La inmensa estupidez de contratos de esclavitud en fantasías BDSM

Yo soy una persona muy abierta que siempre defiendo las libertades sexuales de las personas, y me da asco toda la puta hipocresía de la sociedad, sus prejuicios, sus tabúes, su intolerancia, sus estigmas y todas las demás aberraciones que niegan de palabra hasta aburrir. Las mentiras se las pueden meter por el culo.

También es cierto que defiendo las libertades sexuales con sentido común, con el consentimiento mutuo y el acuerdo libre, voluntario y lúcido, de todos y todas los chicos y chicas que participan. Remarco este punto porque hay que ser realistas, y debemos de asumir que el mundo está lleno de psicópatas que nos podemos encontrar en cualquier momento. Existen, sí, por desgracia.

Hay muy pocas cosas en las libertades sexuales que detesto y crítico. Apenas creo, hablando así de memoria, que las podría contar con los dedos de una mano, y en esta lista aparece la inmensa estupidez de hacer contratos de esclavitud dentro de las fantasías sexuales.

Os cuento, sobre todo para aquellas personas que no sabéis qué es, que los contratos de esclavitud son documentos firmados en los que establece unas obligaciones en la relación entre amos/as y esclavos/as. Son contratos de las prácticas BDSM, y sin escrúpulos les llaman contratos de esclavitud.

No tienen ninguna gracia y no son divertidos, pero para quitarle importancia al asunto hay que decir que estos contratos no tienen ningún valor legal y nadie está obligado a cumplir lo que ponga. Deberían de ser considerados una anécdota, pero puede haber algún desequilibrado que sí diga que es obligatorio cumplirlo. ¡No! ¡Repito de nuevo, no! ¡No, no y no!

Hablando de nuevo de estos documentos, el principio fundamental de lo que la gente escribe es establecer las obligaciones del esclavo/a hacia su amo/a o señor/a, en el sentido de la obediencia, la entrega o los castigos, por ejemplo. En ellos se pueden escribir frases divertidas, pero hay contrato en los que se escriben auténticas idioteces. Hay gente que pone la obligación de ser sumiso o sumisa toda la vida, que le debe de entregar todo su dinero, les hacen firmar el Título de Propiedad, que sus pertenencias se las cede y entrega a su amo o ama, que deberá de trabajar para su amo o ama, o que el sumiso o sumisa tiene que permitir ser violado y encerrado cuando quiera, o que su amo o ama le explote sexualmente.

Subnormalidades. Esto no lo escribe ni un enfermo mental. Estos contratos son mucho peor. Estas atrocidades no son libertad sexual. Esto son delitos, y no hace falta la palabra "presunto" delante. No hace falta saber de leyes para saber que esto es delito. ¡Tal como suena!

El listado de idioteces que se pueden leer en estos contratos todavía sigue. Hay gente que pone que el sumiso o sumisa no puede abandonar el contrato sin una razón justificada, que tiene la obligación de cumplirlo siempre, y que tiene que pedir la recisión con un mes de antelación. ¡Es increíble!

Esto no me entra en las fantasías de ninguna manera, y eso que yo tengo una imaginación muy juguetona, pícara y perversa, pero no le veo la puta gracia a estos contratos. Creerse de verdad estos contratos demuestra una mente muy peligrosa en la que yo recomendaría no confiar jamás en la vida.

Supongo que estos sujetos se masturban leyendo las hipotecas, las facturas o las multas de tráfico. Deben de llegar a su casa, ponen las multas y la hipoteca por encima de la mesa, y se pajean, porque de otro modo no veo ni un miserable morbo erótico a estos contratos. ¡Nada! ¡Cero!

Todas estas frases de los contratos de esclavitud que os he explicado en los párrafos anteriores no deben de escribirse nunca, y ni tan siquiera deberían de formar parte de una fantasía, absolutamente de ninguna. Son expresiones de completo rechazo, machistas, denigrantes, vejatorias, esclavizadoras, inaceptables, y creo que me quedo corto todavía con los adjetivos.

Esta es mi opinión personal, pero ahora voy a analizarlo ahora con mayor severidad, jurídica y legal, repasando algunos formas de forma resumida.

Comenzaría esta segunda parte del artículo explicando qué es un contrato. La definición más sencilla y aplicable en general seria aquella cual dice que un contrato es un acuerdo privado entre partes que se obligan sobre materia o circunstancias determinadas, que genera derechos y obligaciones de las voluntades pactadas para las partes firmantes, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas. Pueden ser tanto oral como escrito, aunque su amplia mayoría y aceptación suele ser escrito, porque es la forma irrefutable de demostrar su existencia. Por eso todos los contratos válidos de trabajo, de compras de pisos, de coches y muchos otros detalles de la vida diaria, son escritos, y por supuesto firmados e incluso sellados.

En la legislación española, país en el que yo vivo y que es mi nacionalidad, se señala que habrá contrato cuando varias partes se ponen de acuerdo sobre una manifestación de voluntad destinada a reglar sus derechos. Doctrinariamente, es un acto jurídico que tiene por finalidad crear derechos y obligaciones. Las partes en un contrato son personas físicas o jurídicas, empresas, Administraciones, etc, y éstas representan dos extremos de la relación jurídica obligacional.

Visto de este modo, son de obligatorio cumplimiento, pero hay cinco modos establecidos por las leyes para la ineficacia de los contratos, siendo éstos la nulidad, la anulabilidad, la rescisión, la revocación y la resolución.

La nulidad del contrato, que supone que el contrato no produce efecto alguno, puede ser por varias causas, pero de entre todas nombraré dos que tendrían relación con estos estúpidos contratos de esclavitud, que vendría a ser el objeto del contrato ilícito o imposible o que no pueda determinarse, o que el acuerdo de las partes vulnere los límites marcados por la ley, moral o el orden público. Esta es una acción, refiriéndome a la nulidad, que puede ejercerla las dos partes intervinientes y aquellos terceros que resultan perjudicados por el acto nulo. También cabe decir que un contrato falso entra en la anulabilidad como modo para la ineficacia del contrato.

Con esto se entiende que un contrato de esclavitud no tiene ningún efecto ni obligación a cumplirse, pero siempre sale el típico listo con un discurso ensayado o con mucho verborrea que usaría de excusa el hecho de que los contratos siempre están sujetos a interpretación, porque de ésta depende la posterior calificación jurídica y los efectos que el ordenamiento asigna a la manifestación de la voluntad. Cuando hay diferencias en la interpretación y no hay acuerdos amistosos el problema se traslada a los Juzgados, y es un Juez quien determinará su validez o no.

Dicho esto, sería surrealista o cómico ver un amo o ama que denuncia a su sumiso o sumisa por no querer cumplir su contrato de esclavitud. Diría con casi total seguridad que el peso de la Ley va a caer con toda su dureza sobre el amo o ama, aunque sea quien presenta la denuncia, y para comprender el por qué sería apropiado definir qué es la esclavitud.

Indistintamente de mi opinión, que ya os digo que me repugna esta palabra, no la he usado nunca y ni la he pensado nunca en las fantasías, voy a usar definiciones a nivel internacional para hablar de la esclavitud. Lógicamente, la primera de todas es la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual establece en su artículo 4 que nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, y que la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

También la Convención sobre la Esclavitud, firmada en Ginebra el 25 de septiembre de 1926 y posteriormente modificada por el Protocolo aprobado en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, establece que:

- se define, en el Artículo 1, que por esclavitud se entiende el estado o condición de un individuo sobre el cual se ejercitan los atributos del derecho de propiedad o algunos de ellos;

- y el artículo 2 dice que las Altas Partes contratantes se obligan, en tanto no hayan tomado ya las medidas necesarias, y cada una en lo que concierne a los territorios colocados bajo su soberanía, jurisdicción, protección, dominio o tutela, a prevenir y reprimir la trata de esclavos, y a procurar de una manera progresiva, y tan pronto como sea posible, la supresión completa de la esclavitud en todas sus formas.

Así era, por lo menos, en mis tiempos de estudiantes, y no creo que lo hayan modificado en este siglo XXI que nos encontramos, o en todo caso habrá sido para darle mayor severidad y aniquilación a esta práctica aberrante. ¡Así al menos yo lo espero!

A día de hoy, y vuelvo a repetir que estamos terminando la segunda década del siglo XXI para no olvidarlo, todavía existe en ciertos países del mundo la esclavitud, y peor todavía, la esclavitud infantil o hereditaria. Hay organismos que luchan heroicamente para su erradicación total, y lo hacen en unas condiciones y una inseguridad muy difícil.

Por lo tanto, no se necesita ser una máquina de inteligencia sobrenatural para darse cuenta de que dichos contratos, si se obligan a cumplir en serio y se llevan más allá de un juego anecdótico, vulneran las leyes españolas e incurren en delitos penales muy graves castigados con prisión. En España está penalizado, por ejemplo, enriquecerse de una persona que ejerce la prostitución, aunque sea con su consentimiento y permiso y aun habiendo vínculos de cualquier tipo, tal como específica el artículo 188 del Código Penal español, si no lo han cambiado desde mis tiempos. Espero que España no haya retrocedido en este punto.

Estaría escribiendo horas y horas, pero esto es sólo un artículo, y terminaría recalcando que todas las personas tenemos sentido común y uso de la razón. Así debería saber, pero sabemos que la vida diaria está llena de descerebrados que no saben lo que es usar la razón y el pensamiento. Existe esa frase mítica que dice que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, y es verdad.

Se puede disfrutar plena y satisfactoriamente del sexo sin la necesidad de redactar ningún tipo de contrato absurdo. Los roles, sean cual sean, viven en las fantasías de las personas, y se desarrollan libre y voluntariamente cuando comparten su vida sexual con aquella persona de mismos gustos, aun adoptando el rol contrario. Hay gente que le gusta azotar y ser azotados. Hay gente que le gusta la lluvia dorada, que les dominen o ser dominados, que les pongan pinzas en los pezones, que les castiguen o ser castigos, y miles de otras posibilidades. En sexo cada persona puede vivir su rol, libre, consentido y voluntario.

No perdáis ni un segundo en escribir un estúpido y repugnante contrato que jamás deben de imaginarse y existir, y disfrutar juntos del sexo, de vuestras fantasías, de los deseos, con libertad y consentimiento. Esto sí es libertad sexual.