La mierda de las fiestas navideñas

Como cada año, entramos en plenas fechas de las fiestas navideñas, donde se engloba la Navidad, pocos días después el Fin de Año, otros pocos días más tarde la fiesta de los Reyes, y aquí en Cataluña sumamos otra fiesta que es San Esteban, justo el día después de Navidad, porque se ve que en nuestra tierra tres días de fiesta es poco, y ponemos un cuarto día de fiesta.

Mis seguidoras y seguidores sabéis que me da asco la gente. Me repugna la gente desde mi infancia. Creo que lo tengo en la genética de nacimiento, y lógicamente aborrezco estas fiestas repletas de multitudes y gente. Para mí es la peor época de todo el año. Creo que son las fechas donde la sociedad parece mostrarse orgullosa de su hipocresía, su cinismo, sus falsas apariencias y su enfermizo consumismo, y os lo voy a explicar muy claro y detallado en este artículo.

"La gente hipócrita que te felicita sin conocerte"

Comienzo como primer punto por la tontería de ir diciendo "Felices Fiestas" a todo el mundo. Hay personas que no me conocen de nada, que no las he visto nunca, y de repente y por sorpresa te dice "Felices Fiestas", pero ¿por qué me felicita las fiestas? Es sólo un extraño que no conozco absolutamente de nada, sea en la calle o en una tienda. Dicen que es por educación, pero yo opino que es por manipulación. Le han instalado en el cerebro el adoctrinamiento de que en estas estúpidas fiestas, inventadas por los países y los políticos porque no hay ningún documento histórico que certifique veraz la fecha de las celebraciones, hay que felicitar a la gente, y la excusa vulgar es la educación. Yo no devuelvo la felicitación, y en realidad tendría que preguntarles quién coño es, porque no le conozco de nada, pero si les doy esta respuesta se enfadan y discutimos. ¡Y veinte segundos antes me deseaban felices fiestas! ¡Putos paranoicos bipolares!

Es el deseo más falso que he escuchado jamás. He escuchado en la calle decir lo de "felices fiestas" desde casi la primera semana de diciembre, y a finales de enero todavía he escuchado a gente decirse lo de "felices fiestas" por la calle. Me acuerdo de mi época en la universidad, que era ya la última semana de enero, y entró un chico al aula, y dio las felices fiestas gritando a todo el aula. ¡En dos días era febrero! Supongo que estos sujetos son los que dejan las bolas de adorno en el balcón y el árbol de Navidad en el comedor todo el año.

Sin embargo, todavía hay una felicitación mucho peor que la ridícula "Felices Fiestas". Me refiero a esa felicitación interminable de la gente, que es decir "felices fiestas, feliz navidad, feliz Fin de Año y feliz Próspero Año Nuevo". Me entran ganas de decirle que respiren. ¡Tomar aire! ¡Que se quedan sin aliento! Cuatro saludos, así seguidos, sin anestesia ni nada. ¡Con uno ya basta!. Yo siempre he tenido la sospecha de que lo hacen de forma intencionada para burlarse de la gente y dar por el culo.

Otro saludo es la felicitación exclusiva de "Feliz año nuevo", que es el cambio de calendario. Ya de joven yo deje de salir de fiesta esa noche, porque vayas donde vayas está todo el mundo incordiando con el "Feliz año nuevo". ¡Te dan hasta doler de cabeza! Es todo el mundo, desde el que se cruza contigo por la calle o los coches, hasta gente a gritos desde los balcones, en los lugares de fiesta, y en los días siguientes en tiendas y cualquier rincón. ¡Que agobio! ¡Que se vayan a la mierda! ¡No les conozco de nada! No tienen que felicitarme nada. No son mis amigos. No nos conocemos.

Os confesaré que yo no salgo la noche de fin de año a ningún sitio de fiesta. Es sólo un día en el calendario. Apago la televisión, y me quedo mirando vídeos porno por Internet, o jugando con cuerdas, o mirando el paisaje de noche, o me voy a dormir. ¡Como cualquier otro día normal!

"El consumismo de comprar regalos y burradas en Navidad"

Cambiando de tema y dejando ya la falsedad de estas felicitaciones, voy a hablar de los regalos. La gente se queja del dinero, de la crisis, de la pobreza, de lo caro que está todo, del precio de los pisos, de la gasolina, de la luz, de los bajos salarios, pero llega Navidad y todos como locos a comprar. Las tiendas llenas a reventar, las calles de zonas comerciales que tienes que ir andando al ritmo de la marea humana, los centros comerciales abarrotados como si en su interior hubiera un concierto de una estrella mundial, todos con veinte bolsas, y todos contentos.

Se compran regalos para pareja, hijos y familia directa, pero también hay gente que compra para el sobrino, el tío, el cuñado o el primo que no ve desde curiosamente la Navidad pasada, y como no tienen ni puta idea de qué comprar, porque no se conocen los gustos al no hablarse nunca, le compran unos calcetines, un jersey o un cinturón, lo cual significa que son los regalos imbéciles de decir que no tiene ni puta idea de qué comprar, pero hay que quedar bien y cumplir obediente con el adoctrinamiento que le marca la sociedad.

Después está esa gente que se compra el regalo a sí mismo. Eso es muy gracioso. Se compran, para ellos o ellas, lo que les gusta, se lo envuelven para regalo, se lo esconden como regalos de Navidad, y cuando llega la fecha señalada se lo dejan en el mueble o en el suelo o bajo el árbol, y al abrirlo se alegran y saltan felices y sorprendidos por el regalo que se han hecho a sí mismos y se han comprado ellos mismos. ¡Que les den un premio de cine! ¡El Oscar! ¡Premio al mejor actor o actriz! O el premio, o el psicólogo.

En mi opinión, los regalos escenifican y demuestran las inmensas falsas apariencias y la gigantesca hipocresía que tiene esta repugnante sociedad, y que en el futuro será la vergüenza en los libros de historia de la humanidad. Durante todo el año se quejan del dinero, de la pobreza, critican las compras absurdas de la gente, critican las tiendas masificadas, y ahora, cuando falta todavía un mes para Navidad, todo el mundo ya va desesperado a comprar sus regalos y cualquier estupidez expuesta en los estantes de las tiendas.

Es fácil suponer por mi texto que yo no compro nada y no regalo nada. Yo compro cuando tengo una necesidad porque carezco o me falta algún aparato, prenda o artículo, y regalo cuando toca por alguna fecha concreta relacionada con una persona particular, pero no voy a comprar ni regalar porque me lo diga la televisión, los políticos o la gente. Lo haré yo cuando quiera y porque lo considero yo, indistintamente sea enero, marzo, agosto o diciembre, por citar algunos meses de calendario.

"La peligrosa costumbre de reunirte para cenar y comer con tu enemigo"

Durante la época navideña la gente se monta comidas y cenas. Este es un país que a la gente le gusta mucho comer en restaurantes y beber. Tenemos miles y miles de bares y restaurantes. Escuché una vez, en un informe estadístico oficial, que España es uno de los países con más bares y restaurantes del mundo, y eso que por territorio y población España es un país relativamente pequeño. Hay muchos otros países más grandes. Ahora somos unos 47 millones de habitantes, y de este a oeste tenemos poco más de mil kilometros de longitud. Si España tuviera la extensión que tienen países mucho más grandes, como Rusia o China o Estados Unidos, sería el país con más bares y restaurantes del mundo. ¡Tendríamos un récord inalcanzable! ¡Ni todo el mundo unido tendría tantos bares! Son como una plaga.

Comenzaré hablando de las cenas navideñas que se montan las empresas. Muchas empresas organizan ese encuentro que se llama la cena de empresa, que en teoría dicen fortalece la unión entre compañeros y trabajadores. La realidad es que en estas cenas siempre acaba apareciendo el típico infantil gracioso que demuestra tener menos inteligencia que un mosquito, con sus bromitas tontas, sus bravuconerías de machito, y el resto de presentes le ríen y se callan para no herirle los sentimientos y decirle que es penoso y deprimente su actitud.

El alcohol es un ingrediente imprescindible, y aparecen borrachos por todas las mesas. Depués, cuando se pasa la borrachera y recuperan su cordura normal, le echa la culpa al alcohol cuando se da cuenta que ha dado una imagen patética, pero el alcohol muchas veces muestra al sujeto que hay dentro en realidad, y que siempre esconde tras la máscara de la apariencia.

Es deplorable y una mala experiencia tener que cenar con tus compañeros de trabajo, porque todos y todas sabemos que la gente en el trabajo está hasta los cojones de verse, y tienen ganas de acabar la jornada laboral para largarse a casa y perder de vista al jefe, al trabajo, y a sus compañeros. ¡Todo el mundo disimula! Te dicen que no, que ellos no. ¡Algún caso habrá, sí, es cierto, es innegable! ¡Alguien se habrá enamorado en el trabajo! Pero la gran mayoría ni tan siquiera son amigos, ni quieren serlo.

Yo no sé quién inventó la cena de empresa. Tuvo que ser una mente muy perversa y cruel, porque no es ningún secreto decir que la gran mayoría de personas trabajan por obligación, y muchos odian su trabajo. Sumar la obligacion de denar juntos, con las ganas que tienen de irse del trabajo, es ya para torturar.

Otras cenas y comidas muy peligrosas son las familiares. ¡Peligro! ¡Alarma! Las cenas de familia es sentar enemigos en la misma mesa. En muchas casas es una feroz competición por ver quién dice la mayor estupidez en la mesa, de esas subnormalidades que te quita el hambre y le tirarías los spaggettis por la cara muy feliz. Vuelves a ver al primo que no querías ver, vuelves a ver al cuñado o cuñada que no soportas desde el primer día, los padres interrogando a sus hijos con la batería de preguntas para espiar toda la vida del último año, y de postre aguantar dos horas de habladurías, criticando los políticos, la gente, los deportistas, el árbitro, los precios y hasta el diseño de las farolas. ¡No se salva nadie en estas tertulias!.

Volvemos a las mismas situaciones que os he dicho antes. Añade alcohol, borrachos, dos familiares que no se ven desde hace años, con cuentas pendientes y que se odian, y no sería la primera cena de familia que acabo a bofetada limpia y llegando la policía a casa para poner paz.

Yo, como no celebro estas fiestas, no hago cenas de familia ni cenas de empresa. Yo no celebro nada en estas fiestas. No sigo ni una sola de las normas obligatorias establecidas por esta hipócrita sociedad que se ha inventado un postureo farsante, y para mí son días normales, como todo el año, con la excepción de tener que evitar lugares masificados por la gente, que son básicamente todos los días. Me quedo en mis bosques y montañas, y ya pasarán estas semanas.

"La caótica y triste costumbre de celebrar un día como fin de año"

Fin de Año es otro apartado para reír. Yo no soy mucho de mirar fechas, y yo no soy de esas personas que va anotando si en tal fecha gané una copa o celebré tal historia o tal otra. Yo creo en el destino, se vive en el presente, hago hoy lo que puedo hacer hoy, no espero a mañana, y no reservo días para celebraciones antiguas, y mucho menos si esas celebraciones no tienen nada que ver con mi vida personal o mis propias experiencias personales.

No tengo ningún vínculo con esta fecha que se llama fin de año. No gané ninguna copa ese día, no tengo ninguna celebración mía, y es simplemente un día como otro cualquiera. No hago ninguna preparación especial. No salgo de fiesta, tal como he dicho antes, no enciendo la televisión, y me voy a dormir cuando estoy cansado o cuando quiero, o me quedo jugando con el ordenador.

De pequeño es cierto que la capacidad de decisión recae en los padres, y aquí, en nuestro país, tenemos la tradición absurda e inventada de comer doce uvas, siendo una uva por cada campanada, para tener buena suerte. Es una estupidez solemne, y las propias televisiones del país nos han dicho mil veces que la tradición de las uvas viene por una excedencia de producción que ocurrió hace muchos años del siglo pasado. Para no tirar las uvas que sobraban de esa gigantesca producción anual, dijeron que comerlas en fin de año iba a traer suerte. La sociedad se creyó esta absurda tontería, y ¡se quedó la tontería! ¡La gente a comerse sus doce uvas, una por campana!. Es decir, todos los éxitos, las victorias, los trabajos bien hechos, las recompensas, las ganancias, y mucho más todo positivo, es por las uvas. Sin las uvas, seríamos unos putos desgraciados. ¡Lo digo con ironía, por si alguien no lo ha pillado!

Aun siendo yo muy pequeño, yo no comía uvas tampoco. Ya tenía mi carácter, y os voy a confesar un secreto. Mi familia comía uvas cuando yo era niño, pero yo comía lacasitos. ¡Sí, sí, lacasitos! ¡Y no doce! ¡Me comía el paquete entero!

"Todavía queda hablar de la tradición de los Reyes Magos"

¡Sigamos! ¡Que todavía falta! Todo lo que sea fiesta le encanta a la gente, y por lo visto no había suficiente con todo este calendario. Se añadió la tradición de los Reyes magos, que son tres personajes subidos en camellos, en una historia que ni los propios historiadores están convencidos de demostrar, ni pueden demostrar. Incluso dicen que ni tan siquiera eran magos. Es todo interpretación y suposiciones, pero se deja la fiesta porque se compran regalos, y se reúnen las familias otra vez, ¡y comen! ¡Otra comida! Debe de haber gente que engordará cinco kilos esos días, y al mismo tiempo estará hablando de que en otros lugares remotos del mundo muere de hambre la gente, o sólo tienen un plato de arroz. Este es el cinismo e hipocresía puro y duro de este país.

A mí eso de los Reyes no me convencieron nunca. ¡Ni de pequeño! Yo no entendía cómo entraba gente en casa y los perros no ladraban, y como sólo tres tíos en camellos se metían la vuelta al mundo, ventana por ventana, en tan sólo una noche. Yo tenía tres años, pero no me lo creía, y ahí veía algo raro.

Para convencerme, mis padres me llevaron a ver la cabalgata a la repugnante, caótica, estresada y tensa ciudad de Barcelona, porque me contaron regalaban caramelos. ¡No es así! ¡Te bombardean con caramelos!, que es diferente. Te tiran el saco entero por encima. Me parecían unos psicópatas que me odiaban, pero cuando se iban tampoco me atrevía a coger los caramelos en el suelo. De entre la muchedumbre salían padres como hienas hambrientas a ver quien coge más caramelos. Los jabalíes del bosque son más tranquilos y mansos que un padre cogiendo caramelos en la cabalgata. Era como estudiar los trogloditas de la Prehistoria, y yo no me atrevía a meterme en esa tropa de tarados.

La segunda oportunidad para creerme ese cuento de los Reyes eran los regalos, pero yo no sabía si es que no sabían leer los Reyes, o me tenían manía, o iban atontados, pero me dejaban de regalos lo que les salía de los putos huevos. No sé para qué coño me esforzaba escribiendo la carta. Había pedido un excalextric. ¡Un excalextric! Me levanto por la mañana y me encuentro con un coche de cuatro ruedas, de moverlo con la mano por el suelo y hacer bbbbbrrrrrbrrrr con la boca. ¡Serán capullos!

Les pedí un soldado de juguete muy guapo que no digo la marca, porque no hago publicidad gratuita a nadie, y me trajeron un muñeco simple y feo. Cogí al muñeco, ate sus brazos al cuerpo en plan momificado con cinta aislante dando vueltas al muñeco, le pinte una mordaza de cinta tapando toda la boca con retulador, y lo dejé en el escritorio medio año por lo menos. ¡No jugué nada con ese trasto! ¡Y yo tenía cuatro o cinco años entonces! ¡Ahora que lo pienso... ya tenía la vena bondage!

Yo sólo tenía tres años, pero por mí se podían ir a la mierda ya esas fiestas.

"Faltaba para cagarse en las fiestas la figura del Caganer en Cataluña"

Ya hablando de mierda, aquí en Cataluña está la tradición de la figura del "caganer". Es poner en el pesebre un tio con los pantalones bajados, enseñando el culo y cagando mierda. ¡Que sí, que es verdad! ¡Poner "caganer" en google y lo vereis!. Yo no lo entendía, y sigo sin entenderlo. En un pesebre religioso es tradición poner un tio cagando y enseñando el culo. Ya puestos, podemos poner dos personas follando escondidos detrás de un matorral y una persona atada a un árbol.

Lo del "caganer" opino que es ya añadirle el toque patético y humillante a una mierda de fiestas, pero supongo que, buscando su nota positiva, simboliza lo que pienso de las fiestas de Navidad, que son una mierda y se pueden ir a cagar.

Por si no había bastante mierda, miraba los caramelos típicos que se venden por estas fiestas. Había caramelos de todo tipo, pero siempre había un caramelo que me parecía repugnante, no lo quise nunca, y no me lo compraron nunca. Era un caramelo que se vendía diseñado como si fuera una mierda dentro de un orinal. ¡Sí, sí! Es un caramelo, pero con forma de mierda perfecta, y además dentro de un asqueroso orinal del siglo pasado. ¡Que asco! ¡Esa mierda no se debería de vender ni fabricar!

Ya llevo dos mierdas, pero todavía falta otra mierda. ¡Sí! Aquí en Cataluña por lo visto sacamos todas las mierdas de paseo en estas fiestas. Mi madre, muy catalana, le gustaba hacer el cagatió. Ahora se ha suavizado el nombre desde las instituciones públicas, porque ya era demasiada mierda, y le llaman el tió, pero para la cultura antigua catalana, de toda la vida, ancestral e histórica, era el cagatió. ¡Que digan lo que quieran estos políticos incompetentes de hoy en día y sus lavados de imagen patéticos! ¡Es el cagatió! ¡Desde siempre y desde siglos pasados! ¡Se llama así!

Consiste en un tronco vacío y hueco. Era la corteza del tronco, y muy especialmente esas cortezas de corcho de los árboles típicos de nuestro clima, que iban en siglos pasados los ancianos a buscar al bosque. Cortaban todo el perímetro de la corteza. La llevaban a casa, se llenaba de regalos, y le pegabas hostias al tronco con un palo, al tiempo que ibas cantando una canción horrible para que cagara los regalos. No se podía pegar fuerte, porque los juguetes hubieran salido partidos en mil pedazos, y por eso siempre los padres vigilaban que no brotara la vena psicópata a sus hijos y destrozarán los regalos a hostias. De este modo salían los regalos por el culo del tronco. Cagaba los regalos, y por eso era el cagatió.

Para terminar, queda demostrado que las fiestas de Navidad, además de que son puramente negocio, hipocresía, cinismo y apariencia, también son una mierda, pues como podéis ver aquí en Cataluña tenemos un tío cagando mierda en el pesebre, un caramelo que simula ser mierda en un orinal, y un tronco que caga regalos. ¡Lo dicho! ¡Una mierda de fiestas!

A todo esto, sumar las falsas felicitaciones, las excusas para emborracharse, las comidas de reuniones pesadas, las compras irracionales, los Reyes Magos que no leen mis cartas, tradiciones sin base cultural, y el resultado es las peores fiestas de todo el año.

Yo estos días me quedo en casa con mi pareja. No voy a cenas de nadie, no voy a comprar nada, no celebro nada, no felicito nada a nadie, y lo mejor es que pasen rápidas para enviar estas fiestas de mierda a la mierda.

 

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