Una escalofriante leyenda recorre desde finales de la segunda década del presente siglo los pasillos de cuyo solemne edificio alberga el gobierno de este país, pero antes de compartirla con ustedes, estimado y estimada lectora, debo advertirles es pura ficción, aunque haya gente que dé hasta el último detalle por sagrada verdad. No cometa vos idéntico error, mas lea muy atentamente por darle oportunidad a dilucidar su veracidad.

Dicha fe se debe a su diva, hoy ya anciana, pero antaño belleza deslumbrante de voz deliciosa que sólo iguala o se aproxima arpas celestiales de dioses inmortales, un benévolo brillo en sus iris protegidos por cual arqueo ha trazado el mismo arquitecto de la luna menguante, y cuya astucia sigilosa desde su juventud ha desempeñado oficio entre estos castillos.

"Trabajaba la diva en cuya fortaleza es la sede de la dictadura"

Fue fácil camuflarse, pues sepan trabaja en fortaleza un ejército discreto en número superior a mil personas. Créanme no exagero, por qué tanto obrero, sepa en sede oficial reside mentecato cuyo delirio trastornado devastó el futuro de tiernas criaturas, mas siéntese, ignoro si agotado de podar las viñas o robar en pinares sus piñas, cito por si acierto de chiripa, que yo le desgloso toda la sofisticada maraña de sus tejemanejes y telarañas.

Situada su alcoba en cuya privilegiada ala de este inmenso complejo lo aísla de miradas y voces discordantes, fue erigido en aquellos pretéritos pasados de grandes escritores, celestiales compositores y artistas de pincel sobrecogedor. Comparación no hay prototipo parejo para tal acción, pero valido no ha visto vos semejante residencia por dentro, y desacredito vulgar pretexto de aquellas fotos ridículas cuyo enfoque acalla borregos curiosos.

Permítame pulverice de buena fe su incultura, que yo le desentraño las tripas de esta metrópoli, dado es triada cuales aludidas barracas constan de salas y despachos, monopolizan comediantes y borrachos. Hay biblioteca, cocinas y restaurantes, y servicio médico de emergencia, por si dictador rueda en escaleras, o se pillan los dedos contra el marco de las arcadas, que mil percances sufre patoso aforado, tiene fama de quejica y llorón el desgraciado.

Breve inciso es, porque mayor importancia tiene el poder dar homenaje a sus trabajadores y trabajadoras, comenzando por la respetable profesión de la limpieza, que ven sus mierdas y cuán guarros son estos fariseos, y sin embargo callan y cumplen por un mal salario, vergüenza debería dar a los contratantes vejar con ese menosprecio al honrado operario.

A este grupo sume las brigadas de mantenimiento, electricistas y fontaneros, de quienes la sorna pregona esquivan arcos y detectores con sus mazas y tenazas, alicates, taladros y otras herramientas, mas si en control tuvieran negligente decisión de no dejar pasar ahí se joda el gerifalte, con el grifo goteando, luces en vaga, pomos que no ceden, sillas cojas o baldosas vaya con cuidado el zar de no tropezar. Nadie quiere este infortunio, o al menos reconozca en público, y por supuesto dicen pase usted, alfombra roja si precisa y cuanto sea menester.

Siga y sume, doncellas de cafetería, que en verlas usted muy probable pensaría es una orgía pornográfica, dado lucen cofia, vestido negro de falda hasta rodillas y delantal de sirvienta, cual personaje de cómic japonés o traviesa fantasía. Su conducto auditivo capta auténticas barbaridades, en corro cuchichean martillo, yunque y el estribo, habéis oído sisean, claman socorro, son líderes políticos enfrentados ante cámaras sentados en la misma mesa, y entre burlas y tazas escuchan pactos que aguarde dos semanas, los verá plasmados en absurdas leyes difundidas por alguaciles periodistas a toque de campanas. No son mudas estas señoras, y poseen, como ustedes y como yo, el don del habla, pero debe de haber sobre ellas algún hechizo pues no sueltan prenda de las sandeces, en acuario sólo sermonean los peces.

Superan en largo trecho el centenar las subalternas, pero prosigamos con la visita, sigan la azafata paterna y venga a ver la magna biblioteca, encantadora y mágica, oasis en medio de aquel peligroso desierto, y cuyos estantes inmaculados atesoran joyas de incalculable valor a lo largo y ancho de sus varias plantas. Sepa hay libros favoritos muy leídos por contertulios y caudillos, hospedan cuales páginas bandido rehúse tocar, hasta no haber clausurado el sujeto su postrero capítulo.

Buen recaudo tenía la bibliotecaria de este ensueño, aunque hablo de otras épocas, pues ahora son analfabetos, preocupados de su americana bien planchada, el nudo de la corbata aplicado con esmero, su cuco peinado donde no destaque cana bajo tinte, sonrisas de níveo dental en obsequio a plebeyos, mas desconfíe de su envoltura, por dentro son todo amargura.

En estos tiempos, el ágora interior transcurre horas en el inmenso vacío de la soledad, lejos de aquella bulliciosa pasión, y lectores enamorados de la universal literatura están en extinción. Sus butacas, mejorables por cierto sea dicho, acomodan nalgas de archiveros, procuradores y letrados, taquígrafa es la excepción, asesores y consejeros dignos de la entelequia infantil, buscando aquel libro donde encontrar epígrafe o leyes o textos con que justificar desde los banales discursos hasta las masacres acontecidas. Aun así, espere no deba volver el garrulo a escenario el día siguiente, por desmentir o puntualizar o enmendar o aclarar o precisar o matizar, los siervos incompetentes la han vuelto a cagar.

Resta por mencionar el grueso de personal común, cual desempeñan su labor con uniforme o sin éste, y en tal comentario no refiero vayan desnudos, sino llevan vestuario que a foráneos y extraños no les identifica. Indistinto es su atuendo, dado todos sin distinción son el orden, guardianes de quien cruza las puertas, ganzúa cerrada o abierta, veladores del cumplimiento en las saetas del reloj, centinelas del buen hacer y prestos en ayuda a quien se pierda o desorienta o pregunta cualquier estupidez, lances innumerables acontecen por rutina y a diario detestables. Cumplen y no juzgan, son estrictos con la indisciplina, pero aclaro no son gendarmes y tienen asignada antónima función.

Los agentes de la ley son otro gremio numeroso, que en las cloacas hay comisaría, pero en sus tareas adjudicadas no aparece detener al totalitario por sus crímenes de guerra, o sus cómplices apestosos, dado si tuvieran esta facultad estarían todos éstos y éstas entre rejas. Se encuentran visibles en cada acceso principal, empotrados frente circuitos de video, y aun estando prohibidas en determinadas estancias no voy a desvelar si algún artilugio incumple la norma. Tal sólo comentaré que en algunos recintos no se aventura a conversar ni gobernador, pues llevan las escuchas escondidas tantos años que nadie sabe dónde están, y a pesar de existir equipos por localizarlas, la maestría de aquellos genios las dotó del perfecto camuflaje. Descubrirlas supondría serrar muebles o derribar muros, y puesto se organizaría escándalo, es preferible hablar en otro ámbito.

Confieso entre tanto ingente personal yo muestro predilección por informáticos, dado soy torpe en estas lides, y valiosa es su destreza cuando la tecnología se estropea caprichosa. No tienen obligación conmigo, mas altruistas son mi salvación, que gratuito me enseñan secretos y consejos, decae un grado mi ignorancia gracias a su ayuda.

Por el contrario, el periodismo en nómina son la escoria del patíbulo, y cualquiera de su actividad me despierta la máxima antipatía. Mangonean limosna y recompensas, se prostituyen desgañitadas cuales cacatúas domesticadas, y despedido puede darse quien ose quebrantar regla sagrada, dado cualquier reportero habitado en este gigantesco templo sabe que su cometido se limita a contagiar las proclamas de tarado faraón. Es tal el asco sentido que con ellos no hablo, remito educado saludo de una palabra y por compromiso, si por circunstancias se cruzan un instante nuestros caminos, y de agregar otra frase hago caso omiso.

Fotógrafos y fotoperiodistas son otro mundo, transgresores y agresivos, en el buen sentido me refiero, pues sus armas no son balas sino cámaras. Siempre hay alguien vigía de sus hechos, dado les dices que por esa zona no pueden pasar y por hacer la foto avanzan un metro adelante, y les insisten por favor retrocede, y entonces alzan su material por encima de las caspas, no irrumpen ellos en hemiciclo pero sí asoma fantasmal un equipo fotográfico y, disparan a ciegas en todas direcciones por conseguir su documento gráfico, en cuya ráfaga emula vehemente fúsil militar.

Es como llevar a niños de excursión, atentos no se escape ninguno, no se pierdan por galerías, no entren en aposentos no autorizados, y la cumbre de la locura llega cuando el plazo ha expirado, dado les dicen se acabó y continúan cacharro arriba, apuntando a su modelo, y se debe de remachar por quizá despistados o centrados, y en su retirada siguen estrujando el gatillo, aunque sea de espaldas o en girarse un segundo, inagotables y tenaces, y repiten antes de cerrar por fin el pórtico, pero este es su juego que no causa daño ni mal, objeto de bromas en exhaustos reposos de osos perezosos.

Conductores del parque móvil avisto perenne en sus coches, motoristas son otros empleados, y labriego de correos abate tediosas jornadas entre paquetes y sobres, sobadas por sus manos y el escáner, mas esta villa es colosal, y con estos jornaleros somos alas muy distintas.

En mi guía resta por mencionar el área restringida de máxima seguridad, donde dicen las malas lenguas que bajo esta ciudadela hay un bunker atómico jamás visto, con un túnel extendiéndose a los confines en rumbo desconocido.

"Bajo esta ciudadela se esconde un bunker atómico jamás visto"

Olvídese de muros de hormigón y yardas de espesor, que esta fortificación no tiene músculo de cemento. Esos cubículos cual a ustedes les viene imagen a su cerebro son sólo cuentos para infantes, pues el mortero es ínfimo papel para el riesgo nuclear. Comentario justo es suficiente, que yo no divulgo esencial sacramento, simplemente se encuentra en abismo bajo tierra, pisos redacto en plural. Viviendas hay con su salón, su cocina, su aseo y su televisor, ocio previsto por si el asedio dura indefinido, no vaya a germinar su claustrofobia, diccionario por no se vuelva necio el mandatario, y un quirófano de vital apremio cuyo equipamiento es la envidia de doctores en su leproso barrio.

Erra usted de lleno si esboza de la cripta un anodino cuadrilátero, a miles plasmados por los dibujos animados, desvaría si evalúa tan escueta son las dependencias de su reino, mas no me entretengo en patochadas, libre es de creer cuanto le plazca.

En un rápido repaso, cito cámaras frigoríficas cuya descomunal envergadura compare con la hercúlea de las naves industriales próximas a su frontón. Alacenas y hornacinas, despensas, bargueños y gavetas, hacinan ingentes cantidad de víveres, sacian la hambruna de regimientos desde verano al suplente estío, copados sus estómagos a rebosar incluso en armonía y amistad, renovados periódicamente por no tentar fecha de caducidad.

Depósitos hay número confuso, con sus panzas ahítas de gasoil, litros a burradas me entenderá sin tapujos, dado urge prevenir energía en corte de luz, y en calcada precaución preñan depuradoras, cósmicas calderas y equipamientos variados, pues gas es ausente por tragedia de explotar. Agua no proviene del exterior, no fuese el enemigo a envenenar la cañería y aniquilar sin dificultad, y en ser previsor perforó la ingeniería pozos y estanques a cuya profundidad salga de la madriguera, oirá hablan en jerga forastera.

Penetrar en sus entrañas es aventurarse en un laberinto acorazado con todo el sorteo a su favor para perderse. Hay desvíos falsos sin salida, mas descuide no se colara sin querer, dado jamás acertaría el boleto de la entrada, y desengáñese, que cuadrilla en perímetro adentro no partimos con ventaja.

Fuera del recinto, pues aquí hay micrófonos incluso en vestuarios, yo apuesto se disfraza de un armario, detrás de abrigos y chaquetas y mantas nunca lucidas ni usadas. Dicen otros se arrastra un mueble, donde el suelo se iza y emerge portal a otra dimensión. También hay quien dice es un falso espejo, cuyo cristal no es reflejo sino cortina, se teclea código invisible y la superficie patina, y renuncio en desgranar el listado completo, que se exclaman cuyas paranoias privadas compiten por ganar divertidas y disparatadas.

Corre otro rumor, el de vehículos recorren sus intestinos durante millas por defecar donde el adversario no acecha, cruzado el horizonte hasta cual silueta de ballesta enhiesta engatusa pan horneado. No hay mapa de navegación, no existe naufrago que lo haya cruzado, y una élite entrenada salvaguarda aquel imperio de polizón en tal temeridad.

Somos inmensa multitud peona y artesana, del año actual a centurias remotas, y entre todo el tropel reunido nadie ha entrado jamás, salvo cuya hidalga es la leyenda de esta gesta. Entró a señal de corneta, y antes del alba reluciente regresó adorable y plácida.

Ocurrió este épico episodio siendo ella joven, dotada de cuyo don exclusivo ha imprimido el incontestable destino. Mírela, a su longeva edad conserva intacta una presencia física gatuna, que estos golpistas engalanados por salir en pantalla boba le adulaban y cortejaban, y en cifra mayúscula a diez sabemos por ciencia matemática deliraban de amor platónico, mas pantera no despertó miedos ni odios ni sospechas.

Discreta es el mejor adjetivo para conocer su estrategia, y a data de hoy todavía nos preguntamos quién es, pues sabemos su nombre y nada más. No trabaja en mantenimiento, que su palma fina y tersa no tiene callos o asperezas. No usa escobas ni fregonas, dado su piel suave demuestra no toca jabones ni esponjas. No es bibliotecaria, tampoco lee libros, pero la legión la toma por erudita. No labora en periodismo, y es increíble el respeto que estos traidores le muestran, pues saben que con su invicta dulzura los destrozaría en mil pedazos. No es policía, ni un agente sabe su apodo, mas todos los varones la saludan acalorados. No es cirujana, y sin embargo cura la tristeza, pues algún dignatario iba lloroso al psicólogo, y al verle en bienvenida feliz nos ha expresado, me ha sanado con la princesa cruzar diálogo.

De esta hazaña legendaria nunca ha contado haber entrado, no ha soltado ni un mísero detalle en compasión sobre diseño de alicatado o pigmento de las paredes, y entonces dirá usted cómo narices ha llegado intrusión a tímpanos extranjeros.

Casualidad no existe, mala suerte es excusa de perdedores y mentirosos, y quiso el destino aquel día exacto, en hora precisa y mismo lugar, coincidieran tirano y damisela. De señorita se ignora cómo y por qué entró, y de emperador sepa organizó en pasado calendario carnicería de ancianos y maleantes, pero la jugarreta propasó sus irrisorias aptitudes, y ante alarma de magnicidio no se supo de su paradero, amagado desde una noche azabache hasta la aurora de un tercer sereno amanecer.

"Tirano y damisela se encontraron por sorpresa dentro del escondrijo"

De su encuentro trascendió que semejante criminal, sorprendido y asombrado, no se enojó. Acompañaba al autócrata dos simios de su máxima confianza, mas por hipótesis que cada mendrugo expondrá la suya pidió quedarse con melosa a solas. Ambos mamelucos marcharon, del duplo un intrépido llanero quedó en lejanía oído avizor.

Cháchara vespertina versó de octogenarios, añejos de faz marchitada que con esa fonética turbada, por cuya guadaña le pisa los talones, protestan y se quejan, abuelo qué pía, agradezca su trémula dentadura aun mastica arroz y verdura.

Qué espanto de frase, adivine en dichos términos quién hablase, mas si su dureza le entristece sírvase al comensal su postre, preso su pueblo zángano y majadero en domicilio carcelero, machos cavernícolas con sus cónyuges amenazadas, ancianos seniles dementes y menores inocentes, crónicos pacientes que les oprime su dolor ardiente, hijo de puta así lo quiso y la muchedumbre remató su guiso, pues quien optó por desobedecer sus chiflados gritaban desde balcones, vuélvete a tu chabola, del grillado y secuaces es su placer. Comercios cerrados, calles desiertas patrulladas incesantes por matones armados, qué coño hacéis en el salón putos pringados, vuestra modorra permitió cuyo suceso condujo a una mártir hasta su funesto deceso.

Ocurrió en onomástica de estrofa patética por aplausos, morsas en sus témpanos de hielo aleteaban el residuo contaminado de su idiotez. Dictó tal aberración un esbirro grotesco y soez, estallaron sus ecos cual si arrasase un huracán su nación, y mientras chusma hipócrita garabateaba el libreto mitológico de nuestro mamífero vertebrado, contó asesino patrulló en carroza de incógnito con dos escoltas la capital y periferia.

Quiso comprobar en directo el compás de la vida embargada, romántico a flanco idealista y cruel para su antagonista. Jamás había vivido nada similar, ya puede descifrar elenco de sinónimos, que en aceras no pisaba ni un viandante anónimo. Impresionaba el silencio esplendoroso, besos aparta tu labio infeccioso, odas queridas guarda en cofre hundidas, ¡menuda hecatombe!, y pensar que pudimos evitar catástrofe ya es demasiado tarde, se ha cruzado del monte su precipicio limítrofe.

Viendo aquel bucólico ambiente de corderos en su rebaño, estampó su expresión la felicidad por colofón, pero de pronto, en una esquina cuyo membrete de pronunciarlo da mala espina, surgió una chica, alias juzgados no han buscado, prensa no ha preguntado, y turba ni tan siquiera se ha indignado.

Molesto por su desobediencia mandó a súbditos acercarse y preguntar, qué demonios hace chiquilla fuera de su hogar. Pasear por la orilla ha prohibido, trivial es aducir de su memoria ha caído en el olvido, dícese de la libre arena o el alquitrán que la urbe encadena, y exhortó el capullo, dígame cuál argumento tiene por coartada. Alegó cual tesis la escoria no recita ni en íntimo murmullo, qué asquerosidad de zoológico, es un ciclo anómalo y patológico.

Rubrico yo su alegato, añado por calificativo al espantajo el rango de genocida, que se dotó de infames detectives para perseguir incluso bebé recién nacida, buenas días retoña, de multa por columpiarse no se libra con su grácil carantoña, ¡inmundo saco de estiércol!, persíganlo a perpetuidad, su deshonra y repudio se ha de grabar para la eternidad.

Percibió el rapaz yermo el panorama, carente de alma caritativa que le pudiera ayudar, y si espera a su despertar tome por efeméride tanto almanaque que es incierto cuándo se celebra su aniversario, extinta será la humanidad en su centenario. Miró a babor y estribor, ojeó a proa y popa, granito tostado a los rayos del astro febo inquirió qué ocurre con cuyas sombras perturban inacabables toda la jornada solar, que no veo ni una obscuridad, me impresiona su fragilidad.

"Genocida confesó haber secuestrado una chica desconocida por la calle"

Incidencias de cual gravedad voy a contar son inconcebibles, al leer va a suspirar, pues aquel engendro bajó su ventanilla, y con timbre bravucón indicó a la desconocida subirse al carruaje. Ni pensarlo con el paje al volante, y al emprender carrera a la huida saltaron sicarios del carromato. Dos carriles había atravesado, justo en el instante que cual tigre hambriento se abalanzaron sobre gacela indefensa. Fue cuestión de pocos movimientos conseguir sus manos esposadas a la espalda, y sordos a protestas la subieron a la carreta, teniendo por violencia su treta.

Apenas estratificó la huella sobre moqueta, que gélido cual glaciar se avecina a la deriva, embistió bella oprimiendo su gaznate. Pálida e incrédula, creyó iba a aflojar presión en su garganta, todo el mundo sabe subnormal de quién se trata, pero al seguir ciñendo la tensión tuvo por incertidumbre el australopiteco va en serio. Síntomas advirtió su tono amoratado en el pelaje y el graznido afónico en la bóveda de su tráquea, pero ya con la visión a fogonazos borrosos soltó el troglodita, fue porque en auto no quiso cadáver.

Tiritaba desconsolada la vasalla, dónde me lleváis, soldados de satán, vivo en suburbio septentrional, ruta olvídese le contestó, travesía colapsada por la nevada, ¡vaya payasada!, estamos en abril, máximo arguye el refranero, tenemos de lluvias mil.

Condujeron hasta palacio, estacionó su chófer ante escalinata tenga pulida y lijada, presagio mequetrefe va a darse de bruces contra la piedra, mas salió su perfil ermitaño, temo a la detenida le hayan hecho daño. Habilíteme poder examinar, en mi informe no hay corte o hematoma, no presenta ulceración o lesión, mas decreto seguimiento de su miedo traumático, pues el abusón ha deliberado un conciso llevarla a la parcela, y sobrepasada por los acontecimientos la rea gritó un inequívoco soltarme, que secuestro perpetra mafias y traficante cabrón, pero el blindaje impide captar homilía a entrometidos lejos del vagón.

Por sorpresa del único chafardero, el malvado describió una inmensa finca privada, que para usted entenderme se extiende legua duplique de este a oeste, rote ángulo recto de norte a sur por completar geometría, con todo su terreno protegido por una infranqueable alambrada electrificada sobre una valla amurallada. Tras sus hectáreas, se expandía un océano arbóreo, fósiles olivos, encinas desterradas de sus dehesas, alcornoques con sus ramas vestidas de hojas coriáceas, cinco dioicos algarrobos cuyo fruto amaga una pulpa gomosa de sabor dulce y agradable, una morera que aledaña de la cancela otorga a visitantes o habitantes sombrilla espléndida, un olmo caducifolio de porte henchido nada humilde, maleza hirsuta a su saya, y corzos y conejos y ciervos libres por todo el coto para sus mañanas de caza.

En el centro de este paraíso poseía una bonita choza rústica que, algún día libre, invitó a la dama por visitar. Su respuesta fue a cuyo cándido volumen no alcanzó el cotilla, y la fábula aquí es imprecisa y abstracta. No obstante, se sabe que al mediodía siguiente, dado cantó el homicida, sus hombres fueron a buscar depredador, y por descubrir itinerario sepa el tinte glauco de colinas hurañas suplantó planicies de trigo y avena, sus espigas larguiruchas le rememoran a la flacucha. Siga la perspectiva, contrastan cuyas montañas han pateado los montículos, aparta pequeñajo, para ti el grajo, y en la mudanza se origina un contraste impactante, a su zócalo se desparrama un terreno árido y deshidratado. Continúe, tendrá por trastada un cráter, cálmese, es orografía del globo terráqueo, mas el embudo en espiral que le engulle no es ningún volcán. Hilo asfaltado, bruma que le persigue es el trasero de su automóvil, mas no se duerma, entiendo estará cansado del viaje, pero rebasada la gasolinera vire en el primera verada de cabras a su diestra. Vaya despacio, o deberá volver marcha atrás, mas de haber obrado correcto desista en pisar pedal a fondo, la dureza de rocas y regateras van a dilapidar su eje y ruedas delanteras.

Trepa y desciende el trayecto con tanta asiduidad que ya no sé si el continente hace pendiente o cuesta abajo, pero son enanos rasantes, típicos de esta comarca peninsular, y sorteado tanto dígito como para exasperar la paciencia se torna el arroyo plano, conduzca cuyo contorno ya no da giro, linda la muralla quemante a ribera del caminante.

Cruzado el umbral, aterrizó sus zapatillas deportivas en la tierra polvorienta, y rodeó la fachada a cuatro vientos, donde al envés de la morada emergen arqueológicos establos. Por orden, se encuentran los corrales, de aviario que haberlo visto habría sido envidia y admiración de arisco ganadero, con gallos fatuos y engreídos, y gallinas que a hora de comer depositan sus cápsulas de yema y clara, y al despuntar el atardecer se acuestan sobre tablones curvos de madera, admirable poder dormir de ese modo sin partirse la crisma en el intento.

Al otro lado del tabique, previo separar las cuadras el espacio cabal por correr el viento en estrechez, emergen caballos portentosos y aliados, míticos como Bucéfalo compañero de Alejandro Magno, Héroes fue de Aníbal, Genitor fiel de Julio César, Incitato comandado por Calígula, Dug del invencible Genghis Kan, o Blanco montado por Juana de Arco, citando ilustres y alabados.

No son tan celebridades, pero en sus caballerizas pernoctan equinos pura sangre árabes, cuantía no sé precisar, raza andaluz si conté hasta el quinteto, y un semental que de uso exclusivo goza para él sólo tan largo y ancho de dos piscinas olímpicas, a su territorio no invita rival y no me haga ensalzar su virilidad, pues por algo reitero su patente de excelso mote.

Evidente hay en cada raza sus yeguas, y por ultimar detalle recalco dos potros, cada uno apegado a su vientre alumbrado, pero no me detengo, ávida por narrar que tras cobertizos se aprecia un roído portón de madera, cual estúpido resultaría cerrar con llave o candado, pues una simple patada reventaría en astillas, y que da paso a cuyo techo cobija cerdos por cría y afición.

Es innegable la mugre, echados en el lodo, escarbando con su morro charcos repulsivos y esa atmósfera invadida de un gas asfixiante, pero a vos que aprecio culta sabrá que dicho aroma ocurre análogo en pesebres de cabritos. Irrefutable es, y raso remedio al desapego que sus prejuicios le avergüenzan es mantenerse a prudencia, que no es mascota por acariciar, dado muerde si lerda mora desprevenida, y ventanas otorgue su ventilar, de obstruir a muerte los va a condenar. No sufra por aves, pues no entrara golondrina, que vigas donde anidar hay otros rincones de lujo, y de los insectos tenga usted cuidado, que el marrano ya sabe ser procurado.

Son todas hembras, y en cupo de doce colma holgado, pues las petulantes exigen mimos excesivos, aunque delito no achaque a estas brutas, que si aborrece gruñido suéltelas en la naturaleza, junto delicias de bellotas e higo chumbos es alegre la gorrina. Sabemos no cometen tal imprudencia sus propietarios, sino engordan hasta casi doscientos kilos asqueados, y ahí los dientes hendir y desgarrar es viable distinguir al culpable. Seguro están riendo, y casi babeando, recordando esos chorizos, los embutidos zampados, salchichones como flautas, orejas y lechones, que comensales devoran hasta dejar su barriga abarrotada.

Un estrecho cañón discurre entre altas tapias de las piaras y murallones de piedra sólida cuyo grosor desborda su regazo, que son animales grandes de morro tramposo. Diez zancos avance, ingenie en su intelecto, y un excavado hueco lúgubre, siamés a catacumbas, conduce a otras porquerizas de ordeño y cría, vacías de huéspedes, con ese aspecto fantasmagórico de rejas enjauladas, y en lo más hondo, en una pocilga digna de las magníficas mazmorras de tortura medievales, estaba prisionera la sacrílega en la noche absoluta, pues no hay claraboya por donde infiltrar halo de luz venerado.

"La anónima muchacha denunció ser violada por sus gorilas"

Encendió el avaro fulgor de una sórdida bombilla, cuyo espectro de tinieblas tatuado mejor hubiera sido mantener esa opacidad imperturbable, y al izar interruptor vio la chica desnuda, con las manos esposadas a la espalda, su pelo alborotado en un océano de remolinos y olas bravas, los ojos encendidos en el tono rúbeo de la lava, tumbada sucia y maloliente de costado dentro de cuyas celdas de cochinos no superan la vara de anchura, momia supina de longitud y en altura fracasa en coronar la cintura.

Aterrorizada y en lágrimas desecadas, gritó tus bastados me han violado, al ver el ogro fiero. Espeluznante trance es irremediable las cicatrices de su trance, ¡ay enterrador!, balbucee cuál es el apropiado sepulcro por maldito desenlace, que su desgarradura afilada no hay pócima para ser borrada.

Comprensión y apoyo es un analgésico, pero parásito jactó con pérfidas risas, y pincelando su famoso pliegue risueño miró a sus secuaces, felicitó su fechoría. Pasmada la magullada, prometió derrocarlo en una sarta de improperios malhablada que no es compostura de huérfana rehén, y fantoche se quedó perplejo. Prometió iba a arrepentirse de sus vocablos, y cual ídolo corrupto ha votado una jauría vergonzosa y abominable pronunció cuyo epitafio resumo en letrero siguiente, de ahí no sobrevive la insolente.

Apoderada de un miedo indescriptible, estalló en demandas de auxilio, y pataleó contra los hierros de su calabozo, irracional que con esas patadas sólo iba a conseguir lastimarse tarso o falange de un pie. Impasible estuvo contemplando la escena, afuera no había espectador, y aquellos muros no rebasan ni alaridos de los porcinos en su matanza.

Chocaba su apariencia de yerno gentil con cual personaje se comporta sádico febril, juzgue al vecino por su lustre y porte, verá su ilusión resquebrajarse de un enérgico corte. Si persiste incrédulo, retroceda a cuya era tardía se divisa cercana, métasela a expertos parlanchines por el culo, y en esa agenda hallará progenitores perturbados, exhiben por andenes y colegios sus párvulos enmascarados Compre en supermercados, y a dependienta clame piedad, urge la hambruna aplacar por necesidad, mas la bruja contesta, veo desvestida toda su testa, váyase al infierno, lo rige el gobierno.

Caníbal de agentes se ha apoderado, yo les he visto acosar indigentes miserables, les ruegan donativo, han de comer por caridad, inmutables los uniformados no muestran generosidad. Impúberes y angelotes, de toboganes huyen aprisa al vislumbrar su logotipo en chaflanes, y se amagan tras contenedores o motocicletas, su recelo es notable, y yayos desvalidos se apilan como bultos proscritos en cuyos mataderos han regulado sus ritos, con su proceder hay miles de muertos y oxidados, se acabó para siempre su retiro relajados.

Su sentido común dirá que cualquier ciudadano, indígena o nómada o foráneo o peregrino, tomaría cartas de inmediato en el asunto, repase los vídeos en diferido, que protestas o manifestaciones o denuncias encontrará en cuya cuota permanece anclada en cero. Mayo y junio y julio y ya puede recitar el zodíaco, que la turbina no arranca, se hubiera arreglado con empujar de la palanca.

Apelativo cual debería de anotar le regalo casilla en blanco, gaznápiros permanecen vegetando sobre tablillas de banco, mas si por débiles y amados no hacen nada, por qué diantres deberían de motivarse ante una pecadora andariega.

Prorrogaba raptada aquellos escandalosos chillidos sin pretensión de poner final, sácame de aquí imploró exasperada, es orar ingenua, soltarla sería abucheo mundial. Blasfemó con insultos e improperios que en academia debería yo haber estudiado, tan educado que bien me habría venido con camorristas y atolondrados haberles dedicado.

"Autoritario aplicó por diversión y locura su tortura ideal en la víctima"

Quedose en mangas de camisa, arremangadas a friso del codo, y con aquella templanza que esgrime caballero feudal en lanza, dio un correctivo incapaz de proceder las peores ratas rabiosas. Trató el susodicho en asir manguera gomosa, serpiente anaconda desde la válvula a su abertura, y a presión apuntó sublime caudal a la muchacha. ¡Para!, aulló su eco a silbar monótono un quinteto, mas desprendido de todo aprecio por su dignidad empapó todo su cuerpo. Volteó la cabeza la torturada, que disparó al glóbulo ocular, en cuya potencia habría apagado un temible incendio. Bombardeo su oído, y al inundar su manojo de cabellos cayó el torrente por la frente, bifurcado en cuyas fosas nasales alertaron, escasea el oxígeno con tantas cascadas, emplea entonces el sistema de bocanadas. Se percató de su trastada, tuvo por benevolencia ametrallar todo el resto, uñas y plantar anexado, que digo yo pretende el bombero empantanar el suelo, a ese ritmo saldrán del mausoleo en barca.

De haber proseguido, la hubiera ahogado, pero cual felino con su roedor decidió divertirse en su castigo. Urgencia no apremia, sus entusiastas lo adoran cada uno en su casta, pendientes de sus mensajes grabados, inútiles y pánfilos, conciben son en riguroso directo los recados.

Tosía la cautiva, que le entró agua por las vías respiratorias, y el pesado rocío sobre sus pestañas le impedía observar nítida el entorno. Todo su ser se agitaba cual terremoto por la caída de corporal temperatura, debilitada pierde su bravura, y de no traer raudo toallas caerá resfriada o engripada, mas no tuvo intención ni de apilar pira de leña por combustión.

Dentro de un antiguo arcón prehistórico y polvoriento, sito en un cuchitril entre aquellos parapetos y con capacidad por acumular si quiere un tanque, que desde su tapa da vértigo mirar al abismo y en plano paralelo esparza de heredera su desmadejado pelo, tomó telas y cinta, tejidos de esa fibra no absorben la humedad, y del adhesivo es disparate tal utilidad.

Tuvo otra misión, del trapo formó bola redonda cuyo diámetro superó a pelota de tenis, y abrir la boca le ordenó cumplir y no discutir. Valiente se negó, cerró los befos, selló encías, y al traspasar balón perverso las verjas angostas agitó violentamente el cráneo de un lado a otro. Obligó al verdugo emplearse con saña primitiva, estate quieta rebuznó desquiciado, que por las buenas o por las malas la bola colocaría en el centro de ambas comisuras. Agredió airado, franqueó la franja que divide la rodaja por montera de la moqueta, mas en retaguardia topó con muelas que mordían en abrazo el filo de su esmalte.

La férrea resistencia por negarse a dilatar mandíbulas ocasionó secuelas, pues en la tremenda presión le arrancó un diente. Voto alguno de los incisivos, bien podría ambos central o a su cada lateral, cualquiera de los cuatro en el centro enarbolados, u otro cuarteto en el centro inferior, pues son delgados con forma de cincel, y su borde estrecho está adaptados para el corte, mas no para ser golpeados. No descarto los caninos, puntiagudos y afilados, vínculo inequívoco del ser humano con nuestro signo carnívoro, dado desgarran y rasgan la comida, y cuya casilla marco obvia por ubicarse a cada lado de sus incisivos. El resto, premolares, molares o los cordales a juicio, arrogante llámeme, pero doy por descartado, aunque indistintamente cual fuese no olvide en el tintero cayó por el suelo de aquella sepultura, y sagrada travesura del destino no lograron encontrarlo.

Opositora salvaguardó lacradas sus fauces los novicios embates, pero a base de sitiar y herir abrió la quijada, y en tal fatalidad introdujo la prensada textil esfera, bergamota madura y severa, copando toda su cavidad bucal. Dilatada hasta casi desencajar maxilar, usó el esparadrapo pegajoso por aplastar el hemisferio austral de su careta, máscara sin fisura tapando pómulos desde mentón a ribera del arco cigomático, bucle concluyó en la octava circunferencia.

Mezquino patrono se mofó del balbuceo ininteligible típico en persona amordazada, no te entiendo, replicó en sarcasmo, mas perseveró la jaca en una composición de alfabeto reducido, mucha consonante, emes un montón y efes a la zaga, y por vocales abundancia de la o, orfeón componía cual establece categoría femenina, frívola la sinfonía.

Adulzorados por esa oda, esperó el decorado de su víctima pecho en tierra, pues sus dos rufianes iban a sustituir por cuerdas las esposas de esa perra, y aunque creyó la moza tener brecha de escape, no tuvo ni la más mínima garantía de huida, dado fornidos y atléticos eran sus dos gorilas. Mantuvieron a la penada inmóvil, con sus brazos estáticos, puestos en acople, que aun interceder los barrotes y provocar algún rectificar, disponían de extraordinaria cercanía, constreñida la trampa, y en el lapso que usted tarda en tartamudear su parpadeo reemplazaron el aro de las manillas por el sello enredado del cáñamo en sus muñecas.

Se deduce usó de cuerdas en cuyo monto desestabiliza la báscula, calculo una fanega de cebada indudable, dedicó veinte minutos y añada adicional en culminar su atadura. No especifica pormenores la epopeya en este paso, pero sí se sabe colgaba del techo boca abajo, con las piernas en cuyo posado entenderá si le pido imagine una uve la caligrafía de sus extremidades inferiores. Fue posible debido a sendos amarres atados en sus tobillos, y éstos a la vez inmovilizados a cuyos hierros del tejado soportaban lechones y sacos de obeliscos pesos. Pendía su melena como estalactitas, distantes un palmo de estrellarse contra pavimento, y sus brazos pudieron despedirse de su defensa, pues el cruento manojo de sogas los mantenía inertes, paralizados, inamovibles a cuenca de su columna vertebral, ni a un costado ni alejarse, ni subir ni rascarse, petrificados contra su carne.

Contaba la anécdota que, mientras estaba siendo atada, la chica mostró coraje de gloriosa pelea, y en el fragor de su contienda se escuchó un petardo, estruendo correspondiente a la rotura de un hueso, diáfisis del húmero longo un candidato, o quizá a podio en la tróclea o troquin en la chistera. No descarte cúbito, búsquelo en la región interna del antebrazo, curvado en su timidez, al bando del pulgar, enderezado cuando desemboca en el carpo, y en mencionar un tercer sospechoso adjunto el radio, extrovertido y envidioso en la curva de su acompañante.

Bien es cierto que, si usted es versado en anatomía, diría puede ser un tendón, o los ligamentos de alguna articulación, pero ninguna carpeta de forense atestigua certificado de tal ultraje. Diploma maravilloso de su fatídico maltrato es cuya confesión masculló el bárbaro sin signo de arrepentimiento o empatía, mas él no diagnóstico fractura, y a lesionada enmudecía su ciclópea mordaza.

Fabricado el encargo, empujaron de las ligaduras cual polea extrae, y ojalá la hubiese visto, suspendida como un mero fardo al vuelo. Los tres cobardes se quedaron celebrando su victoria, y en el corto ciclo siguiente bregó con ahínco y tesón la chavala, forcejeó estéril y baldío, pues piernas no iba a juntar, gritar atrancó hermético, desatarse era quimera imposible, y el significado de clemencia no es virtud en la bestia insensible.

Murmuró amordazada al borde del sollozo, disculpe no detalle la súplica, debería traducir villano quien el flagelo aplica, pero de pedir franco esfuerzo a un jinete sin bandera tendrá por respuesta diga lo que quiera, es invariable su sentencia.

Tengo yo timón de cuyos párrafos puedo virar a un tenaz heroísmo, su meta escudaría en la tibieza y compasión, dígaselo a mongoles que fraguaron de la península su invasión, y hecha su crítica expanda su investigación, abra expediente a las hordas imbéciles que cada norma aplicaron sumisos por afirmación. Espere a resolver, queda legajo forjado en la obscenidad, que los mercenarios nos tomaron por adversarios, descuelgan el teléfono y llaman chivatos a títeres pistoleros, ¡oiga telefonista!, al exterior veo discrepante, por sus harapos es contrincante, envíen aviones de combate, solicita enajenado.

De empeñarse en un paraíso bucólico proceda según su pensamiento, que yo no veo tal oasis soto la cúpula del firmamento. Es probable exista un edén, mas de haberlo en taquilla hay un rótulo, se deniega la admisión a una especie invasora y pardilla. Yo lo apoyo y defiendo, y de tal concepto habrá deducido, aquí no hay balada de amor seducido, por lo cual ya podía la confinada murmurar y sollozar, que de su finiquito ningún ejemplar le vendría a salvar.

Su morir no fue inminente, que hasta la postrera defunción le aguarda un altivo trecho, odiado por cuyo dolor y angustia es insoportable, erguidos en cerámicas o postrados en su lecho. Tal encrucijada en su biografía incluyó sórdidos juguetes, pero le avanzo excluye halagos de cuyos revolcones aburre la cinematografía con actrices y actores revolcados por colchones o mesas o basuras, conmovidos por roles y diabluras que acciona al pepino, descarto al remolón que siempre sestea cansino.

Sus jadeos le habrían conmovido al hincar un falo aparatoso en cuya gruta sagrada es ofensa divina para fieles profanarlo, pero de cual conmoción refiero dista pentámetros de caricias en las que supongo tiene costumbre, acepto esporádica. Desgajó vetas de la mina dado no midió lubricación, y párvula no pudo evitarlo o resistirse, mientras los tres delincuentes orquestaron carcajadas. Se opuso, y aunque de infractores no hubo descripción, es simple entender resultó su espasmo por desolación, pero ajeno a su calvario el cabecilla hundió aquel instrumento a lo más hondo de su cenote.

Efímero es el futuro si se depende de hienas y cuervos, que vapulean cual excitante acto es innato tanto al placer como la supervivencia, pues sacudió con frenesí homicida, dígale al alcornoque que ese ímpetu es para machacar ajos o triturar las uvas. Ni caso, fricciona tozudo a lo suyo, y la platea ovaciona y aplaude, su gilipollez me recuerda algún mítico fraude. Corregirle, par de majaderos, vais a masacrar corales y algas que hubieran regado jardineros, pero aprovecho la misiva para recordar no quiero en mi auditorio bellacos de ruin estilo.

Sacaba el trabuco cual dispositivo hidráulico se ha vuelto loco por sobrecarga en la red, con esa pericia no extirpas ni un diamante de su yacimiento. Arrecifes arruinados, es prodigio nuestra tribu en estas calamidades, y de tanto frotar descontrolado adelante y atrás, se percibe en el mortero un hilo de sangre, ¡para ya!, ¡payaso de los cojones!, calaña de tu nivel jamás debería dirigir naciones. Ha despedazado toda flora y fauna, suelo yermo antaño fértil, que quien bien la siembra laurea la hembra, de equivocarte las heridas son nefastas, mas ha de ser augusto inculto para no percatarse que la soprano no entona aria de alegría.

Cuarto asalto, ¡basta ya de la paliza!, resistía espectacular la presa, pero reanudó la inmunda sabandija el abordaje, mas concurrentes en la grada vieron la púgil incapaz de izar párpados en el mástil de su rostro, balanceándose cual péndulo liviano no cesaba de murmurar, alaridos que dígame dónde encontrar traductor por descifrar parágrafos amordazada.

Para ese pelotón, maniquí latente fue su laboratorio de ensayos, buceaba truculento utensilio en su pozo seco y rasgado por ver hasta dónde llegaban, metían y sacaban, artista en sus antípodas dale una lección, que sois maestro refinado cincelando la piedra con martillo y punzón.

Sexto acto de la velada, se ha de ser primitivo para tal rienda atroz en el hoyo de su entrepierna, pues cual líquido tinta de rúbeo ese trasto es el elixir vital de su existencia. Arrinconada en el tablero ajedrezado, se ensañó el psicópata depredador, ¡árbitro detén la somanta de palos!, ¡a turnos es ilegal!, que por lo visto se le cansó el índice o el anular o todo su séquito, o se adormecía o encalambraba, dado entregó pértiga a su lacayo, imitó chapucero las embestidas del papagayo.

Séptimo ataque, no se ha registrado en anuario de torneo tunda de tal magnitud, pero vanaglorio de la heroína su actitud, resistía cuyo meneo merece el canalla pena de muerte.

Chimpancé colérico, y pido perdón dado no es mi intención herir o insultar a los queridos primates, es parentesco modélico si comparo con depravado, trajo una estaca, tres palmos de largo, de punza cohete, contorno redondeado, repugnante y muy probable infectado. Introdujo por el ano, pues había oído la próstata es un órgano glandular erógeno e irresistible, pero se ha de ser retrógrado y retrasado por no saber es del aparato reproductor masculino, y las féminas carecen de todo vestigio, mal le pese a científicos codiciosos ávidos de protagonismo.

Lánguido e inexorable, los gemidos decayeron en sus decibelios, exiguos y extenuados, pero debió de ser el instinto de supervivencia que del vivir se negó a dimitir, no se arrodilla a la impuesta penitencia. De todos modos, suspiraba entrecortada, con las riendas pulmonares allende de estos mares, mas amaba ser grumete o marinera o capitán, ahí soportaba las extremas picotadas del gavilán.

Su vigor siguió adelante, y aquel lunático se llevó su derrota transitoria, dado siento notificarles franqueó la moribunda divisoria. Sangraba cuya pócima es tesoro, quien derrama litros paga más caro que tasado oro, y de haberla abandonado su fallecer en breve habría divisado, pues la mente de la doliente ya estaba a todos efectos inerte, sin esperar un gesto de ternura o aliviarse de la punzante hipotermia con el fulgor de una llama y su calentura.

Seguro se estremece con tal macabro guion, cómo he de recordarle es ficción, pero vigile con su entorno, mire las noticias, mueren desamparados en portales civilizados rodeados de inmundicia, por no llevarles confidentes ni manta o bocadillo, ni darles cobijo del glaciar cuchillo. Ahí se pudran, estadísticas muestran verídica esta otra mitad, y hablo por decenas, superan con creces la cincuentena, tenga en cuenta compone la temporada de meses una docena.

De entrarles a robar, presencia de fugados ya puede reprobar, ¡mire!, había un cliente agobiante por comprar, exigía celeridad, y al ver atracador con el filo de furiosa navaja búsquelo a conciencia tras amparo de cartones o agachado en la penumbra del mostrador, ¡despierte!, ha optado majo por la ausencia.

Tengo de casos por ilustrar un millón, nuestra estirpe es un filón, y en querer relatar cada situación deme cronómetro sin conclusión, que en un vida me da para escribir un mísero renglón, mas es curioso, tengo una reflexión, por qué se escandaliza de mi invención, si se comporta indiferente ante esta real cuestión.

Medite, si quiere rumie aposentado en el sofá escuchando charlatán embaucador, gran favor le hizo a egoísta con su complicidad, que durante su desidia y holgazanería aquel diablo acometió un deseo inimaginable, y por dar estocada clavó en el cuerpo agonizante unas extrañas ventosas circulares, cuales se adhirieron mediante púas cuya longitud y punzada es gemela a las espinas de un adulto zarzal. Estremece el pinchazo, y cobayas sufridas que lo odian afirman no logran acostumbrarse, pues lo peor es su maquiavélico uso.

Repartió discos sin plaza fija, pies descalzos, tobillos y otros tantos por los muslos, e incrustó ominoso nuevas arandelas bajo ombligo, por costillas y cómo olvidarse de sus pechos expuestos, estrella invistió en la cúspide de cada pezón. Todos esos armatostes estaban unidos por un filamento de cobre a una horrible batería que, accionado el botón en marcha, creaba cuyas descargas eléctricas oscilan desde meras vibraciones hasta cuyas electrocuciones logra cantar ópera a los mudos.

Si usted no ha contemplado nunca un ser achicharrarse electrificado, yo le ilumino, que desprende un humo, pensará es calcinado, pero al principio es líquido evaporado, mas a tope de vatios la grasa se abrasa, la dermis se derrite, huele a pollo quemado. Expele un llanto que es involuntario, tiene el mismo valor emocional que arrancarse crin de la nariz, y el duelo de la musculatura son convulsiones espontáneas, en nada momentáneas, pues aun difunta gesticula, coletillas de traviesa partícula.

"Disparó a bocajarro por haber fracasado en su infernal calvario"

Alguna deidad debe de haber en panteón, pues en medio de la niebla y el putrefacto hedor de hamburguesa carbonizada, tomó pulsó por comprobar latido de su corazón, según perito sigue viva. Neandertal perdió toda cordura, pues de reclusa no logró doblegar su bravura, y desequilibrado tomó pistola de su compinche, calibre es intransferible de un específico colectivo, para descerrajar a bocajarro hasta expoliar pólvora en el bombín.

He aquí la patraña, y una parte de mi espíritu ensordecía por desdeñar la habladuría, pero debe de ser esa área chismosa y magnética, o el raciocinio por genética, que repliqué disconforme en la jácara concluir, al engranaje le faltan piezas, de cilindros y tuercas me encargo yo de la proeza.

Avería se detecta en cual cotorra propagó escéptico mito. Mecánico repare, voy súbito, que no había terminado la conversación entre déspota y la hermosa que del malandrín fue descubierto su espionaje. Llevado en arresto a un claustro aparte, donde hombres de élite custodian tácitos las confidencias de aquella isla escondida, explicó lo sucedido, cada letra, cada carácter, símbolos y grafías, le escucharon parroquianos y un tercero ajeno desde vestuario colindante. Mediador alcahuete reveló por pretencioso y vanidoso, y de ahí continua la cadena en adelante enhebrado, desperfecto subsanado.

Deténgase listillo, tengo congoja por otro tornillo, dícese del testigo y espadachines, tengo destornillador, yo se lo aderezo. Secretario volvió a la alcantarilla, y seductora fabulosa fue la última persona que lo vio, pues entró y nunca jamás se supo de él. Respecto a sus verdugos, su honor y lealtad les impide guardar estos recuerdos en el sarcófago de su memoria, y se encontraron sendos muertos antes de cruzar las manecillas del carrillón cuya estación les casa en franja horaria, por un virus de laboratorio si adora legal la versión oficial.

Técnico, observe otro desperdicio, que en algún sitio habrán cavado tumbas, de ubicarlas en huerto me saca de quicio, su jeroglífico dispuesto le corrijo. Desaparecer todo crimen de estado es sencillo, pues basta colocar el despojo sobre dos láminas de cuyo metal no desvelaré, dado esquizofrénicos tenemos de sobras, y prender horno cual lava volcánica desintegra los huesos, dejando sólo ceniza como prueba de su vivencia. Recogido el polvo, arroje despreocupado, por la lluvia o el viento será borrado, y así concluye este perfecto espectáculo de magia.

Hábil remendón me ha desafiado, el motor se queja estropeado, y al formular interrogante de qué ha pasado extrañada he atinado, por qué cacique opresor dejó salir a la campeona del escondrijo, mas viró su semblante a bujías y roscas y de alambres un amasijo, quién ha dicho sea veraz este embuste locuaz.

El desconcierto natural me asolaba, pesadillas afligidas por noches de mal dormir, e incapaz de contener mis impulsos me acerqué a titánica mujer. Destilaba un aire anémico a la par de imbatible, ruego me despeje de la incertidumbre su autenticidad.

De serlo, en nido descrito hay un colmillo, su paradero ven a diario hierbajos en ovillo, y si ha leído sin susto, centrado en lo que se ha de fijar, su misterio sabrá solventar, aunque cabe esa habitual posibilidad, tan execrable en la fétida humanidad, de no querer leer la cruda realidad.

Estoy convencido que vos no da crédito a mi credo, y yo asumo de acuerdo, pero si fuese el asesinato verdad, a quién ejecuto, al político o a la sociedad. Por cuál yo me decanto en dictadura autoritaria opto sabia por precavida, mas no se preocupe, jamás he firmado tregua ni paz, si ha leído concienzudo mi relato, subrayo se habrá percatado de mi respuesta esculpida.

 

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