Deducirá vos, de cuyo sermón vocalizado transcribo en letras mudas, hablo de un loco, pues aquel caballero, antes de tomar los desaliñados asfaltos que atestados de bacterias conducen a la ciudad, susurró a su princesa durmiera tranquila, con su latir desprovisto de disfraces y máscaras de tutela, acostada en el mullido trono de su lecho sensual, que antes de su despertar al alba prometió haber regresado.

No escuchó preciosa su credo, dado en la mezcla de su letargo somnolienta y el bajo timbre de sus vocales, fue imperceptible su voz, y clandestino partió por ser protagonista de cuya historia le relato a continuación.

Subió a su vehículo con ese arrojo de patrón al timón, o de capitán al mando de su pelotón si prefiere otra comparación, que de seguir descontento añado maquinista al poder de su locomotora, escoja de este ajuar el ejemplo de su predilección. Encendió motor a horas donde yacen bajo tinieblas las prisiones de oficinas repletas de reos encadenados grabando sus nalgas sobre la espuma contusa de sus butacas, en jornadas maratonianas que concluyen cuando corona de fuego vira a levante dejando tras su amago, en las finadas nubes pintadas en el lienzo del firmamento, su estela de coral.

Pisó acelerador, primera marcha y consecutivas hasta imprimir la sexta velocidad, todas las sesenta millas y escasos metros que le distanciaban a embutirse en las tripas de esos armazones de cemento. Tráfico exiguo, y en la urbe fue recibido por cuyos negocios diurnos permanecía cerrados herméticamente, es de obligatorio lacrado. Contempló los ventanales de los hogareños baluartes con sus celosías caídas, salvo rebeldes un par lo sumo por edificio, alumbrados obra y gracia de los velones, mas perturbaba aquella magna calma maldecida escoria dispersa por los ánditos, bandadas de bufones saltimbancos enjaretados con casacas de cuero, los de gabanes, los que portaban zamarras, los vestidos de corazas y coseletes plateados.

Tan sólo verles, pensará usted es un chiflado si lo hubiera escuchado, pues a bullangueros en el templo azabache del planeta los tildó de ogros, y vociferó enfurecido un lacónico he aquí estoy, tres palabras justas y exactas. Hubo una pausa en su monólogo, el intermedio necesario de avistar su mirada depredadora dentro de cuyo coto de caza es la maldita metrópolis que odia, quién coño se cree la jungla de asfalto, patético si se nombra ser el ansiado paraíso, ni tan siquiera es una inepta falsificación.

Respecto a esas alimañas, se preguntó qué narices hacen en aceras de tenue luz, mirar al cielo malditos desgraciados, veréis allí arriba desde vuestro océano os han abandonado las estrellas, no estáis invitados por la luna, tampoco sois dueños de la oscuridad, y aun así los ojeó, todos y cada uno, hombres y mujeres, y los vio perpetuos, sabandijas borrachas les clasificó, personaje cual mi querida lectora y lectora habrá etiquetado por desequilibrado.

Aguarde, vaya poco a poco, no tenga prisa, quizá no esté tan trastornado según deduce, mas me preguntará cómo puedo afirmar semejante temeridad, que en el soliloquio del admirado arremetió contra las viles pasiones que arrojan en los estadios, blasfemó de su ocio infame en cuyas terrazas atiborran su lujuria de hirviente alcohol, y yo les remito por respuesta al protagonista honesto, les toca su merecido simplemente matizó, a solas, cara a cara y sin su corte de jueces corruptos amparando sus delitos.

"De la locura a la genialidad sólo hay un paso al frente y un abismo bajo los pies"

Permítame un inciso en soledad, que sólo pretendo debatir de la locura o la genialidad, y díganme si es de locos conducir atento a las mansedumbres luces de los semáforos regular sin tregua su rojo bermellón, el ámbar y su cetrina glauca, muy probablemente no sea demencia, sino educación muy bien tomada. Díganme si es de locos dedicar festivos a tostar la frágil piel bajo el sol canicular, rey sultán en su imperio estival, no puede ser un enajenado, que en tal caso es minoría la cordura. Díganme si es un tarado entregar al fortín de su enamorada los tesoros apretados de su alma, desde los convulsos temores hasta la nítida imagen de su sexo nudo ardoroso de goloso placer, déjeme meditarlo, dice la leyenda el amor nos enloquece en su regazo, pero si dicha fábula resulta cierta está el mundo entero muy pirado.

Discrepo en su calificativo de ido, y si vos es disconforme a mi opinión pruebe un experimento, salga a la calle concluida la lectura de mi narrativa, y en su amagada mente enumere los que hablan solos, manos libres se excusan en su uso los embusteros que lucen palmas y falanges gandulas en los bolsillos. Vaya al supermercado, y en aquellas repugnantes colas, en las cuales no me busque pues al divisarlas ya desisto en entrar, cuente estatuas con una lata asida, o un ristra de ajos en el cesto vacío, perdóneme que yo no entiendo semejante gilipollez, deje el producto en el tintero, márchese y que se hunda el propietario.

De querer mayor prueba de humanos desquiciados vaya a las gradas de un campo de fútbol, yo no pago a estos prepotentes ni un céntimo, no luzco camisetas y no defiendo emblemas ninguno, mas usted es libre de derrochar sus ahorros en cuantas estupideces le plazca, y al hacerlo calumnias e injurias a mortales tendrá colección, que su vecino aportará a la exposición su diccionario, mas no se ponga callado y sentado a leerse un libro, enfocarán las cámaras su sabiduría y le llamarán aburrido.

Defiéndase, dé por justificar que le gusta contemplar la lluvia descender por cuyo pináculo se yergue bajo el tapiz de las nubes bruñidas de tonos plateados, es vida y riqueza sus lívidos fulgores, y por su cavilar dirá la muchedumbre le falta un tornillo. Comparto entonces esa ansia en el espíritu de atravesar en contienda con la cúspide de su daga la hinchada vanidad de aquellos pudientes esclavos, qué mierdas ríen los malnacidos, que les ordenan encerrarse en casa y contentos salen cada día para aplaudir desde balcones como focas amaestradas, y a sus menores torturan, hoy no vas a colegio les imponen, no juegas con amigos, no sales a correr, sumisos y obedientes, al paraguas de progenitores vergŁenza en la historia de la humanidad.

Regodearse en el gozo de bañar ese infecto pavimento con el jugo sanguíneo de sus cobardes me agrada, pasear por encima de sus lagunas espesas escuchando el chapoteo al aplastar con regocijo la engomada suela de los zapatos sus malheridas soberbias sería una exquisitez, mas yo no dispongo de blindados o bombarderos, y aplastar cuatro inútiles es este inmenso hormiguero es una estupidez, que esa bazofia no son solución sino problema.

Digo yo tendrá fórmula el dios destino para su ejecución, y aquí entra el actor principal de este ficción, torciendo por cuya avenida mire a diestra, hay fortunas a mansalva y caballos su colofón. Centenares de metros adelante, ironías de este sociedad farisea, se miran de frente funerales y pasiones, pudientes castas en los palcos y analfabetos en gallineros, pero continuó rumbo de quien visita a sacerdote, en estas fechas es todavía insignificante la cultura y protegida la fe.

De no existir armatostes de vigas y ladrillos, tendría un agradable paseo hasta cuya costa le baña el mar con aquel cándido murmuro que le identifica, congénere al susurro de los cerros aledaños donde llega la brisa marina e incluso atraviesa arboledas reptando como amantes nóveles que se funden en sus deseos, pero no persiga los fríos cierzos, no se rija por sus silbidos al oído indicando está cerca la víspera virgen de la orilla, pues muros y vallas no le van a dejar pasar, y al retornar a la sierra topará con un enjambre de ciclistas temerarios, exploran corzos intrépidos el terreno y ante el pasmo de gritos subnormales prestos parten fugitivos, por no retornar jamás.

Ajenos a tal sublime belleza, la realidad de este municipio son locales con permiso a comerciar, tiendas de vestidos, un par de zapaterías, colmados de todas las marcas inimaginables, panaderías de memoria cuento la decena y bares tremebundos por doquier, la veintena como mínimo mugrientos, moscas libando sobre sus mesas sin limpiar y las baldosas convertidas en un estercolero que a pesar del asco estaban repletos de feligreses venerando las sinuosas curvas de sus botellas.

Sito en este escenario, concretamente en una lóbrega esquina de un barrio enfermo con miserables parásitos habitando en sus cuevas destartaladas, vio la inmundicia de un holgazán vividor apoyado en la fachada de un establecimiento arruinado, aunque no crean fue un encuentro por casualidad.

Prometo dan ganas de ahorcarlo, que su vocabulario abarca la mayor artillería de bravuconadas, fanfarronadas y amenazas del habla humana, aunque sea su receptor amistades y carcajadas. Queda todo el día en su puesto, es vigía confidente de la autoridad chantajista, el andén su templo de culto, y de vueltas adentro alberga chatarra y trastos. Acertará en describirle de mezquino despreciable, pero ese puerco va con talante sabiondo, noches de verano habla a volumen soprano superadas la segunda hora de la madrugada, ojalá en centenarios posteriores dichos moldes estén exterminados.

Consulte el oráculo si es usted profeta o vidente, que yo en la gente no tengo ni un gramo de confianza, y a este ritmo de idiotez es factible se hayan triplicado, dé por extinguida la humanidad si tiene éxito mi puntería.

Volteó con su vehículo la manzana, y en efecto ahí estaba la rata de alcantarilla, recostado en la señal, mirando a babor y estribor, súbdito perezoso el muy mamón, y una ira le invadió por apearse cual filibustero armado con venablos y azagayas a exprimir hasta la última gota de cuyo plasma corre por sus venas, pero dio un rodeo, se dijo vamos a darle una oportunidad antes de perpetrar edicto del tribunal divino.

Al fin y al cabo, aquel antro fue antaño una deprimente taberna a través de cuya minúscula ventana, mal horadada en el grueso muro de la pared, se podía ver los concurrentes de sus atriles ahítos de su sagrado licor, capaz de modificar la sangre y embriagar los despoblados cerebros de sus vasallos, fuese cual fuese el mote de su bautizo. Se esfumaron aquellos parroquianos y su vivaracho tumulto, donde un tabernero enano y rechoncho sembraba las copas de sus clientes con cartuchos cristalinos que al agotarse rotaba la espita dorada de cada cuba, en los toneles alzados en castillo de chasca decúbito arrimados a la pared más longa de la cantina, para renovar su descendencia.

Lamentable espectáculo aconteció, y la nueva era trajo panorama peor, que si cree exagero lea muy atenta y atento los sucesos que yo encantado les detallo.

"Demasiada belleza para tantos borrachos de mierda"

Partida del episodio establezca en un nuevo giro por el distrito, que al volver a transcurrir por la misma callejuela cruzaba una moza muy cerca del citado ignorante, quien berreó en gracia nauseabunda dónde vas preciosa toda sola, y la zagala damisela, vestida seductora en su libertad le satisface, con sus cabellos dorados en ondulada melena hasta donde las púas podían tocar las aristas de los omóplatos, respondió gentil vengo de la casa de una amiga.

En diálogo de absurdos modismos y letras tartamudas, el despojo dio dos palmadas al aire como noble quien reclama su sirvienta, y los bellos ojos de verde prado miraron avergonzada. Detuvo la indefensa sus zancos, aterrorizada se sintió, y aquel ser enigmático estacionó su automóvil rebasada la frontera, en aquella trinchera que alcanzaba su campo visual por el retrovisor y su tímpano avizor con la ventanilla bajada.

A esa distancia vio la silueta de ese saco de grasa oronda ponerse a ribera de la fémina, testigo juraría convencido estaban a la par, él con sus pupilas dilatadas, creyó ser la muchacha su fetiche de fantasía, camarera criada portando una patena de aluminio barato en garbosa silueta, serpenteando entre el júbilo y alborozo de los meandros formados por los comensales, depositando las cráteras y la cantidad exagerada de sus discípulos vacíos, mas ese hijo de puta asqueroso qué se ha creído, sólo tiene miseria en su garganta y escombros en su lugar.

Mis estimadas y estimados leyentes, les intuyo inteligentes, y por lo tanto sabrán empatizar con cual horrendo trato hubo servil de sufrir, un suplicio para la dignidad cuando soportó las impertinentes inspecciones a sus pechos y piropos de mal gusto, tan propio de esos imbéciles de fétida verborrea.

Elegante y correcta, quiso despedirse con un efímero saludo sin denotar sentirse humillada y herida, pero aquel pretendiente emprendió una cháchara que ella, frágil e ingenua, no osó interrumpir. Creyó equivocada de algún bloque antiguo saldría vecino en su socorro, pues el desamparo de la noche la hacía sentirse indefensa, subyugada a un conjuro natural de quien está ducho en mil pavonadas ante una joven inexperta y bondadosa. Sin embargo, de la turba no espere ayuda, espabila toda sola brama la muchedumbre, que no verá soto cornisas cotilla inmiscuirse, a pesar de tener el individuo un graznido ronco de cuervo afónico.

Apenas un mísero palmo separaba su faz encantadora con el hedor putrefacto del salido, verbos estridentes y ni un ánima le espetó cállate mierdoso, los vecinos reclaman descansar. Muy al contrario, sus jocosas risas retumbaban en círculo por las travesías desiertas, y no satisfecho elevó el volumen a cuya intensidad pretende emular las épicas de quebrar cristales, al tiempo de agarrar su lata, marca omito dado no me pagan por publicidad, la levantó como si venerara su licor bajo el sagrado foco de la magistral tulipa para bendecir hasta la última gota de su pócima, y de un solo trago se bajó todo el embozo.

Vacío ya, dio un golpe con la culata sobre cuya silla roñosa en el umbral de su basurero es su única fiel compañera, e incongruente cacareó a su público falsas proezas, patrañas y mentiras que en su sano juicio no se cree ni él mismo. Omito explicarles esas cómicas paranoias, las batallas estrambóticas todo embuste, dan ganas de espetarle a la jeta qué ostias pías, si en tu cancela día y noche te alías. Supongo es la típica danza fálica de todo varón idiota que razona en la calavera de su polla, pero las excusas conmigo tienen vedas, este es el límite, traspasarlo no se acepta su evasiva.

Vigilante de la escena, contempló a la muchacha dar dos pasos, he de irme se disculpó, pero aquel embaucador la engatusó, artimañas comprendan era la víctima bisoña, y entró en cuya caverna no se aventure usted nunca, dé por seguro amagan altar de pérfidos sacrificios.

Batidos cinco minutos sagrados por las saetas de su cronómetro, no resurgía la figura de la incauta, y doble la cifra, que en la cantidad obtenida se prorrogaba su ausencia. Decidió emerger de su navío el guerrero, y percibió al envés del metal un eco de golpes huraños, firma inequívoca de tambores de guerra, hay altercado por dos bandos enemistados.

En la ventaja privilegiada de ser autor, yo les desvelo aquel orangután posó sus tentáculos en los senos femeninos, y en el brusco rechazo perdió la chica el equilibrio. De rodillas en el suelo, acuciada por un temblor indescriptible pretendió incorporarse, pero el simio se abalanzó sobre su presa, no quiso sellar un beso sino un mordisco vampírico en su cuello, y en el intento de gritar amenazó por su boca olorosa a mofeta con un afilado cuchillo. Correr fue inviable, antes debería erguirse, y aunque lo consiguiera la bonita entró en cuyo cuchitril fue una irrisoria despensa, cabían cinco cajas de bebidas apiladas y la fina escoba, fregar es demasiada tecnología avanzada para su bodega.

Tomó bobinas de tremendo alambre, un milímetro de grosor, y enredó su tallo alrededor de sus muñecas cruzadas a la espalda, en zona del cóccix impuso quietas y bien atadas, pues en el desespero estéril por desatarse sólo lograría lastimarse, es hilo perenne. Previo paso de cortar el material con alicates, fortaleció no se escape con otras segundas ataduras, sobrepasado el epicóndilo de su húmero, presionando hasta cerrar unidos ambos codos y enroscar los extremos, esto son sus nudos indestructibles.

Resistirse al despojo de sus prendas lo exigen sólo necios e incultos, que el canto tajante de su navaja desgarró camiseta nívea y sujetador de encaje, y en cuanto de falda y braguita bastó con empujar abajo. Mandó entonces abrir la boca, me la vas a mamar espetó del deslenguado, pero envuelta en un mar de lágrimas vio chasqueaban su maxilar por el miedo atormentada, y meditó mejor su cometido, ahí no meto el nabo reflexionó, que con ese chirrido me voy a llevar mordida.

Prefirió copar su cavidad bucal toda entera con cuya tela formó una esfera de tamaño similar a una pelota de tenis, hágase vos la idea, y colocado hasta el último filamento por detrás de sus incisivos y caninos, expandida al máximo su quijada, envolvió cruel con el ladrón alambre su cabeza, latitud del vómer al mentón once vueltas, ¡menuda barbaridad!, hundido en sus pómulos y oprimido por el cóndilo occipital con tanto salvajismo que hirió en cortes sus mejillas por el trémulo roce.

Ya inexorable amordazada, aquel gusano, dele un brebaje embriagador y vacía él sólo cinco cántaros, centró sus ojos cegados en la mártir, y por capricho tortuoso envolvió alambres alrededor de sus pechos, en la circunferencia arrimada a su torso, y en su apetencia despiadada comprimió de tal modo que su riego sanguíneo se vio frenado por la base de las tetas. Sepa forma con esta maldad enfermiza dos globos amoratados, violetas se tiñen, con las venas calcadas sobre la piel, y envalentonada se infundió la heroína, aguanta pase lo que pase.

Crecido por los sollozos y murmureos ineludibles de la rea, se desabrochó el cinto por descubrir su famélico miembro viril. Ignoraba había emprendido la senda de su mortal destino, y en tal atraso mental embutió el pene hasta completar dos terceras partes de la vagina, es de tacaña longitud su pepino. Al mismo embate germinó de la dócil cautiva gemidos amordazada, solicitada clemencia de la desdichada, mas no es sorpresa desvelar ignoró la totalidad de sus recursos, pues ese engendro humano se le veía frenético por enfrascarse en la recompensa de los orgasmos frutos del sexo que bulle las almas, justo cuando su verdugo ya se había aproximado lo suficiente como para poder percibir muy débilmente los jadeos quejosos de la prisionera.

Camuflado por la lóbrega oscuridad que circundaba el recinto se colocó frente al portal, y desde su proa no apreciaba la imagen de ese cebado balón de estiércol. Hubo de recorrer persuasivo dos palmos tierra adentro hasta lograr apreciar la sombra de esa sanguijuela, absorto en su anhelada fechoría, misógino en superficie, exhalando por la mueca de su bocaza entreabierta burbujas de júbilo y frenesí, con el armazón de su lumbar epiléptico agrediendo carnes no correspondidas, y fue al progresar por la reliquia de sumar otros dos zancos sigilosos que por fin lo encontró, amagado tras el valladar de metales y planchas y cobres, con la desafortunada en piernas triangulares y el primate entre muslos.

Sus nalgas peludas esbozaban el aria litúrgica de la clásica calentura ardiente, se asemeja al rebote de un muelle, con su léxico austero, un monosílabo cotidiano, el sí afirmativo pronunciaba sin cesar. Su cirio encendido abrasaba los recodos de la gruta, debe derretirse porque la esperanza de la señorita agonizaba y sucumbía, mas de ella sólo contemplaba las plantas frías de los pies y la tibia rendida.

Avanzó cuyo tranco mide una baldosa, y a cobijo de la barriga sebosa contempló sus pechos cárdenos, faltos de riego, la aureola ensanchada, y un cúmulo de filones venosos estrellados sobre la lona contrastada de su pálida dermis. Adelantó inclinando su pectoral, exiguo diez grados su escora, y pudo apreciar un río liviano de rúbea lava emanando por la línea oblicua del mandibular, que al apartar la jeta por evitar su morreo profano debió de herirse, cualquier rasguño con alambre es peligroso.

Otórgueme la licencia, dado yo soy el escritor, por describirle la cándida engañada, ya he dicho previo cabellos y cuencas de alteza, y moderno añado rondaba la veintena de edad, estatura loable, tampoco es dificultad ni mérito rebasar ese renacuajo, delgada a cuyas proporciones sentirá burla de las focas y rechazo de las palillos anoréxicas, tatuajes luce en el hombro, engalanan pero confunden de apariencia, no son quien aparentar ser. Por el acento me hubiera guiado si es local o foránea, mas enmudecida apenas emitía gemidos amordazados que son idioma mundial. Tumbaba supina, tenía los ojos cerrados por no guardar recuerdo visual de esta ofensa, ignominia termine pronto sin mayor lástima, tranquila esté, se acerca el desenlace.

Percibía nítido el campeón, en tanta proximidad, el perfume etílico del villano, sus neuronas en huelga indefinida, y un vapor de su garganta impregnaba el aire de una funesta falsificación del húmedo rocío cual cae bruñido sobre las cetrinas frazadas de los valles mientras la belleza, con increíble coraje, cumplía la amargura de su penuria.

Jadeaba que de consultarlo psicólogo diagnóstica esquizofrénico, a explotar muy fogoso, bordeando arriesgado los límites de la eyaculación precoz, mas demoró el verter su blanco semen, que en su maléfica estratégica tenía planeado al término derramar su esperma a una velocidad de vértigo por la careta genética de la joven, pero de ese final ya les anticipo se pueden olvidar, pues el reverenciado personaje se había acercado dotado de cuya cautela es maestro el espléndido tigre de pelo fino e ijar apretado, y ya junto a ellos se dejó notar, aquí no hay nada a celebrar.

Asustado, sacó el cipote que jamás debería de haber allanado parajes privados y prohibidos, y en su levantarse patoso casi se estrella contra los tabiques quebrados de humedad. Imitó marinero en cubierta de un pesquero zozobrando en la furia del recio océano, y en su desespero quiso agarrar en provisiones una robusta barra férrea, ¡qué demonios pretende el rufián!, ha de aprender el destino se acata, es estupidez de forajido esquivar o emprender huida de su sentencia.

Ondeando su cuerpo gladiador con garbo y bizarría, con los músculos hinchados en colérica tensión bajo su piel hirsuta, derrumbó al violador con la misma sencillez que usted resquebraja las hojas secas caídas del follaje de los árboles. Tornas giradas, ahora el bellaco clamó escocido el auxilio de su vecindad, mas no tuvo oportunidad ni de articular novicia sílaba, pues un rosario de fornidos impactos a quemarropa dejaron aturdido al botarate.

Banales disculpas se las mete por el culo, en estas infamias sobra prestar atención a su ramplona explicación, y en preguntar al ídolo por su nombre obtuvo por réplica un rugido devastador, pues si les digo que aquel caballero no era humano, sino mitad fiera y el resto juez celestial, quizá no me crean, mas no dudarían ni un instante de mi palabra cuando, alzando su puño al vuelo, a muy pocas pulgadas del gaznate rastrero, mostró en las púas de sus dígitos unas zarpas de arista mortal que sólo la fuerza omnipotente podía otorgar.

Abatido y derrotado, sacudió sus entrañas un terremoto a cuya magnitud ni el alcohol logra imitarlo. Sus ojos beodos le miraban con pavor, arrodillado en un indigno porte postrado ante tal emperadora figura, en plegaria que de haber oyente aposentado en el banco de las nubes habrá sentido de todos los colores, pero este tipejo es miseria evolutiva y en la hoguera de los espíritus execrables debe de arder. Perdón se lo pide a satán en su reino, aquí es en vano rellenar su formulario, tampoco pida cita o llame a ventanilla, dado jamás un mar embravecido se calma a rezos, ni las ígneas llamas de un fuego devastador se extinguen soplando con cariño, aunque bufón de la incultura continuó en bucle cantando la nana de su pena, implorando piedad del ejecutor al temerse lo peor.

Misericordia reclama ese excremento de cloaca, después de haber aterrado a la santa en un derrame de llantos desconsolados, con los cómplices moradores dicen ahí te parta un rayo, es irracional invocar socorro si esta especie es el mayor depredador de todo el planeta. Mírela, pávida y horrorizada, buscará en su mente la mística historia por aplacar la tristeza y rebosar energía, que está atada y desnuda, los pétalos de sus párpados irritados por cascadas de su congoja, cansada y casi por mendigar acabe su martirio pronto y pueda morir en paz.

Suprima este amargo adiós, que el destino ha dictado sea el violador ajusticiado, aplaudo yo, vítores es en mí inusual, ahora están acreditados, puto cabrón, vivir para morir sin llegar a existir. Puede orar o refunfuñar, advierta el cochino la sangre en labios de la joven amordazada, aún vagando su ilusión en el futuro incierto, ¡estate calmada!, cuatrero es quien naufraga.

Con un odio sin igual, ese ángel de la guarda atenazó con el pulgar y su séquito cuarteto el dipsómano pescuezo de aquel subnormal, que por primera vez en muchos años su hocico amplificado no injuriaba, urgía aspirar bocanadas de oxígeno puro. Ronco murmullo nació en legada cantina de beodos, actual sólo vive despojo y sus tonterías, y en un acto reflejo luchó contra esas tenazas, ya puede poner pueril entusiasmo o baldío arrojo, es ley universal del dios destino. De haber estado yo presente, mi conciencia habría dicho aprieta, indignado me enerva saber habitan estos adefesios, e incapaz de abastecer las exigencias de sus pulmones comenzó a boyar su angosto bufido en la opaca frontera de la vida. No obstante, sepa eliminó su existencia otra causa, ésta fue las herrumbrosas garras atravesando la arteria carótida primitiva cuanto a nosotros corresponde el dedo índice, una lanza hincada en la vena yugular interna si comparo al índice, la daga del pulgar empotrada en el cartílago tiroides, y las dos aguijadas restantes en la tráquea y la rama cervical transversa del plexo cervical.

"Todo borracho inmundo y asqueroso paga la factura reclamada por su destino"

Alegre es verle con la derrota en el semblante, que no repudio el babear de su rojo fluido y su epitafio en letras delirantes, escuche su tono, el estertor amortecido suena a luto. En la gravedad afligida se esfuerza por abandonar su ímpetu en cual desmayo de atraparle será eterno, y por mantenerse despierto atisbó a exclamar un gañido bilioso, baladí débil y exhausto, es insuficiente por franquear el confín de sus ladrillos.

¡Ah, infausto! Lo dicho al aire, éste se lo lleva, y para lo jamás nombrado siempre es tarde recordarlo.

Lo intentó de nuevo, fíjese qué ironía, ante el ataque ahora busca desesperado caminos, y sin embargo lleva larga década tumbado a la bartola, medallas se condecora a sí mismo con si a tal le ha dicho cual y a pascual otro por igual, arrogante hipócrita de los cojones, he oficiado lecturas de ficción donde escritoras y escritores han inventado menos mentiras. Métase su comedia el malandrín en el baúl, viaje a las cavernas del averno anuncian su inminente salida, que la fiera ecuánime alzó su gemela empuñadora, arbolado hasta lo alto donde su cúbito y radio coronaban el vértice del parietal. Arrojó desde esa estratosfera a cuya velocidad sesgó el viento en dos mitades, y empotró sus punzones despedazando el ramo de las arterias coronarias, su parentesco pulmonar, la aorta descendente y de propina la arteria subclavia descendente.

En las sombras quienes llevaban siglos caídas en las esquinas, desafiando a la incesante búsqueda con que la luz de plata la sometía, sonreían los ángeles negros de las tinieblas viendo sus pestañas caer sumidas en la siesta imperturbable de la muerte, y si se escandaliza de la felicidad por tal tragedia sepa yo apoyo las risas, que estos podridos errores evolutivos deberían de haberse aniquilado en la era de los neandertales. Carecemos de documentos en tal época, pero el desliz por razón desconocida es sensato aplicar remedio.

Ni rastro quedó de sus mastodónticas bravuconerías, con su parodia desteñida y sus labios glaciares sin un solo gesto pugnando por expresarse. Sepultado en un viscoso charco, con el trapezoide y el ganchoso y quinteto de metacarpianos ensortijando impotentes heridas por finiquitar su aborrecible hombría, acalló para siempre, ¡hurra!, hay que celebrarlo, ¡viva!, aflicción ni mínima ni gratuita, abonada mucho menos, y vayamos al siguiente de la lista, faena interminable garantiza no quedar jamás desempleado.

Un profundo aroma a óxido reemplazaba al fatídico elixir de su funesto ser, y quedó su vil patraña tétrica como un alborozo supino tendido sobre su fúnebre colchón. Un velo, el de la muerte, cubría su atuendo, preso del único sendero cual es parte indisoluble de un cadáver y en compañía de un silencio totalmente distinto al clásico orfeón de la noche, ese cual poesía inspira la isócrona melodía de los grillos o el silbar de la brisa noctívaga a los oídos dormirse.

Es otro silencio, desgarrador, conmovedor e inimitable, pues su piel languidecía a un adusto tono anémico que no hay matiz de superior amargor. Sus ojos reposaban en una modorra inerte que por más intentos de lavar y centrifugar no va a conseguir limpiar, y sus labios terriblemente amoratados parecían pedir con porfiado exaspero un beso que le despertara del hechizo, mas no estaba embrujado sino muerto. De sus poros emanaba un advenedizo frío, ni aterido ni crudo sino frígido, envueltos por una fallecida aura helada de la cual difunto es el único propietario.

En cuanto a ella, clepsidra latía bajo el yugo de la mordaza, quieta y asombrada, ese estorbo en un inmediato devenir es liviana ceniza. Para ser sincero, en su exterior estaba increíblemente fea, mutante, es innegable, sus cabellos alborotados con dilapidado arte y el rímel de sus ojos derretidos al deshielo de sus llantos, mas en el interior de su persona marchó la borrasca de su angustia, incrédula bien es cierto, imposible de reconocer ese marcial de la naturaleza o el universo. Tampoco importaba duda de dónde vino, ahí estuvo oportuno, y en cuanto al futuro se preguntó por qué ha de perseguirlo, muévase o quédese, se cumplirá el renglón de la derrota o la victoria escrita.

Vestía su efigie desnuda las manchas del violento amaranto, mortaja de aquel cadáver, no he soltado a disparo o ráfaga su nombre y no me atañe en absoluto, cuando ese gladiador se aproximó a su vera, y con una delicadeza que en la fantasía mental de mis leyentes tendrán enorme dificultad por imaginar, la liberó de cuyo bozal le impidió participar en debate y coloquio. Gesticuló el maxilar con ejercicios de masticar, dado habían quedado sus facciones anestesiadas, y sin haber avivado todavía su movilidad comprobó pudo guiar sus brazos adelante. Pestañeó fugaz, que en tanto rato tuvo su mirada sombría y borrosa le molestaba la difusa claror, y espectadora sobresaliente comprobó a muy corta distancia el goteo fresco de la lava grana por las azadas del depredador, toda la pintura cobriza es del crucificado cabrón.

Palabras muy bajas le musitó al oído, querrá saber qué le dijo, mas de la muchacha es su amena privacidad y no voy a quebrar la confianza en su severa intimidad.

Finalizaré esta fábula con cuatro párrafos, dedicado su inicial a la hermosa damisela, suspire vos aliviada y aliviado, quedó sana y libre, que en un despiste fugaz perdió de su campo de visión a su salvador, y al buscarlo se encontró solitaria. Quiso despedirse con gratitud, pero nadie deambulaba por el sucio mosaico de las aceras. No hubo senda de pisadas, no se percibió caballos de fábrica arrancar, aullidos de cilindros alejarse no hubo registro, y la única sospecha fue un hueco vacío entre la hilera de carrocerías donde poder aparcar. Sicarios del gobierno, agentes del orden, multa y opresión es su función, revisaron cámaras de espionaje, dícese por corruptos dictadores con la nomenclatura de seguridad, y tanto fuera establecimientos como portales o entidades bancarias y por supuesto carreteras no se encontró concordancia ninguna, indistinto peatón y tránsito, burda red ya prevista. Asumió la rescatada estas epopeyas carecen de dar gracias, y ya en la mujer presente disfruta jovial de la vida con su querida pareja, el tropel disparatado de leales amigas y divertidos amigos, y venidero tendrán un retoño, semilla de un apuesto empresario, juntos labran su próspero futuro.

De la gentuza escondida tras las alcobas de un barrio imbécil y pretencioso, son pobres miserables, pero en su morada verá televisores cuya longitud los brazos perpendiculares no abarcan, cito de ejemplo por lujos repugnantes de su fachosa biografía, no espere un milagro, éstos no ayudan ni colaboran, deme pan regalado le pedirán, mas ojee su congelador y verá estupefacto caprichos y laminerías, pastel de chocolate y dulces que desconozco, excluyo veneno sabido de mis dietas. Deducirá pues de esta plebe no abrieron ventanales, aunque hubieran escuchado el llorar, y en abroncarles su actitud dirán que se jodan los demás, cada una y uno se apañe como pueda, sarta de avaros y egoístas, el mismo rigor que aplican paguen por factura también.

Penúltimo parágrafo, para el fardo de grasa descuartizado, ardió en llamas y la autoritaria emergencia se topó al enfoque de sus linternas con una masa carbonizada e irreconocible, al foso con él, arrojado y despreocúpese, tocan posteriores sus copias contagiadas, los gregarios soberbios, imitadores con idéntico porte guarnecido, e incautos impostores vayamos a darles escarmiento, la rigurosa enseñanza práctica al filiado tormento de cual cordero terminó en el matadero.

Postreras rayas dedico a mi ídolo, triunfador de esta índole firmo y ubico en el planeta, que como la promesa de amor es oro al honor, cumplió con su cometido de regresar antes de despuntar el amanecer, ahí, con su dulce princesa, acostándose con sumo esmero de no despertarla, gloria dormida en la alcoba, y deslizó serpenteando suave la mano por encima de su camisón de seda, la abrazó con cariño, unió su frente a su rostro pavoroso de sueño, y de este modo llegamos a la meta, repose mi amada y amado seguidora y seguidor, que yo abro nuevo fichero y emprendo nuevo guion aventurero.

 

Todo el contenido es de mi propiedad y autoría, todos los derechos están protegidos y reservados, y yo soy el único autor de todos estos relatos eróticos.

Está ESTRICTAMENTE PROHIBIDO su reproducción, comercialización, copia, publicación, y cualquier otro uso no autorizado previamente por escrito. Cualquier interés que tengas, sea cual sea y seas quien seas, es obligatorio mi autorización previa por escrito.

En caso de estar interesado/a en este relato,indistintamente cuál sea la razón,, escríbeme con el asunto "Interesado/a en relato", especificando el relato de tu interés, el por qué estás interesado/a, y para qué uso solicitas mi autorización, facilitando toda la información completa, lugar, fecha y horario exacto de publicación, reproducción y/o lectura, entre otros.

Por supuesto es imprescindible y obligatorio firmar la solicitud con tu nombre y apellidos, ciudad de residencia, email y teléfono propio y personal, para contacto directo. Todos los datos han de ser reales.

Estas solicitudes se han de enviar a mi correo electrónico info@exoticbondage.com

SIEMPRE respondo a todos los correos en un plazo máximo de siete días. Si en siete días no te he contestado, puede haberse perdido el envío en la carpeta Spam o puede haber algún otro error. Vuelve a escribirme, o llámame por teléfono para notificarme el envío de tu petición, y así extremaré yo la atención en su recepción.

Se emprenderán inmediatamente todas las acciones legales que se estimen oportunas, incluido las DENUNCIAS POR VÍA PENAL, contra cualquier persona, portal, foro blog, web, perfiles, periodistas, medios de comunicación, grupos, empresas, e incluso Administración u Organismo, sea oficial o no oficial, del ámbito público o privado, que vulnere mis derechos, y haga uso prohibido y/o no autorizado.

Periodistas, y medios de comunicación, indistintamente sea freelance, radio, televisión, prensa escrita o digital, deben de contactar a través de la sección "Press", en la barra inferior a pie de esta página.

 

© ExoticBondage.com