La gente cobarde que se pasa la vida sin hacer nada

El miedo es una reacción instintiva del ser humano ante determinadas situaciones. Es normal tener miedo, y en algún momento de la vida todos y todas las personas van a sentir miedo. Insisto, ¡todos y todas, sin excepción!. No importa si haces dos metros, si eres un saco de músculos de gimnasio, si llevas tatuajes por todo el cuerpo o si alguien es el típico chulo barato borracho de bar. ¡Da igual quien seas! El miedo lo experimenta todo el mundo.

En ocasiones las situaciones más surreales son las que generan mayor miedo. Cuando se habla del miedo, siempre se piensa en las personas, o en animales grandes, tigres, elefantes o leones, pero no es verdad. Una araña, o una serpiente, nos puede hacer huir corriendo. El huir es la reacción propia del ser humano ante el miedo. Es la defensa del instinto de supervivencia.

Los miedos hay que admitirlos y aceptarlos. Hay gente que aconseja enfrentarse a los miedos para superarlos, pero esto es una estupidez. Por poner un ejemplo, si te da miedo una tarántula venenosa, es porque es venenosa, y aunque te enfrentes mil veces a la araña seguirán siendo venenosas, y seguirás teniendo miedo.

El factor sorpresa incide mucho en el miedo. La ingorancia, el desconocimiento y lo desconocido, también son factores muy importantes en el reacción por miedo, y también están los miedos por contagio, es decir, aquellos miedos que no son nuestros pero nos los crea la gente, con su negatividad, su pesimismo, su falta de su valentía y sus excusas.

Así, pues, como he dicho antes, los miedos es mejor admitirlos y aceptarlos. Hay que admitir y aceptar que forman parte de la vida, y que sufriremos miedos, pero los miedos infundados, los miedos basados en la incultura, en los prejuicios, no pueden limitarnos vivir la vida. Lo diré bien claro y fácil que lo entienda todo el mundo. De viaje de turismo a la selva te puedes encontrar arañas que te pueden picar. El miedo es bueno porque te debe de hacer precavido, pero puedes ir a la selva.

Sin embargo, hay ese tipo de gente que opta por la vía cobarde y miedosa, y prefieren quedarse en casa para no encontrarse con la araña. Día tras día, en esta estúpida actitud que no conduce a nada, dejan pasar el tiempo y se limitan a ser meros espectadores y espectadoras de un espectáculo en el que no son participes por voluntad suya propia.

Es asquerosa esta actitud, y me repugna este tipo de gente con esta actitud. Es despreciable, y no entiendo por qué optan por afrontar los miedos con la solución de no hacer nada. No hacen lo que quieren hacer, y se quedan en casa que están seguros. En las casas se producen incendios, por si no lo han pensado. Supongo que se montarán aquella burda excusa pueri de que hay mucho tiempo por delante, y así no tienen que asumir que su actitud es un saco lleno de falta de voluntad, de inseguridad, de tabues, de incultura y de prejuicios.

Yo pienso que estos errores y estas actitudes horribles no surgen solas con el tiempo. Nacen ya equivocadas desde su infancia, cuando nos explican historias maravillosas de las etapas de la vida. Nos dicen que somos preciosos de bebés, aunque nos cagamos encima y lloramos todo el día. Dicen que somos encantadores cuando somos niños y niñas, con esas fotos que las vemos veinte años después y estamos horribles. Dicen que nos hemos hecho maduros y responsables ya adolescentes, cuando en realidad la gran mayoría somos unos criajos idiotas llenos de hormonas revolucionadas y muy poco cerebro. Dicen que somos hermosos al llegar a viejos, cuando ya no puedes ni correr ni saltar ni casi nada de lo que has hecho en toda tu vida.

Yo no me creo nada de todo lo que dicen. ¡Y una mierda! Lo he dicho antes. Nos pasamos todo el primer año de nuestra vida llorando, meándonos y cagándonos encima, sin saber comer, ni hacer nada. ¡Todo un año! No hay ninguna especie animal que tarde un año en aprender estas cuatro cosas simples. Los dos años siguientes hay que aprender a hablar y andar, y así ya llevamos tres años a la mierda. Los tigres ya están cazando solos a esta edad. Por si no hay bastante dura realidad, los médicos especialistas dicen que no se puede saber si somos atrasados mentales hasta que tenemos los tres años. ¡Además, ese comentario! Es una forma elegante de decirte que parecemos tontos.

Los años siguientes tampoco son ninguna maravilla. Es un desfile cada día y sin descanso de "esto no lo hagas, esto tampoco, esto ni se te ocurra, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca" y así uno tras otro, sin dinero, sin coche y sin poder hacer nada sin permiso. Pero nos tienen contentos a esas edades, porque nos compran juguetes, el teléfono móvil, el ordenador, los juegos del ordenador, nos llevan de excursión a la playa, nos compran helados, nos ponen canalones para comer los domingos y nos dejan ver la tele. ¡Es el soborno más patético de toda la historia de la humanidad!.

Al llegar a adolescentes, las personas están hasta los huevos de tanto soborno barato, y las personas queremos empezar nuestra propia vida. ¡Y otra mierda!. Sin dinero, sin coche, sin piso, sin poder pagar los alquileres, sin poder comprarte piso, con unos primeros trabajos con unos sueldos que dan asco, y precios desorbitados, no queda más remedio que joderse y quedarse ahorrando en casa. Nos contentamos en salir con los amigos a tomar algo, de bares, de fiesta, discotecas, noches, o comprando ropa. ¡Poco dinero que tenemos, y además lo perdemos de esta manera!.

Llegamos así a los veinte años por lo menos. Digo y remarco lo de los veinte años, porque en la sociedad actual también podría decir treinta años, y hasta cuarenta años. Muchas especies animales en los veinte años ya van por la cuarta generación. ¡Seríamos bisabuelos!. Sin embargo, las personas todavía no somos nada. Esta sociedad es una locura egoísta donde la gente no se da cuenta que es mucho más esclava de lo que pudo ser la humanidad en siglos anteriores.

Cuando por fin tenemos ya cierta edad, podemos admitir y aceptarlos los miedos solos y vivir la vida, pero entonces hay una grandiosa mayoría de la gente que comienza su vocabulario con la mítica frase de "me lo tengo que pensar". Hay gente que esto de pensar lo lleva al extremo. Se pasa años pensando en si hacer una cosa o no. Se va de los veinte a los treinta pensando, y todavía no se ha decidido.

Sigue pensando, y entonces llega el día de su boda, el que nos cuentan que es el mejor día de la vida, el día más especial y mágico. Yo me casé en chándal. No voy a disfrazarme por una costumbre que la debió de inventar hace siglos algún sastre para vender ropa porque no vendía nada. Ya tengo Halloween o Carnaval para disfrazarme.

Luego llega el día de ser padres. Curiosamente, también nos dicen que cuando somos padres es el mejor día de la vida el día más especial y mágico. ¿Otra vez? ¿En qué quedamos? ¡O uno u otro!. Porque si el día más especial de nuestra vida es uno, tal como dice su nombre, ¡es UNO! ¡No es cinco o seis!.

Entre medio de todo esto, hay que trabajar. Hay que pagar el coche, el alquiler del piso, la compra del piso, la comida, el hijo que engulle y caga como una máquina, y entonces la gente ya no tiene tiempo para pensar. A estas alturas ya no se piensa la gente. Se han convertido en robots esclavos de la sociedad, atados y atadas a sus normas sádicas, que se mantienen sin descanso hasta llegar a viejos. ¡Qué va! ¡Mucho más lejos! No descansan hasta el último día de nuestra vida.

Es una vida cobarde, esclava, rutinaria, vulgar, mediocre, vergonzosa y humillante, que sonríen con aquella felicidad que nos han inculcado, felices porque han tenido hijos, porque han tenido coche, porque han tenido trabajo, porque han ido de viaje, que es al fin y al cabo la felicidad que te marca la sociedad. Llegan al fin de su vida, que es un tiempo muy limitado, el cual lo cifro en 90 años siendo generoso, y sólo han sido sólo meros espectadores y espectadoras que han cumplido las normas a rajatabla.

Por el camino, hubo un día que dijeron la frase de que se lo tenían que pensar, inseguros/as, miedosos/as, repletos/as de excusas, y casi con toda probabilidad lo tuvieron que preguntar a sus amigos y amigas, a sus padres, a los que tienen agregados en el Facebook o Instagram o sus redes sociales, a sus conocidos en los grupos de whatsapp, y hasta a la margarita deshojada para ver si salía la hoja más larga o más corta, hasta poder encontrar su excusa.

Para esta gente, a millones y millones, el hecho de pensar se usa como excusa para ocultar los miedos, la falta de personalidad, las inseguridades y los prejuicios, que hay dentro de ellos y ellas mismas, y esto no hace reír. Se deja pasar el tiempo sin respuesta, olvidándose de que mientras se duda hay otras personas que ya se han decidido. Es su puto problema si quieren vivir escondidos y cobardes. En la vida se puede ser espectador/a, o se puede ser protagonista y vivirla con intensidad. Desde el escenario se ve la vida muy distinta, pero no vamos a echar a faltar esta mierda de gente. Nadie es imprescindible, y el escenario nunca está vacío.