Fue de esos días milagrosos donde por sorpresa no había nadie en la playa. Mejor dicho, no se veía nada en un radio de 100 metros por ambos lados. Se veía gente a lo lejos, casi como dos hormigas muy lejanas que apenas se ven, en otro espacio de playa, allí quietos, y decidimos hacer una sesión de fotos rápida, el máximo de tiempo posible.

Son de esas oportunidades que no se pueden desaprovechar, porque se presentan una vez al año. Las playas de nuestro país están masificadas con turistas, gente paseando, haciendo deporte, con los perros y mil historias que no se acaban nunca. Estar sólos es un día muy afortunado.

No perdimos tiempo con las ataduras. Los brazos atados a la espalda por los codos, antebrazos y muñecas, amordazada, y comenzamos a hacer las fotos jugando con el agua, en la orilla, donde llegan las olas y forman figuras con el cuerpo de la modelo.

Hicimos un posado, de rodillas atada en la orilla del mar. No había venido nadie, e hicimos otro segundo posado, ahora andando atada por dentro del mar. Seguía sin venir nadie, y nosotros seguimos haciendo fotos como una sesión normal cambiando de posiciones, incluso saltando. ¡Quince minutos! ¡Y no vino nadie! Nos animamos e intentamos hacer una segunda sesión, que también está en la website.

Es increíble. Tuvimos un día impresionante sin que viniera la mierda de la gente, pero tal como se puede decir, esto es un espejismo. No es la realidad de cada día. Esto ocurre una vez al año, pero por supuesto que sí estuvimos encantados de tener un día tranquilo.