Urban Decay. Bondage en edificios abandonados. Esta parte de esta finca abandonada es curiosa ver cómo presenta las paredes intactas y reformadas, pero el techo está hundido y derrumbado. Quizá dejaron las reformas a medias mientras pensaban cambiar la finca. No lo sé, No los conozco y todo sería suposiciones, pero me tengo que ceñir a la realidad y los hechos.

Las vigas se mantenían fuertes, y habíamos pensado hacer una suspensión, pero no me acababa de convencer la suspensión. El espacio era estrecho, con apenas dos metros de distancia entre las paredes, que me obligó a hacer las fotos desde fuera del edificio, porque en el interior no me cabía todo el campo fotográfico deseado, y eso que llevo muy buenos angulares.

"Con las cuerdas atadas a la viga que no se ha derrumbado"

Decidí finalmente no complicarme mucho las ataduras, y también me gustaba la opción de un bondage de pie. Puse sus manos atadas a la espalda, y levanté una pierna por encima de la viga, atada al mismo tiempo en frogtied, de tal forma que quedó su pierna levantada y sin poder estirarla. Dado me sobraba un tramo de cuerda, até la parte sobrante al muslo de la otra pierna, y así conseguía el resultado de no poder tampoco separarla o alejarla de aquella posición.

El adorno entre las cuerdas que suben hacia la viga son unas florituras que se practicaban hace una década o alrededor del año 2.000 por decir una cifra aproximada, y que muchos atadores pusieron de moda, pero resultaron pero resultaron poco elegantes en comparación con muchas otras ataduras y técnicas de bondage mucho más trabajadas, estéticas y severas, pero quisé rendir un homenaje a aquellos pioneros con estos trazos de otra época, y por eso hice estas ataduras. Yo, en esos tiempos, no practiqué este estilo, porque yo prefería apretar las cuerdas y unirlas juntas. He dicho siempre que me gusta más el bondage duro, complejo, de mucha cuerda y estricto, pero así veis y conocéis cómo fue el bondage en sus inicios a finales del siglo pasado y principios de este siglo.