Un halo de miradas recelosas se precipita a cada sello de mis huellas por el mero hecho de estar casada con un político, y no hablo de cualquier pueril alcalde, o triviales regidores que al hablar de su ayuntamiento pregunta el ciudadano dónde narices se ubica en el mapa, o senadores holgazanes que al acudir a sede de tanto en tanto frenan en puerta, quién es usted, inquieren guardianes al control de la huerta. Tampoco hablo de ministro torturador, sabe mucho de cómo torear la ley al tener su grado legislador, o diputados sonrójese usted del oficio que esconde entre sus letras.

Excluya mi marido de semejante bazofia, que con basura yo no comparto mesa ni contraigo matrimonio, la mayoría de aquella porquería sería mejor lugar un manicomio. Mi macho es un político señor, de traje pulcro y peinado inmaculado, cámaras le apuntan a diario por ser grabado y fotografiado. Redactores de él narran al alba párrafos por ocupar la plana entera, ya saben han de escribir cuanto complace, pues de ser crítico o contestatario ya puede ir a suplicar labor picando piedra en la cantera, o tomar serrucho y madera para ganarse sus ducados en faena carpintera, que en estos pupitres puede olvidarse de hacer carrera. Bien conscientes son, y ahí me enorgullezco de mi gorila, rige el presente y futuro de la nación con mano de hierro, democracia le llaman ilusos, mas a mí me da igual su mote, pongan cual se les antoje, que a mi casa llegan fajos de dinero a sacos, no malpiense son las arcas públicas saqueadas, que bendito invento creó el sabio con las anónimas donaciones adoradas.

Tesoros a raudales sustituyen besos suprimidos, pues ayer estuvo en debate parlamentario, hoy figura en su agenda cimera y mañana en cumbre internacional reunión con mundial mandatario, ponga vos la televisión y cambie de canal, se sabrá su jeta de memoria por ser rostro habitual. En palacios anda, y por mí quédese semanas, en nada le echo de menos durante su ausencia, dado por mi título de consorte gozo de ventajas, pido y se me da, lujos y joyas y alhajas, me parta un rayo rechinan las envidiosas que viven obreras y andrajosas.

Por tal comentario no me juzgue de mujer rica engreída, que a mí también me apena la plebe decaída, colas y esperas de su tanda, o traigan foto y manuscrito rellenado, pierdan tiempo en el atasco estúpido de un mundano supermercado, guste u obligado, que ocho obedientes en caravana hay antes en peaje de la caja, mientras yo tan sólo notifico, ¡soy la esposa de cacique!, e ipso facto saludan postrados de rodillas, buenos días y tenga usted, responden reverenciadas las chiquillas.

De todos modos, no me malinterprete, pues no es burla de los desaliñados, aplaudo su paciencia y comprendo que hasta las ratas inmundas tienen su derecho a jabón y harapos y guisados, pues tal como me he expresado quizá le ha generado una leve confusión, es un rasgo común en orangutanes de escasa razón. Aplaque su sangre enervada, que no pretendo ofender a la borrega pobreza, humillante identidad de por sí es una vergüenza, y permítame demostrar mi empatía a pesar de la superlativa diferencia. Elijo por tema hablar de las escuelas, dígame si premiarles con algún lugar donde estos siervos aprenden a leer y escribir no es complacencia. No obstante, si sigue sin convencerle de mi buena voluntad tal clara evidencia, recuerde tiene mi cónyuge la benevolencia de convocar elecciones, votos digo yo por qué malgastar papel en vano, si son un cómico simulacro libertario, pero es cierto que paraliza la revolución de las bestias rastreras, son felices con sus panzas llenas y saberse el abecedario.

"Casada con un político me da privilegios que envidia la plebe"

Hechas estas confesiones, anhelo haberme ganado ya simpatía y admiración de cuyas alimañas me dirijo, mas si aún siguen tozudos ya no pierdo el tiempo en ponerme de acuerdo con cabezudos, que en palabras tintadas he sido amable y generosa. Ignoro su testarudez, y en biografía entonces hablaré de mi amado, opositores desvergonzados le gritan déspota cruel, qué sabrán estos infames de mi tontín atorado.

Bien es cierto, quede este secreto entre usted y yo, y no sé le ocurra jamás desvelar, en privado es bastante tonto, muy distinto a su imagen pública, pue ante súbditos prende lectura de párrafos prolíficos garabateados por su ejército de asesores, discursos farsantes y proyectos de ley con propuestas que la turba zopenca aplaude, en esto consiste un estado, promesas utópicas que son un fraude.

En la intimidad de nuestro hogar, a solas y sin escoltas, le comentaré algunas de mis traviesas fechorías, el inepto se cree todas las fruslerías. Comienzo por un clásico de sábado al atardecer, gusta a mi estimado ver deporte en su pantalla, y entro yo corriendo a comedor donde holgazanea el canalla, ¡apresura! le reclamo, ¡ven!, que tu rival de escaños ha dimitido por un escándalo de prostitutas, y raudo sale a toda prisa, bombazo de noticia, es su enemigo diario a disputas, mas en monitor sólo emiten dibujos animados, ¡tontito es desde adolescencia enamorados!

Lanzada en narrar nuestras historias, le desperté un lunes muy temprano, con las pestañas en lagañas, horrorizada pues un presidente de imperio extranjero ha mencionado su apellido en sermón. Insulto grave le ha dedicado por tratado pactado no cumplido, y súbito se levantó del jergón, pero en altavoz sólo suena la estridente canción de un cantante que mi ganso odia con devoción, y yo graciosa me desternillo, es igual de tonto que un cochinillo.

Un tórrido domingo de verano, vacaciones invitadas en la majestuosa residencia de un importante empresario, no piense suspicaz en sobornos pues es amistad antigua en calendario, estaba mi caro en la piscina olímpica, donde los azules del agua cristalina y la bóveda celeste se arriman en una pintura mítica, y enfocada a esa conjunción acudí urgente, ¡te ha robado el móvil un mayordomo irreverente! Miró extrañado, sus murallas nadie ha traspasado, dado es una fortaleza de barbacanas y esbirros armados, y di la razón, mas dije ¡ha sido lacayo!, quizá es un soplón papagayo. Salió el idiota asustado, bañador bajado con la raja del culo al descubierto, entró descalzo y mojado, y al patinar en suelo encerado me descojoné de la risa, ¡así de tonto es político que su vida le guisa!

Por trastadas no se enoja, simplemente por palurdo en sus mejillas se sonroja, y se limita a responder que en la próxima guasa no piensa hacerme caso, mas pronuncia esta frase lapidaria desde siendo niños en la etapa de primaria. Compartimos aula toda la niñez, y al terminado ese ciclo continuamos los periodos educativos juntos, ahora en elitistas colegios que la purria aspira a poder entrar, traen nóminas vagabundas e hipotecas de pocilgas en documentos adjuntos.

Ya en esa época, mi dulce voz encandilaba a compañeros, miraban la insinuación calcada de mis pezones y con arcaica emboscada los controlaba como corderos. Pretendientes tuve cuantos quise, hermosura es mi arma, cabello liso de castaño mediterráneo, largo hasta la duodécima costilla en subterráneo, iris de un bello verde pardo, altura de la mayor elogiable entre todas las chicas, y figura me encanta mimar, peso controlo en báscula sin falta al levantar. Comida prohibida es las grasas saturadas o bollería química, y la vestimenta tengo muy en cuenta, minifaldas sensuales, tops ceñidos con el ombligo al desnudo, o blusas blancas y ajustadas que algún botón desanudo.

Descartaba aspirantes con mi verborrea sarcástica, vete a buscar dependienta simplona a quien regalar ramo burdo de flores en su onomástica, que mi pareja tengo desde nacimiento asignado, es mozalbete que las cloacas del país le reservan puesto de sultán enrabiado, mas los primeros meses de noviazgo fue un flirteo clásico, sentarse en románticos jardines y de arrumacos darnos el nivel básico. Suba un peldaño, es importante ir lento para evitar hacerse daño, y antes del segundo trimestre rompa de ser virgen su hechizo, por conseguirlo sigo juego cual le guste, le escupo o cosquilleo o le atizo.

Deposito estas vivencias furtivas a la complicidad recóndita entre vos y yo, y dado hoy estoy generosa voy a contarle un hecho jamás descubierto, el cual ni sabuesos en sus mejores análisis supieron dar acierto. Tenga paciencia y limítese a ser espectador o espectadora, que al detalle milimétrico voy a ser delatora.

Ocurrió un mes de junio, fecha de dos dígitos transcurrido el triunvirato de la data por descanso divino, cual logro recordar con indudable exactitud pues tuvo mi príncipe una videoconferencia con soberanía mundial, negocios y pactos son de aprobación crucial. Previo fueron reuniones a decenas de su equipo de pardillos, correrías por pasillos, guiones en sus palmas y debates por doquier, esta grafía es correcta o en sucesiva haber tachón, borra y modifica este parágrafo de alocución, suena mejor otra oración, atentos al error mecanografiado, habrá de difundir después culposo comunicado.

Se levantó justo cuando el bautismo del amanecer plegaba el velo oscuro de la madrugada, y una luz difuminada en el firmamento se expandía en su turno de propietario, maravilloso espectáculo que la naturaleza ofrece gratuito a diario. Almorzó cuyos manjares son receta del nutricionista, no es broma sino lógica, engordar algunos kilos lo ansía el chafardero columnista. Marchó la sirvienta ya saciado su apetito, y en esa área inviolable de nuestra morada vino a darme beso, yo todavía en el plazo somnolienta, ¡aparta!, le dije, tu aliento huele a queso. Masculló estará en casa repasando la perorata, encerrado en despacho con teléfono y folios muy centrado, al mediodía le recogerán con el coche, ya por diálogos nos veremos por la noche.

Farfullé ¡déjame en paz!, que estoy dormida, y al salir estuve durante un largo rato dando vueltas por el catre, de oriente a poniente y viceversa buscando en vano conciliar el pernoctar, mas los párpados amotinados solfeaban ¡levanta remolona!, es hora de despertar. Miré las saetas del reloj, agujas al noveno superaba mi profundo letargo, y ante la matraca asiento y me encumbro del colchón. Desayuno es primordial, consulto mi móvil y a damiselas amigas envío escueta un emoticón, carita sonriente gana abusón.

"Escuché un extraño golpe en el aseo de invitados"

Es rutina diaria, y cumplido el trámite le reemplazan variantes. Preparaba esa temporada un viaje placentero, al ser de incógnito me aterra olvidar la maleta en el andén, vendrá bastardo a su robo y al abrir descubra pertenencias son de cuya damisela ya se sabe es quién. Despistada reconozco soy un rato, y en la tragedia humillante siempre viene el colofón del reproche, ¡ya es inútil!, el cuatrero ha celebrado con el licor su descorche. Preocupa también equivocarme de autopista, ¡gendarme me he perdido!, preguntaré a cualquier patrulla, pero siempre hay algún capullo falto de ser educado, me responderá ¡señora!, indicación es visible, de ser cegata vaya al oculista.

Dudas me asolan, y tengo dentro de mí una constante elocuencia, he oído decir a piltrafas que se le llama conciencia. En mi casta de alta alcurnia es muda, mas el agobio al error me supera, me desborda una inusitada amargura, y por el navegador abro pestañas de portales y comparadores, busco y contrasto e imprimo cuanto luego pediré opinión al abogado, que por algo lo tengo en nómina catalogado, pero en medio de toda esa estresante ofuscación escuché un golpe misterioso. Provenía del aseo de invitados, ahí no entra mi contrayente, y a sirvienta no se le cae recipiente. Delirios míos pensé, se perfile afilado el mutismo, pero de pronto, cual eco juguetón, retumbó el estruendo a plástico mismo, e inquirí en un conciso vocablo, ¡cariñito!, en acento interrogativo fue con concretar, pues supuse es mi galán y vuestro amo, por vengarse de mis inocentadas me quiere asustar.

Atraída por tal extraño acontecimiento, en el yermo de mi chabola, me dirigí al punto exacto, y con el latido acelerado empujé el pomo por ceder la cerradura, de verlo desierto estaré mal de la chola. Abrí dos palmos lo sumo, y con mis pupilas desorbitadas descubrí un ladrón, o un psicópata, o un soldado de rivales comunistas, ¡yo qué sé quién era aquel demonio!, pues tampoco me detuve a tomarle testimonio. Presta hui tan aprisa que el taconeo de mis zapatos atronó cual desbandada de adorables patos, mas aquí, por motivos de seguridad, las galerías forman un minúsculo laberinto, que en caso de asalto eviten acceso al bandido disparado, pero de qué sirven los entresijos de sus enrevesados pasadizos, si el mal ya ha entrado.

Eterno e inmortal fluyó el recorrido que me separaba de la partida a la meta, umbral ubico en cuyo despacho trabaja inagotable mi varón poderoso, mas al llegar encontré su portón atrancado desde atrás, ¡ábreme hermoso!, chillé a pulmón desesperada, ¡abre ya que estoy acechada!, que me persigue atracador o asesino, ojalá me equivoque y sea mi predicción un desatino. Alegó desde su aposento, al extremo opuesto de la sala, ¡hoy no cuela tu engaño!, dice se trata de otro amaño, pero chillé ¡déjate de tonterías y abre la maldita puerta!, hay truhan que me quiere hacer pedazos, le veo con el puño cerrado por acribillarme a puñetazos, ¡abre ya tonto de los cojones!, o tendré que pedir piedad para no arrancarme los faldones, pero repitió su negativa, ¡pon cuantos apóstrofes desgarrados quieras en tu monólogo!, que mi cantina repentina la ha escuchado desde vísperas nocturnas a la aurora matutina.

Aporreé virulenta la cancela, con esa crudeza agresiva de poder romperme el escafoides o el cuboides o dislocarme la medial o intermedia de las cuñas, pateando a ras de zócalo con mis pezuñas, ¡que abras te he dicho!, ¡tonto de las narices!, que en el baño de visitas hay un lunático, mas arguyó estar ducho en mis diabluras, de seguir boxeando el muro blindado voy a terminar llena de fracturas. Insistí al ver la sórdida apatía de mi dúo, en el baño hay una horrenda figura, varón que erguido me rebasa su escápula, pectoral fornido y gruesos bíceps estirando al límite las mangas elásticas de azabache camiseta, sus facciones ocultas por ir encapuchado, es palmario que delito cometa.

Aullé desquiciada, ¡abre tu llave sellada!, que ese maldito asoma al horizonte del pasaje, con sus manos en guantes por no imprimir grasa táctil y mochila para alguna maniobra hábil, quién sabe si esconde cuchillo o pistola o garrote, ¡que abras ya! ¡tonto del bote!. Apremié deprisa, mi aliento por el miedo se entrecorta, y el muy subnormal con sorna declaró, explícame otro chiste, el pregón es tan aburrido que se agradece algo de risa.

Sin escapatoria, aquel monstruo se abalanzó sobre mí cual águila imperial sobre liebres en llanuras, y en el forcejeo por defenderme me puse agazapada en el recodo del marco, que en su ángulo de noventa grados encaja justo la bizarra araña hogareña, mas aquella bestia llegó envalentado a la greña. Murmullé ¡qué quieres de mí!, gemas se hallan en caja fuerte, túnicas que luzco son harapos de mediocres diseñadores, luzco con desdén este lino de hilo poco fino, en cajones del dormitorio amago puñados de billetes, trato te ofrezco, llévate el saco entero, yo salgo ilesa y tú te libras de los grilletes.

Sonámbulo o sordo o vaya a saber qué, desestimó el arreglo, y alimaña se abalanzó sobre mí cual liana selvática a su tronco. De su arrollo caí al suelo, tuve por alivio haber sido limpiado, que manchar vestimenta me habría encrespado, y al instante reclamé socorro, ¡pichón mío!, me ha tirado boca abajo y tengo contra baldosa todo el morro, mas político ofreció de solución invitarle a comer y tan amigos, dé carnero si es carnívoro o para vegetarianos platos de lechugas y trigos, pero dique denegaba abrir, patrañas mías ya aprendió a descubrir.

Anulada toda fuga, con la gravedad por tierra, aquel parásito se puso encima de mí, técnica sabrá quién practique artes marciales, hágase una idea en mi exposición, acorralada cual si me hubiera arrestado un pulpo, imposible de escapar a pesar de revolverme como en el baile de un tablao o romería, el querer desembarazarme le llenó al forajido de alegría.

Granuja le llamé, ¡desembarca de cubierta!, quita tus zarpas heladas del regazo que es ángulo agudo de mis axilas, he rehusado tu fornido abrazo, y al rechazar mi exigencia volví a chillar, ¡llama a seguridad!, ¡cacho merluzo!, pero esgrimió por disculpa ser inmune a los insultos, decenas de miles merecidos acompañan su fama, contestó ¡rebuzna alaridos cuantos quieras!, que mantengo mi decisión y nadie más puede oír tu farisea ficción.

Asaltante celebró la torpeza de burro al confesar el área se halla deshabitada, y en tal situación supe pasaba por el profano encontrar la solución. Plegaria que modelé inicié en un explícito ¡suéltame!, combinación por diamantes es una contraseña de pares e impares, y dentro de cofre hay depositados sobres, su obesidad es producto de la inmensa cantidad de euros y dólares, ¡tómalos y huye!, en su triunfo prometí quedarme allí tendida, al echar en falta reliquias diré ¡alguien de castillo prendió!, y fortuna habrá sido vendida.

Fórmula descartó, y en estrofa a cuya distancia rota rozaba su hueso malar mi lóbulo zurdo confesó su malicia, ¡vas a recibir tu escarmiento! Trato suyo fue el siguiente, obedece y pórtate bien, y será lo mayor leve posible el incidente, ¡ay! que necesito lustros de acudir a psicólogos gárrulos, cuanto amenaza el energúmeno dista mucho de ser bulos. Broncos modales me dejaron paralizada, y durante esa pausa rebuscó en su maleta. De su interior extrajo una inmensa bola roja de silicona, y anestesiada por su chantaje dejé acercar la esfera a mis morros, buscando el centro exacto de los labios, travesuras de esa índole traman violadores y zorros.

"Sacó una gruesa bola de silicona para tenerme amordazada"

Rifirrafe hubo, fulano con el sí y yo replicando con el no, contienda ridícula que policías de poca monta resolverán expeditivos, impulsó facineroso el objeto hasta torres detrás de caninos e incisivos, toda la pelota adentro de la cavidad bucal, y las sendas correas de las que iba provisto el artificio reptaron por los costados de la faz hasta encontrarse hebilla en la protuberancia occipital, callada quedo apretada al longevo orificio.

Investigador aprovecha cualquier percance por hacerse notar, dotes son idénticas a vidente al profetizar, despido instantáneo le doy, pues es lógico lloriqueé en un rosario de gemidos típico de hablar con la boca llena, sustituya la comicidad por el miedo que nos apena. Solté entonces una estrepitosa cadena de consonantes salteadas, se perciben un abuso de emes y efes con alguna ocasional vocal adornada, a cuya algarabía captó la obtusa inteligencia de mi esposo, mas me contradijo con sorna, eres una gran actriz dramática, pero abstraído estoy en mis quehaceres, y no por tu teátrica.

Sola y desamparada, tuve el presentimiento que aquel golfo pretendía un insensato secuestro, ¡vaya disparate!, salvo pretenda pedir por mí un rescate. Pago ha de ser millonario, valgo cantidad muy superior a botella de vino enviudado o cien camellos, en el oriente árabe se pirran por halagarme herederos bellos, tengo curiosidad por saber su demanda, pero al destripar mi ropa trituró mi fábula, escultor esculpió el morbo de tenerme desnuda, ¡détente!, pensé, de estar casado vas a convertir tu media naranja en monótona cornuda.

Jadeos no supe traducir, y con el forcejeo equivocado sólo conseguí al desenlace inducir. Prodigio logró con relativa facilidad, rabia me dio escuchar desgarrarse mi vestuario favorito, habría reñido al majadero, que es cómodo de ir por casa, pero esa mordaza me daba de vocabulario una libertad escasa. Sin aprecio por atuendo, y yo incapaz de aplicar remiendo, hendió abajo hasta el ombligo, alucinada porque el inculto desconozca el valor de esta marca prestigiosa, vende a precio de oro un sórdido abrigo. Empujó a rebasar el hueso parietal, y sublevada bregué por evitarlo, mas ante ira mía condujo mis brazos a la espalda, astrágalo y calcáneo unidos cual siameses recién nacidos. Enrolló una cuerda todo su perímetro exterior, reservó las postreras lazadas por el callejón entre cúbitos, y concluyó en un nudo, dígame dónde lacró meritorio, que mis yemas no descubren su territorio.

Una confusión en mi mente brotó al experimentar una leve excitación, ¡qué rara sensación!, por lo común huyen despavoridos las víctimas en esta situación, o gimotean en búsqueda de indultos, que se espera compasión en la bondad de los adultos, y sin embargo, casi diría la chusma popular ha colaborado la guarra, póngame ese apelativo y le arreo con la metálica guitarra. Desguarnecida de coraza, me puse en pie descalza, y en su puesto de retaguardia me habló con un desprecio propio de mamarracho que habita entre témpanos de hielo. Mensaje me encrespó hasta los poros de la piel, prefiero el ataque de avispas protegiendo su panel de miel, mas a fin de evitar complicaciones rendí el bravo oleaje de mi rebeldía, por una simple negación el mangante se encendía.

Tomamos giro que empujó finca adentro por la estrecha obra de ambos parapetos enfrentados, donde a cada banda crecen alcobas repartidas por toda la casa. Aduana primera es el cuarto de escobas, debió saber el mentecato su material dado sin tropiezo pasó de largo, y por querer saber dónde íbamos hice gesto ademán de frenarme, avanzar satisfice a negarme, pero el sodomita atropelló la parada, pronosticó divertirnos hasta dejar mis fuerzas exhaustas, por delante hay muchas horas por follarme.

Explotó mi cólera, ¡ni pensarlo darle tal privilegio! que esta clase de marranos no procuran por la higiene, y determinada lancé patada contra matón, pero dribló mi embate al balón. Burló irónico, y murmuré una ristra de balidos alocados, copia burda de lúcida soprano, en esa entonación amordazada que vos habrá visto escenificadas en cine y televisión, gruñidos yo se los descifro, sexo estoy en castidad, doctores matasanos me aconsejan reposo, que me miraron por aquí y por allá, vos me entenderá, diagnosticaron problema es de un verraco apático y soso. Por supuesto prescripción es mentira, médicos pueden por mí quemarlos sobre una pira, denme la mecha y el placer de prenderles fuego, que los hipócritas han sido cómplices de cuya dictadura genocida les ha dado golosinas y juego.

Impasible me obligó a seguir andando, y por asombro mío tomó itinerario perfecto a cuya madriguera consta por retozo de antaño la vigilia nupcial, que sepa exacto el paradero tiene un significado esencial. Ya en su albergue, la fiera trabó falleba y ganzúa en su ranura, menuda táctica absurda tuvo el carpintero, y atenazando mi gaznate musitó un epitafio, ¡quéjate o huye y puedes darte por muerta!, fulminó frío y zafio.

Deseos suyos había de cumplir a rajatabla, me colocó encarada al inmaculado níveo de la pared, piernas abiertas en pirámide egipcia desde baldosas al arco púbico, abertura da para inundar de agua la uve invertida con un metro cúbico, mas ingeniero realzará, ¡tiembla y es inestable!, se ha de reforzar con algún método fiable. Sabandija asumió el encargo, y tomando otra cuerda repartió su espesor con maestra tibieza sobre ambos antebrazos, a la altura de la diáfisis central del radio por ubicar escenario, y apretó los rechonchos cordeles en cuya presión no quedó bulto holgado ni carne fugitiva, sino a la justa mesura por exclamar ya soy cautiva.

Tercera soga aterrizó a la sombra del bíceps braquial, que cual víbora constrictora arrastró su botín a la otra orilla, por encontrarse con su homólogo y estrujar con tanta viveza que no estimé capaz pudieran besarse ambos en tal severa firmeza. El nudo entre el cañón a falda de ambos húmeros provocó una opresión que presumió el malvado ¡vas a saber lo que es sufrir!, dijo, gime cual furcia desalentada arrastra en su interior la losa del pavor, regala besos o pídelo en tu jeroglífico por favor, que eres cuyo manjar en plato me atiborra el hambre, de no colmarme sarcófago te aguarda fiambre.

Otro embrollo de sogas preparó, y al sentir sus dos cordones tocar por debajo de mis pechos percibí la impresión de haber entre nosotros un flirteo ceremonioso, ¡pero qué mierdas estoy diciendo!, es un desconocido cuyas pupilas destilan un halo tenebroso. Confusa se debe a su roce tibio, macizo el enredo atado paralelo la segunda vuelta, ataduras trabadas pero no estrangulan, y el par siguiente podría decir es su idéntico reflejo, los coloca encima de mis senos con una belleza que rezo por verme en el espejo.

Desnuda experimenté esa sincronía que me anima a pecar, diablillo malote me quiere viciar, pues en cháchara privada me invitar a probar el amor prohibido, ¡calla, depravado!, que tu propuesta libidinosa me produce un umbrío escalofrío, mas tiene parte de razón en que un calambre excepcional estimula mi sistema nervioso, el tacto de su bondage es un masaje esponjoso, pero he de disimular, el mínimo gesto o suspiro me puede delatar. Reprimida por propia voluntad adopté el rictus petrificada, inmutable mientras ceñía la interminable trepadora de algodón por las hermanas superpuestas en latitud de los codos, y al exterminar toda oquedad consiguió que mis extremidades se apegaran al dorsal, comarca es del trapecio, ¡quisiera mostrarle arte a mi señor!, a ver si aprende su empleo aquel necio.

Prosiguió otro tentáculo, bruja podría haberme leído el oráculo, aunque dudo ponga el horóscopo asaltará un allanador la mansión, portara en equipaje kilómetros de cuerdas, creerse busca trofeos es sólo de lerdas, pero casualidad o simplemente destino escrito ahí estaba el pánfilo, nuevo amarre aplica su longitud inicial doblada sobre el recto anterior del abdomen, y en su trayectoria inversa lo desvía por empaquetar antebrazos, cabriolas por soltarme anula con un repertorio de lazos.

Fue culminado ese proceso cuando tuve un instinto que no pude reprimir, me refiero a un bufido acalorado imprimir. Mordaza me impide alegato, excusas tengo por romancero un buen rato que guardo a buen recaudo, diré tan rápido se autorice mi laudo, pero por ser sincera pretextos y evasivas no se sostienen por ningún lado. Gana por mayoría ese ala parlamentaría mía que vota a favor de darme caña a mansalva, decisión de magistrados es unánime, juzgada he sido y la sentencia aplaude al pusilánime, y yo al recibir veredicto lo celebro jocosa, ¡bien hecho!, aplica ya en tu legítimo derecho.

Pelvis mía provocó una contorsión lasciva, es como si me hubiera afectado una onda expansiva, pólvora explosionada maneja aquel verdugo, que percatado de mi agitación me recuerda tengo prohibido ni el más mínimo movimiento. Cabizbaja resoplo, y en acatar me esfuerzo, pero suplico me perdone, que repitiendo el error incumplo y me retuerzo. Culpable apelo es aquel becerro, politiquero enfermo y trastornado que nativos y extranjeros ha encerrado. En su venganza enajenada de su fémina se ha olvidado, ¡y míreme!, que en lugar de pretender huir balbuceo su hondo frote, ceporro de payasas corbatas ha sido obrante de felicitarle, ¡me encanta cómo atas!

Al instante me dispensó trato cual a un muñeco peluche, digo de infante malcriado que destroza sus regalos, y un antifaz opaco de cuero orondo sacó de su estuche. Cubrió mis párpados, abarcada desde milímetros a sombrero de las cejas hasta pináculo del pómulo, y al comprobar la absoluta efectividad de los ojos vendados procedí a una leve genuflexión, ¡levántate he dicho!, aulló el espantajo, pero visto mi derrumbe emocional optó el simio por arrojarme sobre el mullido lecho, avance en la epopeya es notorio el hecho.

"Atada, amordazada y desnuda, me arrojó sobre la cama"

Cazó tumbada la pierna diestra por su palma en escafoides, y tras un único envoltorio de cuerdas en altitud tróclea del tobillo dobló hacia atrás. Estrujó brusco cuyas sogas habían rodeado el círculo externo al completo, y al constreñir logró el impacto del calcáneo y su tuberosidad contra la cima de los músculos isquiotibiales, si me apura donde bíceps crural y glúteo mayor comparten sus reuniones vecinales. Ruta marcada fue cubrir fémur por encima, cerca del trocánter menor, con las articulaciones encogidas de las rodillas y rodeando donde tenemos un gran grupo de tendones, incluya de los dedos sus extensores, que si usted no versa en anatomía estará dudando por dónde ser humano posee estas valiosas herramientas, todas de cintura hacia abajo abrevio, pues quiero describir de un tirón las ligaduras cruentas.

Cuerdas envolvieron tantas idas y venidas cual peonza gira y rueda, engañosa afirmaría fueron un mísero par la trena, y exagerada andaría de haber cifrado la veintena. Ponga la cantidad en porcentaje intermedio, margen de error conceda un escaso seis tanto por ciento, mas enfundada en tal maraña todavía restaba la guinda, tejer las cuerdas por el desfiladero interno formado entre el precipicio del sóleo y el barranco del semitendinoso, aplica un empeño fabuloso.

Consiguió de este modo haber caído la pierna atrapada en la trampa, de la cual busqué la hazaña imposible de estirar, doblada y bien trincada. Puestos a proezas, pretendí patalear, infructuosa osadía, y tras el revés siguió el capricho por desplegar, otro descalabro en la vitrina de fracasos. Quedó en esa gesta mi pierna impotente, berrinche he de relegar, dado en aquel desaguisado quedó mi zanca amarrada en tal geometría que escrutando parentesco escojo ancas de una rana, atadas cada una a su propia mitad encorvada.

Extremidad preguntó a su melliza, cuánto puedes hacer tú por alcanzar refugio, ¡nada absolutamente!, confesó, y en su temperatura calenturienta el agrado se profesó. Deleite es mutuo, tendida impaciente sobre el albino alborotado de mis sábanas de seda, ¡ten cuidado malandrín!, cubiertas codicia la gentuza vulgar, mas al trajín le suplantó una pausa clandestina, roto su hastío por el crujido clásico de la camiseta al restregarse por el torso descubrirse. Quisiera ojear, pectorales imagino que de la horquilla esternal al apéndice xifoides ha de haber surco profundo y muy marcado digo yo si ha labrado un tractor, pero cegada me mantiene el antifaz infractor.

Intuyo abdominales que marcan todas las intersecciones del recto anterior del abdomen, una, dos, tres, cuatro, déjeme contar y no moleste, cabras montesas trepan por ese terreno agreste, y a final de la campiña emerge el oblicuo mayor, es rígido cual lámina de acero. Imploré ¡muestra tu hercúleo físico certero!, y lo proclamé con ese rumor de un ronroneo enmudecido, que yo tengo por costumbre ver un aborto asimétrico, barriga sedentaria y marrón apestoso su iris por lucero. Garbo de mi conyugal engendro es sinónimo al gracejo de un pato en desfile de modelos, valor ostenta por premio esconderse al vuelo de un mosquito, y en las precarias escenas sexuales siempre le corrijo, ¡apunta bien, carcamal!, me pincha la cadera tu microscópico pito.

Desestima mi petición, mantengo los ojos tapados y me guio por el exclusivo sonar de los audios activados. Diría, dejando claro es una suposición, posee un omóplato que en su borde vertebral no se asomen al abismo quienes padezcan vértigo, y desde su ángulo inferior tomen provisiones, que el ascenso se reserva para alpinista profesional. Novato o aventurero la escalada es opcional, y en caso de tener dudas aguarde voy primera, al catar le explicaré si está nevada la sierra de la cordillera.

Dudo de sus sucesivos pasos, y me debato en un océano de incertidumbre, calvario estoy indecisa, si padezco sus horrores o me ofrezco en servidumbre. Brazos tengo aplastados soto el lomo, en circunstancias ajenas juraría pesa mi armadura como el plomo, pero con estupor compruebo son de mi agrado, somier es suave cual florido prado. Alzo la cabeza un instante, ¡qué diantres hago!, si ni veo ni hablo, y al reposar por descanso clamado de la nuca me contorneo el tramo efímero que me permite su excelsa red, deserción no pretendo, sino es una palpitación que no comprendo.

Nerviosa me pone la quietud, bando soy yo de la mujer atada desnuda y púgil rival dispone de total libertad en su actitud. Consuelo es tener claridad de cuanto ocurre, pero inquieta esa inacción que aburre, y dilemas de todo tipo me acechan con un sadismo que dentro de mi mente les exijo callar, teorías obscenas o dantescas arrojan con la simple mala leche de querer avasallar. Mofas responden, ¡oblíganos si puedes!, y cencerros me atormentan con sus rúbricas lapidarias, ¡basta ya de guasas incendiarias!, pero es tanto el acoso que emito un graznido calamitoso. Individuo felino lo capta, y en el peor de los encajes despedaza la tensa calma con un bárbaro porrazo, ¡qué ha sido eso!, un pillo comenta, ¡se ha cargado el mueble de un hachazo!

Miedo estrenado siento de repente, y por resquebrajar las obscuras tinieblas que me mantiene en la perpetua oscuridad lucho insistente. Enigma me urge ver, que percibo cajones y carpetas hurgar, chaquetas y camisas revisar hasta las recónditas costuras, pero aislada estoy incapacitada por las extraordinarias ataduras. Carpeta abre, de folios se apropia, pues distingo ese abanico inconfundible del papel, y la clave de la caja fuerte me exige entregar. Pronunciar me impide la bola, pero por estratagema adopta el alfabeto recitar, cuando número coincida yo tan solo he de murmurar. Correlación completa consigue en pocos minutos, la repite en voz alta y mi asentir afirmativo será el confirmar. Paso previo es la alarma desactivar, y tres ceder los goznes al proceder con el correcto tecleo percibo su robo de sumas desorbitadas, cuantía omito pues preguntarán si fueron ahorros a escoria expropiadas.

Cuestión queda sin contestar, preocúpese por mí, soy personaje público y este cretino ha exclamado, ¡hasta reventarte te voy a follar! Saqueo se ha guardado, pantalones sospecho han volado, y en mi caricatura supina levantó mis piernas doblegadas de tal forma que, pruébelo si quiere, casi impacta la rótula con el rodete glenoideo, sitúe en hombro dicho llano y raso. Elevó mi culo en pompa, y en un dialecto repugnante soez exclamó refrán que yo pensé, ¡maleducado!, ¡vuelve a parvulario!, se aprende léxico de la vocal a la zeta, pero fantoche tiene otro interés, subir el centro de la diana del plano horizontal a una escora en diagonal mirando al techo esquivo, ahí apunta su dardo ufano, ¡espérate!, caverna está seca, mas gamberro penetra sin tardanza, cabrón es él quien manda.

Himnos que profiero son de dolor, rasga su punzón cual si fuera las púas de un rastrillo rascando tabiques construidos de pelado ladrillo, y mi aria desangelada avisa, ¡taladro es un martirio!, sé un poco cariñoso es recomendable premisa, mas cernícalo barrena a fondo, angustia no escondo. Melodía mía suena espeluznante, de haber estado al cobijo de la copa de un árbol hubiera espantado pájaros de su nido, cánticos de calcada aspereza es típico de gacelas y cebras al ser cebo que anuncia su despido.

¡Animal de bellota!, ya tengo por marido un Presidente que es berzotas, pero este tigre violento es distinto, acomete que con sus garras va a tajar mis venas de un tajo sucinto. Por suerte usa sus manoplas como apoyo, y bombea que ha conseguido corra algo de jugo por el arroyo. Lluvia me sorprende, probablemente mis romanzas me han ensordecido los avisos de tronar, pero bienvenida sea el flujo torrencial, se desvanece la molestia demencial. Enrojecido se alivia, ha de mostrar su geografía un tinte ya sonrosado, y mi música gutural tiene otro aire que bendigo, es aquel bálsamo de cuyo cofrade caritativo da pródiga limosna al fétido mendigo.

Bandido sigue asaltando la bodega, e imperturbable mantiene el ritmo impertérrito que me apuñala y me derrite. Abochornada percibo que el hijo puta quiere que grite, pues sus embestidas son como el choque de una apisonadora, me arrastra en medio de ese concierto de sollozos, hay ratos que me excita y rachas que en nada difieren de precipitarse al vacío de pozos. Satisfacción suya me encantaría arruinar, y me cubro de ideas que duran tanto cual hoja marchita ante el azote de huracán, pues cada intento de pensar o meditar lo pulveriza un poder sobrenatural, y al encontrar receta vuelve el goliardo a devastar, mordisquear el pezón ha sido su comedia inaugural.

Un suspiro me estremece, y al descender por escotilla su lengua me revuelco, que desliza las papilas gustativas por aureola y su pedúnculo, ¡yo también quiero! protestaba la otra teta, ¡sosiégate!, hay de sobras para ambas sin baboso que se entrometa. Dije, ¡ahora se lo digo!, plazo sólo se prorroga hasta esta ráfaga de embistes, rebotan mis lumbares y aun tumbada y atada seguía perdiendo mi equilibrio, péndulo soy a babor y a estribor, ¡oye patrón!, maneja mejor el timón, ¡en qué tómbola te han regalado la titulación!, que goleta zozobra y en estas condiciones es quimérico ni tan siquiera exprimir un limón.

Supuse contestó que reproche lo voy a pagar, inundará la tropa que de haber duende gruñón se va a ahogar, y al aumentar la cadencia quise alertar, ¡vas a traspasar el cuello uterino y en el útero meterás el pino!, pero milagro de la genética cavernícola mantuvo su compás en hectáreas que incumbe a la parcela, para cruzar el charco ya se necesita mástil y vela. Importe de factura fueron impactos atroces, que en cada ensañada repicaba el isquion como si caballos hubieran soltado coces, y en otro bruto bastonazo provocó una acústica que de haber sanguijuela fetal habría corrido a despertar la abuela, ¡no teman!, se acabó el parir nuevo retoño, medicina ha conseguido la magia desde el invierno al otoño. Renacuajo infiltrado topará con guerreras, degüellan y cortan cola, lección sirva por si otro estafador medita similar acción.

Bramaba yo en un énfasis que desde platea valoró mi actuación el lumbreras de turno, ¡disfruta la gallina entusiasmada!, deme tregua que acusación he de matizar, pero víbora ahondaba que me impedía contestar, ¡merezco mi derecho a réplica!, que el de la butaca octava en fila novena me ha puesto por mote cual ave de corral. Discusión fue despilfarro de rimas donde predominaba la i latina, perfora que ha de hincar el taladro en yodo, mas de pronto se escuchó un ruido símil cual redoble de tambor, ¡es marido que llama a la puerta!, obstruida por su pasador no puede ser abierta.

Batracio preguntó desde el exterior por qué me he encerrado, y sin tapujos emití un ciclón de gemidos ininteligibles por percatarse que un malhechor me había amordazado. Debería el pendejo haberse dejado arrastrar por la ternura, y consumido por la plenitud del amor hubiera de haber derrumbado la trinchera con bravura, alternativa por los sucesos se descarta, pero pazguato dedujo impertinente estaba yo de mal humor, o revoltosa por picar de mi anzuelo. Espetó un desmoralizador ¡ya te cansarás!, ¡abre so memo!, y la verdad comprobarás, pero optó por divulgar a todo volumen su regreso cuando salgan de caza búhos y lechuzas, ¡tonto es como hordas sumadas de gentuzas!

Marchó, y si vos me concede la venia a toro pasado, hubiese dicho ¡vete ya de una vez!, obsequio supera al ajuar de la pomposa boda, y sus besos rebasan cual ostentaba récord de mayor morreo recibido, fue en el acuario con aquel pez. Desveló genio de la lámpara concedió mi deseo, y al batir sus alas adelantó resuelto su partir. Quedamos así peregrino y yo, inocencia mía tiene permiso por quebrar hasta marcar en termómetro erógeno el máximo de los grados, pero sepa voy a resistirme y protestar, que este es mi hogar y mis criterios son sagrados.

Jocoso se burló el morlaco, ¡con qué muermo te has casado!, mas con una mueca mostré llevo su bozal, tamaño es diámetro cual fruto de nogal, relleno ha de ser cemento, me acalla que es clavado a morder un empedrado monumento. Se percató que responder no voy a proceder, y visto soy toda suya descendió libertino sus labios, amerizó por el tronco yugular, y al rozar el cutáneo, en profundidades coloque el hiogloso aproximado, una convulsión me sacudió toda entera, en ese perímetro donde hipocondriacas muchachas por ser madres van a alumbrar su prole futura, yo sustituyo esas neurastenias por mantener rasurada la llanura.

Aludidas exclamarán, ¡jódete y que te follen!, a mí se referirán, ¡rameras conejas!, abusan de que estoy en lágrimas vertidas, ¡basta ya!, le ruego, pero cabrito me desprecia o se ha vuelto ciego, que la riada ya rebasa la máscara y degenerado sigue a lo suyo. He de confesar tiene una práctica magnífica, al mamífero vertebrado que somos dignifica, pues ha tocado un distrito que a erudito consulto, díganme qué nervio hay por el área de la rama cervical transversa, añada también la rama mastoidea del plexo cervical, incluya ya puestos ese rincón donde mora muy cercano la glándula submaxilar, pues nervio vago no es, que no tiene nada de perezoso, y no sé si es el nervio hipogloso, o la rama cervical del nervio facial, mas no haga dictamen clínico por dolencia, nada duele, y dirá especialista ¡qué le ocurre entonces buena dama!, prescríbame de lamidas y chupadas y esas cosas pastillas en tres tongadas, sea para paciente crónica, le informaré tan pronto ya no requiera mi enfermedad nada de pomadas.

Estado actual es reanudar la jarana a cada agarre de sus papilas gustativas, escribió un poeta de aquel trance, fue como ver a un sapo y una rana boca arriba en el estanque, ¡quién ha publicado estiércol de este trovador!, somos princesa fastuosa y su alteza real en un mobiliario emperador. Demuestra estoy yo en lo correcto que en ese tramo la velocidad se acrecentó, digo yo por el cenote habrá hallado una ladera cuesta abajo, va con esa celeridad que para moderar tendrá trabajo, creo ya la mantendrá a tope y sin descanso el grajo. Ya me agrada, pues su dinamismo provoca mis cuádriceps agarrotarse, la buhardilla de mis glúteos fortificarse, mi tórax de chaleco armarse, los bulliciosos resoplidos de la respiración agitarse, mi espalda busca la grieta por arquearse, y la suma de todo es el fenómeno de un orgasmo colosal que es increíble de imaginarse.

Definición mía a la amalgama de sentimientos es una catarata espléndida, fíjese que en el lienzo difuminado de sus gotas levitando veo un arcoíris nítido, ¡comparte conmigo la visión!, mas su estaca martirizante sigue incrustada a cuya profundidad va a cruzar con la broca los huesos, pues agredía furioso hasta topar escudo de su pelvis contra mi pubis, brisa yo le amonesto, ¡aparta de en medio!, estamos en plena procesión.

Un apagón cual penumbra hermética sin Luna me sobrevino, desatarme sabría sin terciar retórica el adivino. Arrebato mostré, pero transcurrida una brizna del combate escuché a mi oído todo un álbum de blasfemias descarriadas, víbora añadió, ¡tengo aparejos para burguesas remilgadas! Por presuntuosa hablará el satánico de su madre, pero mi coro de gemidos guturales debió de sonarle a sumerio o arameo, dado se levantó sin hacerme caso por motivos que no supe prevenir, quizá sediento o tiene rodaje en serie con algún cameo.

El sonido es fuente de mi confianza, he percibido esa rasgadura de una bolsa de azúcar, ¡aquí no dispongo de máquina café! He de haberme equivocado, pero la campanilla metálica es la sonoridad de una balanza, ¡me estoy volviendo majara perdiendo la esperanza! Rebusqué por friso de la venda un resplandor, pero pegado sin fisuras no se filtra ni un destello desde su abrochado fundador, y durante varios minutos imploré con un catálogo variopinto de lamentos mi libertad, ¡enhorabuena!, ya me has follado y violado, ¡lárgate a otro lugar con tu maldad!

Adversario pletórico tiene otras intenciones, dedos suyos introduce en mi cripta personal, y yo elevo la nota caliente a esa inflexión que de haber alguien durmiendo en vecindario le va a romper su sopor, ¡de dónde procede esta juerga!, ¡ay!, ¡si yo pudiera contarle!, repica con las falanges distales en cañería que desemboca la verga, ¡disculpe mi jaleo!, sé que soy pesada en modular, con el vientre retraído un monosílabo diminuto, el sí repito en bucle afirmativo, pero ruego un ápice de comprensión, burocracia hormonal ha solicitado de la corrida otra reencarnación.

Funcionario solicita archivo adjunto, tengo en la capucha del iceberg un tacto que me funde y me liquida, para conquistador quijotesco es esa valiosa orquídea que con el amor va conjunto, mas déjese de ñoñas chorradas, ponga su estampa que viene a toda mecha, voto por la corrida en la pugna de ver quién llega antes, si el clímax o la flecha, y en efecto, oficinista timbra la misiva, va por vía urgente. Palpita mi corazón corrompido ya de su lujuria, viene en mayúsculas otro terremoto, magnitud es un aumento, y preciado sismógrafo registra réplicas que es un portento.

Me doy por satisfecha, banquete me ha empachado de bombones, pero vándalo mantiene y aumenta las raciones, diría ha plegado el puño, tanta dimensión duele si lo acuño, ¡para!, ¡tengo suficiente!, pero descortés hunde toda la mole, lloros y chillidos míos le espolean, ¡es su búsqueda!, mas el suplicio me impide callar, con esa fustigación el valor me va a fallar. Síntoma es que mitigo la farra de mis célibes llantos, y percatado de que me resistencia cruza la reserva cesa en su empeño, aunque mantiene ataduras que le dan las riendas de ser el dueño.

Reconstituyente tengo en la despensa, es el tercer estante arrinconado entre el horno y la nevera, y de paso aúpa la persiana, que mis poros sudorosos por la paliza se quejan de tanta llama en la hoguera. Pote es de componente reciclable, pero debe de haberme malentendido, pues porta cacharro metalizado para sufrir lo indecible. Longitud para su menester equivale a una pértiga, acoplado a cuyo arnés imita un cinturón de castidad, dado va surtido de cuyo cinto ajustó a medida de mi talle, cubre de la sínfisis al sacro valle. Chirimbolo introdujo en aquel conducto donde ya el himen es historia antigua, y tras unir las cinchas quedó inmóvil en la mina, de ahí no sale, no se quita, y su martirio no se apacigua.

"Me sometió al castigo del vibrador mientras me tenía atada"

Roto el vínculo que es el solemne cortejo desde el preámbulo, arrancó el protocolo aciago que sabrá describir a la perfección la ciencia, es un movimiento que trepana y regresa por gansada de accionar algún interruptor, pisa embrague y mete la quinta el percutor, y estupefacta comprueba que es maravilla de la tecnología moderna, empapo que huésped alojado habrá tirado de la cisterna. Hágase una idea, vibra que cosquillea y machaca cual si pretendiera clavar la estaca, ¡calma machote!, eres metal y yo soy carne flaca.

Compañía me repudia, y en sus fogonazos de ir y volver me provoca un cosmos contradictorio, que me arde y me enfría en un orden improvisado y aleatorio, pues de partir le exijo ¡pon la sexta!, mas sin lógica y sin saber por qué requiero su antónimo, ¡que se acabe la fiesta! Posición intermedia debe de haberse estropeado, y por rabia busco del chisme desprenderme. Piernas arrastró a todos lados, con los pulgares dando hostias a la tela y el pandero abollando la estepa con las arrugas que despliega. Dorsal añade su seísmo, cáliz de mi sangre hierve, y en la escaramuza pretendo un nudo soltar, pero juro que hubiese preferido alambre férreo por cepo, habría tenido mayor posibilidad de escapar.

Murmuré amordazada, ¡algún pacto podemos negociar!, pero se desintegró fulminante la mínima expectación, comentó el gusano que veda no firma conmigo, riqueza mía no es de su atracción. Derrota acepto, pero llevo ya toda la mañana prisionera, librarme no tengo manera, y al mediodía habré quedado famélica, sobrevivir será una audacia modélica. Entregaría cuanto quiera, cartografías o matrículas o padrones, que si es necesario me pongo micrófono en canalillo y grabo audios del chulillo, o si su demencia se debe a loco fetichismo conmigo yo lo entiendo, en pajar adquiero el compromiso de citarnos a escondidas del parásito, llego en punto esquivando las vicisitudes del urbano tránsito. Pido a cambio ¡basta ya!, me rebozo por extirpar cuero de la espina ciática, ¡suéltame suplico!, que en el coraje baldío he perdido la cordura como una tarada maniática.

Un ruido me asustó, añorar resuello es presagio que atleta se ausentó. Hincapié puse todos mis sentidos, tacto no le toco, de vista me ha censurado, olfato no capta olor, al oído me silban los jadeos mezcla de júbilo y dolor, y el gusto a bozal insípido no despeja mi sospecha de que bípedo se ha ido. Al instante mis nervios se sublevaron, genitocrural clamó orgulloso, ¡yo capitaneo esta legión!, femorocutáneo llamó al timbre, ¡traigo ramaje de flores hermosas! y obturador se sumó en aluvión. Congénere pudendo acudió, dado le invitaron a la función, y en riña fraternal les recordé son miembros de mi bando, ¡jódete!, contestaron, a gladiador dominante estamos apoyando.

Dos agudos refunfuños solté, alianza vuestra al nardo vibratorio me atosiga con tal dulzura que voy a correrme, que me frota y me acicala en cuya extrema precisión relumbran las estrellas con ese brillo que embelesa juglares y ermitaños, hágalo con la espontánea sencillez a través de su córnea, que telescopio lo usan corruptos para sus amaños. Queja han captado, pero traviesos corretearon por mis nalgas, qué puñetas tramáis, se enrudecen cual si fueran rocas, sartorio se desquicia y las neuronas se escabullen de su milicia. Quién soy olvido, dónde estoy me es indiferente, y qué ocurre yo se lo cuento, madura el fruto brotado en primavera que es una exaltación de jadeos infranqueables, capitulo ante otro integrante de los orgasmos envidiables.

Cocinero ordenaría bajar el fogón, que resopla la tortilla por el quemazón, ¡óigame!, del huevo habrá salido su vuecencia, que yo nací de cuya nave nodriza se divisa en la panza jorobada, mas bien es cierto me hallo dentro de la corona extenuada. De todos modos, consiento su insolencia, pues el éxtasis se incrementa a un magnitud exageradamente rotunda, ¡páralo!, que soy ya chicha moribunda. Mareada percibo cascabeles, ha de ser trineo o sonajeros de mascotas fieles, muy probable yerro en ambos supuestos, y dada la gravedad de mi estado me insuflé toneladas de voluntad, ¡resiste!, este sofoco en breve se debe desvanecer, pero ocurrió todo lo contrario, en cérvix reventó el arsenal entero, dígase con épica un orgasmo escrito a sangre y fuego, aberraciones tremendas revelo a mi político luego.

En los jadeos dilaté mandíbula y maxilar por espaciar la gruesa bola de silicona, quise gritar con claridad me rindo y no lo puedo soportar, pero en tal funesta idea sólo logré desbordar de la fosa sublingual un manantial de baba, resbala por mi mentón cual río de lava. Lucha doy por perdida, me entrego aquí sacrificada, que ya es un sepulcro cuyos ataques se multiplican en tantas cantidades ingentes que requiere matemático, póngalo con su calculadora en aledaños tangentes, y total sumado sea catedrático que lo especifique, que a mí todavía me perdura el rebumbio de aquel orgasmo galáctico, será el mismo o su gemelo o su sobrino o su primo, en un paquete todos juntos los comprimo.

Fue en esos momentos cuando, por extrañeza y desconcierto mío, la maquinaria paró. Faz pálida por el descanso ha de alegrarse, de seguir el acero empapado va a oxidarse, y a literal latitud de quien se asoma a la cornisa sentí sus brazos aproximarse. Mordaza se retiró de la batalla, ¡grita y la guadaña no falla!, amenazó el mangante, pero puede estar tranquilo, que aun pretenderlo me resultaría fallido, exhausta ya no alcanza mi laringe ni para un tierno maullido.

Abrevio pasos sucesivos, pues hasta preliminar de la tarde destaco por lance que en despensa sació su apetito, manzanas o perdices o avena, manjar hay a redundar para carnívoros y veganos contentar. En tramo de digestión reclamé su ayuda, estoy languidecida pues me falta comida, dolorida de tanta cuerda cosida, y dado a perro flaco todo son pulgas también me apremia las ganas de orinar. Sonrisa maliciosa se escuchó, prohíbe plátano a mordisquear, rechaza potingue en aplicar, y problema mío son las ganas de mear, que al lavabo no me piensa llevar.

Mequetrefe le tildé, haré que por cámaras te identifiquen, en el juicio sumario reclamaré te fusilen, y ya cadáver putrefacto arrojen a los buitres, hasta ser sólo carne picada pagaré multitudes que vigilen. Descarga mía le mosqueó, y cual león en celo se abalanzó el imbécil sobre mí, lanza dotada me hinca hasta la fosa abisal, a cuya hondura las especies marinas se espantan, nunca submarino robotizado tan hondo ha explorado. Grité, ¡saca ahora mismo tu zanahoria!, si le buscas diversión súbela en la noria, que soy señorita y tú una mezquina mariquita, pero al vocerío aplicó por tenazas sus manos en mi gaznate. Oprimió con los dedos que le son propios por primate, articulaciones flexionadas, trapezoide es testigo de cómo aplasta, ganchoso en palco observa que el cuello me prensa y pisiforme aplaude la ofensa, ¡afloja!, turbinas del oxígeno avisan de la carencia, mas el pasmarote no mostró benevolencia.

Lentamente se estrechó la pleura visceral, vena áciga avisa se corta el riego, y tráquea obtura por imperiosa exigencia de las dificultades respiratorias, sin gasolina este convoy acaba en el apeadero anterior a quedar desfallecida. Bocanadas emano, acompaño de un ronquido que si alguien se excusa en confundir con estar dormida sepa es mentira, yo le garantizo dista tanto cual música produce el piano o la lira, pero homínido prehistórico prosigue obcecado en lo suyo, mete y extrae y agrede en cuyo frenesí forja el retrato vivo del impecable barullo, mas yo estoy en desacuerdo, ¡afloja!, que mi gorjeo ya es típico de un acertijo, canturreo idioma sólo apto para traductor prolijo.

Quisiera apurar concisa en la narración, pero mantuvo compacto la estrangulación, y un mundo de desvaríos involuntarios hacinó escenas estrambóticas en cuya maravillosa máquina es nuestro cerebro. Por ejemplo ilustro algunas de esas imágenes inconexas, terneros recién paridos amamantados de las ubres vacunas y escarabajos surfeando por las dunas, todo surreal, difuso y muy borroso, ya fue inviable suplicar una migaja de viento al mocoso. Desplome aconteció, y al reanimar mi conocimiento un nuevo oasis fosforeció, pero mi estimada lectora y lectora, ¡relájese!, mantenga su línea pacifista, que yo no le cedo a nadie mi contrato de protagonista.

"Desperté libre sola y desorientada"

Me desperté con la mollera acostada sobre la almohada, brazos libres esparcidos a su libre albedrío sobre la cama templada, lomo apoyado en las costillas diestras y las piernas plegadas en silueta fetal, demuestra no ha sido la anaconda letal. Ni rastro había de cuerdas o mordazas, luz diurna entraba por el amplio ventanal, cortinas desplegadas y barricadas alzadas, puedo correr sin escollos por donde quiera del pantanal.

De crápula no había no rastro, y mi primera reacción, suscitada tal vez por encontrarme desatendida y desorientada, fue fisgonear por mi piel, buscando un vestigio de surcos en mis muñecas, son las marcas de las cuerdas, afines a las ruedas de tractores sobre el barro rural, ¡qué alivio!, tengo por muchos rincones en plural. Aprecié además un cardenal, sitúe por la apófisis estiloides del radio, ¡y alegría!, en el perímetro de mi vasto y la tibia descubrí resto de tatuajes, son las hercúleas sogas en raya horizontal la mayoría, arquitecto ha hilvanado alguna disparidad en diagonal. Buceé esmerada, y distinguí con nitidez un trazo amoratado, violeta, con diminutos puntos rojizos en hilera a la altura de la arteria circunfleja femoral externa, y una ornamento de felicidad se calcó en mis labios, mas me preguntaba dónde se había escondido el autor, he de darle el galardón por ser de mi pesadilla el sublime tutor.

Rebusqué por cualquier rincón de la guardia, en esquinas de los armarios o tras los libros culinarios, por manglares del sofá o en los recovecos clásicos de los escritorio, miré a dorso de cancelas e incluso retorné a cuyo aseo nació este lindo episodio. Escarbé por toallas enarboladas y la bañera, y un monumental cabreo se apoderó de mí histérica, ¡no puede haberse ido!, que otra cita quisiera haberle pedido, ¡trae las enredos que me han complacido!, mas lava del volcán apasionado se ha apagado.

Toda pesquisa fue infructuosa, y el único cerdo que le suplantó, ya en el crepúsculo de ese inolvidable aniversario, fue mi hombre rudimentario. Preguntó qué tal fue mi jornada, y dije ¡ha sido espectacular!, que ha entrado villano cuando tú todavía estabas en el hogar, y me ha asaltado durante aquellos gritos de socorro que has ignorado. Me transportó a la habitación, atada y desnuda y amordazada he estado sin descanso, sometida a violaciones y orgasmos que me han encantado, y en su horca artesanal me he desvanecido. Al resucitar vi había partido, con mis perlas y documentos comprometidos, y pedí ¡presenta una ley en el Congreso!, hechos de esta índole han de ser aplaudidos.

Cazurro desairó mi sinceridad, estirpe en profesión política está repleta de antropoides catetos, mas hay un mensaje relevante que al auditorio quiero transmitir, y es que por favor, si conocen a bastardo o pirata mismo me lee, vuelve de inmediato, que este tonto de mierda ni me tiene follada ni se entera de nada.

 

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