Un halo de miradas recelosas se precipita a cada sello de mis huellas por el mero hecho de estar casada con un político, y no hablo de cualquier pueril alcalde, o triviales regidores que al hablar de su ayuntamiento pregunta el oyente dónde narices se ubica en el mapa, o senadores holgazanes que al acudir a sede de tanto en tanto frenan en puerta, quién es usted inquieren guardianes. Tampoco hablo de postrado ministro, firme documento le ordenan que usted no debe de leer, o diputados sonrójese usted por oficio esconde entre sus letras.

Mi marido no es esta bazofia, que con basura yo no comparto mesa o contraigo matrimonio. Mi macho es un político señor, de traje pulcro y peinado inmaculado, cámaras cada día y acción, fotógrafos captura imagen, y redactores ya saben han de portarse bien y no ser traidores, que conspiraciones y rebeldías pueden ya buscarse otra labor, sosos carpinteros o sumisos camareros en tabloide de estadístico paro. Rige el presente y futuro de la nación con mano de hierro, democracia le llaman ilusos y analfabetos, mas a mí me da igual su mote, apodo pongan cual antojen, que a casa llegan fajos de dinero a saco, no malpiense son siempre arcas públicas saqueadas, que bendito invento creó el sabio de anónimas donaciones.

Tesoros a raudales sustituyen besos suprimidos, ayer en debate, hoy de cimera y mañana en cumbre con mandatario internacional, pongo televisión y cambio de canal, que me sé su jeta de memoria. No necesito su compañía, y en nada le echo de menos durante su ausencia, que por mi título no escrito de dama gozo de ventajas, me parta un rayo rechinan las envidiosas.

Por tal comentario no me juzgue de fría y distante, mujer rica sin conciencia, que a mí también me apena la mundana plebe, colas y esperas de su tanda, pidan cita por encontrar sus diez minutos disponibles, traigan foto y manuscrito rellenado, y en los supermercados pasen por caja, gusten u obligados, caravana atranque el carro, que ocho obedientes hay antes en peaje, mientras yo tan sólo llamo, soy esposa de mandatario, y responden buenos días, pase usted, tenga y encantados. De todos modos, no me malinterprete pues no es burla de los desaliñados, aplaudo su paciencia y comprendo aún andrajosos han de comer, abonar impuestos, pagar sus multas y solicitar permisos, es su heredada obligación desde la civilización en su cuna.

No se enfade, que le imagino con la sangre enervada, y no pretendo ofender a la borrega pobreza, identidad de por sí una vergüenza, pero no quiero decir sea humillante la condición de miserable, muy sensible son las almas de muchos desdichados. Permítame demostrar mi empatía a pesar de la superlativa diferencia, y por elegir un tema hablaré de las escuelas, dígame si no es complacencia premiarles con algún lugar donde estos plebeyos aprenden a leer y escribir. No obstante, si tal clara evidencia no les convence, sepa tenemos la benevolencia de convocar elecciones, votos que yo digo a mi esposo por qué si son papel mojado, y confirma mi consorte son un simulacro libertario que a las bestias inmundas paraliza su ira de saberse la verdad.

"Casada con un político me da privilegios que dan envidia a la vagabunda plebe"

Quizá no me entiende, no le culpo que yo soy esposa culta y el resto alimañas maleducadas, mas por no perder el tiempo en no ponernos de acuerdo hablaré de mi amado, a quien opositores desvergonzados le gritan déspota cruel, qué sabrán estos infames de mi tontín atorado.

Bien es cierto, quede secreto entre usted y yo, no sé le ocurra jamás desvelar, es un poco tonto, y sin forzar mala intención, recuerde de nuevo esto es confidencia que no divulgue, en privado es bastante estúpido, muy distinto en público, no por dar lo mejor de sí mismo, sino por su ejército de asesores y guiones. Ante súbditos prende lectura de párrafos prolíficos, discursos farsantes y proyectos de ley con propuestas que la turba aplaude los muy ignorantes, en esto consiste un estado.

En la intimidad de nuestro hogar, a solas y sin escoltas, le comentaré ahora que nadie escucha ni nos lee, algunas de mis traviesas fechorías por su corta inteligencia, cállese y no cuente, confío en usted. Comienzo por un clásico de sábado al atardecer, gusta a mi estimado ver deporte en su pantalla, y entro yo corriendo, y le reclamo apresura y ven, que tu rival de escaños ha dimitido por un escándalo de prostitutas, y raudo sale a toda prisa, bombazo de noticia, y sin embargo en monitor sólo aparece la efigie de dibujos animados. ¡Qué tontito es el bonachón!

Lanzada en narrar nuestras historias, ninguna es insignificante, le desperté un lunes muy temprano, con las pestañas del alba todavía en lagañas, escandalizada y horrorizada, que un presidente de imperio extranjero ha mencionado su apellido en sermón, insulto grave ha dedicado por tratado pactado no cumplido, y raudo se levanta del jergón, y en altavoz sólo se escucha la estridente canción de una estrella del rock and roll. ¡Ríase! ¡Qué graciosa soy! ¡No es más tonto porque no se entrena!

Un tórrido domingo de verano, vacaciones invitadas en la majestuosa residencia de un importante empresario, no piense suspicaz en sobornos o prevaricaciones pues es tan sólo amistad personal y cenas, estaba mi caro en la piscina olímpica, justo al ala donde los azules del agua cristalina y la bóveda celeste se juntan, y enfocada directa a esa conjunción acudí urgente por decirle cariño te han robado el móvil. Me miró extrañado que murallas nadie ha traspasado, dado es una fortaleza de barbacanas y esbirros armados, y di la razón, mas puede haber sido alguien de limpieza o un espía, que es el teléfono sagrado al cobijo de la caja fuerte, cuyos dígitos en combinar sálvese el mundo nublado de una horrible guerra mundial, y el muy idiota salió asustado, bañador bajado con la raja del culo al descubierto, entró descalzo y mojado, y al patinar en suelo encerado me descojoné de la risa. ¡Qué tontos son los políticos ajenos a su visión!

Enojarse no es factible, debe de cuidar no surquen arrugas en la frente, y se limita a responder la próxima guasa se queda ignorante sin hacerme caso, y con su comentario estallo a carcajadas, que políticos sea cual sea su rango ven fémina y saludan encantada de conocerle señorita, o se cruzan con doncellas de voluptuoso o insinuado pecho y se apartan del camino, pase usted primero, aguarde le abro puerta, gentiles y muy majos.

Fe doy por experiencia, pues nos conocimos en aquellas eras de nuestra juventud, estudiantes modélicos en colegios mayores que obreros y peones y currantes de mil sectores pueden desollarse jornadas completas, jamás entraran en estos edificios elitistas. Ya en esa época, mi voz dulce y frágil encandilaba a compañeros, yo con mi mirada clavada en sus pupilas y ellos con los ojos decaídos, por ahí abajo rondan los pezones. Pretendientes tuve cuantos quise, hermosa cuyo don hoy todavía es mi arma, cabello liso de castaño mediterráneo, largo hasta la duodécima costilla en subterráneo, iris de un bello verde pardo todos coincidían, altura de la mayor elogiable entre todas las chicas inscritas, y figura me encanta mimar, peso controlo en báscula sin falta al levantar desde mi joven adolescencia, comida prohibida es las grasas saturadas o bollería y miles de mierdas químicas, y la vestimenta tengo muy en cuenta, minifaldas sensuales, tops ceñidos con el ombligo al desnudo, o las blusas blancas y ajustadas son también adecuadas, si su elasticidad marca seno o su transparencia muestra intrépida un sujetador de encaje refinado.

Descartaba fracasados o conformistas con mi verborrea sarcástica, vete a buscar dependienta simplona o criada estresada, déjeme corrija no me meta en otro mal jardín, pues son tareas nobles, les da para pagar facturas e hipotecas. También ejercen su loable función, que empleadas en maltrechas tiendas de ropa evitan al pueblo vagabundo ir desnudo por la calle, o muchachas limpiando vasos y fregando azulejos pueden divertirse indigentes en su parque de atracciones, y en signo de paz destaco su mérito, confórmese con un aplauso y no más, que tampoco hay para tanto.

Escogí mi pareja porque en rico alcantarillado supe era el elegido, y en mi mente me propuse este imbécil no se me escapa. Seduje con mis encantos, tantas habilidades poseo que por no despertar su rencor o codicia resaltaré apenas unos cuantos, hermosa y cariñosa, elitista y complaciente, elegante y educada, digo abreviando pues la perfección es puzle de muchas piezas.

Los primeros meses de noviazgo fue el flirteo clásico de sentarnos en jardines cerrados a la muchedumbre maloliente, sueños replegados y ambiciones abundantes son un buen síntoma, y aguardé la sombra de un anochecer, sentados dentro de un precioso deportivo, por meter mano bajo sus pantalones, y masturbarlo hasta correrse. En ese instante lo tuve atrapado, y dirá usted soy exagerada, que sólo es una paja, pero no vaya a comentar el siguiente texto en cómplice privacidad, que guarde semen entre uñas, raudo mis falanges protegidas por guantes plastificados, sobreviva un par de sus espermatozoides a millones, pero si tal estrategia fue triunfo o fracaso no tiene importancia, dado el incauto era virgen, y ese ritual de onanismo se tradujo en mi perverso hechizo.

Si estoy enamorada o busco simplemente su poder no es de su incumbencia, preocúpese de sus profecías, pero por no querer ser desagradable e insolente, nunca lo soy ni en idioma hablado o escrito, diré no tuve rival en todos los años por graduarnos, y ya en carrera no debo de preocuparme, que cargos públicos femeninos en administraciones y organismos los gubernativos tienen miedo, pues un piropo sexista, un halago equivocado, o terciada propuesta sexistas, aúllan las feministas a prensa y a juicio, y por no recibir escarnio están muy huidizos los varones corderos.

Mucha historia personal he narrado, pero recuerde es conversación inviolable, que esta obra nadie me va a leer o conocer, pues el proletariado esclavo llega asqueado a su ratonera, veinte metros cuadrados y pagan robo que es escándalo, y agotados e incultos no da su cerebro por leer. Tampoco airee estos adjetivos, que alcanzada la tercera hoja bien sabe vos tengo tacto y comprensión con estos decadentes adefesios, cariño y estima siento desde el trono por cuyo rebaño humano se esfuerza sin descanso por ser un poco menos deplorable.

Deposito crítica furtiva sólo entre usted y yo, y dado hoy estoy muy alegre y generosa voy a contarle un hecho jamás descubierto, y el cual ni siquiera vos sospecha en sus mejores dotes detectivescas. No intente sutiles argucias con pretensión de adelantarse, que soy astuta y la desbarato tan sencillo como cambiar los fonemas de sitio, y limítese a ser espectadora o espectador, que al detalle milimétrico le voy a detallar.

Ocurrió un mes de junio, fecha dos dígitos de número par transcurrido el triunvirato de la data por descanso divino, cual logro recordar con indudable exactitud pues tuvo mi príncipe una videoconferencia con soberanía mundial, negocios y pactos cuya aprobación depende si nos forran de monedas. Previo fueron reuniones a decenas de su equipo hasta atardeceres, correrías por pasillos, libretos en sus palmas y debates por doquier, esta grafía es correcta o en sucesiva haber tachón, quita y modifica, y borra de alocución este parágrafo, suena mejor otra oración, atentos no haya error por emitir después culposo comunicado.

Se levantó muy temprano, justo cuando el amanecer desenvolvía el velo oscuro de la madrugada, cobijo de tantos amantes para los románticos, y también del grupo folla a tope, jolgorio y borracheras y métete la rosa por el culo. Almorzó cuyos manjares son receta del nutricionista, no es broma sino lógica, que necesita energía. Marchó la sirvienta ya saciado su apetito, y en esa área inviolable de nuestra morada vino a darme beso, yo todavía somnolienta en el plazo adjudicado por no tener ojeras de asalariada.

Escoltas armados con sus notorias pistolas vendrán a custodiarle llegado el mediodía, y aunque estaría en casa repasando la perorata rogó no molestase, pues estaría encerrado en despacho con agenda y teléfono o folios muy centrado, en caso de roncar al sonar timbre ya nos veremos por la noche.

Mascullé déjame en paz que estoy dormida, y durante un largo rato estuve dando vueltas por el catre, de oriente a poniente y regreso, buscando en vano la posición por conciliar el pernoctar. Escéptica en mi afán, con los párpados inquietos y despiertos, miré las saetas del reloj, nueve horas superaba mi profundo letargo acostada en la cama, suficiente por mantener a raya los espantosos pliegues de la piel envejecida.

Ajetreada son mis responsabilidades, no creo soy una vaga consentida y mal mimada, que al encumbrarme del colchón y ya vestida no puedo desayunar tranquila, que debo de consultar en mi móvil las amigas, mensaje o vídeo pueden haberme enviado, y damiselas de mi alta casta he de ser comprometida en contestar, algunas escribo varias líneas y en restantes por escueta un simple emoticón, carita sonriente gana abusón. Después me siento en mi escritorio, arrastro silla maciza que he pedido a carpintería pongan ruedas pues es pesada, riesgo tengo en mi débil fuerza de fastidiarme la muñeca, y frente mi ordenador he de consultar noticias publicadas, siempre algún famoso se puede divorciar, y ya informada leer a posterior agravios a mi tirano de disgustados y tarados, menudos improperios le destinan, y vacunada contra tanto ultraje reviso saldo en cuenta bancaria, cifra en aumento me contenta, y todo esta batalla estará vos percatado y de acuerdo por qué estoy estresada.

Quizá sus quebraderos serán facturas y deudas, o a lo mejor despidos, vaya a saber si entre tanto lloriqueo se lo merece, mas yo tengo por congojas otras dolencias de mi clase, tan importantes cual son de los bastardos, o por ser humilde complaciente me colocaré a la misma trascendencia.

"Escuché un extraño golpe en el aseo de invitados"

Es rutina diaria, salvo aquella mañana cuando un misterioso golpe, proveniente del aseo para invitados, centró mi interés. Ahí no entra mi contrayente, y a sirvienta no se le cae recipiente. No hice caso, pero de pronto, cual eco juguetón, retumbó el mismo estruendo a plástico, esta vez estrellado contra la madera, y pensé es mi galán y vuestro amo, en querer asustarme por vengarse de mis inocentadas.

Atraída por tal extraño acontecimiento, nadie había en casa salvo yo, me dirigí al punto exacto, cancela cerrada vi, y con el latido acelerado empujé el pomo por ceder la cerradura. Abrí dos palmos lo sumo, y con mis pupilas desorbitadas descubrí un ladrón, o un psicópata, o un soldado de rivales comunistas, yo qué sé quién demonios era, pues tampoco me detuve a saber su nombre y su excusa, y presta hui tan aprisa que los estruendos ignoro si fueron mis zapatos elegantes o el palpito de mi terror.

Aquí, por motivos de seguridad, los pasillos forman un minúsculo laberinto, que en caso de asalto no entran los bandidos disparados, pero de qué sirven los entresijos de sus arquitectos pasadizos, si el mal ya ha entrado.

Eterno e inmortal fluyó el tiempo alejado de la partida a la meta, umbral que al cruzar está el despacho de mi varón poderoso, mas al llegar encontré su portón atrancado desde atrás, quiso así centrarse en su cometido. Aporreé desesperada, cariño grité, cariño abre la puerta, que aquí me persigue atracador o asesino, ojalá me equivoque.

Alegó desde su aposento, al extremo opuesto de la sala, hoy no cuela tu engaño, y chillé déjate de tonterías, y abre la maldita puerta, ¡tonto de los cojones!

Asesté tres puñetazos con insistencia, que por agresiva ni valoré romperme el escafoides o el cuboides, o dislocarse cuñas, la medial o intermedia juegan al aporrear muchas papeletas, o fracturarme metatarsiano o alguna de las falanges, aceptaba quiebra a cambio de estar guarecida, e insistí desgarrada al ver la sórdida apatía de mi dúo, abre la puerta de una puta vez, que en el baño de visitas hay un lunático, ¡tonto de las narices!

Arguyó estar ducho en mis diabluras, y no cuela este burdo intento, al mío se refería, pues nadie supera las barreras de acceso, y yo argumenté en el baño hay una horrenda figura, varón que erguido yo no supero su escápula, pectoral fornido y gruesos bíceps estirando al límite las mangas elásticas de azabache camiseta, y el rostro con sus facciones ocultas por ir encapuchado.

Supliqué, aullé, urge abrir tu puerta sellada, que desde mi bando no tengo llave, y ese maldito asoma al horizonte del pasaje, con sus manos en guantes por no imprimir grasa táctil, y una mochila abierta un palmo de su cremallera, quién sabe si esconde cuchillo o revolver u otra arma. Apremié no mayor demora, que ya viene y mi aliento por el miedo se entrecorta, y el muy subnormal con sorna declaró, soy más fuerte que él, sírvame yo misma por darle una patada en los testículos.

Sin escapatoria, aquel gran monstruo se abalanzó sobre mí cual águila imperial sobre liebres en llanuras, y en el forcejeo por defenderme puse manos enfrente, agazapada inútilmente en el recodo del marco, que en su ángulo de noventa grados encaja justo una hormiga de paso o la bizarra araña hogareña.

Ante tal bestia entrenada nadie apostó acertado por mi victoria, y grité a mi amado ayúdame, que ha salido la alimaña de su escondite y está aquí, conmigo, apegados cual liana selvática a su tronco, y es tan vigoroso y ágil que desembarazarme no puedo, y desde su envés me ofreció de solución invitarle a comer y tan amigos, ¡el muy pedazo de tonto!

De su arrollo caí al suelo, jabonado y muy limpio tuve por alivio, manchar vestimenta me habría encrespado. Anulada toda fuga, con la gravedad por tierra, aquel parásito se puso encima de mí, usando artimañas que yo no entiendo si es un arte marcial o defensa personal, pero quedé inmovilizada bajo el prisma de sus rodillas, imposible de escapar a pesar de revolverme como en el baile de un tablao o romería.

Imploré auxilio, no es bufonada le dije a mi esposo en la sala contigua, abre ya subnormal de mierda, y esgrimió por disculpa ser inmune a los insultos, decenas de miles cada hora acompañan con honor su fama, puerta no abrir y yo espetar alaridos cuanto quisiera, no había nadie más en palacio a esa hora.

Muy so burro sólo faltó esa funesta pista, e indefensa sollocé al asaltante, suéltame y no dirá nada.

- "De eso estoy seguro" - susurró en voz muy baja en cuya distancia rota rozaba su hueso malar a mi lóbulo zurdo.

"Sacó una gruesa bola de silicona para tenerme amordazada"

Rebuscó en su bolsa, muy estratégico el orden por encontrar en su primer intento, y de su interior extrajo una inmensa bola roja de silicona, que el muy cabrón sin permiso impulsó recto a mis morros, buscando el centro exacto de los labios, atravesar las torres incisivas y las atalayas caninas, empujar toda adentro de mi cavidad bucal bastante abierta, y con sus sendas correas reptar los costados de mi faz hasta encontrarse hebilla en la protuberancia occipital, apretar muy tenso al último agujero y de este modo callar.

- "mmffaiiiooooo ffffammmmagigigiooooo" - lloriqueé inevitable amordazada a cuyo volumen aguardé inteligencia del obtuso de mi esposo, pero a mi socorro él contradijo, eres una gran actriz dramática, mas estoy en mis quehaceres, y no por tu teátrica.

Sola y desamparada, tomé noción en novicio instante que aquel villano pretendía un insensato secuestro, pues del recinto fortificado repleto de vigilancia no me saca, mas cuando descubrió mis lomos al destripar mi ropa sospeché se trataba de un abuso. Rabia me dio escuchar el hilo desgarrarse, ¡para pedazo de bruto! habría reñido, que es vestuario de mi favorito, cómodo de ir por casa o pasear desapercibida por la acera, pero esa mordaza, imagine un cascarón redondo, me impidió protestar.

Sin aprecio el rufián por atuendo, hendió todo abajo hasta el ombligo, alucinada porque el inculto desconozca el valor de esta marca prestigiosa. Empujó con saña a rebasar el hueso parietal, y sublevada bregué por evitarlo, toda ira mía un fiasco. No se detuvo, y con una argucia guerrera, propia de policías o soldados al detener un fugitivo o adverso, me volteó boca abajo, con mis brazos llevados a la espalda, astrágalo y calcáneo abrazados, por enrollar una cuerda todo su perímetro exterior. No obstante, reservó las últimas lazadas por el desfiladero entre cúbitos y concluir con un nudo duro y firme, dígame dónde lacrado que mis yemas no palparon.

Una confusión en mi mente brotó al experimentar una leve excitación, cual me negué a creer verdad, mas al cortar tirantes y betas de mi fino sujetador por desprenderme de él me desorientó no enfadarme, que es lencería a conjunto cuyo precio no abasta la chusma popular.

Allí mismo, separada de mi marido impasible por el grosor medido de un tabique y una puerta que el borrego no quiso apertura conceder, prosiguió quitando prendas, falda escueta y braguita sensual de encaje quedaban en la lista, a una velocidad que del cóccix al tarso compitió contra la celeridad del sonido.

Totalmente desnuda y descalza, me puso en pie atada y amordazada, y tuve la sospecha que aquel desgraciado me iba a hacer foto, soborno o chantaje sería su obsesión artera. Sin embargo, en clara burla de mi cólera desvanecida, pronosticó divertirnos hasta dejar mis fuerzas exhaustas, que de aquí a final de la reunión hay muchas horas por follarme y atormentarme.

Ni pensarlo darle tal privilegio, que esta clase de cerdos no procuran por la higiene, y atisbé a lanzar patada contra madera en puesto matón, por aquí he dicho nadie pasa imponía el lijado tablón, y murmuré una ristra de gemidos alocados, volumen copia burda de soprano, en esa entonación amordazada que vos habrán visto escenificadas en cine y televisión, salvo que esta vez no es patética sino real asustada. Por tal potencia se escuchó su tronar en la planta superior, y abatida percibí de mi guarda masculino, sí y sí te escucho, lo finges excelente. ¡Puto atontado del culo!

Empujó finca adentro, por la estrecha obra de ambos parapetos enfrentados, donde a cada banda crecen plurales alcobas y estancias, diversas repartidas por toda la casa.

No se confundió de ruta, que yo pensaba verás el ingenuo cómo se mete en un cuarto y rectifica que no es su pieza buscada, joyero de oro es un tópico y tropieza el mentecato con escoba y fregona, pero por mi asombro tomó itinerario perfecto, dormitorio privado frenamos la marcha.

Colocada mirando de frente al inmaculado níveo de la pared, piernas abiertas en pirámide egipcia desde baldosas al arco púbico, ordenó no mover el esqueleto, obediente es la clave de estar esperanzada. Cerró entrada al recinto, echado falleba y ganzúa en su ranura, menuda táctica absurda fue de nuestro equipo, de ahí no escapo ni socorre nadie.

- "mmfffooo ffffffaaavoooooo" - exhalé plegaria de piedad a esa fiera.

Caminó a vera de mi acuciante temblor, y sermoneó nada he de temer, que en metáfora notificó mi esposo se folla sus derechos, y por derecho recíproco él se folla su mujer. Cabreado estaba con dictador, tropa de subnormales son estos mandamases, que causan ruina al obligar chapar persianas, juran ayudas y es todo mentira, jódete y toma tanda, si quieres de limosna un crédito y sus intereses. No basta con su dinero, que los muy cabrones roban sonrisas de los rostros, y por camuflaje ordenan cubre faz con ese trapo tóxico, desobedezca y exprimo los céntimos de sus bolsillos. Añadiría vigile los súbditos deprimidos y enloquecidos, que deambulan por aceras buscando quién lleva o bellaco incumple, y de querer alejarse de esta histórica masa vergonzosa dictan controles de sicarios armados, dónde va usted, sólo o su burbuja, demuestre documentos llevan treinta años juntos, y no me hable de democracia, pues estamos en dictadura represora.

- "¿Tengo o no tengo razón?" - vociferó muy disgustado, y asentí afirmativa con la testa, se lo advertí a mi esposo, este autoritarismo es demasiada masacre.

Tomando otra cuerda, colocó su espesor con maestra tibieza sobre ambos antebrazos, a la altura de la diáfisis central del radio por ubicar escenario, y apretó los hilos de inquebrantable lealtad rumbo de ataduras severas. En la presión no quedó bulto de carne fugitiva, mas tampoco quedó su disfraz holgado, a la justa mesura por exclamar inamovible y duradero.

Llegó una tercera soga, a la sombra del bíceps braquial, que cual víbora constrictora arrastró su botín a la otra orilla, por encontrarse con su homólogo y estrujar con tanta viveza que no estimé capaz pudieran besarse ambos olecranon. El nudo entre el cañón a falda de ambos húmeros provocó una opresión que presumió el malvado vas a saber lo que es sufrir, mañana y posteriores tendré los brazos débiles y adormecidos, así lleva el pueblo entero un año y continúa, mareado en la ruleta trágica de su gobierno.

Preparó otro manojo de sogas, cuyo prólogo fue dos cordones a tocar por debajo de mis pechos, desarrollo paralelo la segunda vuelta, y el par siguiente de hilos conductores podría decirse es su idéntico reflejo, diferenciado tan sólo por colocar encima de mis senos. Ahí quietos, enredó la interminable trepadora de algodón por las hermanas superpuestas en latitud de los codos, y al ceñir toda oquedad consiguió que mis extremidades se apegaran al dorsal, donde el trapecio hizo valer su territorio.

Prosiguió otro tentáculo, pulpo diría dame sobrantes, a lo cual el bribón se negó, con mucho gusto le doy yo buen uso. Demostró sinceridad, al situar su longitud inicial doblada sobre el recto anterior del abdomen, y en su trayectoria inversa desviarse por empaquetar ataduras de antebrazos, unidas a su causa, brazos anulados de cualquier iniciativa.

Culminado este proceso, vi mis pezones erizados, frío no se aceptaba de alegato, y el hecho de sentir un tacto en sus cimas fue un instinto que no pude reprimir. Chivateó diga usted rotundo mi excitación, donde otro narrador por disimulo o censura habría escrito felicidad, pero no pienso esconder la dificultad por compaginar la vida sexual y la política, pues los fariseos están siempre pendientes de su imagen, cuco cabello y bien maquillado, periodistas pregunten por orden, comiencen a favor y a cola de ejecución, en memoria suya está su belleza, la del espejo o en pantalla o ante cámaras, y llegada la intimidad su polla no se levanta, que el estrés y la hipocresía afecta hasta conseguir oír "cariño hoy no puedo" por tradición y aburrimiento.

"Atada, amordazada y desnuda, me arrojó sobre la cama"

Cual trato se dispensa a un muñeco peluche, y no malentienda que no cito tierno mimo a aquel monigote suave de felpa, sino del infante sanguinario que su espantajo destripa vientre o saca un ojo, me arrojó el simio a la cama, cayendo a plomo de un notable costalazo, tomaba yo errónea por mullido mi lecho.

Cazó tumbada la pierna diestra por su palma en escafoides, y tras un único envoltorio de cuerdas en altitud tróclea del tobillo dobló hacia atrás, besando el calcáneo y su tuberosidad la cima de los músculos isquiotibiales, si me apura donde bíceps crural y glúteo mayor comparten vecindad, cuando estrujó violento cuyas sogas habían rodeado el círculo externo al completo. Su itinerario marcado fue cubrir fémur por encima, cerca del trocánter menor, con las articulaciones encogidas de las rodillas y rodeando donde tenemos un gran grupo de tendones, incluya el extensor común de los dedos, el extensor propio del dedo grueso, que en creación por lo visto tomó rabieta y dijo yo quiero uno para mí solo, o el tendón del tibial anterior, que si usted no versa en anatomía estará dudando por dónde ser humano posee estas valiosas herramientas, todas de cintura hacia abajo abrevio y continuo relatando.

Cuerdas envolvieron tantas idas y venidas cual peonza gira y rueda, engañosa afirmaría fueron apenas un mísero par, y exagerada llamaría de haber cifrado la veintena. Ponga la cantidad en porcentaje intermedio, margen de error conceda un escaso seis tanto por ciento, mas enfundada en tal maraña todavía restaba la guinda, enredar las cuerdas por el desfiladero interno formado entre el barranco del semitendinoso y el precipicio del sóleo, a cara de los peroneos laterales largo y corto.

Consiguió de este modo haber caído la pierna atrapada en la trampa, de la cual busqué la hazaña imposible de estirar, doblada y bien trincada. Puestos a proezas, pretendí patalear, infructuosa osadía, y tras el revés siguió la epopeya por desplegar, ponerme en pie y correr por todo espacio libre, otro descalabro en la vitrina de fracasos.

Resignada, asumí quedó mi pierna impotente, diga tengo yo mucha imaginación, pero por describir un parentesco escojo ancas de una rana, atadas cada una a su propia mitad encorvada. En aquel desaguisado, zanca amarrada no podía tramar mi salvación, y preguntó extremidad a su melliza cuánto puedes hacer tú por alcanzar refugio, nada absolutamente confesó pues iba rauda en su calcado camino.

Unidos los nudos rezagados, me encontré tendida sobre el albino alborotado de mis sábanas de seda, ten cuidado malandrín, que no son cubiertas de gentuza vulgar, tan perfectamente atada que de allí no me movía, alterada por un sentimiento clandestino jamás percibido, miedo no es y entusiasmo se acerca.

Puedo confirmarlo pues tuve tiempo de apreciarlo, mientras aquel pirata sinvergüenza se quitaba la camiseta. Descubrió su torso, válgame asombro trabaje de modelo en bellas artes, y qué pectorales santos de oro, que de la horquilla esternal al apéndice xifoides hay un surco digo yo si ha labrado un tractor, profundo y muy marcado.

Calle y no distraiga, madre mía qué abdominales, que marcaba todas las intersecciones del recto anterior del abdomen, una, dos, tres, cuatro, déjeme contar y no moleste, no he visto jamás tantas, y qué increíble el oblicuo mayor, es gigante y a su subordinado menor sube de rango, tú serás en este cuerpo mayor, y del transverso del abdomen no importune, que eso es duro cual lámina de acero.

Santa madre qué músculo perfecto, que con el reojo y en mi posición vislumbro el serrato mayor, pensé de joven era la pisada de un pato, pero esperé que al ponerse de espaldas fue impresionante, un omóplato que en su borde vertebral no se asomen al abismo quienes padezcan vértigo, y desde su ángulo inferior tomen provisiones, que el ascenso es duro y prolongado. El trapecio digo yo comience el espectáculo, que en esa ciclópea carpa caben saltarines, acróbatas y equilibristas, y cómo no los trapecistas, pongan red que la caída desde lo alto será estremecedora para ilusionadas espectadoras y espectadores.

No salgo de mi asombro, vaya masculino tocado por la varita de los dioses, cuénteme si no cómo se consiguen esos brazos, tríceps braquial que no entiendo por qué la gente no lo encuentra, si a este personaje se divisa desde confines, su porción larga hasta casi llegarle al codo y el vasto externo honrando mote extensivo.

Permítame embobarme, increíble qué bíceps braquial, ojalá no sea maqueta o disfraz, vigoroso y abrupto, déjeme me aparte pues va a estallar la arteria humeral o sus ramas en cuya presión ejerce. No crea fue sorpresa, que ya vaticina su esplendor las zanjas del deltoides, no había visto tantas ni en atlas, quebrada mayor de su falla con el pectoral mayor, ¡y por el amor hermoso qué antebrazo!, ensimismada estuve en la robustez del supinador largo, y los palmares y el cubital anterior hagan foto y muestren en medicina, que alumnas y alumnos no tendrán mejor ilustración en muchos años.

Timidez arrancada de mi alma, ahora no es su momento, perpleja me quedé al quitarse sus pantalones, aquel trabuco enhiesta a nadie amarga. Sirve de piolín escalando montañas, deportista ascendiendo cauteloso y su broca clavada en las rocas, dirá usted que soy novelera, pero de haber estado en mi lugar hubiese torcido la cabeza, no vaya lanza abrirme la ceja al volverse. Qué maravilla de sartorio, duna elevada de su tersa piel, y fascinante esa cresta ilíaca dirá vos qué es, no la busque sentado pues sólo esculpe artista de pie, y admírese del recto interno del muslo, que desde mi ángulo es un montículo digno de turismo, y el lascivo gemelo muy pícaro bola hinchada pretende seducirme, digo pacifica que ya estoy hechizada.

Los maizales de mi vida no son estos campos, que la mazorca de los políticos no es tan grande, sé por experiencia, y el rasurado impoluto de su pubis brillante tampoco se asemeja, en mayoría rizados y alguno descarriado, perdido en el retrete o en tejidos de nuestro catre, ¡qué asco no se me enganche! Tampoco son lanza en ristre, noches en absoluta abundancia he de tratar miembro viril de tirano muy suave, venga levanta le animo, venga que tú puedes le espoleo, venga que falta poco le azuzo, y agotada de tanto avivo incito inyecta aguijón y acabemos cuanto antes, pues llamo rauda al fisioterapeuta, necesito un masaje y chocolate.

- "Te voy a follar hasta reventarte" - masculló empreñado, y colocada supina levantó mis piernas doblegadas de tal forma que, pruébelo si quiere, casi impacta la rótula con el rodete glenoideo, sitúe en hombro dicho llano y raso.

"Su polla entró recta y decidida por mi vagina lubricada"

Elevó mi culo en pompa, poco poético el adjetivo mas déjese de adornos y vamos a follar, mi dios autor. Subió mi orificio vaginal del plano horizontal a una escora en diagonal mirando al techo esquivo, apuntó el glande ufano al centro de la diana, y el dardo entró arrasando cuanto encontró por delante, telarañas no se extrañe.

Resbaló intuirá hasta el fondo, que derrochaba flujo a borbotones por las elásticas paredes, dilata compuertas ordenaron capataces, que este bate de béisbol requiere mayor holgura, y no hubo freno hasta impactar sus testículos contra mis senos.

Levanté la barbilla, con los ojos entrecerrados por acto reflejo, icé pechos cual pidiendo un lamido o besuqueo, y al instante sentí sus dientes voraces pretender devorarme los senos, con una música gutural yo en el canto de codorniz y apuesto afín al rugir de un tigre salvaje. Mordisqueó un pezón, después su hermano avaricioso, disculpe no recuerdo disposición, jerarquía gozan uniforme, y al estremecerme de placer descendió por escotilla su lengua, deslizando las papilas gustativas por aureola y su pedúnculo, yo también quiero regodeo protestaba la otra teta, sosiégate que hay de sobras para las dos.

Al mismo tiempo, la humedad de mi vagina se había convertido en un pantanal, y de haber afinado el oído, atrofiado en la especie humana, habría escuchado el chapoteo en su estuario inundado. Encolerizado se ensañaba con sus embistes, rebotaban mis lumbares echados atrás, obligada mi cabeza a descansar su tuberosidad parietal sobre cuyo cojín sustituí por el plumón de mi colchón, y aun así, tirada y atada, seguía perdiendo mi equilibrio, péndulo mi cuerpo a babor y a estribor, sólo estático por patrón en el timón, folla y sigue follando, que a este ritmo coronamos la cumbre en récord pulverizado.

De sus arremetidas no había ni medio reproche, trepanando toda su gruta al fondo, cuidado alertaría que vas a traspasar el cuello uterino y te meterás en el útero, comedido por favor, que de seguir adentro toparás con el endometrio, y libremos el riesgo de torcerse a este u oeste, que callejón sin salida es la trompa de Falopio hasta ovarios, no alteres están en magistral inventario.

Inteligente y precavido, mantuvo delirio en el parque de la vagina, ya tiene hectáreas por jugar, y de querer agrandar empuje de sus tapias elásticas. Contra sus paneles se estrellaba, qué impactos atroces, digo yo quizá se confundió y escarbó en el pozo por hallar petróleo. Qué golpazos pervertidos, que en cada ensañada repicaba el isquion contra no sé. Vaya sarta de sádicos leñazos, su polla adelante y retroceso, mas no por salir sino por tomar carrerilla, y otro bruto bastonazo provocó una acústica que de haber sanguijuela fetal habría asomado curiosa la cabeza, no teman que en palacio prohíben aumento de retoños. Tampoco yo antojo, y tengo buenas centinelas, asoma espermatozoide y las guerreras ejecutan, degüellan y cortan cola, despedazado túnel abajo, así aprenderán lección si otro estafador medita misma acción.

- "mmmfffiii ffffmfmfiffiifif mmmppfpfpf" - bramaba yo enloquecida y sin control ante todos esos golpes rudos, ahuecados, serie en trilogía, un silencio y otro difusión, vacío, a madera recia, de cancela, de ¡mierda, mi marido llama a la puerta!

Obstruida por dentro no pudo abrir el batracio, y al preguntar por qué me había encerrado ordenó el malhechor responderle sin tapujos, y yo, eclipsada por esa lúgubre atmósfera, exclamé gemidos ininteligibles, con las correas de cuero prietas en ambos pómulos y la bola toda hundida en la boca. Desconozco si pedí su ayuda o expresé lárgate y no abras, que en esta fantasía nadie te ha invitado, pero cualquier alternativa careció de valor cuando dedujo el idiota dromedario estaba yo de mal humor, o todavía revoltosa por picar de mi anzuelo, musitó hoy en toca y marchó a su obligación, no sin antes proclamar a viva voz no regresar hasta la noche, sola en hogar. ¡Divulgado a todo volumen! ¡No se puede ser más tonto!

Marchó deseosa, vete muy lejos que no estoy apesadumbrada, mayor obsequio no he tenido desde efeméride de la boda. Ya noticiado nadie vendrá en mi defensa, descendió feliz sus labios, amerizó por el tronco yugular, y al rozar el cutáneo, en profundidades coloque el hiogloso aproximado, un escalofrío me sacudió toda entera, de un nómada placer incontrolable que exaltó todo el sistema nervioso.

Eruditos si lo están leyendo, díganme qué nervio hay por el área de la rama cervical transversa, añada también la rama mastoidea del plexo cervical, incluya ya puestos ese rincón donde mora muy cercano la glándula submaxilar, pues nervio vago no es, que no tiene nada de perezoso, y no sé si es el nervio hipogloso, o la rama cervical del nervio facial, mas no haga diagnóstico por dolencia, nada duele, y dirá doctor qué me ocurre entonces, lame y chupe y absorbe cuanto quiera grito enfebrecida, pero no ponga termómetro, no sobrepaso los treinta y siete.

Es difícil de explicar, tan sólo atisbo a confesar en la exquisita crueldad me retorcía, siga joder qué delicia, al poco rato es como haberme acostumbrado y relajado, pero al descolgar su lengua por otro tramo abortó todo remanso y reanude la jarana, bohemia descubrí esto es cuanto en siglos pasados lleva la humanidad buscando el paraíso.

Hincó sus uñas por mis dorsales, imprecisa mi descripción que la espalda es muy insensible, al tiempo que su polla presumía conozco todo de este túnel muy franco y resbaladizo. Fosas todas descubiertas informó, paredes sanas y sólidas dictaminó, cenote al fondo dejemos inexplorable sin entierro aconsejó, y en tal expedición contó hallazgo, si palpo aquí exacto advirtió mire alegrarse los pezones puntiagudos de sus pechos desnudos, si hurgo suave esta beta repare la chorreada de flujo en cascada, si manejo dulce este lateral los muslos se tensan, si trasteo en la buhardilla sus glúteos se endurecen, y si restriego rápido todas las piezas fíjese el fenómeno, tórax se arma, corazón se acelera, respirar se agita, espalda se arquea, jadeos bullen, párpados se cierran, y tanta presión insostenible estalla en un orgasmo colosal.

- "mmmffffiiiiii mmmffffffiii mmfpfpfpffhhhh" - fue mi definición a la amalgama de sentimientos.

Clavada su estaca martirizante a cuya profundidad sospeché iba a pincharse el nabo con el cóccix, agredía hasta topar escudo de su pelvis contra mi pubis, con el nulo pudor de quien no siente vergüenza y la furia maldita que al aire le espeta, quita de en medio pues ahora no quiero ser por nada entorpecida.

Machacaba obligada por su fornido torso a estar toda abierta de par en par, genuflexionada por imperativo de las piernas atadas, con un ansia víbora que pronostiqué éste no aguanta mucho más, y transcurrida una brizna de mi profecía en las saetas del reloj escuché a mi oído todo un álbum de blasfemias descarriadas, habitual la gente muy mal hablada cuando folla. Dueño de sus palabrotas, no me molestó ni un gramo y tampoco guardo rencor, a lo sumo tirria que no callaba, terco descortés, mas yo me uní al coro en gemidos guturales que, aun sonando a sumerio o arameo, se entienden sin traducción.

Sostuvo el do, besos apartados que descanso no añoro, elevo la nota caliente a esa inflexión que de haber alguien durmiendo en vecindario le va a romper el sueño, moduló este tío en reencarnación es barítono, y con el vientre retraído gritó sí, y repitió esta sílaba diminuto, y soltó otro afirmativo en bucle, menos positivos y córrete ya de una maldita vez, habría solicitado de no estar amordazada.

Telepatía será uno de sus virtudes, que al instante se tumbó sobre mí, pectoral y pechos ambos en contacto oprimidos, y en ese preciso instante, ya acoplados, su acérrimo nabo descargó la primera carga de espesa lava blanca, palpitando enérgico y corrompida ya de su lujuria, hasta el extremo se sospechar me venía otro orgasmo, no me lo creo mayúscula felicidad, que sí, que este aumento de mis impulsos no es fruto del azar, ni réplicas registradas en el sismógrafo, ni es culpa de la flexión lumbar, sino es el clímax que no voy a disimular, tan preciado venero.

Abrazado a mí como quien se agarra a la salvación por no caerse en barranco, martilleando con esa rabia que apuestan adinerados verás cómo le perfora el espinazo, qué desagradable imagen de ficción el rabo clavado en los muelles rebasado al otro lado, nos empalamos hasta que la última gota de semen se desprendió de su pene, tranquilo no voy a quedar embarazada.

Sudoroso se alzó sembrando en mi piel vaporosa todo el rastro de la sexual paliza, sanas estas tundas y deme opulencia de tal elenco, yo radiante y complacida. Abandonada no hubo lapso de pausa y reposo, que si presagia vos mi intervalo durmiendo va muy equivocado. Permítame se lo demuestre, cómo es muy sencillo, basta contarle tomó un extraño vibrador de apariencia metalizado, acoplado a cuyo arnés imita en forma un cinturón de castidad, pues también llevaba un cinto que ajustó a medida de mi talle. Entró dentro de mi vagina, dificultad cuál habría si su suelo era pista de patinaje, y el himen historia antigua. Cerró hebilla, inmóvil gracias al apoyo de la cincha sobre la raja de mi trasero, de ahí no sale, no se quita y no se mueve, logró muy morboso.

- "Agradece la tortura al bocazas estúpido de tu marido" - soltó sin preocupación de ser descubierto desde el otro de la habitación, sabida soledad por verdad en su calificativo de charlatán.

"Siguió poniendo nuevas cuerdas después de haber tenido el orgasmo"

A una deslumbrante velocidad de vértigo tomó una cuerda que extendida hubiera certificado llega de la Antártida a Groenlandia, ató un cabo por los hilos enredados a limítrofe de mi sartorio, y estiró con saña al extremo de la cama, pasando la cuerda entre hierros que supongo son de su somier, en un ir y venir continuo e incansable, buscando mi rótula la mayor proximidad a su costa. Misma operación realizó en sentido opuesto con la otra pierna, alejados los meniscos que desde su orilla avistaban su otra náufrago muy remoto al horizonte.

El resultado es permanecer estática boca abajo, espatarrada toda elasticidad desplegada, de ese punto no rebaso, con el artilugio metido en el hueco de mi sexo, dando un suave roce sensual pero falto de brío por alcanzar meta de otro orgasmo.

- "Suplicarás como el pueblo implora a tu tirano comida y dinero y libertad" - ojalá deseé colmada de paciencia esa suerte.

Con todo su erótico despotismo, mesó mi cabello por reunirlo en la cima del temporal, donde ya asoma descenso de su cumbre hacia occipital, y diligente perpetró un arte peluquero con las sogas, revoltijo de un grueso fajo de pelos, un rodeo y un desvío pensé caos y laberinto en mi melena, pero al tirar hacia el envés mi mentón se levantó, mirada al frente militar ordena teniente, afianzó el hilo donde ataduras aprisionaban las articulaciones medio y radiocarpiana, marcha y regreso tres tiquetes, y al apartarse comprobé quedó la testa con mis pupilas verdosas mirando recto, incapaz cabizbaja, peinada la esculpida cabellera en coleta no me libré, alzado el rostro, que de haber trazado arquitecto línea de compás y regla habría obtenido una recta horizontal perfecta, paralela al jergón.

- "Vas a pagar las torturas de tu cabrón dictador" - y añadió aquel trasto emite descargas eléctricas, mas no temer que no me va a electrocutar, no es ésta su intención, sino comunicó voy a sentir un aleteo insoportable de placer por toda mi pelvis, rogaré basta por favor, ya me diré a quién, horas estaré sola.

Murmuré amordazada, quise decir espera, algún pacto podemos negociar, pero bajada persiana, luz apagada, y puerta cerrada, cumplió su terrible promesa de largarse, no sin antes accionar el botón de encendido.

Déjeme buscar en diccionario adjetivos por describir la escena, que no encuentro ninguno, pues incluso maquiavélicos son demasiado azucarados. Intentaré hacerle comprender, en la más absoluta oscuridad e inmovilidad, que aquel chisme transmitía unos chispazos indoloros que convulsionaban mis paredes vaginales, trepidaban como las finas cuerdas de una guitarra, rebotaban cual balón en la ley física de su bote, atravesaban su cortinaje queriendo investigar otro universo, por la espina ciática o el isquion os vais a perder, y los muy groseros replicaron, tú no nos mandas, callada y atada.

Todos mis nervios se enardecieron, el genitocrural que orgulloso dijo yo capitaneo esta legión, el femorocutáneo llamando al timbre, muy buenas se presentó, traigo ramaje de flores hermosas, el obturador que aunque preguntó yo qué coño pintó en esto aceptó soborno y se apuntó, y el nervio pudendo se agasajó, yo me encargo dijo de la retaguardia posterior, y con mi voz interna intenté razonar, vosotros nervios sois de mi bando, jódete y sufre castigo indecible.

Endurecieron mis nalgas, no sé cuál fue el culpable, cerraron mis ojos, aquí contaron complicidad muy probable del nervio óptico y lagrimal, y estremecida vi estos bellacos me quieren llevar a otro orgasmo, y no esperan al madurar su fruta en primavera, pues ya la remolcan, ya traen su coraje, ya lo descargan, ¡cojones de otro orgasmo!

- "mmmpfpfpfffffffiiiii mmmppffffffhhhiiiiii " - jadeé solitaria y atrapada en esa red infranqueable e indivisible.

Un hilo de baba emergió discreto por la comisura de mi labio derecho, al tiempo que percibí una extraña sensación, como si mi clítoris estuviera eyaculando, porque los impulsos eléctricos también llegaban a sus raíces, y de sus finos cimientos trepaban coronando la mayor cima del mundo conquistada por hombres y mujeres.

"Aquel vibrador de eróticas transmisiones eléctricas fue el paraíso"

El pretender cerrar las piernas fue un grave error, que al no lograr acercar ni un mísero milímetro se disparó mi excitación, alcanzó niveles que me propuse calmarme, por no terminar en manicomio. Calma me insuflé, que esta meseta pronto va a pasar, no tardará en aminorar y marcharse, no será prolongados sus espasmos, paciencia me adoctriné, que este sofoco se ha de desvanecer, debería desvanecerse, ¡a que mierdas espera su desvanecimiento!

Ocurrió todo lo contrario, en el colmo de la cruel avaricia aspiró a la máxima riqueza, y en los crueles chispazos dentro de mí encontraron el oro ansiado. Asustada por la caníbal hostilidad de esa alimaña sanguinaria, luché inútilmente contra las ataduras, ni un hilo se aflojó, nudos vaya a saber por dónde lindaban, aductores dormidos sin oponer resistencia, y visto la aplacadora derrota combatí contra segundo rival, ahí entre las piernas, empujando cuanto pude del cinturón hacia abajo por desprenderme del artefacto, en vano y mucho peor, pues al pretenderlo chispó dirección la cérvix, y como por arte de magia construyó de la nada un orgasmo celestial, escritas sus letras a fuego, subrayas, sombreadas y en negrita, ni en aberraciones había imaginado.

En los jadeos dilaté mandíbula y maxilar por separar de la gruesa bola de silicona, por gritar con claridad me rindo y no lo puedo soportar, pero en tal funesta idea sólo logré desbordar de la fosa sublingual un manantial de baba, resbalando por mi mentón y formando una estalactita, bella estampa decían los turistas desgraciados.

De ahí en adelante ya no pude detener el efluvio babeo, consolidado signo de mi absoluta indefensión, y de repente me integré al ambiente, a la siniestra oscuridad, al inequívoco silencio de la completa clausura, al tacto recio del bondage en mis brazos adormecidos, a esas piernas capturadas en su dilatada armonía, al melódico cantar de mis trémulos gemidos, y al eléctrico correctivo que no dio permiso a dormir o descansar.

Acepté el reto enamorada, y con la sacrificada entereza de toda majestad ganadora prometí esta gloria la voy a superar. Justo me impartí esta doctrina vino otro orgasmo que irradió mis intimidades, mas el honor defiendo ante esas criaturas, venir que aquí os aguardo, no me voy y no me escapo, esta es mi virtud y este es mi hogar, orgullosa y eufórica, pero incitó el salmo otra carga, ésta esparcida las ondas de la corrida hasta el bajo vientre al norte, y al semitendinoso orientado al sur.

Provista de gozar y disfrutar como mi único escudo por defensa, soporté en el sepulcro ataques no quiera ni imaginar, con la baba demarrada en tantas cantidades ingentes que sobre el catre se formó una laguna, no hay precedentes en mapas de geografía, pero tras tantos cañonazos sin tregua quedó aniquilada mi guarnición, mis murallas ruina conserve la cultura en milenios, y gemí exasperada, por favor supliqué basta y para, que ya no queda ni biombo tras que esconderme.

Dónde debe estar aquel diablo, por favor corre y ven, que estoy en el lindero de mi arrojo, inflexión ha sido un orgasmo galáctico, escasos segundos ocurrido y todavía perdura su rebumbio, celestial, sideral, ceñido en la atmósfera tormentosa, son truenos mis cantos apagados. Del recinto no ha salido, estoy segura por el enjambre de cámaras y vigilantes, y pensé quizá en despensa ha saciado su apetito, miel o perdiz o avena, que aquí hay manjar a redundar, para omnívoros, carnívoros, herbívoros e incluso veganos contentar.

Tal vez ha fluido a los archivos, documentos clasificados se almacenan en escondrijos privados, no salgan jamás a luz pública o caiga en manos de juez opositor, imposible con la justicia corrupta adjudicada su silla a dedo por quien preside la nación. A lo mejor es cocinero, y está en cocina urdiendo en fogón plato y postre de mi recompensa, o prepara vasos de agua, que deshidratada estaré de tanta saliva manar. No descarto éste en bañera, da para dos nados libres y apacibles, pues no hay profundidad ni caimanes devoradores, tampoco hay castores de cola aplastada que hayan edificado presa, pero sí estoy yo prisionera, con el crepúsculo en mis córneas traslúcidas, que no aguanto ni mirada levantada.

Prometí no guardar odio al cazador, me ha encantado y removido mis pensamientos, pues si tal tortura es insoportable, qué debe soportar un pueblo con su alegría despeñada, la ilusión abandonada, el futuro al que habrán de llegar arrastras si anhelan sobrevivir, y un dinero en sus bolsillos vaciados mientras nuestros carros arriban cargados de billetes, repletos hasta los topes y aguarde no se vaya, en fila hay siguientes.

En otra época, hubiera contado todas las horas allí abandonada, atada y amordazada, y no voy mal encaminada si aprecio en vos la misma apetencia de sabiduría, pero en esta guerra no se ha hablado de amapolas o de lirios, cultura ni se acerque, que culebras venenosas hincan colmillos y muerden, y si su ingenio le da por fugarse dígame dónde va a ir, de aquí no se sale, o al llegar aquí no se quiere, aquí está cerrado, aquí no se mueve. Atrévase en velero si quiere, despliegue velas en mástil arrastrado a qué puerto, quédese en mar adentro mejor arrastrado por corrientes, que las riadas humanas transportan mayor muestrario de cadáveres, putrefactos, incinerados y oteé al vuelo los buitres, moribundos hay multitudes.

Esta ofensiva belicosa es histórica por desgraciada, pues la muchedumbre fustigada ha formado un inmenso regimiento de apoyo a mi amado, no entiendo por qué salvo un error genético en la evolución humana, causa real de su notable imbecilidad, pero a mí ya me sirve, que viajo y hago cuanto quiero, en total intimidad y sin aforos completos, llamo por teléfono y digo soy la esposa del autoritario, y todo interlocutor responde un placer señorita, un honor conocerla, siéntase cómoda y disfrute de la estancia, postrados a mis pies.

Empero radica ahora saber por dónde andas, ángel de las tinieblas, he aprendido la lección, y al mismo tiempo he gozado de un éxtasis que jamás he vivido con mi consorte, pues admito follábamos de jóvenes muy rutina y sin apenas fantasía, lo sumo de la locura los ojos vendados. Preliminares con político son desprenderse la corbata, sospeché muda una vez me quiere atar con esta vestimenta, mas colgó en perchero y nunca más tuve esa ilusión. Camisa desabrochada es típico con esmero, no salga escupido el botón mal cosido, sita en respaldo de la silla por no quedar arrugada, pantalón fuera y en su lenguaje hablar de restricciones, ayer prohibí tal y mañana prohibiré pascual, que los plebeyos necios aplauden como focas amaestradas y no protestan, conmigo esperando tendida en la cama, piernas abiertas y venga, mete y saca y mete y saca, una pausa que el miembro viril está flácido, y reemprende tras heroicidad de recobrar su erección otro mete y saca y finjo hasta correrse, buenos noches y hasta mañana.

No tuvo benevolencia en venir rápido y socórreme, y lentamente se fue estrechando como un velo ante mis ojos, el apeadero anterior a quedar desfallecida, pero no se alarme, que usted está leyendo y yo disfrutando, no le cedo a nadie mi contrato de protagonista.

Los gorjeos amordazados apaciguaron su ágora de riñas y trifulcas, los resoplidos nasales se amortiguaron, mis ojos bajaron persianas de sus párpados, el tímpano telegrafió aquí no hay alboroto ni llanto, las cuerdas tensadas amarraban mi desplome, y un mundo de desvaríos involuntarios hacinó masas de mi cerebro. En esa fantasía surgida de la nada, me vi en imágenes inconexas a mí desnuda, un precioso paraje montañoso con terneros recién paridos amamantados de las ubres vacunas, lazos al vuelo y jinetes cabalgando búfalos bravos, todo surreal, difuso y muy borroso, con un lapsus sin memoria hasta levantar pestañas en un reanimarme natural.

"Desperté después de la tortura de cuerdas atada sola y libre"

Me sobresaltó mi cabeza acostada sobre la almohada, el maxilar que requirió de un repaso por recobrar el acto de masticar, con mis brazos libres esparcidos a su antojo sobre la cama, lomo apoyado en las costillas diestras y las piernas plegadas, gesto fetal, semilla de nuestro origen. Ni rastro de cuerdas o mordazas, luz diurna entrando por el amplio ventanal, cortinas abiertas, y puerta libre de entrar y salir cuando quisiera.

Fisgoneé por mi piel, asustada y alterada, quiero esto no sea un sueño, ha de ser real, y rebusqué inmediatamente cualquier rastro, un vestigio de ser verdad, y en la carne de mis muñecas encontré los profundos surcos de las cuerdas, ruedas de segadora marcadas sobre el barro rural, por dar comparación. Aprecié un cardenal sitúe por la apófisis estiloides del radio, y por el perímetro de mis muslos y mi tibia descubrí muchos otras marcas de las hercúleas sogas. Incluso distinguí con perfecta nitidez un trazo amoratado, violeta, con diminutos puntos rojizos en hilera, a la altura de la arteria circunfleja femoral externa, en su rama ascendente, y sonreí de felicidad, que de no ser innegable mi vivencia habría resultado una triste y desdichada pesadilla.

Rebusqué al autor durante toda una hora por cualquier rincón de la morada, tras las perchas de las armarios, en la pradera del salón, en el baño donde apareció, cubrí millas hasta la cocina, avancé a cuarto de invitados, abrí puertas sin olvidar ninguna y miré a su dorso, y volví al aseo donde nació la historia, no vaya a estar oculto enredado entre toallas, o en la ducha o pendiendo cual araña del techo, y volví a escudriñar armarios, que sí, que lo he dicho y lo he hecho mas no me moleste, estoy histérica, no puede haberse ido sin antes haberle felicitado y rogado, vuelve a verme y trae enredos completos de pies a cabeza, que políticos de mierda son fríos como témpanos de hielo, y añoro el fuego apasionado de tu volcán.

Toda pesquisa fue infructuosa, y el único cerdo que le suplantó fue mi hombre estimado. Preguntó qué tal el día, y dije ha sido espectacular, que ha entrado villano cuando tú todavía estabas en el hogar, y me ha asaltado durante gritos de socorro y auxilio que tú has ignorado, y me ha llevado a la habitación, atada y desnuda y amordazada he estado todo el día, sometida a violaciones y orgasmos que me han encantado, y agotada imposible de escapar y desatarme creo he perdido el conocimiento, y ahora estaba feliz y libre, con el ímpetu y el deseo de saber quién es aquel semental, por volver a repetirlo.

Carcajada expresó el subnormal de mi marido, no se lo creyó, que aquí no entra nadie y esta es otra broma, carácter mío de traviesa dijo. Confirmado quedó, no hay cosa más tonta en este planeta que un político cual sea, y por favor, si en casualidad el bastardo escucha mi demanda, no me cuente cómo entró ni cómo salió, no es de mi competencia y no quiero perder esa emoción, vuelve y repetimos, que este tonto de mierda ni me folla ni se entera de nada. Al fin y al cabo es político, dicho está todo, de mi bien aprovechado marido.

 

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