Destrozos al medio ambiente en las playas de este país

Crecí rodeado de naturaleza y de animales. Jugaba de pequeño en bosques, en ríos, en montañas y en los campos. Jugaba con mis amigos al escondite, clásico juego de la infancia, y nos escondíamos entre balas de paja o campos de trigo, por ejemplo.

Todos los días estaba con animales. Jugaba con mis perros y mis gatos. Comprobé la fuerza impresionante y la nobleza de los caballos. Les daba de comer a los conejos. Vi ovejas, y me encontré con serpientes muy grandes que hace años no veo ya, porque tristemente ha disminuido mucho la población de serpientes en Cataluña, y en algunas zonas ya se han extinguido.

Las golondrinas habían anidado en las vigas centrales del porche con sus nidos de barro, y les dejábamos una ventana abierta para que pudieran entrar y salir para alimentar a sus crías. Por las noches veía las ranas y los sapos pasar por los caminos camino de las charcas, y en las malezas y matorrales brillaban las luciérnagas. Me parecía un espectáculo muy curioso y llamativo. Hoy en día es imposible. El camino de tierra de las ranas esta asfaltado y pasan coches. No hay ni una rana. Las charcas han desaparecido. Son casas ahora, y los matorrales de los centenares de luciérnagas es una urbanización de casas y chalets.

Había visto jabalíes salvajes autóctonos, ciervos, y lo peor fue cuando me picaban las avispas. Desde entonces cada vez que veo una avispa salgo corriendo. ¡Tengo miles de historias!

Salía de aquella vieja casa de mi infancia y me iba con los perros por el bosque, que comenzaba a apenas 20 metros casi exactos de mi casa. ¡De casa al bosque directo! ¡Bosque de verdad, de los buenos! Ahora aquella casa que dejé hace más de 10 años tiene el bosque a centenares de metros. Entre medio hay la calle de una urbanización, y una hilera muy larga de casas unifamiliares adosadas.

Yo comía las almendras directamente de un almendro que ya no existe ¡Ahora es una casa! Comía las nueces del árbol, que tampoco existe. ¡Es una zona de aparcar coches! ¡Y así una historia tras otra!

Hace más de diez años que dejé esa casa, e hice bien. Los campos, el bosque, los descampados, todo ha cambiado, y está lleno de casas, de coches, de gente y de asfalto. ¡Ahora es repugnante! Me encanta la naturaleza y los animales, y odio la mierda asquerosa de la gente.

Muchas días, ya en mi adolescencia, me gustaba ir en moto hasta playas en aquella época tranquilas y naturales. Formaba parte de mi entrenamiento, pero no os voy a explicar qué entrenaba. Era mi adolescencia y mi vida privada. Iba en invierno sobre todo. En aquellos años las playas estaban muy desiertas y naturales. No había nadie. No había casas delante. Todo eran campos y prados.

Me acuerdo de que el mar vertía a la orilla todos los troncos, cañas y maleza que los ríos bajan de las montañas. Es la naturaleza, y eso no es ningún problema, nunca. También tenían dunas. Recuerdo las dunas de la arena. Recuerdo una vegetación muy singular que ya no existe, con unas flores raras que sólo veía junto esas dunas.

El viento, el oleaje y los temporales moldeaban la costa como es en realidad por naturaleza. Recuerdo que en algunos tramos la playa era enorme, tenía centenares de metros, y en otras zonas se estrechaba. El mar moldea la costa, y aquella costa que yo conocí no se parece en nada a las playas actuales.

No son historias de viejo. Parecen historias de viejo, pero justo estoy en los 40 años, por si queréis saber mi edad. Va demasiado rápido la destrucción del medio ambiente y su alteración para convertirlo en un mero negocio.

Tengo algunas anécdotas curiosas en las playas. Recuerdo las bandadas de gaviotas. Había centenares de gaviotas paradas en la playa. Apenas me acercaba yo unos 50 metros de distancia, y las gaviotas levantaban todas el vuelo. Siempre iban hacia delante. Nunca pasaban por mi lado ni por encima de mí. Se alejaban 100 metros y volvían a parar en la playa. ¡Y así otra vez! Siempre se mantenían a unos 50 metros de distancia de mí, y al tercer vuelo yo salía unos centenares de metros de la playa para no molestar a las gaviotas.

Recuerdo pensar en cómo lo podía solucionar. La naturaleza te hace sabio, y el cerebro forma parte del entrenamiento. Un día decidí correr por dentro del agua, donde la profundidad del mar ya alcanza las rodillas. Miré qué hacían las gaviotas, y fue distinto. Hicieron un vuelo en arco, de apenas 20 metros de recorrido. Volaron a lo ancho de la playa, en lugar de hacia delante. Superadas las gaviotas, volví a la playa, y los centenares y centenares de gaviotas se quedaron donde estaban. ¡Perfecto! El agua fría de la playa no tiene microbios. Los microbios los tiene la puta mierda de la gente idiota tosiendo y bombardeando sin importarles la salud de los demás.

De repente, casi sin darnos cuenta, todo cambió hacia mal. Un día, por sorpresa, vi un barco cerca de la costa, con algo que parecía una manguera. ¡Yo no había visto nunca eso! Tiraba arena del fondo del mar hacia la playa.

Os voy a explicar cómo está ahora, que lo he visitado para verlo en invierno y en verano. Las dunas ya no están. Las dunas naturales de la playa no están, a pesar de que un letrero turístico indica las dunas. Sólo son dos montículos ridículos de arena de dos palmos para los turistas. Yo había visto esas dunas tener más de un metro de altura en algunos tramos, y había dos olas de dunas. ¡Ya no existen!

Había unas hierbas con unas flores de colores. Había lilas azuladas, otras rojas y otras de tono amarillo verdoso, aunque soy un desastre para los colores. No sé cómo se llaman técnicamente, pero sí, las vi. ¡Las recuerdo! Nunca las pisé, ni las corté. Eran muy frágiles, porque estaban en la arena, cerca de las dunas. Ya no están esas flores. Desconozco otros litorales, pero en esta zona están extinguidas de esas playas.

Las bandadas de centenares y centenares de gaviotas ya no están. Apenas vi un par de gaviotas. No puede haber gaviotas. Quieren mucho espacio solitario, y ahora está lleno de gente todo el año, andando, paseando, con el perro, jugando con los niños, y mil historias.

Los campos, prados y explanadas no existen. Ahora son campings. Son hoteles. Son casas. Hay un campo de fútbol. Está lleno de hoteles y calles asfaltadas, y el camino de tierra junto la arena es una calle asfaltada. Hay un túnel incluso. Un espacio de las dunas antiguas es un parking, y está lleno de coches.

La playa es uniforme, muy idéntica. Los tramos anchos donde la playa era gigantesca ahora son mucho más estrechos, porque por la parte interior han hecho calle y parking en batería. Hay calles de acceso a los campings y hoteles y a las poblaciones.

Los tramos estrechos de la playa están llenados de arena falsa, y es más ancha. Dicen que lo hacen porque las playas pierdan arena y son incapaces de regenerarse de forma natural después de los temporales de invierno, pero es mentira. No ha habido NUNCA esa playa en su proceso natural. Por naturaleza esa playa no existe, o no tiene esa extensión. Simplemente, es una playa creada por el ser humano, pensada para el ocio y el turismo, y lógicamente los temporales la destrozan.

La arena de las playas que se lleva el mar no es culpa del mal tiempo. No es culpa del cambio climático. No es culpa de la sucesión de temporales. Es culpa del ser humano por haber creado una playa que no existía.

Las grandes dunas no existen, y no es culpa de los ríos. No es culpa tampoco de los lodos, ni los sedimentos, ni los vientos. ¡Siempre echamos la culpa a cualquier cosa! Es culpa del otro… es la mala suerte… es culpa del bache… es culpa del viento… es culpa de la lluvia… es culpa de la calor… es culpa del tráfico… a este ritmo será culpa del bueno de Espinete… ¡Una puta mierda! Es culpa de la gente, traidora, mentirosa y cobarde que no tiene ni la decencia de asumir su culpa.

Hablo de 20 km de extensión calculado así de cabeza, pero esto es aplicable al 90% de las playas españolas.

Os explicaré un secreto. Sabéis que tengo vinculación profesional con el periodismo al máximo nivel, cubriendo política, noticias, deportes, conciertos y actualidad generalista, para medios de comunicación internacionales. Conocemos fuera de España la singularidad del litoral español en todo el mundo, y sabemos que no es ningún ejemplo a seguir para el respeto al medio ambiente. Nos llegan a las redacciones informes de supuestos expertos en la materia, y digo "supuestos" porque la gran mayoría de veces hay intereses detrás de estos personajes que siempre hablan del perfecto estado de las playas y de su número de banderas azules. Nunca culpan a la gente, nunca culpan a la construcción o edificación del terreno, y nunca culpan a las Administraciones o Gobiernos. Su objetivo es elogiar la imagen de España, Cataluña y el Mediterráneo, y supongo que creen que toda la prensa somos tontos y nos lo creemos todo, sólo porque ellos/as lo dicen.

La realidad en España es muy clara. Este es un país de fiesta y ocio. La gente va a la playa de forma masiva, porque la playa es una parte muy importante del ocio del país. Van a tomar al sol, van a pasear, a divertirse, a jugar a voleibol, a fútbol, a correr, a pasear el perro, a estar con los amigos, a bañarse, a pasar el calor, a mirar el mar, a nadar, a follar y mil cosas más. Van todo el año, desde enero hasta diciembre, aunque en verano la afluencia es espectacular, pero en invierno yo he visto gente en la playa. He visto incluso tíos desnudos en la playa en enero. Algunas playas en invierno tienen sus depredadores sexuales, porque se encuentran hombres para sexo, se muestran desnudos al amparo sobre todo de las rocas que generan bolsas de calor, y esperan, o miran, o buscan, o persiguen, pero este es otro tema que os explico en otro artículo.

Es innegable que las playas, en su formato actual, generan un motor dinámico muy importante y esencial para la economía del país. Es el turismo, pero no sólo son extranjeros. Es el turismo internacional, es el turismo nacional y es el turismo local. Las imágenes donde se ven las playas llenas de gente son las postales de este país. Esto genera trabajo y dinero, sí, es cierto. Funciona hoteles, campings, restaurantes, y otros sectores. Sin la playa estos sectores entrarían en quiebra, y se perderían miles y miles de puestos de trabajo. Por eso la gente ha robado las playas a la naturaleza, y las ha prostituido para convertirle en un valor económico.

Se ha hecho sin escrúpulos, sin compasión, y sin un mínimo esfuerzo de querer encontrar el equilibrio entre el negocio y el respeto a la naturaleza. Los proyectos han sido una aberración que se ha olvidado del futuro, y han provocado una grave destrucción del medio ambiente litoral. Por encima de todo ha importado el precio, la comodidad, la diversión y la rentabilidad, porque en este país el ocio y la fiesta son intocables.

Ahora surge algo de concienciación, pero creo que sólo es postureo. A mí me encanta la naturaleza, y yo no he usado nunca el discurso banal y vacío de ecologista y animalista. No hace falta usar estos discursos. Mucha gente dice que son ecologistas o animalistas, y te lo dicen sentados sobre las dunas de la playa, tumbados donde las aves ya no pueden parar, o viviendo en casas que antes era bosques sanos llenos de animales salvajes. ¡Qué asco me da, de verdad! ¡Menos palabras y más hechos!

Yo estoy convencido que esto no tiene solución. No creo en la gente, y por mí les pueden dar por el culo a todos y todas. Nuestras playas mediterráneas están muertas, y el futuro va a pagar caro estos errores. Han destrozado todo ese medio ambiente por disfrutar de las vacaciones, del verano y enriquecerse con el turismo. Mi confianza en la gente, en su actitud, en su inteligencia y su sentido común, es cero. Nula. Nada. Se pasan el día mirando cómo ocurre y criticando, pero no trabajan para solucionarlo. ¡A la gente le sobra estupidez e hipocresía! No hay concienciación, no hay voluntad, no hay valentía, no hay sinceridad, no hay sacrificio, no hay interés, no hay diálogo, no hay opinión, y lamentablemente va a ir a peor.

En mi libertad de opinión personal, la única solución positiva pensando en el futuro es revertir el destrozo. Hay que cerrar los campings y construcciones donde antes estaban los prados que se inundaban en diluvios. Hay que cortar las carreteras que antes eran caminos de tierra maltrechos pero imprescindibles para mantener la calma del paraje. Hay que dejar de limpiar las playas de las cañas y maderas que deposita la propia naturaleza, arrastrada por los ríos, porque es refugio y alimento de animales. Hay que dejar de repoblar las playas artificiales con arena falsa. El mar es quien decide la forma de la costa. ¡Sí, estas soluciones serían un paso positivo!

De todos modos, que nadie se preocupe. No hay nada de qué preocuparse. ¡No se harán estas propuestas! ¡La gente puede estar muy tranquila! Las Administraciones, Ayuntamientos y Gobiernos competentes, os seguirán limpiando las playas, seguirán llenando de arena las playas artificiales fabricadas por el ser humano para que se pueda tomar el sol feliz, seguirán poniendo los columpios, porterías, bares, terrazas, hamacas, sombrillas, asientos, espigones, palmeras, castillos hinchables, patinetes, porterías de fútbol, lavabos, duchas y hasta pasarelas de madera para que a la pobre gente no se le llene las sandalias de arena. ¡Y eso que es la playa! ¡Qué estupidez! ¡Es como ir al Polo Norte y pedir que os pongan estufas en el hielo! ¡Hay que joderse!

Este presente es insostenible, y tiene fecha de caducidad ¡y lo sabéis! Pero la gente prefiere ignorarlo, miran hacia otro lado, y escriben su novela del día a día felices y orgullosos. Se sienten protagonistas. Se sienten importantes. Sienten ser alguien. En el presente, en estas fechas, es cierto que nadie os va a tachar ninguna línea de esta mierda de hojas. ¡La gente puede estar muy tranquila! En el futuro… ¡esto ya es otro debate!... que todavía no está escrito… pero yo no confiaría mucho en los halagos. No creo que sean felicitaciones, no. Quizá escribirán todo lo contrario. ¡Hay muchas probabilidades! Pero supongo que a esta sociedad egoísta y mal mimada le importa una mierda. No es ninguna sorpresa tampoco. Al fin y al cabo, lo he dicho antes. Mi confianza en la gente es cero.