Los peligros y gente peligrosa cuando hacemos outdoor bondage

Todo lo que hacemos las personas en la vida conlleva siempre un riesgo, un peligro y unas consecuencias, que se acentúan porque la naturaleza humana es patosa. Una abrumadora mayoría del ser humano tropieza hasta con una baldosa. No somos la especie animal más rápida, ni la más ágil, ni la más fuerte, ni la que tiene el mejor oído, ni el mejor olfato, ni la mejor vista, ni somos los mejores animales sexualmente. Visto así, ¡que deprimente!

Sin embargo, el ser humano es el animal más peligroso y el mayor depredador del planeta. ¡Joder! ¡Qué deprimente también! ¡Ni una noticia buena por el momento en este artículo! ¡Qué mal vamos!

Siempre hay un peligro donde hay un ser humano. Es duro, pero real.

Yo voy a buscar algo positivo, y diré que también hay personas majas, sí, sí. Hay personas extraordinarias, pero no voy a hablar bien de millones de imbéciles porque existan cuatro personas maravillosas, justas y contadas.

Esta realidad hay que asumirla, nos guste o no. Hay que asumir las limitaciones de nuestra especie, y la peligrosidad de nuestra especie. Los riesgos existen en todos los rincones, y también existen en bondage, sí. ¡En todo! ¡Incluso en la ducha de tu casa! ¡En todos sitios!

En outdoor bondage también hay riesgos. El outdoor bondage es bondage en exteriores, en las montañas, en ríos, en bosques, en árboles, y todo aquel paraje fuera de nuestro hogar. Hay muchos riesgos, pero el peor peligro de todos es la gente. La gente es muy peligrosa. Quizá sólo un individuo es peligroso entre miles de personas, pero ese único psicópata es suficiente peligro como para no despistarse nunca y no bajar nunca la guardia.

Hay historias trágicas y que sido tratadas públicamente por los medios de comunicación. Yo me acuerdo de dos historias. La primera, el 24 de agosto de 2017 fueron asesinados una pareja, un chico y una chica de 23 y 21 años, en el pantano de Susqueda, donde habían ido a practicar kayak. La segunda historia que recuerdo ocurrió el sábado 21 de enero de 2017, cuando fueron asesinados dos agentes rurales en el municipio leridano de Aspa por un cazador, que se llama Ismael Rodríguez, detenido y autor confeso del crimen, que disparó a ambos agentes en la cabeza.

Después de toda la vida por bosques y montañas, yo también tengo muchas historias para explicar. El año pasado estábamos Thyffany y yo en el bosque. Teníamos vistas a un lago enorme. Había una pareja en el agua, bañándose a unos cien metros de la orilla. Tenían una colchoneta donde subirse para regresar a la orilla. De repente, el chico cogió la colchoneta, y dejó a la chica sola en el centro del lago. La chica comenzó a nadar hacia la orilla, mientras el chico se alejaba más y más. Llegó el chico a la orilla. Ella estaba lejos, estaba cansada de nadar, y comenzaba a hundirse. Se hundía pero conseguía volver a salir a flote nadando. El chico no hizo nada para ayudarla. ¡Nada! La chica llegó a la orilla muy justa. ¡Veinte metros más y se ahoga! Nosotros fuimos a por él, pero a la chica le hacía gracia. Le había parecido una broma, y se reía. A mí me pareció un intento de asesinato.

¡Más peligros! Hay pescadores ilegales en los ríos, y algunos de estos sujetos son peligrosos porque van armados y son violentos. Hay muchos ríos en este país, y muchos pescadores crean caminos casi imposibles de ver donde se pueden esconder. Están escondidos donde menos te lo esperas, y su reacción es muy violenta por sus actividades ilegales.

También hay cazadores furtivos, cazadores temerarios que disparan sin mirar, cazadores que ponen trampas prohibidas, y cazadores psicópatas que no están bien de la cabeza, y no entiendo cómo coño les han dado a esos tipos el permiso de armas. ¡En la tómbola no se da! Lo he dicho antes. Un cazador mató a dos agentes rurales, y hay organizaciones que luchan por denunciar los accidentes de caza y las muertes por disparos de cazadores. Lamentablemente, la caza y sus armas es un negocio muy rentable en este país, y no se va a prohibir.

Hay traficantes de droga que esconden sus plantaciones de droga donde menos te lo esperas. Esto es habitual en zonas cercanas a los pantanos, pero también ocurre en plantaciones de maíz, por ejemplo. Hacen plantaciones de marihuana en el centro del campo, sobre todo de maíz. La altura del maíz y su espesor son un escondite perfecto en el centro. La policía y los Ayuntamientos lo saben, y sobrevuelan con drones y helicópteros por encima de parajes rurales, porque es la única forma de ver estas plantaciones de droga.

Hay campamentos de delincuentes. Las bandas organizadas y clanes familiares que se dedican a ir robando y atracando por todo el país se montan sus acampadas escondidas en los bosques o en casas abandonadas. Desde allí se mueven y atracan en todas las poblaciones cercanas durante una temporada.

Otro peligro son las zonas con depredadores sexuales. Estos tipos se comportan diferente según el lugar. Por ejemplo, en la montaña la gran mayoría suelen quedarse dentro del coche. Están solos, no hacen nada, miran por la ventana y aparcan junto a un camino por el que pasa gente en bicicleta, paseando o haciendo deporte.

Por el contrario, los depredadores sexuales en la playa se ponen desnudos y visibles, y esperan que la gente les vea o alguien se acerque a ellos, preferentemente otros hombres, aunque no sean gays. Ocurre todo el año, incluso en invierno. También están los depredadores sexuales más peligrosos, que están cada día estudiando las horas solitarias, los vecinos que suelen pasear por allí, y siempre están observando, preferentemente fuera de la arena.

El tercer tipo de depredador sexual es el que se puede encontrar en bosques, y también es fácil de identificar. En los bosques te encuentras cazadores o recolectores de setas que llevan armas, machetes o hachas, según cada uno. Hay gente de excursión que lleva palos y ramas. Hay excursionistas que llevan mochilas, y hay gente que anda y no lleva nada, ni mochila ni nada, y simplemente va vestido, sin más. ¡Adivinanza! ¡A ver si sabéis cuál no concuerda en el paisaje! ¡Usar la lógica!

De todos modos, la gran mayoría de la gente disfruta de la naturaleza y los paisajes. Hay mucha gente que sale a pasear, a correr, y todo tipo de actividades, incluso follar escondidos entre los matorrales, pero los riesgos hay que tenerlos siempre presentes, porque la gente está en todos sitios. Somos la única especie animal que te la puedes encontrar buceando en el mar, andando por la tierra, volando por el cielo, en el Porte Norte, en los desiertos de Egipto, en las profundas cuevas del planeta y hasta en el espacio. ¡Hasta ha pisado la Luna!

Ahora la naturaleza está masificada. Nos encontramos gente que se ha perdido, gente que viene a pasear perros, que hace deporte, que pasea, que caza, que busca setas, que hace fotos, que folla, que va en bicicleta o simplemente que hace las tonterías que le han aconsejado en Facebook o en Instagram y en las aberrantes redes sociales. Un ejemplo es el Everest, con la gente haciendo cola de 200 metros para esperar a coronarla, como si estuvieran en la cola de un concierto.

Después están los cerdos y cerdas, que convierten la montaña en el vertedero de su putrefacta casa. Tiran las colillas, los papeles, las latas, las botellas, y toda la mierda que llevan en sus bolsillos y sus mochilas. ¡Que tiren la basura en su puta casa! ¡Vuelvo a remitirme al Everest! Hay montañas de basura demostrando que la gente no respeta las normas de limpieza, y que son peores que los cerdos.

En la naturaleza y en el outdoor hay normas para no ser unos asquerosos guarros y guarras. No se deja ni una botella. Se llevan bolsas, y la basura se tira en los contenedores cuando los encuentras en tu camino. No debe de quedar ni un rastro de la basura humana. Recordar que en la naturaleza todo tiene su orden. Nada está puesto al azar, y hay que tener el máximo y completo respeto.

Además de la gente, hay que reconocer que en outdoor también hay otros riesgos. Este verano me ha picado una avispa, y a Thyffany le ha picado un tábano. Nos han picado mosquitos. Hay zonas plagadas de mosquitos tigres, y nos han cosido.

¡Más ejemplos, más! Cuando cruzamos zarzales y maleza nos pinchamos, y hay pinchos que parecen uñas de gato, porque te dejan unos arañazos que se quedan una semana. Nos hemos encontrado alguna serpiente, pero NO se tocan, y NO se molestan. Las serpientes se van. No quieren saber nada de los humanos, y bien que hacen. Yo estoy de acuerdo con las serpientes.

Es decir, que hay peligros, sí. ¡En todos sitios! También es peligrosa la ciudad cuando sales a la calle. Hay gente que te pisa, hay putos subnormales que te tosen sus microbios a la cara, hay gente que atraca, que roba, conductores que se pasan el semáforo por el culo, y peatones que cruzan cuando quieren porque les sale de los huevos, y porque son así de chulos baratos de mierda.

En 20 años que llevamos practicando outdoor bondage no nos ha ocurrido nunca nada destacable. Quizá anécdotas. Sin embargo, hay una máxima universal muy sabia, que dice que lo que no pasa en un año sí pasa en un día. Cada día es distinto. Cada día no se parece en nada al anterior. Ayer ya es pasado, y el pasado está muerto. ¡Ayer no ocurrió nada, pero hoy… quién sabe! El objetivo del juego es que no ocurra nada de nuevo, y esto no se puede ignorar jamás. Hoy es presente, y cada día arranca con el cronómetro a cero otra vez. Esto es una sabia lección de las normas de combate.

Por lo tanto, es imprescindible, inevitable y obligatorio, vigilar siempre en el bondage outdoor. Hay que ir preparado, porque los psicópatas sorprenden. Son traidores, y atacan con decisión. Siempre hay que llevar algún plan B, e incluso plan C y plan D y el abecedario entero si hace falta. Tenemos una lista grande de normas, pero la primera norma de todas es nunca fiarse de nadie, absolutamente de nadie. Me importa una mierda los tatuajes, si es alto o bajo, si es un chico o cinco chicos, si es viejo o joven, su raza o si es hombre o mujer. ¡Todos por igual! Nunca bajamos la guardia, aunque sea una vieja con bastón porque puede llevar pistola en el bolsillo.

El resto de normas no las comento. Tengo secretos, sí, y tengo una parte mía que no se puede contar. Todos tenemos secretos, y si alguien dice lo contrario está mintiendo. ¡Bueno, sí, la cuento! Soy poeta, sí, sí, poeta pero poeta, y las personas saben que entreno unos versos que te cagas. ¡De cagarse! ¡Dedicados a la mierda de la asquerosa gente! ¡Por eso son versos que te cagas! Pero eso no hace falta decirlo. Creo que ya había quedado claro en el artículo.