La mierda de las fiestas navideñas

Entramos en plenas fechas de las fiestas navideñas, con la Navidad, el Fin de Año, la fiesta de los Reyes, y aquí en Cataluña sumamos otra fiesta que es San Esteban, el día después de Navidad, porque se ve que tres días de fiesta es poco! y ponemos un cuarto día de fiesta.

Yo aborrezco estas fiestas, y para mí es la peor época de todo el año. Creo que son las fechas donde la sociedad parece mostrarse orgullosa de su hipocresía y de su enfermizo consumismo, y os lo voy a explicar muy claro y detallado en este artículo..

Comienzo como primer punto por la tontería de ir diciendo "Felices Fiestas" a todo el mundo. Hay personas que no me conocen de nada, que no las he visto nunca, y me dicen "Felices Fiestas". "¿¿¿Perdón???? ¿Y tú quién coño eres?", es la respuesta que se merecen, pero si les doy esta respuesta se enfadan y discutimos. ¡Y veinte segundos antes me deseaban felices fiestas! ¡Putos paranoicos bipolares!.

Es el deseo más falso que he escuchado jamás. He escuchado en la calle decir lo de "felices fiestas" desde casi la primera semana de diciembre, y a finales de enero todavía he escuchado a gente decirse lo de "felices fiestas" por la calle. ¿Dos meses diciendo "felices fiestas"?. Pero esto no es lo peor, porque también existe ese otro saludo ridículo de este tiempo, que es decir "felices fiestas, feliz navidad, feliz Fin de Año y feliz Próspero Año Nuevo". ¡Venga ya! Cuatro saludos, así seguidos, sin anestesia ni nada. ¡Con uno ya basta!. Yo siempre he tenido la sospecha de que lo hacen para dar por el culo.

Luego están los regalos. ¡El consumismo! La gente se queja del dinero, de la crisis, de la pobreza, de lo caro que está todo, del precio de los pisos, de la gasolina, pero llega Navidad y todos como locos a comprar. Las tiendas llenas a reventar, las calles de zonas comerciales que tienes que ir andando al ritmo de la marea humana, los centros comerciales que parece un concierto de una estrella mundial, todos con veinte bolsas, y todos contentos.

Tercer punto. ¡Las cenas y las comidas!. Muchas empresas organizan la cena de empresa, donde siempre está el típico infantil gracioso que demuestra tener menos inteligencia que un mosquito, y le echa la culpa al alcohol cuando se da cuenta que ha dado una imagen patética. ¿Quién inventó la cena de empresa? Tuvo que ser una mente muy perversa y cruel, porque no es ningún secreto decir que la gran mayoría de personas trabajan por obligación, y muchos odian su trabajo. ¿Cenar juntos? ¿Con las ganas que tengo de largarme del trabajo? ¡No! ¡Nunca iría a una cena de empresa! ¡Si les gusta bien, y si no que se jodan!.

Otras cenas y comidas son las familiares. ¡Peligro! En muchas casas es una feroz competición por ver quién dice la mayor estupidez en la mesa, de esas subnormalidades que te quita el hambre y le tirarías los spaggettis por la cara muy feliz. Vuelves a ver al primo que no querías ver, vuelves a ver al cuñado o cuñada que no soportas desde el primer día, los padres interrogando a sus hijos con la batería de preguntas para espiar toda la vida del último año, y de postre aguantar dos horas de habladurías, criticando los políticos, la gente, los deportistas, el árbitro, los precios y hasta la luz de las farolas. ¡No se salva nadie en estas tertulias!.

Fin de Año es otro apartado para reír. Nos han dicho mil veces por televisión y por todos sitios que la tradición de las uvas viene por una excedencia de producción que ocurrió hace muchos años. Dijeron que iba a traer suerte, la sociedad se creyó esta absurda tontería, y ¡ya estamos con otra tontería! ¡La gente a comerse sus doce uvas, una por campana!. Es decir, todos los éxitos, las victorias, los trabajos bien hechos, las recompensas, las ganancias, y mucho más todo positivo, es por las uvas. Sin las uvas, seríamos unos putos desgraciados. ¡Lo digo con ironía, por cierto!.

Os voy a confesar un secreto. Mi familia comía uvas cuando yo era niño, pero yo comía lacasitos. ¡Sí, sí, lacasitos! ¡Y no doce! ¡Me comía el paquete entero!.

¡Sigamos! ¡Que falta mucho! Le toca a la tradición de los Reyes magos. De pequeño me hacían dejarle pan, la ventana abierta para que entraran los Reyes, y los zapatos en la ventana. ¡La madre que los parió! Al día siguiente tenía los zapatos congelados, que estamos en pleno invierno.

Recuerdo que me llevaron a ver la cabalgata, porque decían que daban caramelos. ¡Una mierda! ¡Te bombardean con caramelos!, que es diferente. Te tiran el saco entero por encima. Me parecían unos psicópatas que me odiaban. Luego quieres coger los caramelos, y están los padres como hienas hambrientas a ver quien coge más caramelos. Van con la cesta de la compra, y yo tenía tres o cuatro años. Era muy pequeño, y no me atrevía a meterme en esa tropa de tarados.

Por la noche esperaba los regalos, y yo tenía un problema con los Reyes Magos. Yo no sé si es que no sabían leer, si me tenían manía, o iban atontados, pero me dejaban de regalos lo que les salía de los putos huevos. No sé para qué coño me esforzaba escribiendo la carta. Había pedido un excalextric. ¡Un excalextric! Me levanto por la mañana y me encuentro con un coche de cuatro ruedas, de moverlo con la mano por el suelo y hacer bbbrrrr con la boca. ¡Serán capullos!

Fue el coche ese de mierda, y un muñeco. Cogí al muñeco, lo até con un buen bondage con cinta aislante dando vueltas al muñeco, le pinte una mordaza de cinta tapando toda la boca con retulador, y lo dejé en el escritorio cuatro meses. ¡Y yo tenía cuatro o cinco años entonces! ¡Ahora que lo pienso... ya tenía la vena bondage!.

Desde pequeño estas fiestas siempre me han parecido una mierda, y os diré por qué digo mierda.

A mi madre le gustaba hacer el pesebre, y aquí en Cataluña está la tradición de la figura del "caganer", que es poner en el pesebre un tio con los pantalones bajados, enseñando el culo y cagando mierda. ¡Que sí, que es verdad! ¡Poner "caganer" en google y lo vereis!. Yo no lo entendía, y sigo sin entenderlo. En un pesebre religioso es tradición poner un tio cagando y enseñando el culo. Ya puestos, podemos poner dos personas follando detrás de un matorral y una persona atada a un árbol.

Por si no había bastante mierda, miraba los caramelos típicos que se venden por estas fiestas, y me encontraba con que vendían un orinal y una mierda dentro, muy logrado. Sí, sí, es un caramelo, pero con forma de mierda perfecta, y además dentro de un asqueroso orinal del siglo pasado. ¡Que asco! ¡No me lo comí nunca ni me lo compraron nunca por suerte! ¡Lo hubiera tirado!.

Todavía falta otra mierda. Sí, aquí en Cataluña por lo visto sacamos las mierdas de paseo en estas fiestas. Mi madre, muy catalana, le gustaba hacer el cagatió. Ahora se ha suavizado el nombre desde las instituciones públicas, porque ya era demasiada mierda, y le llaman el tió, pero para la cultura antigua catalana era el cagatió. Consiste en un tronco vacío, básicamente la corteza, que iban los ancianos a buscar al bosque. Se llenaba de regalos, se le colocaba una barretina catalana en la cabeza (¡¡¡no haré chistes!!!), y le pegabas con un palo, al tiempo que ibas cantando una canción horrible en mi opinión, para que cagara los regalos. Literalmente, le salían los regalos por el culo. Cagaba los regalos, y por eso era el cagatió. El chiste era fácil. ¡Vaya mierda de regalos!.

Resumo. Están las falsas felicitaciones, las excusas para emborracharse, las comidas de reuniones pesadas, las compras irracionales, los Reyes Magos que no leen mis cartas, tradiciones sin base cultural, y termino hablando de un tio cagando mierda y enseñando el culo en el pesebre, caramelos con forma de mierda dentro de un orinal, y un tió que caga regalos. ¡Lo dicho! ¡La mierda de las fiestas navideñas!.

Yo estos días me quedo en casa con mi mujer, no voy a cenas de nadie, no voy a comprar nada, no celebro nada, y lo mejor es que pasen rápidas y volvamos a recobrar la cordura a partir de enero.