Desconozco en cuán fecha usted leerá este relato, si será próximo a su escritura o muy migrado en el parir de la criatura, mas cuando lo haga sepa hubo una época donde un pueblo indefenso y analfabeto fue masacrado en democracia por el estropicio inepto de toda guerra. Para los testigos, asomarse por la ventana o contemplar a pie de calle fue un panorama dantesco, comercios cerrados, cultura restringida no vaya la necia nación aprender a pensar en mal momento, sonrisas robadas tras cuyas burkas de mascarillas se mofaban del gentío con sus morros de cerdo, el putrefacto periodismo convertido en el brazo ejecutor propagandístico de los tiranos, y éstos muy cobardes, mentirosos y tramposos, arreciar un temporal hasta quedar el paraíso con el agua al cuello.

Pobre gente dirá usted si no estuvo presente, con la esperanza hecha astillas y una tragedia hoy macabra, mañana nueva cepa, en sucesivos rebrote y a continuación la ola, y prosiga el bucle de la ruina económica, de los trastornos mentales, de los suicidios, de enfermedades no tratadas, de cuantos desaparecidos hubieron y quienes dictadores ordenaron súmelos a cuenta y árdalos en ceniza, por no quedar ni rastro de viles asesinatos que no tenga duda hubieron.

Sin embargo, no se apiade ni sienta lástima, que esa trastornada muchedumbre cumplió dócil el mandato de borrar alegría de su rostro, y a los escasos rebeldes buscaban con su mirada enloquecida por aceras y paisajes, por qué no cubrir boca y nariz se extrañaban. De sus oficios bajaron persianas, y ni en la picardía de la cautela rompieron directrices. No importaba si caciques descuajaban sus bolsillos o su ánima. No apele a causa humanitaria. No les guíe a cuyas colas del hambre, serpenteantes hasta el horizonte y perderse al torcer la esquina, fueron la vergüenza indigna de la hipocresía. No muestre menores atormentados, futuros psicópatas y totalitarios ahí sufro en terrible herencia, que los han llevado como ovejas en rebaño, trasquilados sus juegos, su carácter, insuflado el miedo y el respeto de la opresión, y de enseñar otra lección no lo intenté, que los millones y millones de desgraciados y desgraciadas decían aléjate de mí o llamo a la policía, que llevas los labios descubiertos.

"La ciudad enloqueció por la masacre autoritaria de un dictador"

Una atmósfera de malhumor agrio copaba poblaciones enteras, en cualquier recodo, barrio a poniente o distrito a oriente, desde el impasible amanecer hasta las centelleantes cascadas de la noche funesta, con hombres armados sobre el asfalto, no salga de calle o asuma si vida sentencia a tiros. No obstante, en los tímidas aperturas o los gestos repulsivos de cuyos culpables la historia debe arder sus huesos y su honor en el infierno, la gente no gritó quiero comida y libertad, no bregaron familias por decir hace meses no veo a parentesco, dígase madre o hermanos o sobrinos o tíos o padrinos, no vociferaron sois ladrones ruina y esclavitud mía y de mis hijos, no se sublevaron por decir hasta aquí hemos llegado, sino se pusieron en balcones engalanados, en su dialecto escribían que bien estamos encerrados en hogares como establos, y aplaudían desde ventanas como focas amaestradas, y en aperturas de grandes tiendas debería de haber visto hileras de esperas, por comprar un jersey o calcetines o vaya a saber qué otra mierda innecesaria.

No crea he terminado, que imágenes vergonzosas hay por doquier, sume parques a rebosar con globos pendidos de sus ramas, algarabía jocosa ceñida sobre el césped al sol o al cobijo de tupidas sombras, o de necesitar audio escuche si le apetece los abominables discursos de la prensa súbdita, hemeroteca tendrá largo trecho en periódicos y vídeos, mas yo le recomiendo ahórrese el trago, salvo querer enseñar a sus alumnas y alumnos aquellas arengas que en guerra son de tribunal y ejecución.

Mi querido y querida lectora y lector de tiempos venideros, sí confirmó murió gente inocente, indefensa, vulnerable y excluida, rebeldes, díscolos e incapaces, ancianos seniles fue un genocidio, y hubo desaparecidos, secuestros, torturas y víctimas muchas de las cuales jamás se sabrán, pues en soledad fueron sus pruebas destruidas, pero no tenga compasión por esta década, que la sociedad por abrumadora mayoría consintió y aprobó esta barbarie histórica.

Agradezco a mí vos me excluya de esta escoria, aunque es innegable que, como toda grave herida provocada en cruentas guerras, quedará en mi espíritu su cicatriz imborrable, y requiero me exceptúe de esta ingente suma de penosos plebeyos pues por mi conciencia, y por mi firme compromiso con la democracia sana y sus libertades, yo no obedezco órdenes de tiranos, autoritarios, dictadores, golpistas, imitadores, copias y demás, que masacran, exterminan y torturan, un pueblo desarmado de armas, indefenso en su escasa sabiduría, agotado de tanta zurras, exhausto en los suplicios, arruinados sus bolsillos, esclavizado y sin salida.

Se preguntará qué hice entonces, y en este diálogo aporto despertaba yo cada día sin prisa, que al fin y al cabo nadie me esperaba ni me quería. En supermercado no entré ninguno a comprar, dónde va usted en rebeldía me hubieran preguntado. Pasear ante fachadas ni pensar tal fechoría, que por ahí deambulaban sicarios armados pagados con sueldo público, dónde va me hubieran dicho con la desfachatez de su sonrisa desnuda, aunque debo reconocer mayor riesgo suponía la turba de humanos, pupilas espantadas al ver mis labios impúdicos y descarados. De bares y terrazas no soy practicante, olvídese de bibliotecas con sus libros sellados y a las manos largas atizar, no toques que no queremos ni una persona lista, y teatros y cines y cultura cerrada, a excepción cuatro butacas abiertas y ni se le ocurra sentar a nadie más, que golpistas envían esbirros y matones a sancionar y escarmentar.

Aun así, ríase con esta confesión, que sin cumplir ninguna regla impuesta entré en tiendas, comprar zapatillas y prendas y comida y salir aprisa, que clientes pasmados se incomodaban, y también entré en las universidades por puertas traseras y secundarias, sentada en sus pasillos desiertos por clases suspendidas durante meses, atenta y despierta que de vez en cuando deambulaba cabellera o calvicie según tratase bedel o vigilante, máxima tensión cortando el aire en cada encuentro, pero hasta día de hoy, en verme con portátil, saludaban o ignoraban, cabeza alta a topar con el sucio níveo de paredes entristecidas, pues un conserje arde en nervios, a quien no le quito ojo avizor.

Mantendré informado a vos y modificaré parágrafo en caso de cualquier incidente, probable con energúmeno, pero sepa no es el único rincón de riesgo, que en transportes públicos no subo, repletos de perros de dos patas airados por morder e infectar su rabia, y no me pregunte de qué coño se quejan los muy borregos, si ellos viajan en focos vitales en la expansión y trasmisión de enfermedades.

También fui al teatro, previo pase de la función, por conversar con un actor y director, y advertí antes de ir yo no llevo burka asesino en maxilar, y en tanto se mostró pensativo la breve eternidad de un aplauso efímero, dijo mi gesto no le inquieta, distancia delirante se podía resquebrajar en la negrura de platea, sin testigos y cerrado.

Deambulé muchas tardes por bosques y montañas, secretos que hasta aquí puedo contar, pero por mi estima a una era mejor lea muy atentamente cuya fábula siguiente es ficticia, mas tómela como metáfora por describir la odiosa ira de tanto imbécil hacia mí, y que de no entenderla no se presione a sí mismo por favor, que yo encantada complaceré en traducir llegados los últimos párrafos de esta obra literaria.

Punto de partida, otro domingo miserable, sobrecogida de espanto por ver un estadio, gradas vacías que se contradicen con sus accesos a rebosar de simios, y dirá qué extraño misterio se cernía, no tanto si observa sus falanges quietas, papeleta electoral en mano, caravana de vehículos dos horas tendrán de espera y den gracias los primates si no hay mayor demora, mas dónde narices van si sólo es un equipo deportivo, y mañana dirán de telas en faz, de distancias despedazadas y abrasivo gel en piel, hipocresía zafia de cuya basura ha deshonrado margen de corazón piadoso, si acaso algún resquicio había.

Basta y se mueran todos firmé, y al día siguiente apresuré equipaje, en volumen aprobado por dar cabida a prendas y básicos esenciales, en fuga de cuya maldita ciudad deme promesa firme de pilotar bombardero, que me alistó a batallón y suelta ristra sobre tejados y asfaltos, noble y orgullosa. No tema por suceso, que en aviones no subo y reivindico extinguir. En ferrocarril no voy a estar, normas autoritarias de tirano opresor me niego a cumplir, y autocares me cierran puertas, señorita no puede entrar si enseña el esmalte de sus dientes.

"Emprendí una nueva aventura en el kilómetro cero de la autopista"

Zanco y acera emprendí, arrastrando cual mula dos pesadas maletas, lejos hasta donde autopista impone peatón por aquí no anda. A raigón de su nacer, erguí el torso de frente a los vehículos, solté mi largo cabello rubio de media melena a linde sus púas del cubital anterior, extendí el brazo diestro, resalté distal del pulgar arriba, esbocé sonrisa mal le guste a criminales, y acierta la divina mitología en contar no apura tardanza la belleza.

Preguntó un senil cuál era mi paradero, mas en su ruta no se acercaba a tal término, y al marchar frenó un monstruo repartidor, qué hacía chica tan guapa como yo sola en aquella carretera inquirió, y respondí aguardar príncipe de leyenda, no sapo de ciénaga vulgar, y arrancó con desprecio el muy ignorante maleducado. Circuló otro conductor, blanco utilitario de obrero estresado y mundano, que distante tres carriles apretó bocina enojado, y por un instante cambié por anular, que te den por el culo hijo de puta, espeté al acelerado.

Desflorados diez minutos de sopor, y un par de bienintencionados fallidos por ser inviable itinerario, detuvo los neumáticos una furgoneta de reparto, faros encendidos, ventanal en copiloto bajado, y preguntó el varón por si ir en misma dirección. Doce letras consecutivas componían nombre de municipio, y el individuo frunció el ceño pensativo, balanceó su barbilla y musitó puedo desviar el recorrido, sexo pido a cambio.

No reprendí su osadía, que al fin y al cabo es un hombre salido de caserón, panza inflada por comida, y no aguardo semejante mentecato proponga en trato una lectura de poesía, o debate de sabios griegos. De no haberlo propuesto, sus marrones ojos ardientes también le hubieran delatado, y yo puse en condición besos en la boca ni pensarlo, enamorarse ni se le ocurra armar flecha en arco, anal prohibido, sólo sexo y al terminar no verle jamás, y en ambos coincidencia abandoné arcén, bultos detrás depositó el caballero y yo en sofá delantero.

Al sonido del arranque reemprendimos viaje sin pausa, recta autopista sus primeros kilómetros entre grises edificios todavía suburbios en la aureola de la urbe, secundados los márgenes por zarzales y jarales, no busque conejos o liebres, que mueren todos atropellados. Quedados de éstos sólo pellejo seco, amanecen prados de hortalizas y verduras, a distancia distingo coles y tomates, encerrados en vallados pues en gentío aglomerado hay mucho caco.

Desecada la breve pausa de otear dígitos en reloj, no quedaba ni rastro de tal campiña, y polígonos industriales tomaron turno, que en algún lugar se debe almacenar toda la avaricia devoradora de esta humanidad. De empresas y sus motes no quise saber ni su grafía, y distraje mi mente aguardando tomar relevo el primer bosque de ribera, una hilera de árboles mixtos caducifolios, diría si no engaño fresnos, abedules, encinas y pocos de roble común, disculpe alguno olvide apreciar o confundir, dominando un entorno puzle completo con lianas, matorrales y herbáceas, no pregunte por tal o cual que no soy botánica.

Grata ilusión hubiera sido su compañía de viaje, con el brillo de la antorcha astro en la cúpula de este mundo, pero sus sombras proyectadas en sentido contrario anunciaban despedida, ellas al este y el asfalto ignorante torcido al oeste.

La nueva comitiva son villas asquerosas, mera copias de cuyo monstruo no quiero volver a pisar, repugnantes imitaciones cuya única ventaja es tener montes y huertos a mejor proximidad, pero no busque praderas de salvaje naturaleza, que el único calco es el abandono de un solar en venta, pronto cimientos y cementos escalando viviendas hacia el cielo perturbado, pero tenga paciencia en la fuga, que aquella densa argamasa esfumaba su perfil en el firmamento a nuestra espalda, mientras por delante se intuía difuminado un bosque denso, repleto de encinas y pinos en esta baja altitud. Mire su parte positiva, son muy ricos en especies, de aladiernos y madroños de deliciosos frutos rojos, recuerde comer suaves y no duros como rocas, y enebros junto un estrato arbustivo muy bajo, brusco y esparraguera que en febrero atrae miles de buscadores a sus parajes, cortar un buen manojo por la noche cenar. Cohabitan lianas y plantas trepadoras, reinantes madreselvas, clemátides y zarzaparrillas, que tornan los senderos impenetrables o, de ser vos alma salvaje, pasar agachada y destripada, que estiran las ropas atrapadas con sus clavos quienes gozan de tal arma.

Las montañas abruptas contemplaban la calzada reptar en ascendente por la sierra limada, y de pronto, alejados de la costa y conforme aumenta la altitud, surgen intercalados campos de siega labrados en primeras rampas, cereales de trigo o avena apuesta ganadora, tanta hectárea como para ser al agricultor rentable, y cual de tapia se tratase el suelo da en parto brezos y aulagas, que hasta ese kilometraje al menos yo no he visto, y de aquí parte vasta alfombra donde despuntan fresnos cuya madera flexible sepa es codiciada para fabricación de carros y herramientas, castaños robustos de hojas lanceoladas acabadas en punta, olmos montanos inconfundibles con las grietas longitudinal de su corteza, y también vi mostajos, algún humano habrá plantado en las laderas por sus raíces gladiadoras, pues en esa inclinación no va el viticultor a cosechar sus frutos carnosos, licores y vinagres es más fácil producir.

En un torcer mundano, navegando en órbita fija, salió a saludarnos un río de los que agradan, que embelesan la belleza del agua fluida al mar, enigmático su fondo, carpas o truchas o cangrejos muy probables se escoden bajo su traslúcido prisma.

Pronunció el conductor vocablo que es bautizo humano de aquella acuosa avenida, y cual si estuviera embrujada contemplé pasmada, bien me encantaría zambullirme en sus profundidades. Sé no puedo pues sus corrientes me arrastrarían, pero si estoy en aquel asiento es arrastrada por la imbecilidad de un gentío inmundo y enfermizo, aprendan vos y no repitan su gilipollez, pues la historia evolutiva se mofará de tal excelsa majadería.

Bostezos un par, relajada y opuesta a no ser vencida por el sueño, que el paraje me gusta contemplar, y por no caer en tentación resisto a no apoyar sien en el cristal, que ahora quiero descubrir y aplazo para el atardecer el soñar, mas tampoco lo hubiera conseguido, pues llevaba camarada y en viaje agradable la simpatía obliga a no callar.

- "¿Por qué vas a un lugar tan remoto?" - preguntó curioso con sus palmas asidas al aro y la quinta marcha en velocidad.

Empezar una nueva etapa es mi aventura, lejos de una multitud que a mis costados me miran enojados, y desde la otra orilla de las calles me ojean enloquecidos, y alzan sus pupilas dilatadas cuando me descubren con el rostro descubierto. Hay quien se aparta, cuidado al giro no se estrelle contra farola le hubiese aconsejado, pero callé pues ojalá se coma el fanal, atontado y fémina también. Otros sujetos de cerebro ido dan cuales saltos guarecen los pies del oleaje en la orilla, fíjese deduzco no es canguro por no alcanzar la cota de nobleza animal. Abrumada estaba, incrédula de tanta idiotez, y sé nadie me espera donde voy, nadie aguarda mi llegada tras muralla o portal, pero cualquier lugar es mejor que estar entre enjambre enardecido.

- "¿Y qué planes tienes?" - retomó a preguntar, y gentil le contesté algo encontraré, una pequeña cabaña ya me sirve, flanqueada por huertas soleadas, cereales u hortalizas plantaré, y ojalá grandes frutales, almendros por doquier, avellaneros de tentáculos flexibles, y déjeme pensar, un peral y una manzano y una higuera y un nogal, que en fruterías no gasto ni un céntimo en su bazofia, sabor y vitaminas no se puede ni comparar.

Comentó mi oponente vivir en tierras secas de rojas cepas, vino que al reposo en bodegas dan un producto peculiar, dispersos viñedos y uvas desde cerros huraños hasta valles, mas no son de su propiedad, que él es transportista, carga, lleva, entrega y vuelve a su minúsculo hogar. Son muchas horas por derrotero, con los montes lejanos avistados delante y de pronto, sin apenas darse cuenta, preguntarse dónde están, rebasados ya hace rato. Sin embargo, no se queja, que la riqueza de su oficio es contemplar en primavera prados verdes salpicados de rojas amapolas, en verano curar achicharrarse en cabina con el aire acondicionado, en otoño cruzar las hojas caducas en ocres torbellinos por enfrente de sus cristales, y los inviernos con la niebla lúgubre apresada por laderas.

Durante el día, me comentó ve el sol surgir al alba, según su posición a escasos centímetros de su espejo diestro, no queda poético pero es su innegable realidad, y continua su trayecto, con el astro febo al mediodía ya por encima del tejado, toda la tarde calentando el metal, y cercano finiquitar la estrella de fuego su jornada laboral descender hasta darle recto de lleno en todos los ojos, parasol bajado pues su llama le deslumbra. Por la noche, estrellas ya ignora que está centrado en conducción, con el único capricho de ojear de tanto en tanto, una vez al mes, la luna llena ineludible de su cita puntual, clavada, exacta, a veces en ese tramo del océano azabache y al mes siguiente sitúela en otro espacio, toda la oscuridad libre para ella.

- "También he de parar para dormir" - añadió acompasado por el halo de risas tranquilas y pausadas.

Vicisitudes tendrán todos los oficios, desventuras ocurren en las artes cual sean, y diálogos tuvimos imagine cuantos caben en cuyo éxodo lleva desde el levante hasta las estribaciones de las cordilleras en el ocaso, cruzando planos valles esculpidos por la erosión glaciar según cuentan los geólogos, desfiladeros un buen número de pintorescos y complete el total con vaguadas angostas una trilogía, barrancos a ratos por su canto y otros tantos a sus sayas, colinas en cuya abundancia da por épica colección, y montañas gigantescas elevadas sin modestia cuyo pezón avistaban siglos pasados marineros al regreso de su proeza.

Cruzamos puentes la treintena en cálculo aproximado, ríos esplendorosos vistos un cuarteto, planicies tuve por apreciar de secano y regadío, pendientes empinadas circulamos que en no aliviar hubiéramos trepado al firmamento, túneles recuerdo una decena que de principio a fin dije este pasadizo nunca acaba, y olvidaba aquella escolta a intervalos de cuyas vías férreas cruzan el país de costa marina a sus acantilados atlánticos.

Cercano a culminar periplo, testigo ya de la transición entre el panorama mediterráneo y la región eurosiberiana, coméntanos de una era, historiadores supongo a ustedes les habrá llegado los hechos documentados, mas no crean cualquier versión, que hoy nos han mentido y burdos ineptos no tienen en objetivo confesar o rectificar, pero repito incansable que vulnerables, excluidos, díscolos, rebeldes, ancianos, ermitaños, huraños, forasteros y pobres, son cadáveres en listado equivocados, que arrojaron por precipicios pero gerifalte dio orden añade en tabla y arde en el horno, siguiente degollado a navajazos y dijo cacique a misma serie y chimenea, y a sucesores quemados vivos exhaló tirano su alegría, pues ceniza ya es en parte, y los de sangre contraria derramada ordenó borra rastro con el pueblo en prisión y echa resto al fogón, y continua el agrio inventario, decenas de miles difuntos son su mínimo genocidio.

Absorto de su éxito inesperado, decretó burka en hocico, y ya por mofarse hagamos con morro de cerdo, menores inocentes no se escapen también, y al relucir armatoste en semblante impuso cierra de todo bar y restaurante, y puestos al desvarío obstruya cultura, ocio masacre no vaya en jinetes dóciles a haber distracción, y por adorno de guinda al pastel sean los crepúsculos una sepultura desierta, y si haber jóvenes enfurecidos no duden esbirros en reyerta, aporree y dispare y aplaste granada en su sien, de ésta aprenden obediencia.

Aquella cháchara alistó minutos por un largo centenar, cual cerró filas al parar a repostar. Depósito a tope, vejiga vaciar y hambruna aplacar, suyo bocadillo de chorizo, yo avena por figura fina conservar, y se preguntará el sexo cuándo, no desespere que escena está a llegar.

Desviados de arteria principal, giramos por carretera secundaria, a escasos metros de una granja solitaria, y careados a cuyo distante campanario no es de extrañar críen cigüeñas en su alto. Flanqueados ambos, una indicación señalaba restaba sólo sesenta kilómetros por alcanzar mi meta, punto de nuestro despido.

"A punto de concluir el viaje cumplí el pacto acordado de follar"

- "Antes hay que follar" - me recordó el pacto que di por sabida no había olvidado el señor.

Indiqué apartarnos de la vista de testigos, que tampoco quiero montar ningún escándalo en lugareño rural, y cual náufragos perdidos en océano deambulamos por una serpentina de caminos arenosos, no bacheados, bastante planos, buscando una solitud que recé nevara o soplara ventisca polar, pues aquello fue un desfile, otra granja vacuna en municipio, y arrimarnos a estribor que de cara viene tractor, y en el huerto un anciano, y tras congratular amable asomaron en curva dos mujeres cincuentonas, paseo diario intuyo y su par de joviales perros sueltos, y válgame de dónde sale tanta gente, si estamos en terrenos campestres.

Adentrados ya al abrigo de cerezos que de aves son manjar y a osos debería verlos en verano trepar, muy golosos en saciarse antes de expulsar sus ramas, y de avellanos lástima no sea ahora época de sus ricas avellanas, que salto del furgón y antes del polvo lleno el saco, entre especies endémicas y autóctonas que no conozco e invasoras incluya culpa de una generación que hoy está en Tailandia y mañana en Argentina, encontramos un rincón íntimo y solitario, ensombrecido por hayas impresionantes de corteza lisa, muy romántico sería follar al cobijo de su fresca tiniebla y la retaguardia de arces sociables integrados junto robles albares de madera dura y resistente.

Desde donde echamos freno por cumplir honesta con mi promesa, girando el cuello noventa grados en superlativo esfuerzo, divisaba un elegante tilo de hoja pequeña, con su flor amarilla y olorosa que osados y osadas aldeanas emplean en sus infusiones, cual observé detenida pues en mi clima no habita, mas no en demasía por no inquietar a comensal.

Preliminares fueron mudos, que en esa escena no hay amor ni cariño, y caricias supondrá no hubo ninguna, él su desnudez frenética por su cuenta y yo en mi manso porte desprenderme de toda prenda, que arrojé agrupada en una gruesa bola tras el asiento trasero.

Tampoco hubo estímulo en su físico, hombre de mediana edad y poca apariencia joven, peinado desaliñado y poco tupido, demasiada calvicie por su temprana madurez, manojos de canas brotadas desde el hélix, bordeando la oreja entera y escasear por la apófisis mastoides, lo cual no significa no hubiera canos pelicanos esparcidos por el escaso temporal o en altitud del parietal, abrevio por no excederme. Su torso olvídese de mística leyenda, en nada semejante a escultura de atleta griego, rebosante de grasa y pelos pectorales por favor depílate, que chimpancés no tienen tanto césped silvestre.

- "Ven, ponte encima de mí" - me indicó palmeándose el regazo de sus muslos.

Ya podía moverse el muy vago, que su único esfuerzo fue recular el sillín algo atrás y manifestar su hilaridad en la polla enhiesta y predispuesta, y con el sumo cuidado de no arrancar freno de mano me encaminé a hurtadillas y agachada, que incómodo es dentro del furgón.

A punto de dar pistoletazo de salida, estaba su mirada encantada en mis pechos firmes y tersos, previo repaso me dio a mi cintura delgada, y en un susurro ronco varonil, de quien pretende calcar un tono sensual pero sólo consigue eco afónico de catacumbas, piropeó mi joven hermosura. Regalé a su saber que supero en tres la franja veinteañera, y visto estaba hipnotizado en mi belleza, propuse fuese galán y acercarme los sesenta kilómetros que faltaban, un paseo bien mirado.

Esbozó en la mímica un rumiar, y a pesar no ser de mi dominio el lenguaje corporal supe tramó réplica a mi oferta. Emanó un suspiro singular, pregunte a perito si es el mismo ronroneo de un geiser exhalar, y contraatacó el chantajista estar de acuerdo si permitir mis manos atadas a la espalda.

- "¿Llevas cuerdas en el furgón?" - encajé sorprendida sin sentarme todavía en su sexual aposento.

Admitió útiles son las sogas en transportes, aunque por desgracia en aquel viaje vino desprovisto y no catalogados, pero por remedio neutro recordó embalaje de cintas de precintar, rollos en decenas bien organizados, perfectos y válidos por capturar mi rebeldía fugitiva, apuntilló con perversa sorna.

"Usó cinta de precintar para mis manos atadas a la espalda"

Acepté agraciada, que en alianza ahorraba otro arcén y desconocido. Ubicó los rulos al envés de su diván, en cofre de rutina descuidada, y recliné sofá pues de otro modo no había forma de alcanzarlo. Tomado y asido en ágil recaudo, me aposté a horcajadas sobre su recto femoral y el vasto interior, con sus rótulas pegadas y mis piernas muy abiertas, acatando enfocar mi trapecio a su globo ocular, ambos par vigías de mi dorsal. Junté muñecas atrás en área oscile de la quinta vértebra lumbar a la doceava vertebra dorsal, y apresurado volteó una primer círculo todo el derredor, en bucle itinerante un segundo y un tercero y hasta el quinto, recular en su corte y retornar tenaz por envolver ahora en trazo cruzado, por cuya cañada interna entre carpos anuló motín e indisciplina.

Confieso en aquel espacio reducido, un cubículo insignificante que en longitud rebasaba miserable el metro, altura bajo techo no distaba en medidas muy lejanas, y anchura aunque mayor no presuma tampoco pues apenas es un paso corto, una excitación escondida brotó de mis entrañas, amagada a vista y lograda disimula, pero tan pronto coloque su glande en la entrada de mi vagina verá el apuesto resbala su miembro liso y raso cual patinaje sobre el hielo.

Levanté las nalgas, esplenio doblado por no magullarme en tejado, y al sentarme en posición entró en diana su estaca muy al fondo.

- "Sí" - fue el espontáneo monosílabo que salió de mis vocales, pues de haber sido falseado otra oratoria habría pregonado.

Por el posado, imagine él sentado y yo encima suyo, de espaldas y las manos privadas de buscar apoyo en aquel barreño, adentró el pene todo entero cuanto quiso, y aconsejé vaya con cuidado y no tan rápido, no se pierda en la oscuridad, que en sótanos no hay luces ni recodo iluminado, pero contestó no hay perdición, si toco esta pared se escuchan gemidos, y al empujar de ésta elástica los jadeos crecen, y hay un punto en la bóveda que me vuelve salvaje, visceral, al excitarme de reclinarme y morder mis incisivos el volante, ¡qué asco bien pensado!

Fue génesis de una creciente euforia desencadenada, el estreno de un torpedo inquieto, prototipo juguetón, ignición al universo y en su rol bipolar dice cambio y me quedo, y despego porque quiero y aterrizo cuando me da la gana, remacho y redundo, pícaro y bribón.

- "Sigue, sigue, sigue" - compuse en oda ordinaria por mí de acuerdo.

Saltaba yo cual si aquella fuese un trampolín, y en algún brinco me recordó la plancha moderar la cabriola, que en cúspide reposa la marquesina horizontal, pero no es tan fácil reproché al utilitario, que lo nuestro es pasión ardiente y lo tuyo fría soldadura.

Recosté mi hombro atrás, apoyar occipital con su deltoides, los dedos abiertos punzantes donde pude del castellano, el ilíaco debía ser tumbada en aquellas carnes, por el sartorio acierte, y pidió el muchacho tuviera cuidado con las uñas, rasgando su piel a jirones.

Prometí intentar no clavarle garras, que en ningún instante quise lastimarlo, pero su voz en medio de ese éter efusivo me sonaba confusa, incapaz de concentrarme, que delicia, calla y sigue follando. Su gruesa verga azotaba con aquel vigor que vaya a saber si frenillo asomó tras las cortinas que amagan útero y cuello uterino, y debió de toparse con las hadas de acceso, alto ahí clamaron, zona restringida y tú queda en antesala, pues noté el retroceso, también el avance de ojear otro intento, qué te hemos dicho le abroncaron, y volvió atrás, y en aquel reto yo no aguantaba ya ni el equilibrio, adelante caída y un susto mayúsculo me sobresaltó, claxon sonó.

Toqué con el mentón, no juro al cien por cien, pues con los ojos entrecerrados de tanta excitación me balanceaba a todos lados, sostenida sólo por las falanges distales en el cuerpo de semental, y quejo por tercera vez, de las uñas clavarle.

Cerré los puños, dado otro antídoto no acerté, y un rumor encolado se cernió sobre la estancia. Aprovechó prójimo en su beneficio, y una serpenteante cinta de precintar emprendió vereda por encima del escafoides, volteó cuboides y las cuñas, los metatarsianos doblados también, las falanges encogidas no descuidó, todo completo, sin ni un mísero tramo descubierto, quedando mi puño atrapado y encogido, cual guante comprimido de boxeo no hay sistema de quitarse.

- "No pares, no pares, no pares" - grité enloquecida sintiendo esa emoción de un orgasmo avecinarse.

Aquel gesto perverso disparó el bullicio de mis hormonas, derrochando flujo en cuyas desbordantes cantidades es el sueño de todo hombre, provocando en mi vagina una fricción suave, sensual, armoniosa, deliciosa, que decoró mis frases de un abecedario cerdo y escandaloso, y dijo el hombre no gritara, iban a escucharnos en la cima del planeta con esos tonos sopranos, y añadí yo no podía, que estaba excitada, muy excitada, que lo tenía, que sí, que sí, que me corría. Endurecí las nalgas, arqueé la espalda, busqué la capota, tensé todos los músculos de mis piernas, peroneo, gemelos y tibial por supuesto que también, y lo tuve.

- "Síííííí ssííííííí" - chillé un buen rato con la cabeza gacha en cuyo abismo no sé qué demonios buscaba, si sólo hay acelerador, embrague y freno.

En las sacudidas espasmódicas del espasmo, prendí el botón de cuyas varillas limpian los cristales, y fusionó la barbarie carcajadas y gemidos, no creí posible jamás. Al mismo tiempo, esa polla no desfallecía, intacta en toda su dureza, sin dar avisos de prisas por eyacular, brindada su faena al ruedo, arriba y abajo, yo caída donde músculos limitan de ahí no se pasa, y por tal frontera no salía su tronco de mi cueva ni por ver el sol, a ratos quieto el muy cabrón, por despistar precipitado, y no sabía yo si rogar continúa o déjame descansar.

Muy al contrario de dormitar, hundió el pene en cuyas profundidades quizá descubra bestias luminiscentes, y no exagero si digo por mi éxtasis vibró el capó de tantos decibelios. En tal algarabía, me mandó cerrar la boca, no fueran a escucharnos, mas yo no supe si seguía bajo los efectos de mi orgasmo, o aquellos eran las réplicas de todo terremoto, o me asomaba un segundo orgasmo, y me asumí incapaz, mas él insistió en su edicto, cerrara labios y podría conseguirlo, y aúne todo mi energía en el intento, clausurados perduró cuan extenso es trilogía de parpadeos, pero las vibraciones en mi pelvis, retumbando por el sacro y cóccix, me prohibían estar callada, y en mal menor intenté bajar volumen en la campiña, que yo tampoco quise ser cazada por línea enemiga.

En buena educación pidió templado sosegar no es suficiente, callar es el cometido, y exclamé es una quimera, y persuadió el caballero nos van a oír, pero no tuvo recompensa su constancia, pues mi posterior conato terminó en fracaso. Tentó mi ánimo en riña dominante, de continuar en bramidos iba a dar lección, y pedí perdón por los fiascos al tiempo de compasión, excitada en mayúsculas me definía a la perfección.

Al mando de las riendas me impuso cerrar labio superior e inferior bien prensados, obedecer o no me lleva a ruta culminada, y cumplí estricta, mantuve lacrados, escuchando en el ambiente aguanta de su garganta, y al advertirle no lograrlo con el vaivén negativo de mi cabeza a babor y estribor decidió el bellaco depositar una tira de esa cinta que sin demora quedó pegada sobre ambos labios abrazados, desde el surco mentolabial hasta la apófisis alveolar. Apretó presto por el hueso palatino reflejado en el retrovisor, recorrió por la protuberancia del occipital y regresó por el ángulo antónimo, completando una vuelta al ruedo.

Emprendió un segundo giro, bordeó por tercer remolino todo el contorno, ilustró un cuarto cerco a todo el círculo, y concluido el quinto circuito quedó una masa ancha muy apisonada desde el hueso maxilar, justo por debajo el vómer, hasta donde la mandíbula tuerce perceptible el mentón a su base.

Fogosa su pasión y ardiendo mi júbilo, trenzó mayor cantidad de viradas donde no era imprescindible, superpuestas a sus anteriores o en sus chuletas aureolas, multe agente por allanar la frontera del malar, pero recurrió aprobado de este modo se calla algarabía.

Noté los pómulos hundidos, perfecta amordazada, y ese clásico murmuro me nutrió de una locura que desconozco si contagié al cómplice de magnetismo, pero si buscó silencio logró triunfo contrario, avivada mi efusión a cuya temperatura no coloqué termómetro, riesgo había de explotar.

"Mi excitación fue creciendo enorme al estar atada y amordazada"

Arrojado el rollo gastado de mal manera por el arrecife de las sucias alfombrillas, posó sus yemas traviesas en mis pezones erectos, sus manos sobre mis pechos desnudos e indefensos, y comenzó un suave roce, unos pellizcos delicados que si acaso quedaba hormona dormilona despertó de su sopor, todas alborotadas en un frenesí disparatado, poros y venas bailando con pareja o todos en coral, preguntándose flamencos qué extrema juerga tan sabrosa es ésta, y respondiendo muy certeros no aburras y disfruta de su baño.

Cual quisiese destrozar los muelles del asiento, comencé a dar saltos de cintura, que anciana sorprendida habría dicho jovencita está clavando clavo con sus nalgas, y yo hubiera corregido, no señora pues me estoy clavando su alcayata por mi frontal. En discusión de otro senil aportaría la chica estará bombeando un pozo, y yo reportaría ojalá vacíe su manguera, que el muy cabrón la tiene al fondo y no derrama ni una gota.

De haber podido frotar la lámpara de un mago, pediría el deseo inequívoco se corra ya ese macho, que lleva rato el cazo hirviendo, pero las manos atadas y los puños atrapados me descartaban raspar o restregar. Por alternativa figura suplicar su orgasmo, pero de mi boca amordazada sólo emanaban gemidos caóticos e indescifrables, no comprendo cuán me dices, refutaría el anónimo.

Levantaron el vuelo ambos de su palmar, y cual halcón en picado inició descenso hasta el prepucio del clítoris, a quién descubrió empujando hábil con el índice, se ayudó de anular y pulgar por abrir cortinas de labio mayor y menor, y debió de ser con mellizo de la otra extremidad que masajeó en la misma labor que tantos días hago yo, en la soledad de mi casa o con disimulo en universidad o aseos o la playa o donde me plazca.

Asoló mi esqueleto un tumulto imitador a una templada descarga eléctrica, que me hizo estremecerme y doblarme en posición fetal.

- "mmmffffiiiii mmfffffiiii" - rogué continuara aquel tacto divino.

Dosificó la soba sin mucha prisa, que de haber trabajado raudo con mazo y cincel les prometo la escultura de una orgasmo celestial se hubiera construido en ilustre récord, pero alargó los gestos cuanto quiso, yo a su merced, artesano maestro, que muchos glandes femeninos ha masturbado, elogio y apruebo con matrícula de honor.

Separé las rodillas cuanto escollo autoriza la evolución humana, añada un suplemento por ser yo muy elástica, con la espalda recostada en su musculatura, dilatada bastante para poder engrandecer un orgasmo que ya lo siento, que ya avisa, que no espera, que ya pisa, que ya estalla.

- "mmmpfffifififi mmmppffpffffffffiiii mmmmpppfffffi" - entoné en una ráfaga de gemidos amordazada cuales sólo transcribo tres básicos del largo centenar, por ser un mero ejemplo.

El agite de mi pelvis provocó que su polla repicara el campanario de mi vagina en todas las esquinas, y al percibir sus jadeos intensos en mi oído pujé a favor se corriera de una puta vez, que soy yo la única ofertante en subasta.

No desvelo la marca del vehículo, pague quien seduzca publicidad, pero fe puedo atestiguar que resistió el salpicadero sin bachearse, a pesar de darle patadas ponga una decena con total probabilidad, pues mi cordura se había evaporado, enajenada en aquel estado que impávida nomino al trofeo de semiinconsciencia, dado me hablan y no escucho, veo y no miro, fantaseo pero no pienso.

El túnel central felicité al fabricante, pues resistió los brincos, imagínese un potro salvaje coceando enfuriado, soportando en coalición de las traviesas queden asientos inmóviles en su zona de anclaje, y el suelo del habitáculo es inconcebible cómo no lo perforamos, salvo estar hecho a prueba de titanes, porque mis actos podría decirse ejecutaban movimientos típicos de un mortero machando el ajo, córrete ya mamón, que no pienso desistir en mi convicción.

Rendida y prisionera, ya dudando si su pene era sangre o hinchado acero, apoyé mi escápula sobre la puerta, y advirtió el estribo bajo cancelas, no insistas que soy fundamental en colisión lateral, estructura no se deforma. Retomé un segundo embate contra sus barras de protección, y las bisagras y resbalones se jactaron, estamos reforzados y no cedemos concluyeron.

- "Quieta, quieta" - me susurró morboso al tímpano, denotado mi total desequilibrio.

Recuperé verticalidad, atrapada en esa maraña de pilares longitudinales y transversales que presumen son cédula de seguridad infranqueable, y no se va a pulverizar ante ninguno de mis combates. Golpeaba la chapa del techo por desahogar mi furia con el parietal y la sutura sagital, pero en cada leñazo me juzgaba la supervivencia, no des tantos botes que te vas a hacer daño.

Supliqué un descanso piadoso con mi rendición en el lenguaje que permite la mordaza, pero o no me entendió o no quiso entenderme, por no quedar estipulado en el contrato verbal, pues él siguió y siguió taladrando a cuatro vientos de mis paredes vaginales, y apoyé mi frente en el volante, a ver si con esta argucia disipaba su vitalidad por las arterias de los largueros delanteros.

Sus dedos continuaban en el festín de mi clítoris, y yo pregoné por favor le dé un calambre en el nervio colateral, o en el interóseo palmar, o en el nervio mediano, que de no frenar voy a tener un sexto o un séptimo o un octavo o no sé cuántos orgasmos llevo, y la fortuna decidió sufrir y ahí va regalo, nalgas comprimidas, muslos endurecidos, piernas cerrándose, lomo arquearse y gemidos que son otra canción de mi interminable catálogo.

- "mmfffifi mmmffifi mmfifii mmfffiii mmmffiiiiii" - repetí agitada y agotada.

Aun reventada, mi particular parte maléfica me farfulló compórtate bien y jódete, que en su regodeo me trató rea de su poderío. No pude responder, inmersa en un repertorio de suspiros y gemidos, un grupo por mis fosas nasales cual búfalo resoplando, y otro montón encerrados en la mazmorra de mi cavidad bucal, no autorizado ningún pretexto de evasiva.

Interrogó por mi martirio, y asumí en vaivén afirmativo estar excitada y martirizada. Sonsacó mi suplicio, que aun limitada en expresarme me esforcé por testificar mayúsculo y delicioso, y en ristra de tortuoso cuestionario, cifra la veintena incluidas si me rendía o me gustaba estar atada, confesé sincera todo en positivo, a cuya conclusión me concedió el privilegio de acabar.

Imploré vencida rematara tal calvario, y emprendió disparatado un ritmo de semental desbocado, a cuya aceleración compiten yeguas en estampida, aprisionada entre pito y bocina, concedo pilla vos el juego de palabras. A esa cadencia frenética digo voy a salir disparada cual cohete y reventar el vidrio laminado de la luna delantera, y estuve por pedir pon el cinturón de retención, mas debió de ser el peso repartido o el escaso espacio de maniobra o el arco del volante, que no se mascó espantosa rotura.

Fijé mis pupilas en el cuentakilómetros, y pensé estará estropeado o el arcaico puritano tendrá prejuicios y huye esquivo, pues marca cero en reposo y clamé a su aguja mientes, que vamos a mil por hora como mínimo. Demasiado carrera de vértigo esgrimía, que tal presteza es imposible de sostener, a no ser de estrellarse, pero el muy verraco sostuvo su pedal zambullido al imperio abisal, inconcebible a juzgar de su sebo aparento. De tanto traqueteo rebotaba el tupido manto de helechos arriba abajo y reincide, cual corteza flexible de su amo abedul, traición de mi imaginación, pues el balanceo era mío, cuide no me caiga mareada, que estoy en cubierta de pesquero naufragando en pleno maremoto.

Temí volcaría al furgón, centrémonos mi consejo, evitemos decantarnos a cualquier costado pues no fuesen neumáticos a soportar tal ciclón, pero no aflojó el jaco embrujado, que otro adjetivo no merece follar con tal agrado. ¡Qué bestia! ¡Qué animal!

"Ese semental ya estaba a punto de alcanzar su orgasmo"

Fundiéndose en un abrazo, su lengua resucitada lamió mi cuello vaporoso, y yo no sé si tocó una glándula o un nervio por donde el esternocleidomastoideo, menudo nombre por cierto sonsacado en resaca o borrachera, pues un violento espasmo de placer me sacudió toda entera, grácil y a punto desvanecida, pero clemencia decliné desde el mismo arranque, y ahora, encumbrada al pedestal, no pensaba arrepentir o rectificar.

Mordisqueó suave con sus incisivos mi clavícula diestra, expelió un bufido al respirar que pensé vació de oxígeno sus pulmones, emprendió un compás que disputó victoria al sonido, y por fin, sí, sí, el maldito hijo de puta, con perdón por mi vocabulario, ya no pudo resistir.

Desconozco si esta bendición es contagiosa, pero sí les puedo asegurar que en mi caso propagó su misma reliquia, y el enésimo orgasmo, cuenta ya he perdido y carece de toda lógica repasar, tuve al sentir entrar en erupción el cráter de su polla. Descargó semen a manadas, en ese emblema e insignia de la vida y la propia humanidad, para amores un íntimo compartir, y en conquistas un gozo recibir y transmitir.

Consumado el arriendo convenido, abrió manecilla en pórtico del conductor, y al poner mi pie descalzo a tierra comprobé mi dificultad por desenvolverme en caminar. Mis piernas temblaban cual azote de la piel desplumada por el viento polar, aunque esta excusa fue sobreseída en los veranos de nuestro clima, y decidí quedarme erguida, estatua, esperando diluirse el tiritar, pero flaquearon ambas rótulas, y caí rodilla al suelo.

Un halo perturbado llenó mi cerebro de dudas, a ver si tanto rato follando de piernas abiertas con esa máquina se estropeó el nervio ciático, afronto a negarlo tajante, pero quizá sea encalambrada del nervio cutáneo, en el soto glúteos anda su territorio, o el nervio pudendo por el subsuelo de mis nalgas suculentas, o recalé en el nervio crural por su proximidad al órgano genital, o espere no se trate del nervio safeno, pues aún tumbada de costado mis piernas trepidaban en un trémulo baile involuntario e incontrolable, incapaz de recobrar la verticalidad.

Totalmente desconcertada por un estado el cual no había escuchado ni reputado, avisé con una salva de murmuro amordazada la incidencia, y diligente se prestó en mi ayuda. Unió mis piernas juntas mientras aplicaba una friega sensual que no sé yo si todavía empeoró el tembleque, no es reproche que su oficio es transportista y no facultativo, pasmado espectador de cómo el sartorio empujaba rebelde a mis órdenes, calma y serénate administremos de tratamiento.

Aconsejó el hombre, con toda su buena fe, no hiciese fuerza que mis tobillos se escapaban, pero estaban poseídos por una fuerza endemoniada que no lograba retener, y por solventar mi inferioridad tuvimos de temporal apaño atar las piernas juntas, rodeando con la cinta por detrás del talón de Aquiles y el contorno externo de ambos maléolos peroneos, de tal modo que su parentesco interno tibial quedaron fundidos en un abrazo indivisible.

Tras cuatro vueltas y bien prietos, debería de haber visto el cómico cascabeleo de los rótulas, con los cóndilos internos que a ese estruendo van a destrozar los ligamentos, y por evitar lesión gesticulé pon ahí también cinta, que en tobillos atados da indicios de aliviar. Apresurado, envolvió todo el perímetro donde la cápsula articular da la bienvenida al fémur, triunvirato y recortar, por repetir el mismo envoltorio, justo en la permuta del descenso por la tibia y peroné.

Por consolidar diagnóstico, añadió otra envoltura, punto álgido sitúe en el recto anterior del muslo, y su raso un palmo abajo por la banda iliotibial. Sus tiras circundadas poco a poco aplacaron los efectos adversos de aquel polvo fabuloso, tendida de costado por no aplastarme las muñecas, y demos un hurra por las ideas positivas, retornó la paz sosegada.

"Llamó por teléfono mientras yo seguía amordazada y atada de pies y manos"

Encaminándose en busca de tijeras, que tanta cinta de precintar es práctico tajar por desatar, tomó impaciente su teléfono, y al habla de su interlocutor no demoró ni dos tonos en descolgar.

- "He pescado una preciosa sirena para pecera" - abrió diálogo en clave que no se requiere ser genio por descifrar.

Captada su pérfida maldad, saqué las últimas gotas de bravura, batallando por hallar fisura en esas ataduras, pero ni muñecas ni puños ni piernas atadas dieron signos de flaqueza o caridad. Me arrastré contra la tierra por incrustar algún grano de arena entre la cola a resquebrajar, químico sabrá la fórmula de su composición y bien podría advertido esta hazaña no es ley factible en su ciencia. Abortado el concurso, me froté en piedras esparcidas, que quizá algún geómetra diría buena posibilidad, pero si escucha tal versión sepa es mentira, dado por el grosor y la dureza del producto el único logro fue rasguños en los hombros.

Decidí rodar por ese llano, cual marinero desorientado surca mares desconocidos aguardando avistar orilla salvadora, pero fíjese si resultó bufonada estúpida, que el captor ni se alertó. Apenas dio dos pasos, mientras ubicaba con todo descaro y seguridad mi entrega en un puerto, caída la profunda noche siguiente, embarcar en navío misterioso, y al apearme si puedo escribo carta, buenos días estoy en tal lugar, será mi telegrama.

- "mmffffo mmmffffo mmmffofo faffammo mmmpphhhooooo" - supliqué negando el horror de un secuestro indiscutible.

Cual campeón se prodiga en medallas, acercó el altavoz a mis gemidos sollozantes, previo envío de una foto mía atada y capturada a su comprador, y por el auricular escuché del otro bando aplausos joviales.

Al colgar, emprendió búsqueda de cual artilugio albergaba en la caja de su furgón cerrado, a la penumbra de su techo fijo. Abrió el portón por la parte trasera, que no disponía su furgoneta de ninguna otra puerta lateral sencilla o doble, y colocó según el ruido intuí una rampa de carga metalizada. Por ésta descendió una silla rústica artesana, trabajo manual despectivo e ignorado, respaldo plano de madera maciza, inclinado diez grados dé gracias, anchura no rebasa margen de ambos omóplatos, y altura de la última vértebra lumbar a la postrera vértebra cervical. Del banco liso tapiz no exija lujo, es sólo otro leño pulido, ancho máximo al extremo de hueso ilíaco, longo del trocante mayor a la diáfisis central del fémur estirado, y en cuanto a las cuatro patas son robustos bastones, recios e irrompibles, con ruedas acopladas en sus plantas.

Su mirada amenazante me invitó a otro asalto en desatarme, al tiempo de gritar con todo ahínco a máximo volumen permitido por la mordaza, pero incluso en los tonos más graves no atravesaba allende de los contiguos troncos. Retrocedí desesperadamente por no querer sentarme en aquel armatoste, mas fatigada mi hueste y vigoroso su ejército se derrumbó muy pronto mi oposición estéril, sin un ápice de energía. Me levantó cual miserable desprecio de un trapo, y con idéntico ultraje me arrojó culo indefenso sobre el escaño lijado.

En puesto carcelario, atrapó mi tórax envolviendo su cinta pegajosa por el esternón su primera tira, otra ligadura por el apéndice xifoides, pechos en lujuria al desnudo sagrado, en abdomen la siguiente, y entre la espina ilíaca y el arco crural la sucesiva, por asegurar de no fugar, todas por el envés de aquel listón, vendajes en plural a cada tramo. Entre ambos quedó mis brazos apretados, que adormecidos y enclenques fue su brío baldío.

Terminado ese acto, reanudó el espectáculo con un quinto envoltorio, grueso cual copó sartorio y aductor mediano, y la tanda definitiva fue otras dos estolas, en donde sóleo y costura gacha de la tibia, entretenido en las zancas del ingenio, sobrante de lazadas. Arrastró satisfecho el cachivache, y recorridos cinco metros me encontré capitulada arriba del furgón.

Visto su interior macabro, me percaté había obrado pisos y panelados integrables, chapa galvanizada a ras, tablero impermeable el resto del forrado, y en la esquina superior derecha un habitáculo reducido, justa medida por encajar mi armazón. Disponía el antro de sistemas para sujeción de carga, desconozco si es un su argot técnico esto es banda trincaje o varillas de atar o tornos, pero tal vez usted deduzca al contar estiró de correas elásticas desde todos los puntos cardinales, y que una a una trabó en respaldo o en las patas, tensadas con rigor, rígido e inamovible.

- "Mffffppppooo mffffffooooooooo mfffffppphfhhhhooooo" - supliqué en socorro de mi único recurso.

Dijo cálmate que hasta puerto al anochecer hay horas y kilómetros, mas al alba ya habré embarcado en buque colosal, y costa a desaguar es una sorpresa. Placó puerta con su cierre de seguridad, encendió motor y arrancó mi futuro incierto, abandonada en cuya absoluta oscuridad sólo quebraba una minúscula ventanilla enrejada, cual aireaba ese cajón.

Mi querida y querido seguidora y seguidor, aguarde un momento que ahora viene la obra maestra, el gran desenlace que a vos aturde o impacienta. No conozco a nadie de todas y todos ustedes, pero confío a ver si acierto, y auguro un gran colectivo estará excitado, masturbado antes de este párrafo, otra franja enorme en nocturnidad, y fracción habrá en los próximos minutos. Sigo con mi tino, y habrá algún gremio que dirá se joda la muy zorra, pues en las hojas de inicio los muy sensibles se han sentido ofendidos. Prosigo con mis dotes de adivino, y habrá otro público escandalizado, cómo puede escribirse de tal estimada heroína valiente un desenlace tan macabro, que se prefiere el éxito antes del ídolo caído, y dirán en su conciencia muy psicópata es este artista.

Mis atentas y atentos leyentes, recuerde el preámbulo de esta crónica, érase una época en cual un malintencionado virus de laboratorio provocó el mayor genocidio de ancianos jamás visto. Imploraban los vetustos llevaba el matrimonio toda la vida juntos, en la salud y la enfermedad, en la alegría y la tristeza, y a punto de ser degollados por la guadaña del destino dijo el traidor tirano a mí qué coño me importa, salúdense en infierno o en el cielo, que en planeta ni se despiden ni se acompañan. Deberían de haber salvado, en su ética y compasión, médicos y hospitales, no se preocupe que tendrá su último beso o abrazo, pero sicarios sedaron y sortearon ronda de cada horno.

Espere si duele, no crea me he despachado, pues una nación debería de haber auxiliado, todos unidos invencibles, y sin embargo se encerraron en hogares, asomando sólo en balcones y ventanales jaulas de su circo, bravo y bravo y bravo, son arrugas más cenizas, y cuanto ocurra en sus centros de almacenaje, campos de exterminio nombraba mi abuelo con toda verdad, derivó indiferente, que no se vio manifestación o detención en instituciones aniquiladoras.

Comparemos por dar ventaja a enemigo con recién nacidos, y verá la mayor tortura de infantes acontecida desde el reino de Herodes, pues los padres sin lástima mandaban a sus retoños de mí no te separes, ni amigos ni juegos ni correrías ni aprendizaje, y al término de salir a calle robaron ladrones de su rostro la sonrisa, telas de mayor grosor a las mordazas vi cubriendo la faz de los ángeles en su cuna, y en aquellos que justo componen sus novicios andares en armonía pusieron máscara tortuosa y pantalla por encima, no hables, no toques, no saludes y no quites, túmulo de locura en los adultos.

Mezclados en la absoluta desidia, comercios y ocios y cultura se desplomaron caídos donde abajo se estrellaban contra rocas esculpidas a profeso, filos tajantes que ya puede usted quejarse o arruinarse, e incluso deprimirse y suicidarse, que nadie se opone y no espere corran en su ayuda, fastidiarse es orden de caciques.

Cuatro párrafos tan sólo he añadido, condescendiente y no cruel, y estoy convencido ha cambiado su indignación, ya no piensa en el infortunio de una invención sino en el futuro desolado de toda una generación, me alegro pues de esto tratan las guerras, y yo, déjeme memorice un instante, no he firmado tregua alguna o tratado de paz, ni ayer, ni hoy, ni mañana ni en la eternidad.

Medite ahora, valerosa y valeroso, pues mi personaje es una ficción, y de la demás desgarradora historia usted es libre de opinión por extraer conclusión.

 

Todo el contenido es de mi propiedad y autoría, todos los derechos están protegidos y reservados, y yo soy el único autor de todos estos relatos eróticos.

Está ESTRICTAMENTE PROHIBIDO su reproducción, comercialización, copia, publicación, y cualquier otro uso no autorizado previamente por escrito. Cualquier interés que tengas, sea cual sea y seas quien seas, es obligatorio mi autorización previa por escrito.

En caso de estar interesado/a en este relato,indistintamente cuál sea la razón,, escríbeme con el asunto "Interesado/a en relato", especificando el relato de tu interés, el por qué estás interesado/a, y para qué uso solicitas mi autorización, facilitando toda la información completa, lugar, fecha y horario exacto de publicación, reproducción y/o lectura, entre otros.

Por supuesto es imprescindible y obligatorio firmar la solicitud con tu nombre y apellidos, ciudad de residencia, email y teléfono propio y personal, para contacto directo. Todos los datos han de ser reales.

Estas solicitudes se han de enviar a mi correo electrónico info@exoticbondage.com

SIEMPRE respondo a todos los correos en un plazo máximo de siete días. Si en siete días no te he contestado, puede haberse perdido el envío en la carpeta Spam o puede haber algún otro error. Vuelve a escribirme, o llámame por teléfono para notificarme el envío de tu petición, y así extremaré yo la atención en su recepción.

Se emprenderán inmediatamente todas las acciones legales que se estimen oportunas, incluido las DENUNCIAS POR VÍA PENAL, contra cualquier persona, portal, foro blog, web, perfiles, periodistas, medios de comunicación, grupos, empresas, e incluso Administración u Organismo, sea oficial o no oficial, del ámbito público o privado, que vulnere mis derechos, y haga uso prohibido y/o no autorizado.

Periodistas, y medios de comunicación, indistintamente sea freelance, radio, televisión, prensa escrita o digital, deben de contactar a través de la sección "Press", en la barra inferior a pie de esta página.

 

© ExoticBondage.com