En un tramo de esta fábrica abandonada había resistido al derrumbe este vestigio de pilar, columna, pared o lo que fuese. No me interesa la arquitectura, pero hay que reconocer su forma idónea como otro escenario de bondage, con la modelo atada de pie en la columna.

Las cuerdas rodean todo su cuerpo, atada por tobillos, rodillas, muslos, cintura, por debalo de sus pechos desnudos y las manos atadas por encima de la cabeza, hacia atrás, a los hierros hundidos en el inquebrantable cemento que rellenaba todos los ladrillos. Por supuesto, yo soy partidario de añadir siempre las mordazas en todo buen bondage profesional, con las modelos amordazadas. En mi opinión, forma parte del bondage real.

Habían muchas tomas por hacer. El sol quedaba muy bien iluminando la escena, entrando por el espacio libre de las paredes derrumbadas, y me gustaba el campo fotográfico, con las columnas al fondo torcidas, las paredes agujereadas y el techo por el suelo.

También es cierto que en estas fábricas hay mucho movimiento. Viene gente a pasear, a beber, a estar con los amigos, a pintar grafitis, e incluso vive gente en un rincón al otro extremo de la fábrica, por lo que hay que vigilar mucho e ir preparado. También conlleva que el suelo está llena de basura humana, latas, botellas, colchones, bolsas de comida, ropa y todo tipo de basura. Son fábricas y edificios abandonados, pero no son lugares solitarios. La gente está en todos sitios.