Queda al gusto de mi querida lectora y lectora el aplauso o menosprecio del presente relato, único en su especie, pues nació de un reto a cual valiente me presté, propuesto por mi platónica princesa, habita desde infancia en mi mente, y cuyas tres condiciones a rajatabla estableció en siguiente orden, siendo la primera debía de ser escrito en un periodo máximo de veinticuatro horas, prohibido rectificar letra ya escrita, y trilogía culminó se basara el guion en un tema de mi mayúscula ignorancia, siendo su elegido, tal como les será fácil vaticinar si me conocen bien, el dibujo.

"Dibujo es una arte según el trazo de quien lo plasma"

Dicen, a quienes el arte de dibujar les fascina, que éstos gozan de un poder único e inigualable cual sólo al avistarlos podemos comprender su dimensión, pues a pesar de cuantas muchas gentes creen, son un método de contacto entre el artista y sus fantasías, mas yo soy torpe en esta disciplina, ponga por realismo cabeza en círculo, tres pelos germinados del parietal, cuerpo trazo en línea, brazos son dos segmentos a sus extremos, piernas divida en dos rayadas piramidal, y finiquito el arte con dedos un par, diría usted es la forja de un subnormal.

Vayamos al bando opuesto, chapotean en su ribera excelentes artistas, verán crean con cuya pureza emocional queda herido y seducido el espíritu contemplativo. Da igual si espectadora es atea o se retuerce airada en radicalismos creyentes, que ambos contendientes estarán de acuerdo conmigo, mas si tengo leyentes exigentes, incrédulas permanecen salvo rotundas pruebas que lo demuestren, permítame presentarles un sujeto, nombre callo pues en recordar apodos huye mi memoria como el rayo en el baúl abierto de las nubes tormentosas, y quien desde muy temprana edad dio rienda suelta a su pasión sobre todo tipo de lisas superficies, incluyendo mártires de su traviesa espátula los níveos tabiques que delimitaban el rectángulo de su habitación, disgusto uno tras otro de su mamá señora.

Líneas, bocetos más o menos improvisados trazados por su mina de grafito enfundada en un grueso cilindro de madera de cedro, copaban paredes blanquecinas y todo aquel imperio de papel que para fortuna del talento protagonista le cediera un ápice de rincón vacío. Gamberrismo es adjetivo erróneo en el proceder de este imberbe, dado ya de joven gozaba de un talento innato, casi sobrenatural, y prueba fidedigna de esta severa afirmación son sus creaciones, capaz de ensimismar los más rudos sentidos de quienes habían podido contemplarlos. Rebosaban entusiasmo, sacrificio, voluntad, un halo de locura y una sorprendente capacidad de expresión, pues en sus formas se deslumbraba sin esfuerzo el humor, la tristeza, el júbilo y otros tantos estados de ánimo que disculpen no me entretenga a nombrarlos, es en la especie humana un listado caótico e interminable.

Gran parte de sus impresionantes resultados los debía a su exquisita técnica, trabajando con el brazo bastante extendido y relajado, a una distancia que le permitiera dominar visualmente toda el área del trabajo. En posición paralela, esbozaba las rectas largas y las curvas amplias moviendo el brazo y el antebrazo, sin apoyar la mano, hecho cual sólo se producía en casos de minuciosos detalles o sombras menudas, ya que citadas tareas correspondían a la muñeca, mas ahora, entrando ya en la acalorada adolescencia, los impulsos lascivos dominaban las entrañas de su maestría, y un dibujo, el de una joven desnuda, imperaba día y noche el recinto de su ingenua inconsciencia.

¡De soberana belleza la dotó!

La configuración de los párpados le daba, a la dama de sus sueños, una apariencia de forma almendrada al trazo esférico de sus ojos hermosos. Una mirada tierna a su creador lanzaba bajo las cejas cuyo arco curvo, fino y uniforme, encajaba sin fisuras encima de los óvalos. Su nariz, coqueta y respingona, coincidía verticalmente con el eje que divide simétricamente la cara en dos partes iguales, y las orejas, aún con su infame fama de desencajadas, coincidían de un modo majestuoso acentuando si cabía aún más la hermosura de su rostro.

En cuanto a sus labios, se notaban intensos, brillantes, de sonrisa agradecida y cual auténtica comisura hubiese afirmado, visitante delirante, cruzaba los parapetos del lienzo para besar a su oponente autor, mientras su cabello relucía imitando el baile de algas provocativas un peinado libre, salvaje, de trazos ondulados a sayas de su omoplato, y cuya pigmento definió con un sutil juego de grises degradados y difuminados, similares a los espléndidos tonos plateados de la luna llena.

Sin cálculo de dimensiones palpable, pues la modelo era fruto de su imaginación, el dibujante empezó los factores básicos de su figura buscando una síntesis de luces y sombras ligeras que resaltaran ya de antemano el aire erótico que pretendía imprimirle. Su posado era de cuerpo entero, frontal, de pie y centrada en el lienzo, aunque a pronto de cumplirse el mediodía una terrible duda asolaba el ser del vanagloriado artista, pues con una rotundidad fuera de sospecha hubiese jurado que anoche, antes de acostarse, dejó su obra sin terminar.

Tal afirmación provenía al contemplar el dibujo acabado, perfectamente encajado en sus ocho módulos correspondientes, sus hombros de estrecha amplitud, la avispada cintura confrontada a las anchas caderas, la articulación del codo situada en el centro de la distancia que separa su clavícula del escafoides, su radio y cúbito abrazando como velo nupcial a su torso, y el húmero cual torres en pícara custodia al pórtico de sus senos exhibidos. Ni una vulgar prenda cubría su carne, con sus pechos firmes formando desfiladero hondo entre su valle, los excitados pezones rodeados de su tranquila aureola y su vello púbico, rasurado a medida, enseñado sin tapujos.

"El dibujo de aquella bella chica desnuda alcanzaba la perfección"

Muy probablemente fuese el histórico calor, cual acechaba el hábitat de sus latitudes, la causa lógica de su pérdida de memoria. Temperaturas superiores a cuarenta grados arreciaban sin cesar desde un alba falto de rocío hasta ese ocaso donde ni una mísera capa nubosa teñida de barnizado rosáceo se atisbaba a todo lo largo y ancho de la cúpula celeste, y nuestro virtuoso actor, malhumorado y hastiado del tremendo bochorno, decidió quedarse al cobijo de su hogar. Yo no comparto su decisión, me encanta la calor, y el mero hecho de ocultarse en su morada es inútil por resguardarse de cuyo viento cargado de ardor infernal penetraba por sus ventanales abiertos de par en par, impregnando la intimidad de su recinto con una insoportable atmósfera que le convertía en un genio histérico y enajenado, mas su pasión era dibujar, y se convenció a sí mismo de que sólo él pudo haber creado la sublime silueta de cual les he hablado.

Repetido el mensaje a la saciedad, la contempló muy bella su modelo, increíblemente fastuosa, y debido al remedio de arroparse en la barriga de su cuarto, dado creyó con esta pócima evitar chorros de sudor y el espasmo con sus manos secarse, estuvo todo el martes posterior sentado frente su mesa de trabajo, dibujándola una y otra vez en múltiples posiciones, tantas cuántas enloqueció enamorado y fascinado, pues su elegida gozaba de una perfección humana como jamás se ha conocido.

De perfil, brindaba un arco pronunciado, con las nalgas sobresaliendo de la vertical marcada a partir de la quinta vértebra lumbar y sus piernas en ese esbelto contorneo a cual se rinde hombres y mujer también. Insisto mirando de lado, no se pierda en la lectura, frontal ya ha dibujado en párrafos pasados, su pecho izquierdo se ocultaba tras su otro hermano descarado, ni se me ocurre criticar, muy al contrario, respeto y admiro valentía que de enfrentar verá al retrógrado derrotado y estallar.

Vista de espaldas, la damisela formaba un triángulo desde el suelo invisible hasta cuya arista de la cúspide señalaba ansiosa la sínfisis púbica, andemos indica el letrero en ese rumbo, cueva explore sus entrañas, caiga al abismo, bucee por su flujo lascivo, navegue a la caza de su oro, que de profundidades a flote es todo paraíso. Desde ese ángulo, sus brazos mostraban signos de nula resistencia a todos los perversos deseos brotados de su mente, y me atrevo a confirmar, margen de error ninguno, le invitaban a sorprenderle por el envés, colmarse de dulces caricias, fundirse en el ardor inigualable de fogosos amantes, o meta mordaza soto el tejado de su paladar, permiso a su creador concedido.

A finales de esa misma semana, un boceto de esa serie ilustrada mostraba su joven fantasía muy bien atada, cuerdas escenificó en dos hileras paralelas por sus tobillos unidos, otro dúo en el segundo tercio de los gemelos según su ruta ascendente, misma cantidad por debajo de las rodillas, y en número calcado continuar ubicando al zócalo del semitendinoso, en la divisoria exacta del bíceps femoral mientras vaya trepando, y completar las piernas en el pico del sartorio.

Respecto sus extremidades superiores, dibujó sus manos atadas detrás, superado el octeto de los carpos, y entre ambas articulaciones que delimitan el antebrazo trazó las ataduras en cuatro puntos distintos, desierto idéntico entre cada lazada. No tuvo suficiente con esta sólida unión, de esa severidad bondage es baldío su escape, que añadió sogas por encima de sus codos, prensadas como espigas a cuya saña apretujó la tróclea y el cóndilo humeral contra su siamesa.

A diferencia de sus trabajos anteriores, escogió por indumentaria calzar la reina con zapatos de vertiginoso tacón de aguja, es delicia de fetichista, y cuya excitante lencería es golosina exquisita de varones. Comprendan mis queridas seguidoras, chicos de igual intelecto también, que producto de la libertina edad o traicionado por los homúnculos cuales de su ova iban despertando, es hormona bulliciosa en esta etapa por naturaleza, su faena se tornó predominante de un aire pornográfico, haciendo brillar los ojos de la modelo con grises diamantinos y envueltos en un halo tórrido que eclipsaba todo razón a su oponente, pues de mirarla enfrente hubiese clamado tiene vida la señorita.

Carecer de esqueleto es un obstáculo, recuerde su planeta es un folio, cálmese el mozo prodigio y conserve la cordura. Demos por consejo rememorar si es preciso aquellos instantes siendo él aún muy arrapiezo, donde encerrado en el búnker de su dormitorio ojeaba a través de los cristales las efigies de los vulcanos edificios mientras, alzando sus pupilas donceles, suspiraba por doncella que a fecha presente, adulto adolescente, franqueada la barrera por ser considerado masculino hecho y derecho, plasmaba en su tapiz, y en aquellas grabaciones verá sigue esbelta, en peso invariable, su inalterable mirada serena en ese escaparate oculto al dormir tras las persianas de sus párpados, su voz enmudecida sobre el llano de la hoja, paciente y sigilosa dentro de su carpeta y a buen orden en el óseo cajón.

Sin embargo, toda esa rutina se desvaneció en un acto insólito que no puede ser demostrado, y en querer contarlo le recomiendo este callado, que contertulios se burlarán, burro atolondrado, quién se va a creer tu burda patraña.

Me refiero a un atardecer, mana y corre, extiende aprisa el manto del anochecer. Cayó su niebla oscura, encienda luz o arriésguese a tropezar, con ese profundo azabache que acude eterno y sin falta a su puesto de vigía, aproveche y levante la vista, verá su sombría manida de estrellas fulgurantes, mas hágalo desde montes o en el campo, pues las urbes repugnantes desprecian este espectáculo.

Cenando solitario en su comedor, escuchó un sonido extraño, origen desconocido, sonó venido del armario, aunque está cerrado a cal y canto. Pensó ser fruto de su subconsciente, aquel temor de asaltar villano o ladrón, pero con ventanas cerradas debería de romper cristales, y las puertas atrancadas su cerradura con llave no se abren salvo previa llamar al timbre, descartó este riesgo. Debió de ser en la calle, pero un nuevo golpe, con cuya claridad elimina toda duda de su venida en el escritorio, le alertó muy en serio y preocupado.

Se levantó cuidadoso, anduvo cuyo largo pasillo pronunció en sus miedos vamos del edén al riguroso infierno, mas corrigió su valentía, ignora este pesimista, quizá es a viceversa. Dubitativo por quién de sendos bandos acertó, asió el pomo de su cancela, abrió decidido y al pulsar el interruptor anuló la cómplice oscuridad por si hubiera algún intruso. Regó de luz la estancia entera, y una figura adorable le recibió dócil y entusiasta sentada en su catre.

"Su amada del dibujo cobró vida llena de pasión y lujuria"

¡Ah! Por fin su amada obró forma, y tanta era la emoción que su pulso tembló a esa magnitud similar de cuando el frío penetra como enjutas espinas por la piel tartamudeando las manos a su libre antojo. Asombrado y perplejo, volteó a la criatura, cuya carne tenía parejo colorido al blanco y negro de su arte. El cabello pendía tal cual se lo he descrito, la viva desvergŁenza posaba con esa espontaneidad que en centenares de ocasiones ha garabateado, jamás se ha hartado, siempre ha amado, y ahora, incrédulo y estupefacto, contemplaba su presencia, esto no es ningún borrón.

Cantos son extinguidos, gritos y halagos desdeñe perder su cronómetro en quimeras, es sólo página en blanco y su retratista una mísera huella en la humanidad. No obstante, preguntó el mancebo quién eres tú, ¡que sandez!, de tener voz habría parido el tú soy yo, mas es lógico no tuvo respuesta, y acurrucado a vera de su cintura, guiado por cuyo ánimo es imposible de ser descrito, buscó ese tipo de abrazos lejos de la maldita hipocresía que los usa como una aborrecible y mediocre anécdota. Por supuesto en la épica le acogió a su regazo, atrapado en el brizo de su arte impresionante, y producto del cariño y su complicidad estampó la chica un beso en el cuello del muchacho. Provocó tal acto un sobresalto en su polla celosa, vamos a por descendencia espoleó su nabo cegado por la ira de cupido, no seas bestias le abroncó, hay fronteras entre papel y el esperma.

Repasó la chavala majestuosa todo hilo en busca del cosido de su ceñida camiseta, y empujó entusiasmada muy arriba, sobresalga los surcos en su recto anterior del abdomen y prosiga, descubra el pectoral y persista, rebase el campanario de la sutura digital y arroje atavío, ¡menuda fiera!, ha colgado de la lámpara del techo.

Escamoteo perverso fue su efímera pausa, mentira bribona, que en afín ardid a un truco de magia desabrochó sutil el botón de su pantalón, y atrapando en el propio agarre su calzón estiró a las profundidades del maléolo, del calcáneo a la tercera falange es muy corto el recorrido. Lanzó al horizonte, es un portento de atleta, que casi atraviesa el recinto y callejuela entera, e inclinó su lomo atraída por su rama de olivo bien erecta, dura que usted golpee veloz la maleza y verá su efecto cortante, quizá sólo difiere en su grosor, goza su rabo de mayor esplendor. Añadiría erudito el matiz de su longitud, he sido reticente, entiéndame bien sabemos todas y todos son largas ramificaciones de los árboles, a ese nivel es imposible, mas empuñe un hacha y corte por su filo tajante de eslora un palmo mínimo, sume centímetros un quinteto, pero vaya con cuidado, que por cortar hablo de los arbustos, en ningún caso de su miembro viril.

Precedida de una cándida sonrisa, abrió su quijada al ritmo zángano de tantos domingueros odiosos paseando por parques o arcenes o bosques o cualquier otro rincón, por todas abundan estos parásitos, acercó la lengua a su reliquia, y con el ápice lamió la escotadura de su frenillo.

Tan sólo percibir su novicio contacto, el alma del artista se estremeció con aquel énfasis de quien recibe noticia positiva, y peregrina acudió a la cita sin demora, voy mi querida, llevo laúd y tengo en el repertorio serenatas que en su coro reconocerás, son éxitos mundiales.

Por ser felicitada, avanzó las papilas de dulce sabor por la corona de su glande, es otro gusto, mezcla entre lechoso y cremoso, un tanto insípido, depende de qué ha comido y bebido, sabor tampoco salado o agrio, comentó la belleza, mas qué importa su aroma, es su jadeo santo y seña de entrar, y viajera dirigió sus labios carnosos al centro de su tronco. Friccionó con una delicadeza insuperable, demasiada suavidad es inútil e innegable, pues poseído por un cúmulo de sentimientos inimitables embistió el varón adelante, al punto de impactar vómer de la chica con su pubis afeitado.

Limitó su léxico a una escueta monosílaba, el sí afirmativo éste fue, y cual máximo diccionario en el almacén de su calavera promulgó insistente e incesante su sonido, di otra palabra al menos y sal del bucle, es mayor riqueza nuestro lenguaje, mas de dicha recomendación hizo caso omiso, vaya a saber, quizá al albergue de su cráneo sólo hay vacío.

Al mismo tiempo, la chica succionaba su manguera, y millones de espermatozoides se aguantaban a duras penas donde podían, este huracán nos absorbe hacia el túnel. A ese ritmo, las caducas compuertas se abrirán en breve, y en un himno unísono se espoleaban por resistir la fuerza de cuyo viento, en esencia, es infinitamente superior. Aun así, luchaban por contener, demasiado pronto, este hijo puta es eyaculador precoz, gritaban un grupo maleducado, y del fondo discurrían en su defensa, la pericia es invencible, a par eviten tildar culpables, es el lógico jolgorio de su festín.

Aguantó mamada que es de campeonato, pongan el podio y suban la campeona al privilegiado pedestal, mas restarle méritos al mozo es equivocado, que aguantó jabato todo el repertorio de lamidos y besuqueos en su fálico mausoleo. ¡Vaya dos animales!, exclamaría de ser espía, que fémina le atormenta con cuyo castigo se reza sean iguales todos los martirios en la vida, y el magnate taladra con un sarta de acometidas que mire la cabeza de princesa, bota cual balón de baloncesto. De ser yo, estaría en tal mareo que aparte de mi paso jarrones de porcelana o enseres de cristal, voy seguro a descuartizar, y sin embargo la muchacha mantenía su rumbo fijo, recto, rápida, muy rápida, sin tregua al grueso pepino que hinchado a reventar avecinaba su tradicional rendición.

Entregada brutal a su oficio, sintió palpitar su verga atiborrada de sangre, y sus renacuajos, en la pista de calentamiento, comenzaron a ejercitar su cola. Prepárense para la excursión, dictaba el capataz, que ya inmediato se va a sumergir en cuyo líquido mucoso hay depredadores que los quieren aniquilar, eso cuentan las habladurías, a ovarios sólo llega el pletórico gladiador. Pregonó el sargento a sus súbditos novatos, os cortarán la cola y la cabeza, os atravesarán pérfidas amazonas con sus lanzas puntiagudas por dar muerte en el trayecto, y los muy cobardes protestaron, yo de aquí no salgo, mala leche gastan de puertas afuera, mas estupor es inútil, entra el resplandor por el surco, adiós y suerte mis temerarios.

Define por catástrofe, según testimonio de los habitantes en el semen, o de júbilo si es declarante el propietario del rabo, la palabra del orgasmo, dícese cuando sucumbe afortunado al clímax de su placer. No obstante, siento comunicarles, si ustedes quieren conocer el destino de las semillas, que el chico retiró su cipote, y por consiguiente se estrellaron soldados del primer chorro contra la jeta hermosa de la sirena, a cuya aceleración profiere un impacto salvaje, quedan aplastados. La segunda línea llegó más frenada, y aunque vieron el funesto desenlace de sus cabecillas no sirvió de nada su escarmiento, pues faltos de celeridad cayeron en picado, ¡ay tu puta madre! se escuchó de los gérmenes, ¡que ostia me voy a pegar!.

Quedaba el tropel de regazados, que vistos a unos estrellados y el resto precipitados, se aferraron a las falanges del muchacho, escurriendo sus últimas gotas, mi patrón sálvanos imploraban, métenos en tubo de regreso a madriguera, que mira genocidio de nuestros hermanos, yacen reventados y estrellados, y en vuelo de su mano pilotada chillaron, dónde vas desgraciado, quién os dio el título de piloto, ruleta en tómbola pronosticó su epitafio segundos previos de ser restregados contra el algodón de las sábanas, retaguarda perecieron.

"Este dibujo tiene un gran secreto que yo desvelo"

Durante siglos se habló de esta aventura, ya perpetua registrada en mi relato, mas permítame desvelarse un secreto inaudito, vos es la primera afortunada o afortunado en descubrirlo, pues nadie supo qué hechizo transformó su gráfico en terrestre amante. Encantado le desenmascaro este misterio, un detalle es pista vital, teñía su semen un tinte ceniciento, algo emborronado y sus injustas partículas detenidas en el tiempo, ¡ay el artista!, es también un loable dibujo el protagonista. Su mirada se asemejaba a los rostros impasibles esculpidos en piedra mármol, carentes sus pupilas fijas de parpadear, y de verle pestañear pida don al lapicero, siga por encontrar su rastro de viruta y serrín, a cuyo mando se afana un anónimo, o anónima, artesana.

¡Sí! ¡Un dibujo de dos amores! ¡Un vano grabado en el ocio libre de quien es innecesario poner mote o género!

Sátira es la gesta de sus láminas, explique usted vio ayer un platillo volante, y por una ala búrlese de estupideces, cuente se abrió escotilla y de su pabellón se apeó un extraterrestre, a miles tendrá de convencidos creyentes. Cambié la farsa, y diga en casa encantada percibió un fenómeno sobrenatural, vibraciones nítidos al oído humano, ya es imaginación de esta especie lenta, patosa, analfabeta y sorda, mas en un derroche de ficción susurre vio un fantasma, guarde la risa propia a pesar de su ansiedad, y tenga la convicción que muchedumbre extenderán su bobería por real.

Trata esta versión de una lección cual visitante al leer se enriquece en el mutuo honor por aprender, pues si traduce el guion a la vida real verá cuantas angustiosas coincidencias en sus engaños hallará, aunque instruirse ya depende de la voluntad de cada una y uno, y en la actitud personal resumo muy conciso, aquel que no quiere, no se le ha de querer.

 

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