del juego de la vida. Hay que levantarse, aprender de las derrotas, superarse, mejorar y seguir compitiendo hasta el último día de nuestra vida.

Cuando era joven y un crío, yo era el típico chico competitivo que yo iba andando por la ciudad y quería llegar al semáforo o a la parada antes que el autobús, aunque no iba a coger el autobús. Competía con todo, y he de reconocer que sigo siendo muy competitivo. Para mis coberturas de fotoperiodismo, mi agresividad y mi espíritu competitivo es muy admirado por los que ganan conmigo, y muy odiada y temida por los que pierden o están en el bando contrario.

Siempre decimos que la gente juzga por la imagen, y es completamente verdad, pero se tiene el concepto de delimitar este concepto de juicio a las personas tatuadas, o que se tiñen el pelo, o las personas obesas, o que tienen discapacidades. Nos olvidamos de otros colectivos, y es que la gente lo juzga todo, y también juzga a la gente que simplemente no tiene imagen. Por no tener imagen, ya juzgan tu imagen. Esa es la frase resumida.

Yo nunca he juzgado a nadie por su imagen ni por nada. Lo aprendí con seis años. Estaba jugando un torneo de ajedrez que organizaba un local de actividades, y jugaba al salir del colegio. Iba yo primero del torneo. Lo ganaba todo. Me tocó el último, que lo había perdido todo. Fui confiado. Todavía la vida me tenía que dar muchas lecciones, y perdí con el ridículo y vergonzoso mate pastor, en cuatro jugadas. Desde entonces, que yo tenía seis años, jamás he vuelto a juzgar a nadie por ninguna razón. Trato a toda la gente idéntica, indistintamente de que de mida dos metros, o lo que pese, o lo ropa que lleva, o si es hombre o mujer. Trato a todo el mundo por igual, y uso toda mi capacidad sin emitir ningún juicio previo.

A mí me gusta la gente competitiva. Me gusta ver la gente competir, y me repugna la gente que se pasa el puto día dejando las cosas para mañana, con todos los días sentados en un bar explicando sus historias de grandeza ridículas. No tengo compasión con esta gente.

"La gente odia la sinceridad"

Yo soy muy sincero, claro y directo, y si le preguntáis a la gente por estas cualidades, veréis cómo la gente siempre dice que le gusta la gente sincera y directa. ¡Y una mierda! La gente odia la sinceridad. No soporta la sinceridad. Sólo quieren que les digan cosas que les gustan, que les des la razón siempre, y que pienses como ellos. ¡No me da la puta gana!. Yo digo las cosas como son, no le doy la razón a la gente si no la tiene, y pienso en mi pleno derecho libre como yo quiero. El resultado es que dejan de hablarme, o no quieren hablar conmigo, o no me perdonan jamás mi sinceridad. ¡Pues que se jodan y les den por el culo!

La hipocresía es la conducta mayoritaria, y que gana por abrumadora mayoría, en la sociedad. Es muy hipócrita la gente. Su lema es que siempre hay que quedar bien con la gente. ¡No me da la gana de cumplir esa orden estúpida! No tengo por qué dar la mano a cualquiera que me la ofrece. A lo mejor se ha rascado los huevos o las ladillas, o se ha sacado mocos. Ese es un gesto estereotipado e inservible. Tú dale la mano a la gente, y verás cómo te atrapan el brazo.

La gente habla mucho de ser liberales, y yo soy muy sincero. He hablado de bondage toda mi vida. Ya lo hacia de joven, y tenía amigas que les decía que me gustaba el bondage, y me decían que habían quedado con una amiga, y se iban, y ya no las veía nunca más. ¡Pues adiós! ¡Ningún problema! La gente que no acepta cómo soy no forma parte ni de mi círculo de amistades. Ni tan siquiera en el saco de los conocidos, y no les saludo por la calle.

En los tiempos presentes, la sociedad siempre dice que es de mente abierta, que es moderna, pero siguen siendo los farsantes mentirosos de tiempos antaño. Sigo hablando de cuerdas. Ahora ya no huyen corriendo. Ahora huyen andando, o te dicen que te llaman y te escriben la semana que viene, y ya puedes esperar años, que no van a llamar ni escribir jamás. Antes huían a la carrera. Ahora huyen haciéndose los despistados o los disimulados.

Después también les enseño mi web. Yo mi web se la enseño a todo el mundo, desde gente anónima hasta políticos, actrices, periodistas y quien sea. Es mi web, es mi forma de ser, y mi forma de pensar, y hay fotos de chicas atadas. También hay artículos de opinión, entrevistas, relatos eróticos, pero la gente ve una foto de una chica atada y me dice que luego se la miran. ¡Mentira! No se la van a mirar. En algunas ocasiones hay gente que se anima a darme su opinión, y hay de todo. Hay gente que me dice que es bonita, que es light, que es dura, que le encanta, que no le gusta, que se apuntan, que no es su estilo, que es erótica, y el último grupo son los trogloditas cavernícolas que me dicen que es pornográfica. La pornografía, lo digo dirigido a todo ese grupo de analfabetos, es sexo real, y aquí no hay sexo real. Sólo son ataduras, y una chica atada no es pornografía, esté vestida o desnuda. Supongo que para esta tropa de neandertales las playas nudistas deben de ser una orgía o una bacanal romana.

"La hipocresía y las apariencias de la gente"

El tema de la hipocresía y esa estúpida norma de lucir apariencias y quedar bien lo he hablado en los párrafos anteriores, pero lo detallo porque es uno de los puntos que más asco me da de la gente. Hay millones de ejemplos, pero el comportamiento adoctrinado y aborregado que la mostrado la gente con la dictadura sanitaria y su pandemia es un claro ejemplo. Se ha visto por todos sitios, pero creo que los psicólogos, psiquiatras y la sociología deberían de analizar profundamente la irracionalidad de los aplausos.

Durante esas fechas déspotas, cada día a las ocho salía la gente masivamente a aplaudir desde las ventanas y sus balcones. Decían que era un homenaje, pero ¡qué va! Eso era un concurso entre vecinos de ver quién aplaudía más fuerte, más rápido, más tiempo y más temprano, porque faltaban unos minutos todavía y ya estaba el típico que salía a aplaudir el primero, y cuando acababan siempre había alguien que no paraba y continuaba. Yo a esa hora me duchaba si estaba en la ciudad, o me quedaba escondido por zonas rurales si estaba fuera de la ciudad, porque yo no obedezco dictadores, tiranos, golpistas, autoritarios, imitadores, copias y demás, y no obedezco dictaduras de ningún tipo. Yo no aplaudí ni una palma.

Para mí ese momento es un ejemplo magnífico de la hipocresía y las apariencias de la gente. Hubo gente que confesó haber aplaudido porque los vecinos miraban qué ventana aplaudía y cuál no.

De todos modos, hay muchos más ejemplos. En las bodas te dicen que hay que ir siempre guapo, que en tal sitio te has de comportar de tal manera, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se pisa, que eso no se toca, y ves sumando. Si se cumplen todas las normas que dicta la hipocresía social, resulta que no eres tú mismo o misma. Eres quien los demás dicen que has de ser, y no sirve de excusa decir que en casa o con los amigos eres diferente. Se ha de ser quien realmente somos en todos los lugares.

Yo no soy nada falso. Yo no voy a bares si no me gustan. No tengo por qué compartir aficiones con nadie si considero que no puedo ser yo mismo. No tengo por qué decir cosas bonitas. No tengo que ser políticamente correcto. Yo no tengo que portarme cómo me dicen que me he de portar. Soy yo. Si no les gusta, me voy. Si les gusta, me quedo. Pero no voy a ser quien me dicen que tengo que ser. No soy su marioneta. Es cierto que si me comporto de esta manera mucha gente se enfada conmigo, me odia y me deja de hablar. ¡Pues un idiota menos para perder el tiempo! Iré a conocer gente nueva, que somos más de siete mil millones de personas en el mundo. Somos tantos humanos que en toda una vida no te da tiempo para conocerlos a todos.

"Diferencias entre gente y persona"

Yo no creo en la gente. Ya escribí mi teoría de que debe de haber un fallo genético o un retroceso genético que vuelve a la especie humana cada vez más tonta, falsa, mentirosa, loca, asesina y burra, y que este fallo genético se acelera con la comida adulterada por la química y los móviles de los cojones, y me alegraría de la extinción de la humanidad. Sólo pediría al destino que sobreviva la fauna animal y la naturaleza.

Aun así, hablo con la gente y estoy en medio de la gente, y siempre conozco gente, y siempre he dicho que, alguna vez, en medio de todos los basureros de mierda que es la gente, te puedes encontrar con alguna persona extraordinaria, maravillosa, que parece un milagro existan personas con tal honradez, pero es una persona. Yo no lo niego. Sí, hay personas extraordinarias, pero es una persona singular, exclusivo, un individuo que sí vale la pena, pero apenas son un anecdótico diamante entre toneladas y toneladas de mierda.

"Cada día hay más personas que le da asco la gente"

Antes, en mi época de adolescencia, yo era de las pocas personas que pensaba así. Era como un bicho raro, que suele llamarle la gente. También me llamaban loco. Me encanta la locura, porque una locura sana y controlada es uno de los ingredientes imprescindibles y vitales para la genialidad. Lo que digan mortales sosos y aburridos y normales me da absolutamente igual. Admiro los genios y su locura. Me da asco la gente y su hipocresía.

He pensado toda mi vida así, pero ahora, desde la pandemia, hay mucha más gente que piensa como yo. Cuando hablo hay mucha gente que me da la razón, y que piensa igual que yo. Hay gente que vive muy distinto a mi estilo de vida, pero un día, hablando con una señora de limpieza en una cobertura periodística, me dijo que el mundo está perdido. ¡Eso lo decía yo! ¡Me ha copiado! Y una dependienta me dijo que el comportamiento de la gente suponía el principio del fin de la humanidad. ¡Eso también lo decía yo hace años! ¡Me están copiando! Y más y más y más ejemplos. Lo escucho en entrevistas, por la televisión, o en conversaciones mundanas de la gente. Cada vez hay más gente haciendo mis afirmaciones. Somos estilos de vida completamente distintos, pero coincidimos de lleno en este punto. Eso es muy mal síntoma, para ser sincero. Eso es un desastre, y cuando tanta gente distinta coincide sin que yo diga nada significa que hay mucho de verdad.

"Ya sabéis por qué unos me admiran y otros me odian"

Así soy de forma rápida y breve. Así sabéis por qué me elogian, y por qué me odian. Así sabéis por qué hay subnormales que me critican en la primera oportunidad que tienen, y tan subnormal es quien me odia por mi forma de ser como el que sin conocerme se cree lo que le dicen. Es igual de enemigo el primero que el segundo.

A estas alturas, superados los 40 años, debo de tener más de doscientos mil enemigos por lo menos. Los enemigos forman parte de la vida de todos y todas. A mucha gente no le gusta. Los enemigos tienen una ventaja. Siempre critican, siempre vienen a hacer daño, siempre quieren joder, molestar. Esto tiene su parte positiva. Cada batalla, se gane o se pierda, te hace más fuerte, más rápido, más decidido, más astuto, más estratega, más inteligente. Cada batalla con esta tropa de imbéciles te hace superarte, te hace aprender. Los enemigos siempre quieren engañarte, siempre mienten, siempre tejen sus estrategias para fastidiar. ¡No pasa nada! ¡Ningún problema!

Mi vida está marcada por esta realidad repleta de subnormales desde que era pequeño, y lo asumo. La lista de enemigos, de gente que me odia y le caigo fatal, es interminable. ¡Los tuve, los tengo y los tendré!, y como el primero de toda la lista, por aquel entonces mi infancia, cada enemigo o enemiga aniquilada te hace más grande. Cada victoria te hace más grande. Las derrotas, si se aprenden, también. La vida es una partida tras otra de ajedrez, sin cesar y sin descanso. Así es, y así será, hasta la muerte.

 

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