Urban Decay. Bondage en edificios abandonados. Hace algunos meses os publiqué una sesión de fotos en la terraza de una casa abandonada muy ruinosa, pero que curiosamente tenía dos terrazas en un increíble y asombroso perfecto estado, donde incluso se podía tomar el sol. Os publiqué la sesión de fotos que hicimos en la terraza que daba al este, y hoy os publico la otra terraza, que daba al oeste.

A diferencia de la otra terraza, ésta no es tan fotográfica, tiene mucha maleza crecida, y había muchos cristales por el suelo cuando nosotros estuvimos, por lo que decidimos hacerlo en la puerta que da al interior de la casa. En este rincón Thyffany tenía dónde apoyar los pies con seguridad, porque limpiamos a conciencia los cristales cercanos, pero por si acaso quedaba alguno minúsculo y diminuto que no hubiéramos visto se apoyó sobre la tabla de madera, y yo tiré de la cuerda hacia arriba, quedando de puntillas.

"Atada con los brazos arriba de esta terraza intacta en una casa abandonada"

Pude hacerlo porque había un aro clavado en la parte posterior de la pared, por encima. Supongo que sería de las cortinas o de alguna lámpara. No tengo ni idea. No soy arquitecto, y ni quiero serlo. Allí pude empujar fuerte para quedar la modelo atada con los brazos arriba. Utilizamos dos cuerdas más, para atar los tobillos y por debajo de las rodillas, y usando la mordaza roja comenzamos a hacer las fotos.

En una casa abandonada como ésta no puedes hacer mucho el imbécil, y no puedes entretenerte en trabajar las cuerdas laboriosas. Por seguridad, no se puede hacer bondage muy difícil de deshacer, porque en las casas abandonadas hay muchos tipos de personas. Hay gente joven que van a encontrarse con sus amigos y amigas y pasar un rato o a fumar sin que les vean los padres. Hay grafiteros que van a pintar, pero también hay traficantes de drogas, gente apartada de la sociedad que se esconden y son violentos, gente que va a buscar material para robar y usar después en su construcción, y mil cosas.

Hay que ser precavidos, y hay que dejar el ego fuera. Por supuesto que sí me hubiera encantado colocar ocho mil cuerdas, con la modelo llena de ataduras y desnuda, pero este no es el lugar adecuado por seguridad y sentido común. Ya quedaron bonitas las fotos igualmente, y también nos gustan a Thyffany y a mí. Detrás de las fotos hay una historia que tiene mucho más valor que la propia fotografía, y el que no se dé cuenta de esto es que no tiene ni idea ni de bondage ni de fotografía.