No se fíen de su imagen de divorciado, con aquel peinado absurdo que traza madre en mal mimado, raya recta no iguala delineante o arquitecto en plano, gruesas gafas que entre escombros putrefactos encontrará mejor dignas, vestido con trajes labrados por criaturas esclavas de autocracias indignas, y voz embriagada en cuyo timbre corresponde a mendrugos alcoholizados, pues de darle la espalda sabrá a ciencia cierta no hay en su península mayor psicópata que este hipócrita por todos los condados.

No repudie tampoco su alma encendida de venganza, que el odio amaga cántaros por mortificar su agonía sedienta mientras viva, y de verlo cansado, o de escuchar su angustia, o pregonar su empatía, no haga caso, que este hijo de puta no sabe de paz o de alegría. Cruel es un largo trecho, castigos por doquier aplica y que no condona sea cual sea la edad del llanto o el sexo que agoniza, pues goza con el punzante sufrimiento que para el débil o el pobre o el rebelde es su tormento. Infantes inocentes o ancianos asustados, lobos solitarios o amores cuya vida inseparable se apoyaron lustros sin fisura, todos son presas de esta bestia sin escrúpulos, mas yo tampoco tengo ni el más mínimo miramiento con cual rata leprosa jamás debería haberse producido su nacimiento.

Brame tristeza cuanto quiera, muestre cortes por donde sangre emana a raudales, suplique al abismo de la muerte, que esta alimaña de porte impoluto no siente pena, y de querer vivir más tiempo implore usted a los ángeles del cielo, pues su ejército son sicarios que disparan al vuelo. Hincha su panza de lágrimas ahogadas, embuta su apetito goloso con la ruina de su futuro, el suyo y su linaje, esperanzas las entierra un calvario duro, muéstrele la tierna sonrisa de un bebé, que los mete en cunas y encierra entre barrotes, ahí se pudra le dirá el desgraciado, dónde irá el inocente, si el sendero enfrente ha sido quemado.

Dirá usted cómo conozco yo tan bien a semejante mamarracho por osar tal afirmación, despejar su congoja me comporta retroceder a cuyo pueblo de humildes campesinos recuerdo con devoción. Es memoria antaña, que la estupidez mental de la ciudad llegó con su cizaña, y su turba suplantó los tomates de los huertos por los barcos en los puertos, naturaleza pura llenó de su plástico y botellas y excrementos, y ocultó el cultivo fértil bajo gruesas mantas de egoístas cementos. Ingentes legiones de albañiles se vieron por cada hectárea conquistada, en mano zurda su martillo y en la diestra el ladrillo, y trabajando a destajo sembraron sus edificios, altura de cuatro y cinco plantas, tapiaron veredas abruptas, clavaron en aceras los fanales de luces corruptas, mecánicas sierras rajaron pasmadas tierras, y por primera vez, en aquel chaflán donde yo infante aprendí a pedalear o chutar el balón, se erigió un semáforo inmundo, sea vos obediente por no multar o ejecutar peaje al otro mundo. El silencio se esfumó expulsado por un vocifero que no son arpegios de ruiseñores, sino todo claxon y alboroto, berridos de un espectáculo saturado de horrores.

"Trabajábamos juntos en cuya sede administraba se pagan multas e impuestos"

Por aquel entonces, cuando en expediente de este perro no figuraba genocidio con decenas de miles de muertos y el fusilamiento de la democracia moribunda, trabajemos juntos muy jóvenes en cuya sede administrativa, si vos civil osa entrar, pagará y claudicará impuestos, tributos, licencias, trámites, permisos y aquellos y estos. Advierta a su espíritu irascible que emperatriz burocracia es absurda y lenta, a penados les repudia y a secretaria tiene contenta, mas anote mi aviso, que a este ritmo de tirana represión llegará un momento donde no pondrá cocinar ni un guiso, salvo previa autorización.

Nos cruzamos miradas los primeros días, él de sonrisa cínica y una babosa aureola en el brillo de su iris que, por tan zafia y pírrica, lo tomé por tonto, de un coqueteo asqueroso, prácticamente enfermizo, errático en su sermón plomizo, que en sus monólogos vocaliza como si tuviera entre sus dientes una mandarina o le hubieran dado en la discoteca una paliza, mas la causa real son las heridas de ser en el amor un fracasado, tanto rechazo femenino ha dejado su corazón magullado, pues hágase una idea de su excelsa fealdad con los datos siguientes que le describo con la mayor brevedad.

Comienzo rauda a desgranar por su altura, aquí obtiene el único aprobado en toda asignatura, pero en su nota tampoco cualifica el profesor con sobresaliente, tal adjetivo es por soborno o ser un inconsciente. Lamentables son sus músculos, diseño básico de fábrica por ser un maldito vago, se fatiga incluso haciendo el burro tras una mesa en el rol de mago, aunque de aparentar falso y embustero sabía un rato, calza zapatilla de deporte y cruza calle al trote voluntario, si para la foto es necesario.

Sin camisa ni corbata, su anatomía humana no necesita de radiografía, seco y delgado desde la séptima vértebra cervical hasta primera en bodega, que esternón y costillas se aprecia sin acabar desnudarlo, ver su estatua desvestida es trauma que ni en ochenta sesiones de troleros psicólogos logrará olvidarlo, y su clavícula cadavérica urge llamar al sacerdote, ¡óigame clérigo!, a propietario pronto habrá de darle sepultura, que sólo una capa de piel y fina beta de carne cubre su envoltura.

Brazos sufridos le aconsejaba yo llevar manga larga, no fuese un can a confundir húmero con su cena, dar bocado y provocar derrame de lava carmín, ¡vuelve aquí malandrín!, que se lleva el hueso a su secreta despensa en jardín. Piernas diría anatomista, esto es el fémur y eso cual presento la tibia y el peroné, pues su delgadez mustia en su juventud no halló tregua, y visto el paso de estas décadas, y teniéndolo por distancia una legua, distingo inconfundible conserva perenne el escuálido su aspecto endeble y pálido.

En perímetro merece desprecio esa zanahoria impotente, ¡levanta!, animaba yo la cancha de juego, al deseo le supera el ruego, ¡que te levantes!, apoyaba el graderío entusiasmado, mas su faro gandul no se izaba ni para mísero posado. No obstante, en gesto de bondad menciono que aquel desecho inútil de materia orgánica, medidas ilusas si pretende récord, obraba milagro de vez en cuando, su raquítico espárrago se va animando, pero para su esplendor le falta un ápice de dureza, a ojo avizor copia un bate de béisbol la miniatura, pero se lo diré con la menor crudeza, la lanza fluctúa gelatinosa, arroje ese trasto a la basura.

Alumbrar hienas de tal calibre debería de ser censurado por la natural biología, pero preñada le parió en regazo provisto de fortuna acomodada, fue la abundancia desde su infancia. Nunca tuvo económica penuria, y por su fajo de billetes heredados se lo disputaban adolescentes con furia, ¡todo vuestro!, dije yo, que es adefesio y cegato y mentiroso e imbécil, por qué ha de enamorarme su dinero, en nobleza le supera hasta un carnero, y chicas a decenas dijeron ¡ya me lo quedo yo, si tú no lo quieres!. .

Prostitutas a caza de billetes se convirtieron, flirteando amorosas en cada encuentro, de bares no era mucho, preferido de jardines privados y terrazas elitistas, besos en mejillas y roces insensatos las fórmulas de sus conquistas. Yo por supuesto fui reina de sus pretendidas, y a pesar de mis rechazos persistía el asno echándome sus aduladores lazos, en horario matinal y al mediodía y a llegada de su jornada el final, y por respuestas no quise ser estúpida, pues en compañeros profesionales la simpatía quebrada crucifica la saludable armonía. Di el privilegio de conversar, en despachos que el pueblo equivocado ignora sus pérfidas tramas, mas le he de confesar que al pronunciar sus deplorables piropos yo viraba el coloquio a otras ramas.

Número par de un solo dígito se alcanzó un caluroso abril de primavera, cuando tras pregonar en vibrante acento sus heroicas victorias me comentó haberse comprado una casa, impresionante morada que para gozar su propiedad es necesario tener empleo de sueldo impúdico, o vaciar con guante blanco el erario público. Debe mi opinión a los rumores justificados, aunque por supuesto tuve de su esperada respuesta es honesto y honrado, es idéntica excusa en ladrón marcado.

Permítame un inciso, aprovecho a enseñarle no se fíe en absoluto de políticos ni periodistas, que gobernantes y ministros al infierno deberían de ir proscritos, y sus loros aliados trazan artimañas obscuras, sabe usted muy poco cuanto en cloacas podridas urden de torturas, no llevan tenazas por arrancar muela ni pinzas eléctricas que mártir al verlas la vida le hiela, pero machacan con sus homilías y peroratas que al carácter débil le destroza, son pregoneros de tragedias, que si debacles y bombas y calamidades y hecatombes e incesantes continúan los parlanchines con sus comedias, mas doy por seguro vos se extrañará, a qué viene tal consejo, continúe leyendo y lo entenderá, cuya asombrosa historia prosigue frena hasta la carrera del conejo.

Propuso ilusionado mostrarme su templo el domingo siguiente, dado tendría ya paredes pintadas en blanco inmaculado su favorito, cristales pulidos y cerrados no vaya a entrar el aire frío de la cercana brisa marina, recios muebles de colección que por su transporte necesitó de cinco camiones y traslados un par, y yo, piadosa y caritativa, acepté su oferta, motivo arguyo fue esquive de inmolar la cordialidad, habitamos despacho compartido de lunes a viernes, rechazar arisca provocaría el ceño fruncido y una tensa incomodidad.

Compás de espera me dio dolor de cabeza, dado estuvo la cotorra sin descanso piando de la cocina todo una mañana entera, que si el grifo y las baldosas y no sé qué y la nevera, darle al palique de su choza comprobé no le daba pereza. Al atardecer departió del aseo y el baño, que si las cortinas y el espejo y de la bañera su tamaño, y estuve por gritarle qué narices me importa a mí dónde pone sus piojos a lavar o aposenta sus nalgas por cagar, pero fui educada y aguanté estoica, juro estuve por escribir a reputados arqueólogos y filólogos, inscriba la anécdota como una batalla heroica.

Esa misma víspera sonó mi teléfono particular, adivine quién me reclamó, por describirme su salón y sus sillas y su tapizado, y el mobiliario y lámparas y un marco de artesano rosal en su grabado, y quince minutos después aun parloteaba, de las alcobas y los colchones y las sábanas y los suelos limpios por su mágica escoba, y ardía yo por meterle un grito ¡cállate ya de una puta vez!, todavía resultara que soportar su mitin tedioso y narcisista va a convertirse en una legendaria epopeya, será comparable al monstruo y la plebeya.

Varias tentaciones contuve mis ganas de enviarle a tomar por culo, pero suprimí esta expresión del artículo, puse inservible sonrisa y me ausente de cuyo rollo explicaba sin prisa, ojalá se quede afónico, habría sido en mi biografía de aquella época un ilustre acto cómico, pero tuvo voz para tino parsimonioso y lenguaje veloz, ¡que tío!, ¡que no calla!, que bien me iría escapara de cuadras vecinales un semental, ¡apunta, jamelgo, al mamífero!, y envíalo al Polo Norte de una coz.

No tuve esa concesión, y concluyó su discurso cuando las saetas del minutero marcaban la veinteañera hora con precisión. Compostura mantuve hasta la data exacta, y finiquitada la obligación laboral, con el fronterizo sábado avistado en el horizonte, me subí en su vehículo, entré a tal celeridad que de ser mercante su capitán me hubiera llamado polizonte, pues patrón andaba por el exterior, revisaba que no hubiera rayada o bollo en su chasis inmaculado, le prometo su carro no era discreto ni moderado.

Arrancó motor, y aquel muchacho, cual con espanto y vergüenza ajena veo millones de borregos han votado a su favor, me demostró una habilidad que si lo piensa detenido da cierto pavor, pues tenía la pericia lenguaraz de guiar sus palabras con templanza y firmeza, mezclando la serenidad con la fiereza, pero precavido de no tropezar en frase impertinente, buscaba cada léxico pronunciado estudiado y consciente. Debido a sus trabadas vocales, se percibía su estrategia, sus amagos son triviales, pero ha de ser su conducta habitual, ya que lo he notado siempre en persona o con su abecedario virtual, y lo demuestra la dificultad por demostrar una frase malsonante, apenas son un cuarteto, que antes de exclamar examina mudo hasta la última consonante.

Punto de partida, yo sin darme cuenta, fue el viaje dentro de su coche, aun sin esparcirse por la bóveda celeste el celaje de la noche, pero el candor del astro febo es pasado, el alba en el hemisferio opuesto empezará a ser despuntado. Gentío por los arcenes del alquitrán es caótico, que hay ancianas junto al rótulo del supermercado, llevan el cesto repleto, con tanto peso ha escogido correcta su modelo rodado. Por alquitrán va un atontado, debe de creerse el primate ser un superhéroe o sus músculos de titanio, pues cruzar con esa chulería es ser idiota o temerario. A escasos metros veo moza de moño azul, su amiga se ha teñido un verde caducado y la colega que completa el terceto luce el caoba que es de mi agrado. Pareja enamorado es otro detalle, con la evolución de su moderna tecnología se ha perdido los cariños en la calle, y ruedas de vehículos hay en tanta muchedumbre que nos quedamos atrapados en el atasco, el sueño masculino de mostrarme su castillo va a quedar en un ridículo fiasco.

Mala suerte la mía, que el tráfico se aclara y vira donde ya nos alejamos de la piara. Por amenizar el recorrido puso el conductor música hortera, ¡quita eso!, ya me satisface que mis pupilas se deleiten con la carretera, que percibo una gala fascinante, el de cuyo telón traslúcido oscurece el tejado del planeta, románticos cuentan las estrellas y buscan algún cometa, al descubrirlo pongan su mote de bautizo, mas si fracasan no saque látigo para su atizo, déjeles disfruten y retocen en paz.

"Su casa era como un majestuoso y presuntuoso palacio"

Llegados a su hogar, me invadió un asombro indescriptible, pues con doscientos años cotizados no alcanzo yo por adquirir aquella fortificación. Una inmensa valla se erguía a cuya altitud de su cumbre ha de estar la cumbre nevada, me río si la quiere franquear guerrero con espada, y de buscar una oquedad ya puede voltear todo el recinto, a las cuatro esquinas ha construido su inexpugnable precinto. Para acceder detuvo el carruaje frente la verja de plancha férrea opaca, oprimió un botón en cuyo mando a distancia me pasó inapreciable durante el trayecto, y al abrirse las compuertas condujo al cobijo de su propiedad privada todo recto.

Majestuoso oasis se expandía a ambos flancos del pasaje, e intuí, margen de error descarte, que esa tarima de inmaculado césped, cuyo corte preciso no permitía a tallo pavoroso asomar su parietal por encima de hermanados, rodeaba el hogar cual si se tratase de feudales fosados. Extensión da por disputar un partido de tenis, que no hay excusa con su medida reglamentaria, o bien pudiera dejar pastando un rebaño de ovejas, por sus toneladas de forraje nadie se va a creer si balan quejas.

Estacionó en el centro del garaje, mas su cobertizo no requiere de aquellos malabarismos que si vos maneja volante seguro se estará riendo, el previo buscar su lingote de plaza donde aparcar, y al encontrar el oro prepare el timón, corrija a babor y estribor y viceversa, avance y retroceda, proa y popa y repita e insista, que encaja angosto y si se agobia se jode, es la selva urbana, cúmplala para aparcar la tartana. Situación de bellaco es antónima, que aquella cochera es capaz de albergar una locomotora anónima, o el grano segado en todo un año cosechado, pues aterricé pie en cemento, y de zapato al tope de cualquier tabique medí cinco yardas, pregunté cuántos camiones ahí dentro guardas.

Cancela de madera noble embocaba a la intimidad de la casa, felpudo garabatea su bienvenida a huésped vetusto o chiquillo, siga estelas de baldosas cuyo dibujo liso y parco eran faja de aquel longo pasillo. Cocina fue la primera estancia, bando austral, y en esta coma arranco el describir de su palacio colosal, explíqueme por qué tanta fina suntuosidad, que reluce los fogones como diamantes, horno destella cual rubíes, y frigorífico tasa el perito, gemas preciosas en subastas no rebasan precio de su mérito.

Cara a cara, cual púgiles se enfrentan en cuadrilátero, se hallaba un aseo de invitados, estilo neoclásico o barroco o clásico no me importa, pero tiene la pinta idónea de aquel escondrijo en siglos puritanos donde la amante aborta, pues el ambiente es absolutamente mármol blanquecino, debe de haber matado aquí al porcino, que pasa un húmedo paño y la limpieza ya ha hecho su amaño.

Tres zancos allende, secunda su umbral una habitación de forasteros, colmada de detalles donde agasajar visitas y tentar a los rateros, pues sobre el tocador se exhibe vanidoso jarrón fabricado con la maestría oriental, ha ubicado a recodo sombrío del ventanal. Espejo da para reflejarme toda mi esbelta silueta, armario copa al completo el ala poniente, y cama póngase a saltar sobre el colchón o escóndase bajo el nórdico edredón, resiste cual sea su repertorio de golpes y galopes. Ha de ser cómodo el abrazo en su descanso, mas no pierdo etapa que no pienso tumbarme en su remanso, y recobramos la arteria del corredor hasta su conclusión, donde emergía cuyo salón no alcanzo diminutivo. Espacio es superlativo, y eclipsada por la envidia decidí sentarme, pero para tomar aposento llame a los gigantes de la fortaleza, que de intentar levantar butacas de roble macizo apremian de fortachón su gentileza, dado son pesadas como losas de granito. Sofá de ocho plazas en forma de una ele mayúscula es para los esclavos un mito, y si mira a través de los cristales verá al confín cuya frontera cruzan las aves migratorias, hermoso su trino canto, pero al palurdo de la urbe le suena a molestoso llanto, volumen de incultura humana ha alcanzado cimas de auténtico espanto.

Paisaje me fascina bucólico, debe deleitar el invierno con el rocío cristalino impregnando los matices grisáceos y verduscos, pero en esta belleza también se muestra en desacuerdo el pazguato, detesta el frío y prefiere jugar al amparo de la rústica chimenea con su gato. Único esplendor que le interesa es el trabajo de carpintero, observa los retoques y pulidos y diseños de los tablones, se ha ganado indiscutible el mote de tonto de los cojones. Revisa a nuestros pies el mosaico, se conjuga con los tabiques y una pintura de óleo arcaico, dice pagó por esa basura cantidad que es un robo o la fórmula para blanquear ahorros expoliados, pues de abonar yo semejante análogo me perdura toda la vida el arrepentimiento y la amargura.

Reemprendimos la andada, ¡joder!, que estoy bien sentada, y cruzado el impresionante comedor me mostró su dormitorio, salpicado extrañamente por una decoración mansa, demasiado discreto y discordante, sospecho lo ha engalanado prudente por dar imagen casta en caso de venir ligue acompañante. Ningún ornamento azuza las llamas que nos altera la adrenalina en juventud, alcobas romanas o dormitorios victorianos instigan en su guarnición mayor desenfreno de la pecadora virtud, la suya también, no se avergüence, que es conducta primitiva en nuestra especie, desde pervertidos hasta quienes mienten al aseverar viven en severa abstinencia y rectitud.

Todo era insólitamente clásico, arcón similar disponían mis abuelos, y el cabezal en su lecho de matrimonio es un soso rectángulo plano, es imposible engancharse los pelos, pues debió de tallarlo un atrasado mental sin ideas ni originalidad, y lanzado su engendro al vertedero lo encontró un mendigo, por harapos vestía pantalón cosido y un sucio abrigo. En su carretilla lo llevó al anticuario, ¡buenas tardes!, porquería he encontrado que entusiasmara a chalado, fíjese que la bazofia no tiene ni una arista de cincel. Marchante estafador se lo adquirió por cuya cuantía le daba para tres potes de miel, y al ir alelado por alegrar su cabaña con alguna rareza le mostró el comerciante pieza polvorienta entre la maleza. Fabuló con pertenecer a una nobleza de dinastías extinguidas, en supuesta rebaja se lo deja a cifras desorbitadas, y el australopiteco, en su afán por poseer tonterías de extirpes distinguidas, añade a su colección, por este camino va a tener el estercolero entero a su disposición.

Junto al límite de la pared, se arrimaba un mundano y cutre escritorio, hágase la idea si afirmo rotunda que en la Edad Media tenían mucho mejor diseño, y tras otear el minuto cortés por elogiar interés, tomamos éxodo de regreso al salón, sentados a cuya distancia deme un altavoz, que no escucho a no ser de traer las palabras el huracán en mi dirección.

De todos modos, lejanía se agradece, póngalo para mayor seguridad a una milla, que muy probable el fracasado probaría de posar su palma en mi rodilla, acercados los cuerpos a cuyo linde los celos decaídos resucitan de su siesta con rugir enardecidos. Temor peor sería me informe el pedante de su amor, y conforme a tanta escama dije siéntate tú allí en norte, que soy sureña y en mi región dejamos entre carnes un desfiladero por recorte.

De aquella conversación tengo grabada en mi mente un tramo, que da razón a creer en su locura, mas no hablo de esas chifladuras fascinantes que nos convierten en genios creativos, presénteme cuantos conozca de estas locas y locos pensativos, sino hablo de esa enajenación desequilibrada de genocidas destructivos, ¡qué coño hace la gente!; aplaude y vota y apoya a los cerdos repulsivos.

Maquinaba su conturbado proyecto el plan de renovar una humanidad obsoleta, octogenarios sobraban por doquier, momias seniles de aliento exhausto por el mero exhalo de un bostezo maloliente, por qué seguir manteniendo su carcasa viviente, si tan sólo son vestigios sin ninguna posibilidad de recuperar sus prodigios. Pasean por los parques y las plazas, argumentó el mequetrefe, mas es innegable no se puede atizar en el cráneo con las mazas, y para llevar a cabo su plan su plan urgía otro método, quizá extraer de laboratorio algún virus letal, es otro sistema igual de eficaz que el acero y el metal.

Pensó el vándalo en aprovechar la oportunidad, y ya puestos tirar a la fosa sepulcral díscolos y la escoria de la humanidad, pregunté si se refería a políticos o médicos o sus sicarios, ¡no, no!, matizó entre risas, son los ermitaños y drogadictos y lisiados e indigentes y precarios, arman bullas y escándalos y cuide en callejones o avenidas de no ser atracado, tácheme si le apetece por desconfiado, mas busque testigos, confesará da la razón el dependiente y la turista y sus amigos.

Escandalosa resonaba la macabra ambición de aquel joven, pero por incredulidad o por considerarlo el desvarío típico de esa edad, no di a sus majaderías ninguna credibilidad. Craso error, ojee hoy su calendario, cuya sociedad le rodea tiene la inteligencia de un parvulario, y baso mi afirmación sobre el mayor estudio psicológico jamás realizado en primates, que ya no hablo de una evaluación en geografía y mates, sino que un dictador resentido y enloquecido los mandó encerrarse en sus viviendas, y los macacos, en lugar de rebelarse cual sería habitual, engalanaron sus balcones con ridículos dibujos de arcoíris, y a las ocho en punto atormentaban desde ventanas el peor de todos los conciertos, una ristra de aplausos sin descanso por ofrendar correctos.

Esbirros asesinaban ancianos en sus mataderos, y a pobres que habitaban por ruinas y edificios abandonados los exterminaron en calderos, pero hijo de perra que ordenó estos escuadrones ahí lo tiene, ganó en votos dados por cuya muchedumbre inmensa es la deshonra legendaria. Por antídoto ya es tarde, sumaron decenas de miles al novicio fiambre, prolongaron donde esquinas viran a otro barrio las filas del hambre, quiebra es inapelable de arruinados, se desconoce cuántos de autónomos y empresarios optaron por acabar su meta suicidados, a menores se torturó, en su cuarto con padres maltratadores y chalados se quedaron indefensos todo el confinamiento que perduró, quién fue el bellaco que debería ser ajusticiado, varón perteneció a la cúpula del criminal depravado.

Qué demonios dices, es una salvajada le inquirí, justo en cuyo instante me desveló un concepto económico, la muerte es un negocio y los vivos su inversión. Tomó calculadora, tecleó supongo con gesto metafórico, dado no me acerqué a ver la pantalla, pero multiplicó parcelas por barrigas a saturar, y manifestó que del resultado no sale despensa por atipar. Intrépida opción futurista sería enviar al espacio, no subestime la idea, proyecto de magna envergadura va despacio, mas en el compás de su espera propuso el mentecato, los podemos arrojar al mar sin madero que agarrar.

Inviable le contesté, ¡piensa un poco, pedazo de gilipollas!, de dónde has sacado que el gentío tolerará tal infame matanza, y aquí tramó el zorro su táctica, para mí una estupidez pero en la época se dio alabanza, cual trataba de extender un pánico que no se recuerda igual desde eras de la peste, ¡correr a esconderse!, y si os reclama familiar o desconocido digan ¡dónde vas imprudente!; valor de los intrépidos demócratas funeste, muerto ahora y el valiente será el siguiente.

Estuvimos discutiendo cuanto cronómetro llegó la hora de la cena, quítate esas idioteces de la cabeza o tacharte de asesino será tu condena, pero he de decir se mostraba inquietamente convencido, análisis en contra resultaron estériles, y hubo detalles en su conversación que me hicieron escamar, mas tiene sabiduría en bucear por los fondos pergaminos de la administración este calamar. Opté por desistir en el debate, puesto el pavo se mostraba tozudo y terco, es su ideología, inténtelo y verá cómo lo apedrean por ser un puerco.

Sirvió platos de cerámica que yo no tengo ni idea, comentó ser porcelana de nación cuyo alías he olvidado, que arroz con gambas invitaba a ser devorado. Así tenedor, y en la corona próxima protegida por la amplitud de mi campo visual se extendió su palma abierta vacía, que si no ha visto usted en fotografía yo le advierto son los pliegues de sus líneas peculiares, con un surco es cuyas estrías diagonales y perpendiculares imitan una letra griega, sin el rastro de aquellos callos cual herrero forja o sierva friega.

Presagio yo que el avaro me pretende cobrar su servicio de restaurante, ¡menuda forma de invitar tiene el mutante!, pero me equivoqué al valorar su propuesta, tan sólo pretendió aceptar amada su apuesta. Hagámoslo juntos, masculló alegrado, mas yo dije mi conciencia me prohíbe masacrar imberbes inocentes y débiles pacientes. Conmigo no cuentes, ¡puto subnormal!, que tu propósito es ilegal y anormal, me niego rotundo a ser cómplice de convertir en cenizas aquellas épicas leyendas de amor sobresaliente, y que tu enfermiza fantasía extermina indiferente.

Propuse yo, siéntate a comer, demasiada cháchara te ha vuelto majara, arroz tiene un sabor dulce y aromático, tan sabroso que el maxilar mastica a modo automático, carne ya se huele fastuosa, y en cambio de tercio expuse mi pensamiento acerca monumentos españoles, la basílica en ciudad mediterránea es piltrafa para atraer a la masa foránea, pues me parece horrible e insultante, verá cuán no me equivoco si auguro derrumbe futuro en adelante, y de libros quise saber cuál ha leído, por el título de la obra mencionada ya comprendo el por qué su diablo le ha poseído.

De postre exportó el trópico profundo, qué diantre es aquel óvalo de corteza rugosa, se camufla bajo red en tonalidad fundidos enebro y musgosa. Corta con un cuchillo, picha con el vértice y rasga con el filo el pardillo, y aparece en el vientre de ese fruto una extravagante crema jugosa, es tinte análogo a la lima pero supremo al examen del paladar, otorga un zumo espeso a comensal que lo exprima, mas del vaso llena sólo el foso, prefiero devorarlo con la ráfaga de bocado ocioso.

Sirvió en los posteriores mordiscos agua en jarra, pues en digestión se percibe como si hubiera zampado de una tajada toda la parra, y cual camello sediento en desierto asalta el pozo agarré el frasco, medio litro engullí, y al confluir sendos líquidos sobre mis pupilas gustativas volví a percibir ese gusto azucarado, se me quedó a laderas de las encías enganchado, pero en ese punto dije basta del banquete, tres convites más de esa magnitud y me destroza mi dieta ese anfitrión zoquete.

Motivo de tal hartazgo, quince minutos después me encontraba en un estado perezosa, azotada por una paranoia alucinógena, miraba al zócalo de mi ombligo y a cofia de mi franja erógena, ogro se revuelca quizá culpa de su semilla patógena. Cálmate, me aconsejé a mí misma, acuéstate sobre el cojín, apenas un reposo y vuelvo a estar lista para el trajín, pero mis percepciones sensoriales se trastornaron a una dimensión de la cual no tengo constancia en mi trayectoria desde la infancia. Hallarme bajo los efectos de una droga tuve por suspicacia, y por no decaer me insuflé ánimos, será codicioso el chico me encorajé, mas no es tan perverso como como verter estupefaciente en alimento o brebaje.

Estallaban al asilo de mi cráneo redobles de tambores con sus mazas golpeando mi hueso parietal, retumbando en estrépitos estruendos que latigueaban fatal, con mi tímpano ensordecido, y al querer pronunciar vocablo vi mi lenguaje vencido. Balbuceaba mi fuente comunicativa a la cadencia inconfundible de un tartamudeo, y de lograr unir sílabas en hilera consecutiva sonaba mi perorata errática. Le acompañaba una actitud apática, en mí es propia de una patraña fantástica, y ante la evidente escama de haberme echado en mi bebida polvos químicos aquel desecho, chillé cabreada, ¡qué coño has hecho!

Quise alzarme, huir presta a la carrera, pero mis piernas flaqueaban incapaces de erguirse en pie. Un estado de semiinconsciencia comenzó a presentarse muy latente, y su siguiente síntoma fue perder mi voluntad, cuánto me pregunta y me interroga le contestó afirmativa con velocidad, mas yo pienso todo lo contrario, quiero responder en negativos, pero oposición o denegación o sus sinónimos se han fugado de su aldea los nativos. Tengo un vago recuerdo de levantarme, y a partir de ese momento mis neuronas han suprimido la secuencia de los hechos, supongo perjudicado por los síndromes nocivos.

"Desperté de su trampa encadenada y desnuda en un sótano"

Recobré el conocimiento exasperadamente despacio, con el primer paso percibiendo un repugnante gusto amargo por la carúncula sublingual, percibo el aroma desagradable hasta en la mucosa alveolar, y se extiende su sello repulsivo desde las papilas foliadas y filiformes hasta circunvaladas o fungiformes. Posterior percepción es la comprobación de sentirme aturdida, juraría tengo una décima de fiebre y un raro mareo similar a cuando se excede emborrachada, mas yo soy abstemia firme y determinada. Parpadeo cual si faro nocturno me hubiera deslumbrado, y mis glóbulos oculares se dilatan a la exuberancia de confundir lechuza, duda si es la córnea de un búho u otra vez la estúpida gentuza.

Ya un escalón recuperada, repaso el lugar, no reconozco el antro y no veo resquicio por donde poderme fugar. Atmósfera es tétrica, acentuaba un ínfimo foco anclado en lo alto del tejado, tal es la distancia vertical hasta suelo de hormigón compacto que cabe erguida cría de jirafa en su diámetro cuadrado. Pavimento resalta de un inmaculado liso, no hay elementos ni dispositivos ni mecanismos a resaltar en la tarima, salvo cuya tubería y manguera enraizada entre mahonés daba, con su fría fisonomía, una espeluznante grima.

Por escudriñar he de moverme, pero producto de la torpeza o las secuelas siento una agobiante flaqueza. Extraigo brío de mis reservas, mas al agitar mi húmero y cúbito percibo el eco de un ruido escabroso, plomizo y vigoroso, cual tuvo por epicentro mis muñecas, atadas por dos gruesos aros de grilletes metálicos, distantes sus carpos encarados diez pulgadas a lo sumo, y ya puedo forcejear en vano, que sus cierres no son mundanos plásticos. Empujé por izar, que se encontraban en valles del músculo recto abdominal, pero un brusco tope noté al querer su vuelo, un severo impedimento me huelo, pues engranaje de cadenas rodeaba mi cintura, enroscadas al contorno en horizontal por comarca de la última vértebra lumbar, de tal modo que las manos esposadas quedaban allí perpetuas en ribera, ni arriba ni abajo ni saltos ni tumbar ni de aventura por la cordillera.

No entendí nada, ¡qué es esto!, de ropa carezco y estoy desnuda, y una red de cadenas se enmarañaba ruda por mi torso de pechos tersos al descubierto, tensado sus férreos agarres en la gracia de apretar pero no ahorcar, candados cerrados en las aureolas de costillas, un par inalcanzable tras omoplatos que diviso con el reojo contorsionando las patillas, parejos retozando sobre esternón, y de cada cerrojo salía una cadena invencible, nacida en mi figura y yacida en aros sujetos a las paredes, estire con furia ciclópea, que las sujeciones arrogantes se mofan, por qué no pruebas y me muerdes.

Dar patada quise, ¡búrlate de tu puta madre!, pero plantar de poniente quedó inamovible, y pregunté ¡ahora a ti qué te pasa!, su argolla en el tobillo se une atrapado a su hermano por gemelo anillo. Cuándo ha sido, fecha simple cual villano me ha prendido, mas con su buena intención me asesoran observe a precisa atención, serpentean cadenas por la tibia y la rodilla y el fémur y prosigue el recorrido camino del ilion, en cuya estricta rigidez concede el beneplácito de abrir las piernas máximo un palmo, andar ha de ser como un pingüino o a saltos cual sapo dentro de un saco de lino.

Conseguía con tal pericia el poder mover articulaciones y tendones sin abandonar el cautivo sitio, en el centro de aquella funesta mazmorra alegórica de castillo medieval, y en un ataque de rabia luché como pesquero contra el embate de un polar vendaval. Monosílabos blasfemos fluían de mis cuerdas vocales resquebrajando la muda atmósfera sepulcral, forzando a tirones, sigo e insisto y persisto y al fracasar comienza la tentativa de nuevo, parezco arqueóloga picando en cuevas donde se busca hallar de dinosaurio un huevo, pero tan sólo conseguí producirme un leve rasguño en la falange distal de mi dedo anular. No pedí bálsamo o cura, que ya me agencio de sobras en mi hogar, enfermera yo me valgo para tan burdo corte, pero en aquel sótano no dispongo de mi botiquín, ¡suéltame ruin!, o de uno en uno te arrancaré todos los pelos de tu peluquín.

Puntapiés solté la licencia exigua, y dado fue infructuoso empuje con los cuádriceps y el sartorio, lo probé con la saña del bíceps, pretendiendo hercúlea partir las ligaduras o forzar defectos en cuyos candados se consolidan a flancos de cada maléolo. Derrotada en este campo, abordé las dichosas suelas que se esparcían por el tablado, aquella tiene su cabo sellado en esa punta y al otra al confín del tabique se junta, y por ese tramo hay un enredo con su socia y varios enganches, ¡imposible de romper aunque te agaches!, me indicó mi cordura.

Hay una señal falaz de mayor terror, que ha edificado el zulo sin puertas ni ventanas mi captor, por dónde me ha metido me pregunté, y justo entonces vislumbré en un cantón el recorte de una trampilla, tiene oquedades por donde transpira el aire pero prohíbe el paso a la luz solar, constante e inalterable su iluminación crepuscular, es quimera utópica pretender distinguir hora o minuto o mes cual sea. De dónde habrá sacado su imaginación tal maquiavélica prisión, que sólo se ha visto delineadas sus planos en la destreza de pluma y tiza, artistas pincelan sobre lienzos cuando ilustran en sus obras aquellas celdas góticas de princesas en galeras fantasmagóricas.

Es difícil describir cual temor se experimenta al obtener el silencio por respuesta, y por despedazarlo grité a energía enhiesta, berreé insultos que de oírlo clérigo se rasga los hábitos, ¡señorita!, estas calumnias es pecado en adultos. Cállese, maldito vividor, quién fue a hablar sino un degenerado predicador, a clamar venganza y ultraje tengo mi pleno derecho, amenacé que de poder reventaría sus sesos salpicando el soberbio techo, pero la ingeniera arquitectónica aplacó mis decibelios, quedó mi afonía al mortecino acento que se usa en sepelios.

Hundida en la postrera desventura, apoyé mis nalgas desabrigadas sobre el témpano a helada temperatura. Di por pérdida ya mi inocencia cándida, jamás vuelvo a bacanal privada por si se masca fechoría bandida, y en esa postura me surgió aguardar aborrecida la venida de alguna noticia, intuyo distará lejos de ser una delicia.

Abrió la escotilla, y una estridencia gemebunda resonó que casi opté por taparme los oídos, mas las cadenas impidieron ascenso de las manos atadas, no se puede partir ni con roídos. Sustituí mi perfil muda por la víctima histérica, aullé soy inocente a potencia colérica, qué pretende al tratarme encerrada como esclava, alegó le supongo un peligro por conocer proyecto de cuya dictadura tramaba. ¡Déjate de tonterías!, tus ideas son fruslerías, ¡enfermo psicópata!, que las tiranías empiezan por la fuerza y sucumben débiles en sus propias agonías, dame las llaves de los cerrojos y bájame escalera, da igual sea aluminio o de madera, que a mi patria quiero regresar.

Ojeaba yo con el cuello retorcido en alto, me deleitaría la esfera de la Luna si estuviera en pradera, pero desde ese recinto el único óvalo era la jeta deforme de esa jovenzuelo con apariencia de amargado y mal follado, y cual en un deprimente vaivén de su testa expresó claro que mi petición ha negado. Triste es parco por describir mi desolación, ¡qué quieres de mí entonces!, por qué tus cadenas me atrapan, que me electrocutan en su castigo profundo, de publicarlo entra en conmoción todo el mundo.

Respondió que esclavitud es el yugo que doblega al fuerte, ¡está demasiado pirado!, pero sepa es el autor que millones de borregos han aplaudido y alabado. ¡Mira!, exhorté por ablandar su crueldad, carecer de comida y agua sabes que es verdad, tan sólo veo la manga y el retrete, guisantes o lentejas ayúdame a buscarlos, no veo ni un solo paquete, simplemente un laberinto de cadenas y enganches y cierres en mi desierto, barcos disponen la mitad de su kilometraje para los amarres en el puerto.

Esbozó en la comisura de sus labios una sonrisa descarada, con sus pupilas enfebrecidas en la ilusión de mis ataduras, y tras susurrar un lacónico ¡yo te lo arreglo!, le vi alejarse. Por ubicarme activé el sensor auditivo a cuya sensibilidad es habitual en la fauna montesa. Fue notable el vacío angosto que por desidia o innecesario ningún propietario embelesa, y al escuchar un portón con aquella musicalidad propia de las gruesas cancelas en catacumbas supe se trataba de un estrecho pasadizo, probablemente oculto y situado en cuchitril olvidadizo, un establo abandonado o almacén desusado. Conté segundero cual me ha quitado, uno, dos, tres, superé el centenar, doblé el cuantificar y a seis exactos de alcanzar el medio millar volví a sentir la regia compuerta, pero seguí en el enumerar, fue la quincena hasta ver su careta asomar.

Arrojarme botella de agua y longa barra de pan fue para ese hijo de puta un acto de nobleza, ¡baja, maldito cabrón!, este tugurio tú lo has esculpido, pero con absoluto desprecio cerró la conexión, marchó con la misma celeridad que al venir había imprimido. Mar de lágrimas derramé al instante sin cesar, cuánto tiempo yo qué sé, desorientada desconozco si es horario laboral o festivo, con el pueblo dormido o la cortesana y su pretendiente pasivo.

Despedí mi llorar cuando el instinto innato me advirtió es desagüe baldío, su salinidad es insuficiente por corroer minerales, y desequé llevando el pómulo a los costales, froté párpados con los hombros, pues cadenas me impiden con las yemas barrer los húmedos escombros. Hablé en mi soledad, ¡cállate, me ordené a mí misma!, es temprano para alistarme en las tropas perturbadas que capturan las almas en orfandad, y durante una pausa reflexiva, cual permanecí con el mimo insano de la boca entreabierta e inmóvil, me aconsejó la conciencia, ¡come y bebe y ten paciencia!, a la razón e inteligencia débele obediencia.

Mordedura forzada le metí por el crestón, se enmudece con la boca llena pues de lo contrario se vocaliza un coro patético de murmullos ininteligibles, mastica y ya bolo al estómago es cada letra legible. Avancé al tercio del bate harinoso, y al comprobar engullía con hambre supe calcular llevaba un día por lo menos en ese cubículo tormentoso. Bebida succioné a mitad del jarrón, y apartando de mis cejas mi cabello alborotado con un brusco meneo de la sien me tumbé donde pude, aguanto cuya prorroga solitaria tajará el regreso del cabrón.

Volvió que no me quedaba gota ni migaja, ¡hijo de perra, atrévete y baja!, diste ración quizá anteayer, y con los gruñidos enfadados de mi estómago estoy al borde de desfallecer. Mareada estoy débil por mantener el equilibrio, rótulas se me doblan, en peroné percibo una llameante quemazón, y el pensamiento me agota por evitar perder la razón. Cuéntame si acaso es mi encierro que has pedido a familiar un rescate, pues la has cagado si pretendías asesinar mi timidez, rasgo es inexistente en mí desde mi niñez. Alguna justificación adúceme, y justo concedí su turno de réplica que impaciente me comentó, ¡ay preciosa!, aún no has caído que de antaño por ti mi pasión había elegido, y cegado por mis sentimientos te he revelado de mis secretos sus cimientos. Crimen descarto, acuchillar o disparar sería en mi espíritu un trauma eterno a padecer, mas he optado por un juguete poseer, una mera prisionera, encerrada para siempre en el subterráneo de una antigua fábrica hasta que el destino quiera que muera.

Un escalofrío atroz sacudió todos los poros de mi piel, ¡no lo dirás en serio!, jamás te voy a adorar ni querer, sino todo lo contrario, repudiaré cada aliento exhalado por cual cruz en almanaque señaló tu amorfo nacer. Orden suya fue retirar mi párrafo, ¡jódete si te disgusta!, me reafirmé, que tu faz a nadie le gusta, evita trotar por parajes rurales que los campesinos labran a destajos, dirán pasmados se mueve ese espantapájaros.

"Accionó un motor que tiró de las cadenas para levantarme del suelo"

Exclamó herido el malnacido, pagarás por lo dicho, y sin demora vi que tomaba algún aparato informático ese bicho. Sonó el rugir de un motor, por su ronco tronar cabalga una abundante manada de caballos, y en una estricto orden sin fallos comenzaron las cadenas a vibrar, paso anterior de cual satánica raíz del substrato se empieza a empinar. De qué ostias va esto, qué ocurre, se tensan al aire y su guarnición se constriñe en las clavijas, y a mí me ciñe en el centro cual si fuese una decoración carnosa en las vasijas. Qué está pasando, que el acero continua, propulsa fiero mis músculos arriba, y de cual asfalto no le tengo ningún apego veo que el calcáneo despego.

Me estoy levantando, ¡apaga imbécil el botón que aprendiste!, adrede lo hiciste, ¡apágalo ya!, que el navicular y cuneiformes ya flotan tal modo quisiste. Torso mío se erecta, es aquel porte adiestrado que en el ejército es para coronel la disciplina predilecta, pero su prensión aumenta, tira de las cadenas por todo el sistema de mi esqueleto, creando un dolor que mitigo apoyando el sesamoideo medial en la llanura, poco su auxilio perdura, pues sigue el ascenso y el único resquicio superviviente es la falange del distal.

Sucumbir el último reducto asediado fue un lance fatal, y levitando cual si se tratase de un truco de mago pedí clemencia, pero con burla me contestó, sufre y revienta, es la factura por tu afrenta. ¡Bájame!, que mi garganta desgarrada jadea mártir del castigo, mas el verdugo reaccionó con un adagio lapidario, disfruto el torturar contigo. Llegué a tal cota que cierre los ojos si tiene vértigo, queda cercano el cielo y alejado el infierno, ¡curioso!, pues mis emociones transmitían un sentir al revés, el paraíso es el suelo y aquí en la cúspide me envuelve el demoníaco desconsuelo.

Collar sádico se incrustaba por la región femoral y cual municipio conoce el populacho por espinilla, ¡afloja!, que los huesos aledaños al peroneo se van a convertir en metralla de astilla. Dolor en tórax es indescriptible, atosiga con un ímpetu invencible, y el dorsal estuvo a punto de ser desencajado, pero persiste en su delito obcecado. Suplico por insoportable martirio, tengo la quijada encalambrada de tan bestia mi desgarrado griterío, mas ningún antídoto funciona, e incluso a pesar de estar fuera de mi campo de visión afirmo, plenamente convencida, que mi estridencia gutural satisface su lujuria retorcida.

Malestar es a ese nivel que no deja ni pensar, y mi conocimiento zozobra cual canoa forjada a base de lianas y helechos entra en las turbulencias de un ciclón, reme cuanto otorgue su musculatura, que ese universal poderío la vela descose y le extirpa el timón. Nombre alguno se debía de haberme adjudicado a previo parto cual se celebra su onomástica por el cumpleaños, ojos empapados de sollozos tendrán un tono pardo o azulados o serán castaños, y cabello es probable luzco en melena o rizos, con su color natural o teñidos de caobas y cobrizos, pero trilogía de datos soy incapaz de firmar, lucho desesperada por huida, pero de esos amarres es nulo cualquier intento de soltarse, sólo falta soplete para ser irrompibles al soldarse.

Combate guerrera fue equivocada idea, que provocó un balanceo de aquella índole al nosotros columpiarse, y al fluctuar causó un roce apocalíptico, que enciclopedia omite referencia que sirva para su angustia explicarse. Su pesadilla fomentó el cambio de mis berridos, decaídos y agonizantes, enmudece su canturreo el soberano ruido escabroso de las férreas sogas tirantes, agotado el fuelle en los pulmones, momento cual aprovechó por chantaje el cerdo de los cojones, discúlpate y te descuelgo, o aquí te abandono, es indistinto si marcho andando o a lomos de un jamelgo, que no me arrepentiré, pues ¡ves a saber!, servirás a la tierra por abono.

Claudiqué sin remedio, en ese timbre desquiciante, lloriqueo inaguantable del que no brota lágrima pero que en víctimas es pena de las almas, y en farsantes manipuladores es bala de sus armas. Justo pronuncié dos palabras escuetas, de acuerdo éstas fueron, que retornó ese rumor de las poleas, ignoro si impulsadas por generador de gasolina o hidráulicas, soy analfabeta en cuestiones de mecánicas. Sí puedo dar fe que el descenso fue temible mortificación, creí no soportar y casi esbocé mi imagen hallada dentro de un milenio, al hospedaje de ese agujero envuelta cual fardo de momificación.

Posada sobre el lecho, me quedé tendida, valórelo vos si quiere por el concepto egoísta, pero dije este catre es mío y ya puede encender pantalla de cine o traerme pornográfica revista, que por premio no me muevo. Faena tengo en cuanto oxígeno renuevo, respiro a bocanadas extasiada, con todo mi ser molido, y donde hubo contacto al acero se ha grabado un tatuaje enrojecido, moratones son entre granates y violáceos, obesos o espigados, raspas irregulares en alguno de los arcos son los ejecutores de los arañazos sangrados. Tosidos inconexos emanaban tartamudos de mi garganta, y mientras luchaba por recuperarme escuché su advertencia, ¡no vuelvas a insultarme, o será péndulo hasta morir!, abroncó con indecencia.

Sarcástico y déspota, libertad me retó a ganar, y desde la cúpula arrojó a mi abismo un diluvio de minúsculas llaves, apenas una treintena de entre esas decenas de miles son para escapar las claves. Cayeron como cataratas, amenizadas por un cascabeleo de hojalatas, formando una pila montañosa que hormiga de querer trepar ha de tener en cuenta las fases para su aclimatar, mas hubo ganzúas que en el rebote se esparcieron por los cuatro cardinales, aquellas al fondo las considero extranjeras, a mi cercanía las locales.

Epitafio bramó ese mamarracho grotesco y caricaturesco, de querer salir llave de cada cerradura habrás de descubrir. Sólo una pieza activa la apertura, al hallarla conseguirás que las cuerdas metálicas te suelten de la estructura, pero en la realidad de aquel enjambre descomunal indiqué ¡no voy a poder!, es tu problema, me rebatió, la derrota será tu fallecer, que a verte no voy a volver, sólo pan y agua te tiraré de tanto en tanto, período dispar sin fecha de caducidad será por enloquecerte te adelanto.

Rechazó el carcelero nauseabundo cualquier negociación, y al retirarse me aplicó por sanción abolir la iluminación. Extinguió el farol su destello amarillento, selló la abertura, y un templo de opaca oscuridad se apoderó de aquel entorno a catacumbas. Imploré afligida en soledad el segundo siguiente y los minutos y cuanto le siguió, grité ¡vuelve, maldito cabrón!, mas por llenar de lloros y desesperos su indulto no se consiguió. Rauda entonces me abalancé sobre las herramientas, cuanto antes empiece más pronto acabo, y en la absoluta ceguera azabache probé la primera llave, no encaja y no se ajusta y no se acopla, ¡vayamos a por otra!, no enchufa y no se enlaza, ¡veamos ésta!, no se ensambla y no se ensarta y no entra, ni en candados de muñecas o tobillos o cintura o pecho o al envés, no llego cual se sitúa inexpugnable a mi revés.

Repito lograr proeza de nuevo, y crónico lo pruebo, palpo en la espesura nocturna y todo son asas mezcladas y su apéndice dentado, tendré mayor probabilidad de éxito con serrucho que me permita probar el serrado. Pesimista y desanimada, dado cada candado es vagar sin rumbo sobre un mísero flotador por el vasto océano, voy ensayando a intervalos, en un escenario donde la monotonía reina imponiendo su ley a palos, penumbra impertérrita que por buscar un destello de luz golpeo las cadenas, ojalá se produzca chispa, mas en mi desvarío mental he creído oír un zumbido de avispa, ¡qué dices, so tarada!, es un abreviado chasquido por la torta del metal propinada.

Transcurre el ciclo de la vida, interrumpe el aburrimiento y el hastío la caída de víveres amasados, en singular es correcto, duplo conforma el líquido acuoso por defecto. Los primeros avituallamientos chillé todo un jaleo, mi corral convertido en un tumultuoso gallinero, pero desde el onceavo aprovisionamiento ya no peleo, el buitre se ha vuelto mudo o sordo, pues ni habla ni pregunta, abre, tira, cierra y se marcha, afuera le aplaude la marabunta.

Dirá nadie con un mínimo de humanidad es capaz de tal salvajada, certeza suya va muy encaminada, que nuestra especie ostenta el título del mayor depredador del planeta, aun habiendo tigres sigilosos o fauces de tiburones o venenos de pitones, ¡despierte!, somos capaces de arrasar cuanto se interpone entre la salida y la meta. Tenga por ejemplo la segunda década del siglo presente, cuando la turba inmunda en su caída evolutiva apoyó sin fisuras al traidor, hogares convirtió en mausoleos el genocida, ancianas y mujeres y cándida bebé recién nacida, de ser rebelde vaya cuidado al labrar fuga urdida, que cualquier idiota en sus palcos vigías amenazaba llamar a policía, actuaban esbirros con un autoritarismo que la inocente generación de infantes les vi cómo aborrecía.

Mírelos, a críos sus padres les maltratan, periodistas adoctrinan a burros e hipócritas con sus proclamas televisivas, maridos violentos aterrorizan sus cónyuges desprotegidas, sentadas sin saber qué hacer en sus cobardes sillas, ¡observe del rostro sus mejillas!, se pincelan de un halo pálido cual sólo la muerte fecundada logra en el mismo tono fecundar, pero por favor, no juzgue a todo el mundo por imbécil, que hubo quien luchó a contracorriente en la mayor matanza cometida en democracia. Dígame si miento, desafío al valiente, ¡venga, fantasma!, que yo lo cuento bien alto, un esquizofrénico vengativo y resentido dictó encierro de estos pobres indefensos, y qué narices aplaudía la escoria del país contento, a mí exclúyame futuro leyente, me declaré en guerra y en tales técnicas sin error estuve pendiente.

Número de suicidios es incontable, abuelos masacrados en mataderos residenciales es por justicia universal imputable, negocios arruinados revise usted fichas administrativas, le costará creerse cifra inimaginable, legión de alumnos o estudiantes o universitarios les aguarda un porvenir insoportable, y queda por mencionar vagabundos y excluidos que vivían por cabañas o ruinas abandonadas, de su asesinato y desaparición busque en ministerios y gobierno al culpable.

De mi texto se escandaliza, antes de ser enemigos confiese cuál parágrafo es cual analiza, y mientras lo medita lo prosigo escribiendo lienzo a tiza. Restauro garabato donde un sagaz espectador en la grada se habría percatado de una alarmante particularidad, hace rato que la chica no muestra su habilidad. Faltaba el campanilleo del remover la gavilla, el reptar de las sujeciones por la orilla, esa asonancia acongojante que no logra imitar ni el retirar de una alcantarilla, y ese vivo hálito que mantiene prendida la llama ilusionada en abrir uno al menos de aquellos cierres.

Fíjese que vira la escritura a un estilo en el que de estar atento se preguntaría dónde anda la actriz, hasta hoja actual marcaba ella la prosa según su directriz, pero de repente figura como extinguida. Qué extraño, pensará homínido inteligente, el resto son borregos holgazanes que se apalanca el espécimen complaciente, ¡prepárese!, avecino una de esas tracas que museos de la literatura guarda en los archivos de sus barracas.

"Creyó estaba muerta la prisionera atada"

Coincidió en su misma lógica la cucaracha, han transcurrido anocheceres y no ha oído ni un ronquido de la muchacha. Aproximado por tirarle sus migas, se quedó estacionado a la expectativa, y dado no se oye ningún bufido decide clamar el apellido de la cautiva. Nadie contesta, reitera apelativo pero sigue esa cacofonía irritante del vacío, y al encender lumbre del fanal ve tendido un maniquí apestoso y anoréxico, presunto ser difunto es el cauto léxico. Por cerciorarse aprieta el pulsador, cadenas suben cual filete pansido lleva días sin acicalarse, y su versión presente de aquella jovial doncella es muy diferente, ni se queja ni siente. Elude tocarla, no vaya a tener lepra el cadáver e infectarse, mas ahora la problemática es del bulto deshacerse, que su carrera política despunta e incidente echaría al traste sus prósperas amistades y aliados mafiosos, dónde arroja los perniles fastidiosos.

Soltó esposas y cadenas, secreto fue disponía de copias en almenas, y envuelto el pellejo en una manta lo colocó en el maletero. Condujo leguas que reemplazó las frías fachadas por asustadizas yeguas, nerviosas pues nadie les visita, cocean intruso en su parcela, y por la hendidura del filado eléctrico desenredó la fétida cortesana, ese hedor es impropia de saludable humana. Galoparon las jacas, y miedoso retornó apresurado a su vehículo, pisó acelerador a fondo y huyó cual parásito rastrero honra la mala fama del chorizo cuatrero.

Equinos son sensibles e inteligentes, de buscar ignorantes y lerdos búsquelos en la sede gubernamental, los verá con la etiqueta de ministros y senadores y presidentes, y al roce con sus sagrados bigotes percibieron que corazón de la princesa latía. Cuadrúpedos nobles se pusieron a relinchar, virtud de la naturaleza es real, protegiendo su extrema debilidad sin pisarla, y les prometo que si usted tienen la oportunidad de escuchar coro de sus relinches se quedarán estupefactos, por competir requiere de los mejores artefactos, megáfono del bazar o micrófono del tablado es indudable el ganador del torneo.

Escándalo produjo acto que le desvelo, pues propietario que habitaba allende de praderas la decena, leyó el aviso de socorro, sólo se confunde quien de la metrópoli es un tarugo ceporro. Tomó fusil cargado al reclamo del bestiario, puede ser un oso el adversario, y al encontrar la señorita desfallecida llevó de inmediato al hospital, la urgencia es vital. Cargada frente al umbral en camilla, llevaron por reanimar a toda pastilla, conectaron respiradores y vías venosas y ventosas y cachivaches aparcados por la buhardilla. Enfermera montó guardia, queda rezar y que el destino diga no figura en directorio, su dictamen es ¡sobreviva!, no tiene todavía plaza asignada en el tanatorio.

Dos meses tardó en consolidar la hidratación y alimentación su ansiada recuperación, y ya fuera de peligro se presentaron par de sabuesos en su fría y deprimente estancia, querían interrogar acerca de la circunstancia, quién ha sido el esbirro que le ha conducido a tal desgracia degradante y rancia. Basan su denuncia en el informe médico, diagnóstico inicial fue aterrador, dudaron si llamar a cirujano o enterrador, dado coleccionaba lesiones que necesitaban de antibióticos y escayola y desinfectantes y hasta material ortopédico, mas de las siguientes declaraciones una es cierta, adivine vos cuál da por veraz el simio patético.

Primera versión, caída la noche tras ceder su reino el astro febo, salió sola a pasear, siempre va en la compañía de algún admirador efebo, pero por el clima intempestivo sacaron los garzones su lado fugitivo. Reseguía el itinerario conocido, es un sendero iluminado que discurre entre fachadas de la periferia y los bosques de un negror abrumado, mas recorrido un par de kilómetros, y pensando en su regreso, vio un íntimo resplandor a través de yerbas y malezas. Puso ese porte que poeta preguntaría por qué te enderezas, soy de letras, puños es para gladiador, ¡calla, soberbio, que no es por ti!, he visto agazapado un violador.

Prismáticos enfocó a la selva, caminó desde cuya señal indica el límite de velocidad hasta roble que desde el siglo pasado resiste intacto con heroicidad, y por un desfiladero libertino de matorrales vio un espectro fluorescente, antagónico al lucífero brillo de una luciérnaga fulgente, su cabellera barría el follaje marchito, increíble se dijo, extraterrestre clamó con un grito, pero nadie la oyó, y al pretender huir una succión fuera de nuestro conocimiento la abdujo, hasta su nave la condujo, y sometida a obscenos experimentos soportó bajo lluvia de lamentos. Tomaron mucha muestra, tres cósmicos labrando sus órganos desnudos y capataz al mando en la palestra, y cumplida su misión arrojaron a la presa sobre césped mojado, dígame usted, mi querida y querido lector, si algún palurdo tomara esta explicación por verdad maestra.

Segundo relato, transcurrió la escena a plena tarde, cruzó aceras en dirección septentrional hasta llegar a esa fábrica abandonada que conoce todo el pueblo, fue lustros atrás un psiquiátrico correccional. Muro resquebrajado da la bienvenida a visitantes, hay quien viene a divertirse y otros maleducados que además son pedantes. Rebasada muralla, se anda sobre cascotes que delatan su asistencia, resuena el eco de las pisadas con traviesa indecencia, y cruzada la capota descubierta, vigas y toldos arcillosos se hallan desparramados cual alfombra resquebrada y abierta, se llega a un loable trastero, constructor debió de pensar en guardar grandes enseres, que en su dimensión no fue cicatero. Tal lugar se reúne con sus amigos, pero ese día llegó adelantada, y por aguardar la demás cuadrilla se quedó allí sola sentada.

De pronto, escuchó el inconfundible golpe de un pedrusco, sonó por sorpresa brusco, y al buscar quién arribó percibió un ente diabólico, diverge al infinito con formas análogas en dibujos inventados por artistas o la charlatanería de algún bufón irónico. Fantasma lo vio jorobado, o a lo mejor su físico lobezno es doblado, que en su incultura siempre los había imaginado con esa aureola de sábanas y balada asustadiza, escúchela una sola vez y para la eternidad se repite pegadiza.

Se quedó parada, para encuentro con aparición inmaterial no estaba preparada, mas al ver esa cosa rara acometer a su caza con sórdidas intensiones quiso escapar presta, correr era su sabia baza. Éxodo se acabó casi al mismo instante que el pistoletazo de salida, y poseyó su cuerpo cual borracho parroquiano asiste asiduo a su taberna preferida. Abusó y desvirgó cuanto quiso, irracional su actitud pues no era ella sino ese o lo que fuese, turno es de vos, confiéseme sincero si opina tenemos en nuestra raza algún botarate que se creerá semejante disparate.

Tercera es el final de la trilogía, con el duplo anterior no hay analogía, pues habla de un político, acusa de tramar asesinatos, lo tiene planeado en su cuaderno, enajenar retoños y enviar yayos al averno, y lo hará sin miramiento ni caridad, su ideología dictadora se fecundó en el odio y la cólera, mas confiesa la chavala que al proponerle ser su cómplice se ha negado a secundar tal atrocidad. En banquete ha pretendido seducirla y persuadirla, pero su alma no está en venta, y al verse derrotado ha ocultado por su bebida o comida droga una esquirla.

Anuló su defensa, narcotizada se encontró indefensa, y durante tiempo que ignora ha permanecido en madriguera secuestrada, desnuda en la total oscuridad y por cadenas atada, ración tacaña de harina la fue debilitando lentamente, sorbos de agua administró intermitente, pero llegó ese amargo suceso donde ya no tuvo energía, la hambruna y sed le consumía, pues el maldito hijo de puta la dejaba morir agonizante en el pozo al fondo de esa gruta. Rastreó pan a gatas, palpó apartando cuyas llaves entorpecían su búsqueda por la jarra o la barra, pero flaca y desvalida se desplomó. Perdió el don del habla encerrada en aquella ergástula, y su efigie inerte se negó a moverse, ¡mírate!, pellejo y masa ósea es el dígito que indica la báscula. Creyó estaba muerta su salvador, posee su genética la ira cual le equipara a un exterminador, pues la sequía intelectual suscitó el aniquilamiento brutal, y por liberarse del trasto la tiró en un fangal.

Salvaje asesino, díganos quién es, preguntó el gendarme, mas al decirle apodo de aquel político famoso en pantalla, silueta es de resentido divorciado y carácter tiene de homicida canalla, agente se mostró incrédulo, ¡no puede ser!, ha de ser secuelas por la tortura del péndulo. Criterio del coco marioneta me la resopla, ya puede el títere capullo recitar poesía o entonar copla, que yo hablo a mi adorada seguidora y seguidor, es su turno, ida en mi furgón diurno y vuelta en su vagón nocturno, cuál da por verdadera de las tres, pero vigile no cometer traspiés, que literatura es ficción, para el narrador su libre diversión, ¡ay, al aludido!, es su cruz y aflicción.

 

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