Urban Decay. Bondage en edificios abandonados. Me gustó este rincón para una sesión fotográfica porque a través de la ventana rota podía captar el bosque espeso y la naturaleza de estas montañas. Me daba la misma impresión de tener un cuadro en la pared, cuando en realidad son árboles reales. Además, sólo girando un palmo la cámara tenía una toma completamente distinta, con los grafitis pintados, y decidí hacer en este espacio concreto una sesión de fotos bondage.

A un par de metros de nosotro había esta caja, y la arrastramos hasta colocarla de tal forma que no me molestaba para los ángulos que yo tenía pensado. En un primer momento, había pensado con la modelo atada dentro de la caja, pero descarté la idea muy rápido cuando vi que dentro había astillas de madera que podían provocar heridas, y que tenía a lo largo y ancho de todas las esquinas un montón de telarañas con insectos atrapados. Apenas quedaba el centro de la caja para poner los pies.

"Atada en esta caja abandonada de una fábrica en ruinas"

Hay un truco que aprendí de pequeño para saber si hay arañas, y es hacer vibrar muy levemente la tela de araña. Sale la araña directa, pero comprobamos que no había ningún peligro para la modelo. De todos modos, encontrarse arañas es muy habitual. Es diario. A veces vamos andando por el bosque y nos llevamos una tela de araña que no se ve con el cuerpo o con la cara. Esto nos ha pasado a miles de personas. Está lleno de arañas en todos sitios, aunque no me gustan, lo reconozco. ¡Ni a mí ni a ella!

Se colocó con cuidado, pero previamente até sus tobillos fuera de la caja, porque dentro hubiera sido imposible. Se hubieran llenado las cuerdas de telarañas. Colocó sus pies en zona segura, se sentó conde no había astillas ni clavos, y proseguí con las ataduras. Hice los muslos, y como estábamos muy tranquilos y seguros me deleité un poco con el cuerpo. Hice como las arañas, en convivencia con la naturaleza, y tejí esa enmarañada tela de araña con las cuerdas en el cuerpo de Thyffany, atrapando los brazos totalmente flexionados, cada uno al extremo opuesto de sus pechos.

Terminé con la cuerda por debajo de sus muslos, atada por detrás a las cuerdas de las piernas, de tal modo que aquel mundo de cuerdas y nudos no se movía ni arriba ni abajo, quedando las ataduras totalmente tensas e inmóviles en su posición. Fue un capricho, una de esas miles de ideas que cada día me vienen a la cabeza, y a nosotros nos gustó. Fue divertido e interesante.