Imagínese arrancara mi novicia prosa con la aberrante insensatez de confesar que esta noche ya languidecida, fecha antigua que escribirán los libros de historia en tinta enrojecida, vi un ovni brazos adentro de su pecho azabache, resplandor cual de mirar hipnótico se asemeja sus efectos a ese aguardiente que a feligrés de taberna emborrache, y al proclamarlo en voz alta verá millones de majaderos creerse un testimonio cuyo burdo rigor son cuatro vocablos austeros.

Supongamos suplanto tal disparate por haberse aparecido el breve milagro de un fantasma, me aterra si es diablo y me fascina si es aliado, con su espectro frío y traslúcido, desnudo o vestido con sudario palidecido, difunto vaga sin descanso por mártir o por venganza, mata sin empuñar lanza, asusta con tal pavor al pregonar devenir en su trémula voz que gallinas huyen a la carrera veloz, y al divulgar semejante chorrada tendré legión de mentecatos prestos a difundir la existencia, dan por cierta mi inventiva en su firme creencia.

Sume una tercera opción, afirmo yo fantasiosa soy miembro de élite en los servicios de inteligencia de la seguridad nacional, que verá al revisar en mis archivos no hay absolutamente nada transcendental, dado no cuentan en archivos burocráticos ningún estudio, busque diplomas en universidades o la enseñanza básica en su preludio, diría cualquier idiota que las letras y números yo repudio. Escarbe en vano por expedientes médicos, propiedades no dispongo ni bicicletas ni áticos, contrato laboral es un mísero documento de camarera en antaña adolescencia un par de meses en verano, actividad económica por estar a cero dirá soy el colmo de ser rácano, viajes nacionales o al extranjero está el registro por inaugurar, un trayecto en autocar consta por despistar, y a pesar de todo indicio razonable todo palurdo de hueca mente estará ausente, interesa sólo el espíritu y el extraterrestre imponente.

De insistir, que no lo pienso hacer, vos me replicaría, ¡calla con tu estupidez!, gritaría irascible y soez, que tan sólo soy una chica preciosa, de larga melena rubia, puntas que yacen en la primera vértebra lumbar y cuyo destellante fulgor, propio del astro febo, hubiera avistado rival lunático desde confines sin ayuda de prismático. En su ignorante soberbia estoy segura me vacilaría, dónde escondo la luminosidad de mi mirada verde prado ante bélica artillería, que mis virtuosos ojos apasionados no pasarían inadvertidos en madrigueras de malvados, y qué decir de mi delgada figura, artistas pedreros emulan en el trazo de su escultura, envidia masculina mira izada su barbilla mi superior altura, cintura avispada que a desaprensivos despertaría su locura, y mis pechos firmes y tersos bajo prendas ceñidas que luzco presumida sería diversión de cuyas alimañas destripar las telas ofuscados por su desequilibrada perversión.

"Pensará usted muy equivocado en las espías de series y televisión"

Demasiado cine y televisión habrá visto quién tenga el concepto que es nuestro trabajo arrastrarse por el fango bajo alambradas, o al acecho por si arrojan desde cielos los bombarderos o palomos sus cagadas. Quizá piensan en su incultura vamos ocultas bajo la capa de una manta, o nos aguardan enlaces internos en cuya roída estación el nómada aventurero se niega a bajarse, ese ambiente multitudinario le espanta, y ya puesto a burlarme es probable piensan tengo por regalo un coche, dispone de botones que habla y vuela y torpedea y juega a las cartas por derroche, pero séame serio, deje de mirar la asquerosa televisión, sólo son sermones que aborregan y le conducen a su perdición.

En mi travesura podría mofarme semanas y meses de tanta incultura, pero escuche cuán le digo con la mejor abreviatura, nací un frío octubre, celebrado el sábado franqueado mi treinta cumpleaños en temperatura salubre. De mi infancia omito comentar, no hay rastro salvo un álbum familiar que no desvela oro oculto, es un libro anecdótico que en el estante hace bulto, y traslado el texto a mi juventud, cuando en la celebración de una boda, yo todavía muy joven y sin saber mi excepcional virtud, se acercó a mí un extraño, capitán su rango militar al mando de un rebaño, y encaprichado de mi tierna belleza me ofreció trabajo de secretaria en su oficina del ejército, le gustó mi desenvoltura y mi delicadeza.

Desempeño de mi tarea fue organización básica, una quimera para tropas de neandertales en aldeas y ciudades, ordenar expedientes por nombres y apellidos en estantes multiplicados hasta el infinito, ¡exagero, tiene razón!, pero por paliar tal abrupto cacareo sepa había un desorden caótico heredado de otras décadas, la zeta por delante de la b, y la primera del abecedario búsquela por detrás de la mayúscula en la capital, mas espere, que al abrir la carpeta de cuya letra inaugural pertenece a ovetense vi que figuraba dentro archivo de gijonense, póngalos a discutir y aún habrá de intervenir policía o forense.

Espinosa labor desempeñé alegre y entusiasmada, aquellas fichas técnicas fue como jugar una partida al videojuego que ha de ser ganada, y si por mi ilusión le doy la impresión de estar medio loca voy a comentarle una curiosidad. Apelativos en los expedientes había cuyas grafías jeroglíficas provocaban pronunciar con gran dificultad, mas no es ésta la rareza, tampoco los insultos a pseudónimos jocosos ridiculizados con total vileza, sino descubrí datos de famosos, políticos de alta esfera, economistas de ingente riqueza, empresarios ostentosos y periodistas vanidosos, de todos ellos su dirección personal y su teléfono, placas de matrícula de su vehículo particular, parientes y sus vástagos, anotaciones olvidé las insignificantes y leí cuales causan estragos. Por pura curiosidad, busqué coincidencias con mis motes, y anidados entre ese barullo de páginas encontré alguno análogo, nadie es familiar de mí y yo no estoy en el catálogo.

Del trato dispensado no tengo ninguna queja, no se invente nadie acoso ni hostigue fruncida la ceja, todo cortesía de reina muy querida, y en caso de acercarse a mí soldado jovenzuelo cual pantera negra acecha al salto desde ramas salía al paso mi capitán, ¡recluta, qué coño tramas!, estrellas ostentadas rugían, ¡aquí mandan los galones y no los cojones!, y el joven asno rendido se disculpaba, obedecía y a su nido por el camino donde había venido marchaba, jamás el bisoño regresaba.

Cuatro meses después, fascinada por un mundo donde descubrí intrigas que usted pagaría y se escandalizaría de saber, amplié mis funciones a otras pequeñeces, controlar con disimulo a qué hora marchaban del cuartel unos cuantos mequetrefes, o acercarme a departamento cartografía por ojear si cuento duplo de quintos tras el fragoso mostrador, o en vehículos estacionados asegurarme el distintivo de carruajes autorizados, no fuese algún listo abusar de plaza que no es coto de su caza.

Cumplí con mucho agrado y divertida, bien hubiera de andar bajo el tórrido sol o estrellar la nariz aplastada contra ventanales fríos de lluviosas tardes, y concluida la etapa anual tuve en recompensa un ascenso, ayúdenos a desenmascarar traidor que roba el pienso, dado la anarquía en los cobertizos ha permitido a malandrín saquear bebidas y comidas, caja de botas ya ha sido rizar el rizo, y yo, enamorada de tal recado, prometí atrapo al chorizo, ahí estuve por los aledaños sin pisar el clave pasadizo, y durante mis paseos me percaté de un transeúnte castizo. Me acerqué por seducirlo, mozo novato quise saber su leva, y eclipsado por mi hermosura me invitó a un brebaje, de dónde lo has sacado, le pregunté al paje. Fanfarroneó nadie vigila, de aquel baúl hoy se ha llevado linternas y alicates y un cargamento de pila, y fingiendo fascinada le cité en el mismo lugar al próximo amanecer, ¡ay ingenuo!, te van a dar tu merecer.

Tras éxito me invitó General a su despacho, edificio sagrado de defensa nacional ocupa de hectáreas un buen cacho. Cruzamos vestíbulos que usted no puede ni tan siquiera imaginarse, hágase la idea del numeroso personal sin uniforme escandalizado a nuestro paso, si su cara descubierta fuese fotografiada sería para la misión un fracaso, y mudos se preguntaban dónde va esta chica fresca y lozana por los intestinos de las máximas esferas, mas todos callados y a joderse, acompaña la doncella a superior absoluto, se obedece y a su paso porte firme ponerse.

Hombres y mujeres, querrán saber cuánto ocurrió ahí dentro, y aunque adoro vuestra lectura sepan no puedo, angustia tampoco me produce, no seamos dramáticos en el ruedo. Sin embargo, doy limosna generosa, insignificante ya es exuberancia, y diré que es una oficina turbadora, no refiero a su decoración sino a su previsión, listo para ser destruido cualquier archivo tan pronto salte la alarma, pues la puerta no tiene cerradura clásica de su hogar, no hay ventana por donde la venida de la brisa rogar, y tras los cuadros no acelere el pulso de su corazón, fortuna de lingotes se esconde en antónimo armazón.

Magna es esta conferencia, que quien la haya entendido tendrá su quijada dilatada, cuidado no desencajarla, y hasta aquí puedo contar, pues hay otra efeméride grabada. Encasilló a mediados de abril, tuve por premio asistir a un campamento de tiro junto acantilados, prohibido el paso a civiles que es territorio militar, y al llegar a accesos me frenaban centinelas armados, ¡buenos días chiquilla, dónde va usted!, y contestaba soy tal persona de división ruego disculpen mis leyentes no desvele, metedura de pata sólo comete el imbécil pelele. Mirada gacha todos los corderos, ¡pase señorita!, reverenciaban encantados, y crucé sendas donde nunca se adentren alelados, hasta alcanzar cuyo campo de entrenamiento donde me recibió sargento instructor, esto va de balas y percutor.

Preparó armas prohibidas a la escoria y plebeyos, sólo el roce de aquellos proyectiles ya chamusca el cabello, e impetuosa rogué vehemente, ponme bazuca sobre el hombro que reviento al puto demente, o dime cuál dron derribo, con este cacharro del abismo a la bóveda celeste arribo, mas el monitor me dijo ¡cálmate!, demasiada fogosidad, fúsil es de mi recomendable utilidad.

Fervorosa agarré artefacto que no es revólver de marionetas uniformadas, acoplé las miras previo al viaje disparado por su ánima, quite el anillo protector de guarda, tenga en cuenta en esos modelos no hay tambor, agarre la empuñadura con la misma ansia por evitar caerse desde lo alto de un rascacielos, empuje gatillo y diga adiós al proyectil, fuertes sus garras, pues el menor descuido en tener asida la homicida puede dislocar su falange, la proximal y la medial son también apuesta segura, o tenga esmero del metacarpiano, no es imposible su rotura, y ligamentos palmares es en burros humanos su fractura, apuntan bala a la ribera como quien maneja corneta frente la partitura.

Pedí otro cargador, que la experiencia fue fabulosa y quiero proceder a un nuevo vaciador, y tutor asintió, dio previo a repetir una lección, tratar el arma como si estuviera repleta de cartuchos es sabia acción. En mi diablura juguetona no había guardado ni comodín en la recámara, pero indistinto su contenido tenga este esmero, se evitan tragedias y ventajas a contrincante cicatero. De buen grado absorbí esponjosa su consejo, y en los fogonazos venideros guardo por sorpresa cuántas acertaron en la ínfima corona tintada de negro, efectiva habría sido por apresar al arisco conejo.

De tan hábil francotiradora mandó entrenador ¡vamos lejos!, rumbo prosigue alentador, atrás y continuamos, digo yo impaciente si en tanto apartarnos no va a pensar enemigo nos ahuyentamos, que desde aquí la diana es arenilla de minúsculos gramos. Permítame oficial un inciso, que el plomo desde este horizonte no impacta en círculo, me veo soplando todo fuelle hasta por el culo, pero raudo respondió el maestro, alcanza puntual y derriba fulminante al cabestro, mas advirtió tuviera celo en el retroceso, que de correr un ápice de aire entre culata y mi carne destroza la clavícula en mil pedazos, hueso ya puede rezar su deceso, que astilla la escotadura coracoidea, o en el mismo embate la apófisis coracoides, o envía el acromion a hemisferio opuesto, y dolorosa lesión en el húmero puedo arrepentirme por la eternidad, piel abrasada y yo despedida por el suelo sería catastrófica barbaridad.

Entregó armatoste de asalto de uso restringido a las fuerzas armadas, calibre si digo averiguará por descarte el artilugio, treinta balas en la capacidad del cargador es el único parámetro que desvelo, y cumpliendo a rajatabla apunté contra ratones y el mochuelo. Desplegué antes la culata para una posición de tiro óptima, por supuesto puede estar plegada, y aunque su cadencia de disparo excede a quinientas balas por minuto yo empiezo poco a poco, ¡fuego grita!, oprimo gatillo y pasmado me transmite confirmación, has dado a la primera en el centro con gran precisión. Suerte de novata sonrió, pero yo digo talento innato poseo, que este artefacto es ágil y ligero, ¡déjame un rato más!, y puesto quise continuar el pícaro me retó, ¡montemos óptica en el riel!, láser y vayamos a mayor confín, menuda paliza de andar, voy arrastrando de aquí a hito da para una metrópoli fundar.

Orgullosa y feliz, déjeme presumir no dispuse de compensador y no tuve ningún desliz, pues a pesar de su carencia controlé el retroceso con destreza, aunque reconozco fue de gran ayuda el guardamano reforzado, dado en ráfaga corta comenzó a mostrarse mi músculo agotado.

Respecto si tuve de prácticas aquella experiencia o es neta invención, no es de la incumbencia en este relato, meditaré si se tercia otra ocasión, y continuaré el recitar con otra data memorable, junio sólo desvelaré en la única fecha escrita, no preciso ni año ni hora inscrita. Vino por ese plazo de visita un coronel, y al conversar conmigo expuso mis excelencias y de nobleza, ¡muchas gracias por los halagos, alteza! Alabanzas son bienvenidas, y terminada cuya charla ya supuse amagaba un interrogatorio, me propuso sueño inimaginable, de su unidad especial unirme al repertorio.

Teñí mi iris de ese brillo apoteósico imposible de falsear, y que para banda de malhechores es una utopía el querer saquear. Comenté al instante, ¡saque documento!, que tres sílabas firmaba de inmediato, justo en primavera me formé en matar al pato, mas con una sonrisa gentil me reservó cita por rubrica la semana siguiente, tantos días hábiles completan el sexteto, en lugar base de su escuadrón, pueblo junto desiertos no conozco ni he oído de él hablar, déjeme buscar en mapa en localizar, y escrupulosa a reunión voy a llegar.

Tomé alquitrán por autopista a la frontera, ¡quieto!, en la salida catorce me incorporé a la autovía, y muchas millas después suplí por un intercambio de carreteras, cual lleva al cerro me interesaba sólo hasta los panizales, por la sustituta conduje al norte vecina de canales, torcí por el eje al oeste, recorrí leguas destino a paraje agreste, pero fue un engaño, pues al asomar su pezón salino hice un amaño, otra vez me dirigí al norte. Giré que de ir despistada se pasa el desvío de largo, y en ese tramo el cambio de sentido es maniobra de proceso amargo, pero precavida acometí que mi aprobado es matricula de honor. Pisé lenta acelerador por pundonor, pues rebasado el puente se sientan abuelos aburridos y chafarderos, y ascendí los fáciles derroteros hasta donde el taller serafín de tractores advierte la cercanía de una carretera con pavimento sin pintar, anchura justa por dos vehículos en paralelo circular. En aquel paraje bucólico y solitario tomé senda hacia hasta cuya ubicación no puede ser desvelada, pero a falta de escasos kilómetros, me encogí sobresaltada de hombros al vislumbrar una funesta colisión, yo no estuve involucrada en esa destrucción.

Describo el percance con una furgoneta turista, matrícula báltica, trabada cortando el paso y bajo sus ruedas una bicicleta convertida en amasijo deforme de hierros. Lamentaban el infortunio los implicados con ese lloro desconsolado de perros, y tendida supina en la tierra vi una joven ciclista, gravemente herida en una escena macabra donde asomaba la diáfisis del peroné por encima de su rótula. La sangre derramaba a borbotones, formando un charco de barro propio de diluvios y ciclones, y por urgirle un torniquete bajé del vehículo en un periquete.

"Cinco hombres encapuchados a la fuerza me metieron en furgón"

Anduve aprisa los cinco metros desde mi auto estacionado, y estando absorta por socorrer a la víctima salieron del furgón cinco sinvergüenzas cabrones, encapuchados en cuyas máscaras no percibí ni un simple tinte de sus mechones, y fui a gritar quiénes demonios sois vosotros izada en pie, pero un soberano puñetazo en mi estómago cortó todo mi aliento. Habría caído de bruces doblada en ese momento, pero me apresaron antes de postrar rodillas, y con los mismos modales de cual campesino carga un saco de patatas, me subieron a la parte trasera del vagón esas ratas. Actriz se reincorporó intacta, que la fractura fue caracterización y la cascada rúbea un maquillaje líquido que impacta, justo antes de cerrar los pórticos la pandilla y arrancar a toda pastilla.

Bramé con toda mi furia guerrera, aquellos cernícalos pretendían hacerme su prisionera, y a un sujeto clavé mis garras de pantera, su compinche obtuvo patada en el perímetro de la cadera, juro tuve por intención aporrear debajo de mi objetivo, y cómplice en su alianza sintió mordisco digno de un vampiro, pero a ese troglodita le hizo cosquillas mi incisivo. Abalanzados cual jauría de lobos, ilesos los demás secuaces, me voltearon por llevar mis brazos a la espalda, y liaron en torno a mis muñecas una cuerda que idolatraban cual si equiparasen a su joya esmeralda. Espeté a viva voz de que mierdas va la fechoría, no soy famosa y mi humilde familia tiene un negocio de panadería, mas impasibles apretaron el nudo, e imprimida la ligadura con desdén rudo tomó otra soga, aplicó el simio en comarca de los codos con tan bestia tensión que epicóndilos llegaron a besarse, del mimo obligado no había forma de soltarse.

Preguntó jefe de ese grupo con acento balcánico por mi labor, pero sin saber el porqué de su cuestión respondí soy una obrera de bajo valor. Recalcó el macaco, ¡mientes!, entras y sales impune del fortín, mas maticé yo en recinto sólo hago fregar y limpiar, si buscan infiltrado yo sospecho es varón que luce peluquín. De mentirosa me volvió a tachar, quizá me habré olvidado anoche me puse a planchar, pero rogué a los esbirros sean comprensivos, atada espero sean compasivos.

Esperanza se desvaneció cuando, en aquel vesperal silencio, surcó espacio su puño cerrado, tomó velocidad de crucero que sólo mis labios actuaron de frenado, y en el brutal tortazo produjo un corte cuyo flujo de la vena tajada resbaló por mi mentón. Aturdida percibí su griterío a las proximidades de mi tímpano, insistía en apellido de líder operativo, mas pido perdón si defraudo como anfitriona, nunca me he fijado en apodo de escoba y fregona.

Extinto sentido del humor demostró ese cavernícola pardillo, que destripó mi ropa a jirones y tajos de cuchillo, y en menos de un minuto quedé toda desnuda, así lo quiso el caudillo. Última oportunidad me concedió, ogro se obcecó en no sé qué planos de un ataque preparado, respondí en cuanto atañe de mapas yo coloco señal por evitar resbalón en mosaico recién fregado. Flecha roja puntea a estribor, mas es cierto que en ocasiones hay patrón que patina atontado, pero yo he cumplido, dado el riesgo he rotulado.

Mal sonó su epitafio de yo me lo he buscado, y revolviendo una mochila andrajosa sacó el bastardo retazos de tela y cinta de precintar. Retales le sirvió por una bola moldear, cual sin ninguna muestra de educación empujó la pelota dentro de mi cavidad bucal, y bobina pegajosa prensó envolviendo del mandibular al occipital, mejilla aplastada y a todo efecto mi quijada amordazada. Quedó a partir de entonces mi lenguaje limitado a suspiros nasales y el coro de escasas consonantes y monótonas vocales, las emes y las efes en abundancia y las a en exuberancia. Tertulia describo de mi bando, pues púgil contrario extrajo otro embrollo de lianas, dobló mis piernas como si fueran ancas de ranas, serpentearon sus hilos trenzados de tobillos a muslos con saña, ida y vuelta y viceversa cosiendo la maraña, y satisfechos del enredado soltaron ristra sádica de injurias y desprecios, y al cerrar el lazo consiguió que fuese estéril cualquier combate por separar el talón de mis nalgas sudorosas.

Viaje amenicé con la copla de gemidos amordazada, mas ninguno tuvo resultado positivo, y largo rato después, plazo impreciso dado no dispuse de consulta en cronómetro, llegamos a un paraje del cual tengo una imagen borrosa e imprecisa, sólo la paz grabada en medio de un solitario océano sin brisa. Sitio ignoro, y por ubicar región litoral o montañosa ojeé su flora llamativa, es terreno pelado donde predominan pigmentos similares, clásicos de enebros u olivos o glaucos o pardos o cetrinos. En ladera se aprecia aglomeración de pinos, e investigué por los cerros lejanos algún pico singular, pero tan sólo abrir compás para delinear la geografía sentí una máscara opaca cubrió mi rostro al completo, noche ciega se cernió de repente en aquel paisaje austero y discreto.

Hechos a continuación es predecible, tormento sufrido fue indescriptible, pues violarme la manada por turnos resultó el menor de los suplicios. Entre tropa hubo de alistarse el mismo diablo, debió salir de su templo infernal y acudir a ese establo, pues cuesta creer que cual mamífero vertebrado somos es capaz de tal maldad, mas acéptelo, que me arrastraron por sus sendas pedregosas, ensangrentada por las aristas de las piedras y otros obstáculos, y al quejarme dolorosa simularon un paredón, yo tendida y ellos ordenándose como pelotón, y el estallido fue una traca de petardos. A carcajadas volvieron a follarme, y en las pausas maquiavélicas hubo un psicópata que enredó cuerda en mi cuello, y apretó entre vítores y aplausos de quienes gozaban de mi sufrimiento por el oxígeno interrumpido, nunca he sabido que dijo aquel mal nacido, pues sus insultos coincidieron por un estado de semiinconsciencia, ¡aguanta, me dije!, o te matan o ten paciencia.

Supuse el querer información fue la clave por mantenerme en vida, y baso la contundente información en que volvieron a interrogarme, dinos quién eres y para quién trabajas, mas con las facultades vapuleadas en la jaula de la mordaza murmuré una leve negación, carezco de mayor energía tras somanta de palos y la violación. Sentenciaron ahí me quedo a morir moribunda, y cual asé un fardo de contenido insignificante me colgaron boca abajo por las piernas de una rama, de dónde ha salido ese árbol ornamentado, que en la inspección no vi selva al teatro rodeado.

Alzada cual saco de boxeo desataron su ira enferma contra mi silueta indefensa, de aplicar otra ráfaga de ostias me agotará el latido vital en mi despensa, pero ya al límite de la percepción difusa y la mente confusa detuvieron sus mamporros. Me quedó la escasa capacidad de escucharles caminar a sus vehículos, charlas no sé qué dijeron, dado esa zona de mi disco duro estaba seriamente dañada, encendieron motor, arrancaron con la sorna tétrica de sonar su claxon mortuorio como despedida, y marcharon conmigo abandonada, aguardando inexorable la guadaña temida. Leves convulsiones me causaban vaivén en péndulo, desorientada y extasiada desconozco si enfocaba a poniente y oriente, y al borde de ser una efigie cadavérica percibí unas ruedas acercarse. Pensé es fruto del desvarío y la alucinación, quizá ya estoy muerta, pero me alentó un brusco frenazo y el sonido de una puerta, y las cuerdas aflojarse me notificaron la decisión del destino, has de celebrar las bodas de platino.

- "Bienvenida al equipo, ya eres miembro de élite" - capté alzando las párpados deslumbrados y viendo la efigie de mi capitán, entre otros miembros uniformados.

"Fue la prueba definitiva para ingresar en su equipo de élite"

Quince días estuve ingresada en cuyo módulo especial de hospital militar no hay constancia de su existencia, no busque informes que no hay registros, ya no existe ese sanatorio, conténtese con la flácida raíz de mi narrativa, pura ficción recuerdo si es usted incrédulo.

Tal longo período fue debido a las considerables heridas, no catalogue por leves, pero es curioso el esbozo de mi sonrisa satisfecha y orgullosa, que a pesar del agravio severo me mantuve intacta y serena, victoriosa conseguí no hablo y conmigo viene confidencias a la tumba del infierno, si por honrada es necesario.

Disculpas no tuve, ni las aguardo ni las quiero, gozaron los pedantes, tengan epopeya en su gloria vivida. No hay rencor, tampoco flamea llama de odio absurdo, caiga usted en manos de enemigo, y tendrá el concepto fue su aliada perversión un suave masaje. Qué otra razón aguarda vos si no, si el ser humano es el mayor depredador del planeta, aun teniendo esparcidos por el globo terráqueo tiburones de fauces mortales, leones de colmillos tajantes, tigres preciosos y salvajes admirables, águilas cuyas garras y picos despedazan conejos y corzos si es preciso, cocodrilos de mandíbula aplastante, serpientes cual veneno eché mano rápida a bolsillo por antídoto y si olvidó en casa despídase breve por su tiempo efímero, y disculpe si omito otros magnos depredadores, que ninguno supera en maldad y crueldad nuestra terrible especie humana.

Intriga arderá en su alma por conocer mis asignaciones, fantasía inventada es esta utopía he avisado, aunque si quiere jugar lancemos dados al tablero, me animo y participo. Fascinante profeso este oficio, demuestre dirá, busque en archivos contestaré si en casillas quiere avanzar, y verá al participar un gigantesco colectivo en vacío, asómese que es todo abismo y tenga a buen recaudo dónde pisa, adversidad de resbalar tiene muchas papeletas el inconsciente sucesor.

En un gesto de empatía, dado no malentienda por amenaza, diré esta vocación es muy grata, rutas planeo a cada éxodo distintas, no repito sendas, no hay rastro de mí al llegar, nadie me espera y marcho sin dejar huella. Nombres tengo a centenares, encantada de conocerle es mi saludo, me llamo letras que pronuncio en voz alta, y según usted me diga mi seudónimo sabré su bando y su venida. Espías escuchan, oigan lo que antojen, charlatana y dicharachera explico y no callo, que al hablar los oyentes aledaños bajan guardia, omiten es discurso muy ensayado. Prismáticos me observan, ningún problema estoy a campo abierto, si prefiere en el centro de la pista, mire de las uñas a la punta del cabello, que es parte de mi reclamo.

Estoy segura no concuerda mi explicación con su razón, demasiada televisión habrá visto, con aquellas películas de mujeres espías vestidas dígame si va o viene de una ceremonia nupcial, tan galán y etiquetada, con un cuchillo en sus medias, lanza y en el gaznate acierta. Tendrá la otra versión, señoritas disfrazadas quienes esperan resistencia, chocante ubican su obscura sede en un sótano mugriento, o les acecha un contacto misterioso, conduzca y duerma y coma y visite a sus anchas.

Recelará es mi fábula entonces si es verdad, venga vamos a apostar, si vos va fuerte yo tozuda igualo y supero. Muestro carta audaz, y comento no toda la vivencia es aterradora, que hubo una etapa yo infiltrada en periodistas, brazo ejecutor propagandístico de dictadores y tiranos, añada autoritarios y políticos, e incluya imitadores y copias de este escoria, aparte de otros además. Ríase, descojónese, asómbrese, investigue por reírnos un buen rato, y afirmarán en eventos deportivos de máximo nivel, vestuarios de campeones, tras bambalinas de eventos mundiales, alcaldes, gerifaltes, presidentes, altos mandatarios, famosos y tantos pretenciosos, yo conozco a esta chica, toda un crack espectacular, entrevistas y fotos no tuvo restringido, y por aquí estuvo entre el par y el lustro de años, vino por medio de comunicación, abroncarán los eruditos, idiotas es falsa esta agencia.

Desafíe, venga, no se acobarde, y qué hago yo allí si ni tan siquiera tengo diploma o título, es travesura el no desvelo. Defino fue faena muy fácil sin obstáculo, que su vanidad y su egoísmo los hace ingenuos y necios, yo cumplí mi trabajo, cerebro mi porción del pastel, y el resto no es de mi competencia.

Tampoco es complicado infiltrarse en aquellos barrios de futuros robados, pues al fin y al cabo son los propios implicados quienes no sienten pena por su pobreza, no ven tal condena y no hay aflicción, que su esperanza no es cultura inesperada, sino fiesta y alegría, dado nadie se queja si tiene la panza llena. Sonará frío y distante, y así debe de ser, yo no consuelo y no abrazo, simplemente llego, conducta tenga la perfecta, palabras dé cuantas quiera mientras sea las exactas, escucho atenta silbidos también es menester, visualizo el panorama hasta el más ínfimo rincón, analice gestos inclusive pestañeos son importantes, y haga que nadie se sienta temeroso e incómodo por su presencia. No estropee ningún festival, no interrumpa cadenas a su meta, que todo fluya por su propia inercia, usted debe ser sólo otro comensal en el jolgorio, y de los ignorantes vos tranquilícese, han tomado nota y en su justo instante los verá hecho trizas.

Peligros soy realista, mas repito prometido creo en el destino, que usted corra en línea recta por la estepa o entre bosques al oír aullar la manada de lobos, y verá al torcer su huida toparse fatal con un oso hambriento, si así lo ha escrito el destino. Entenderá de este modo considero estupidez escabullirse de los riesgos, que ya me dirá usted de sus escollos rutinarios, los semáforos en rojo, conductores atolondrados que no respetan peatones, y entre estos viandantes sortea atraco en el portal, o tarado esquizofrénico por la acera, cito dos habituales en grandes urbes.

Libre es usted de tomar su decisión, salvo golpista autoritario haya masacrado su democracia con el aplauso unánime de muchedumbre imbécil, quienes señalan tú no eres aliada, no llevas la boca sellada. No obstante, el devenir le indicará tuvo durante su vida moverse por un buen margen, es permiso del destino, simplemente de estas fronteras no se exceda son sus reglas, eso es océano y no vuestro terreno.

De aventuras arriesgadas me he nutrido a toneladas, y de entre todas hay una cruz en calendario, aguarde ya viene el protagonista suceso de este relato.

Junto cangrejos expuestos en el escaparte de cuya ribera es un río vigoroso, llegó vagando por laderas inexpugnables un paseante, qué bestia va a rodar pendiente abajo. Portaba bastón provisto de la madre naturaleza, y un gesto clave identificativo despertó mi atención, auguro quiere hablar conmigo a cobijo del avellanero solitario. En sitio exacto coincidimos precavidos, no es casualidad que la espesa maleza nos camufla de fotos muy distantes, y el ruido de la cascada, aun no sobrepasar los dos metros de altura, ensordece chafarderos de audiencias no concedidas. Tampoco atacaran, es terreno peñascoso y frondoso, correr sólo es apto de jabalíes, corzo es otra fauna, que los conejos aunque pudieran prefieren campos de siega en las faldas a kilómetros, y humano no llegará sin resquebrajar de lejos la atmósfera sus pisadas, salvo ser cuadrúpedo felino de plantas acolchadas.

Inquirí por la emergencia, y notificó un grave problema, que se ha expandido el rumor de haber un régimen trastornado, en laboratorio fabrican virus, y de su uso se especula es una excusa barata el matar ancianos seniles que tantos sobran. Según han contado los chivatos, postrará países de rodillas a una nueva potencia, hagan caso o mueren en abandono, y en los gobernantes presentes se carece de toda confianza, mas su error no va a tener rectificación, recular atrás no servirá, derechos y libertades busque su significado pasado en libros de antaño, no se contemplan de aquí en adelante.

"La misión más arriesgada fue apropiarse de un virus peligroso en laboratorio"

Cuál es mi misión pregunté, presiento localizar y exterminar este recinto, y sin embargo prohibió este cometido, aprópiate del virus y nosotros decidiremos su uso, concluyó en mí asignada.

Puede usted comprobar veracidad de tal versión, lista de pasajeros en aviones, fechas muy anteriores cual se imagina, repase siglos si se aburre, que no me identificara. Revise cintas de seguridad en aeropuertos, desde rostros descubiertos hasta la burda simpleza de un gorro o una capucha, que cada uno se divierte como mejor le plazca, pero si le pagan por encontrarme, en salas de espera o embarques, es partícipe de una estafa, no hay ni un cabello de mí.

Puestos a mirar folios inútiles, ojee controles de aduanas en carreteras, autopistas fluidas de su nacer al fallecer, visualicé circuitos de imágenes a su último fecha, que no verme por las grabaciones ya desaparecidas es una patética evasiva. Insista en las estaciones de ferrocarril, en los billetes de tren, pregunte a guardianes de hoy y décadas añejas en andenes, no he visto jamás a esta chica confesarán muy sinceros, y si vos malicioso desespera, todavía quedan los autocares, a ver si goza de la dicha alguno cerró mi atajo, ¡ay! pobre y lamentable iluso.

Dirá cómo me desplacé, imposible sin ningún gobierno retenerme mi perfil, pero estamos en un reto, no me diga se ha agotado de jugar, muy temprano todavía. Adivine, que yo llegué a la corona un gélido enero, azotado por cuyo viento polar arroja la bóveda del planeta desde aquellos glaciares donde fornidos esquimales estarán hoy sudorosos, pescando focas en sus témpanos de hielo.

Acomodada en una habitación singular de un piso compartido, no hay resguardo de pago alguno, aguardé la llegada de la cálida primavera por pasear entre lujosos barcos, bikini escueto y piel bronceada, que bien sé ustedes tienen ese concepto erróneo de haber de pasar desapercibida, y cuéntame por qué descarta estrategia de ser llamativa, míreme muy de lejos, soy chica dulce y mimosa, hermosa y cándida esté sin fisura convencido.

Sonrió el propietario de un trasatlántico, exagerada soy es cierto, pero aquel yate espectacular tenía su botalón aquí, donde estoy, y sus motos acuáticas allí, mire donde señalo que a nado es piscina olímpica por lo menos. Saludé cariñosa, y pregunté si en cubierta tiene jacuzzi o pista de tenis tal colosal engendro, sube y descúbrelo tú misma, me vaciló el caballero.

Anclado en su muelle privilegiado, cuidé en la pasarela, no sería la primera vez que patoso cae al agua, subí proyectando una energía dócil y entusiasmada, y es brutalmente sencillo ser invitada a bañarme, tomar el sol en la terraza, y en descubrir los pechos desnudos por no quedar marca de tirantes ya gozamos de amistad desde parvulario, que sí es verdad nos conocimos en ese instante.

Presentación mía, estudiante de idiomas, aventurera en conocer otras culturas y lenguajes, quién sabe si en algún hechizo enamorarse. Su esposa de alta alcurnia vive en su propio mundo, a ratos inmersa en la lectura de un libro, no pregunte su guion es sólo apariencia. De su hijo veinteañero, es su franja tener hormonas revolucionadas, y a mi vera me agasaja con diálogos, no te esfuerces hubiera dicho, subo para ser conquistada, pues su padre, hombre de mediana edad y nacionalidad impactado quedaría vos de saberlo, es el director de la mayor empresa científica en todo el país, incluido por supuesto su rama farmacéutica y laboratorios en raíces.

Mida las palabras, que esto es diversión y no negocio. No son sus hamacas las camas de un hospital, no es el ardor del astro febo la febril temperatura del enfermo, y en sus camarotes no hoy féretros, y aquí, hoy, ahora, no se clavan cuchillos en las carnes, sino sonrisas y andanzas ahondadas en su temperamento jovial. Hágalo perfecto, yo no cometo ni un solo error, y tendrá por recompensa el joven varón. Ganado el vástago en presencia de la familia, es cuestión de breve paciencia deambular por todo el vasto diámetro de ese buque majestuoso sin obstáculos ni barricadas.

A puertas del verano, con el resplandor irradiado en la hoguera imperiosa del azul celeste, nuestro vínculo fue de novios, modérese no por contraer matrimonio, pero sí la relación por darnos morreos consentidos, las lenguas fundidas, sus dedos en mis pezones entregados, y mezclado en mis falanges hallarse su pene, hoy le masturbo machacado todo el miembro, después es turno de él, o follamos ardientes muy a gusto, divina música es el jadear.

Vaticinará usted prosigue esta historia en que muchacho o su progenitor son la llave de entrada, y profetizará ellos me acompañan a complejo amagado, o en un descuido robo llaves de su camarote, ¡válgame ridiculez!, a quién toma por mentecato, yo al escribir o estos dos sujetos en su discurrir. Subestime al enemigo, y nadie va a derramar esfuerzo y sudor en auxiliarle, y un miserable tropiezo es en estas artes argumento para morir.

Escúcheme muy atentamente, que estos Presidentes son muy vagos, sus retoños mal mimados, el de mayor cargo se mueve en órbitas de cenas y paseos a caballo, y su heredero es alérgico al trabajo. Qué hacer entonces, aguarde a cumpleaños o mera diversión de un sábado por la noche, y sus camaradas tendrán curiosidad, quien es ésa preciosidad afortunada. Por cortesía presentarán, éste conocido es tal y pascual, del siguiente comentará son inseparable compañía desde la imberbe juventud, aquel es casto y no hablo que la voz en vano desgasto, sigamos por partidarios en su ideología, atendamos los afiliados a las pachangas deportivas, y prorroguemos los saludos con los devotos a verbenas de holgazanes, uno politiqueo de poca monta, en el centro especulador en bolsa, a su diestra el banquero, y ahora pertoca investigador virológico, ahí está mi presa.

Esperen estén ebrios, a cuya tasa enfocan sus ojos descarados mi cuello sensual, ya es suyo, y en ese momento aproveché a pedir teléfonos, nuevos amigos son siempre bienvenidos si me enseñan museos o playas de su ciudad, dialecto hábleme en cualquier cháchara intrascendente pues ansío léxico mejorar y practicar, y verá en su agenda de repente un tumulto de dígitos a rebosar.

Al accionista pregunte por el mercado bursátil, al burdo ministro permítale se explaye en sus ambiciones enloquecidas, al banquero jáctese unísono de incultos saqueados, y al virólogo pregunte por la gripe y varicela. Todos hablan si viste la princesa prendas ajustadas y va desarmada, y a concluir el verano verá como alguno de los sementales, en un paseo cotidiano, dará la extraña casualidad de estar circulando cerca de su trabajo.

No son los hombres originales en sus mentiras, líbreme el amor de cruel castigo con cualquier semejante estúpido a ese elenco, y en efecto, un martes inesperado masculló el científico acompáñame a mi laboratorio, que hay un simpático torneo de intelectuales estrambóticos.

¡Menuda fortaleza! Cuarteles en guerra tienen menor entramado, mas en garita de centinelas con fúsil justificó el experto acreditado, es extranjera a ver certamen. Levantaron empalizada, pasen pueden entrar, aunque por el retrovisor fue mal síntoma aquel reojo desconfiado de un guardia y su premura al auricular.

Respecto a la competición, en un tramo del jardín acordonado, me quedó la duda si es personal titulado o un coro de atrasados, pues estoy segura habrá escuchado en sus coloquios aquellas risas tontas y subnormales, cállese le gritaría que me amarga la ilusión, y si ha respondido afirmativo, convencida estoy de ello, multiplique su hechizo idiota por cinco, la decena no se equivocaría, a ese nivel era de estúpida su juerga. Correteaban lentos los flacos de un lado a otro, dónde coño va y qué narices está haciendo, todavía no lo entiendo, y a flancos varios individuos saltaban, imagínese canguro que no avanza ni una pulgada, idéntica gilipollez, y yo pensé esto debe de ser efectos secundarios de tanta lupa y microscopios.

Bodorrio es el adjetivo idóneo, una hora eterna, en desacuerdo conmigo muchos testigos, risas a mandíbula batiente, llamen a urgencias que aquel de pelo corto se desquicia el maxilar. Llegó tras el júbilo una calma, agotados pobres han corrido una hectárea sumando sus puntos cardinales, fundidos en abrazos complacientes, sonoros aplausos y vítores al vencedor, explíqueme quién ha ganado, tendré insolación porque no he entendido nada.

Terminado ese aborto de campeonato, pregunté si esa pantomima es frecuente en hombres de ciencia, y comentó es por relajar su estrés, cada uno libre con su método. Dispuestos entendí por macharnos, y en aquella cómoda intimidad me invitó a su despacho, confía en mí mas no he de revelar enigma, y sí estar callada.

"Aquel edificio secreto de laboratorios virológicos era una fortaleza"

El hecho de no tener interés por la ciencia templó sus miedos, y a su vera me enfrasqué en las entrañas de aquel edificio, control de acceso automático da su acogida, con una apertura mediante lector de tarjeta, ponga ésta sobre lámina y en dar aprobado se retraen las puertas en cada mueble a su costado, espere a abrirse que su altura franquea sólo atletas olímpicos y no intente pase fraudulento, saltara la alarma activada.

Continúa el pasillo de fría piedra, mal augurio, pues la fortificación está construida con materiales impermeables a los líquidos, resistentes a la corrosión, ignífuga, todas las paredes rectas, cuadradas, sin adornos ni salientes, eficaz en desinfectar y descontaminar, y mire no hay ventanas, no hay cristalería, ni cualquier otro material fácil de romperse o despedazar, es una seria advertencia, y peor auspicio es demasiadas cámaras en los ángulos inaccesibles de los tejados, en cuyo enfoque calculé no hay recodo de ángulo muerto, ahí se cuece algo.

Las cancelas recias, todas cerradas a cal a canto, ilustraban en su porte el inequívoco mensaje no abras sin llamar, que si afina el tímpano verá son mudas sus barrigas, no se escucha motor ni ventilador. No hay indicación, todo obrero sabe su renglón, y si usted en alguna ocasión percibe estas señales debe de extremar precauciones, que los acordes del silencio avisan, acecha mortal depredador.

Descendimos una planta, diecisiete escalones y dos virajes en rellanos conté, y en el sexto portón colocó su tarjeta magnética en el lector de avanzado protocolo. Al presentar su credencial, el terminal almacenó fecha y hora real de entrada, mas al fosforar su semáforo a verde exigió todavía reconocimiento biométrico en su huella dactilar. Inusual tanta tecnología estricta, y recelé no estaba en un cobertizo cualquiera.

Abierta sin decir el sistema informático ni un miserable buenas tardes, entramos en sala tesorera de sus misterios, y no sabría describirle el paisaje, dado esto no es el cine, y no tiene parentesco o comparación. Para empezar, da la recepción una sideral librería, con estantes divida la decena por su mitad, y en hileras saciaba el mercado prensado archivos en cuyo alfabeto, si le descifro, daré signo que no quiero. No embista estantería, no es usted toro de lidia, que detrás hay un tabique amagado, y cifrados cuatro pasos amanece su envés, un espacio diáfano, rectángulo industrial da para otro uso cancha de baloncesto, pero no toque nada, hay cámaras térmicas enfocando desde cada chaflán.

Impresionante equipamiento, clara y concisa. Sepa los medidores electrónicos son las herramientas de trabajo más importantes en todo laboratorio, elenco múltiple, de cloro, partículas, fotovoltaicos o de gases, cito entre centenares, mas no es habitual beneficiarse medidores de radiactividad y explosímetros, esta gente no son aficionados. Tester por ultrasonidos y medidores de infrarrojos es un digno equipaje, cuánto chalado está conmocionado, piden compra a gobierno en fondos que nunca tienen, y de centrífuga frigorífica conté tres, increíble no me va a creer si entiende de este tema, consiguen una investigadores y alaban postrados su reverencia.

Balanzas es muy habitual, no se suba usted que no es cuestión de obesidad, sino están calibradas para polvos, gotas y cenizas. Analítica instrumental y accesoria ni lo cuento, consumibles dispone a su antojo colección de álbum entero, ni uno roto o resquebrajado, congelador este no es la nevera de su hogar, pues magnífica tecnología alcanza los 86 grados bajo cero, ya le gustaría tener quien sonríe atónito ahora. Para becarios se distraigan en pipetas, o vayan castigados de cara a la pared, en microscopio biológico monocular fijen ojo y no levanten, apunten y callen, mas estoy convencida aquí no entra colegial universitario, quién quiere esa básica inmundicia, si hay pegado a su costado microscopio de luz invertida y fluorescente.

Vi incubadoras para cultivos celulares no infectados y otras para infectados, ocho hablo de memoria, no levante tapa es un ejército invencible, y entienda me fue indistinto la cantidad, atenta el equipo cercano, me refiero a la cabina de bioseguridad cuya clase no especifico.

En ese laboratorio regía la ley del qué necesita, dígame y aquí tiene, una estufa ha dicho, tenga para cultivo y de regalo otra de desecación. Si quiere viscosímetro, me sobran a decenas, tenga éste de rotación y por no molestarme en el futuro ahí tiene agitador de tubos, bomba de vacío no he proveído que ya tiene, sobre esa mesa la veo, impulsada por pistón y sin aceite, e insisto aporto cualquier utensilio, dosifique y filtre y refrigere, o destile o aplique titración, pídame yo le mimo, ¡tenga! estaba de oferta un espectrofotómetro de absorción atómica con atomizador, analice si quiere el rocío de la lluvia, y sugiera por favor, probetas o gradillas o escalpeos o buretas, se han roto o ha extraviado yo le sustituyo, plazco a gusto por su trabajo, satisfecho está el obrero y yo me alegro, recuerde ahora el trato, cumple o sabrá lapa explosiva en el bajo de su coche.

Supe de ahí no salgo sin tener problemas, aunque sea su cara conocida y goce de su compañía, pero alguien se ha gastado hasta el último centavo en un circuito cerrado que no disponen ni instalaciones castrenses, y sé este elenco de desgraciados no permiten concesiones.

Estrategia es mostrarme ingenua e indefensa, y es típico comportamiento sentarse sin maldad en butaca cercana, toqué patas de aluminio por detrás huellas impresas. Al mismo tiempo, ante el pasmo de mi éxito, extrajo de nevera ártica un frasco opaco, cuyo tamaño diminuto es incapaz de albergar todo el desconsuelo de prehistórico cocodrilo. Portaba asido en las falanges distales del pulgar y el índice, he ahí tenía ante mí el primer ensayo de la mejor arma nunca existida.

Dinamita pura en su sazón, y advertí agarra fuerte, no vayamos a despedazarnos por la onda expansiva, y sonrió complacido, es metáfora replicó, pues su explosivo en verdad es carga vírica, burlé yo gripe se inventó hace siglos. Hincapié hizo en ser este virus muy degenerado, más pesado en su densidad que un catarro y sin tratamiento que facultativo pueda a paciente haber recetado. Jura el mundo aborregado concibe la muerte, mentira podrida, huyen despavoridos cuando son los siguientes en la lista, y al engendrarse inventario de fallecidos los verá implorar benevolencia, no sean brutos y perdóneme, sollozaran ancianos y guarderías.

De esto ha de haber cura afirmé incrédula, dónde está el negocio si el asa del cuchillo también corta la mano del asesino, y justo en ese instante se abrió el umbral, tres policías militares y su jefe entraron en parte de improviso, ya me lo esperaba.

Escandalizado por la escena, gritó el cabecilla al docto, si es imbécil o sólo una rata que piensa con la polla. Se excusó, es tan sólo una incauta turista, y con voz grave le espetó, puede ser esta zorra una espía, y llevar micrófono bajo la ropa. Gracias por el insulto pensé dentro de mi ser, pero aquel tontainas se mostró sobrepasado por el enojo visceral de esa cuadrilla fuertemente armada, y por desviar su ira me puse en pie, empujé la falda de mi vestido ceñido cual vela en mástil se iza, estiré rebasada la escama del hueso frontal, y mostré ocultaba tan sólo un sensual conjunto de braguita y sujetador, encaje púrpura seduce a los hombres y mujeres, no disimule señora vos también.

Soy consciente aquel coraje equivale a colocar la cabeza dentro las fauces de un fiero león, mas esta opción fue la mejor solución, con el inconveniente de penurias. La reacción del villano fue inmediata, y aplacando su arrebato susurró no necesito de cables y grabadoras, fuerte ya es mi mente.

"Guardianes militares me apresaron con las manos atadas a la espalda"

Mandó apresarme, y abordada por sus secuaces llevaron mis manos juntas a la espalda, enredaron sogas no describo trazos que en el cogote no tengo ojos, pero con maña de marinero quedé firmemente atada, inútil esforzarse en buscar nudo inalcanzable. Apuntalaron mis brazos reos con otras jarcias, reptando las cuerdas desde la saya del ligamento anular hasta la cumbre del deltoides, aseguradas no resbalen ataduras en una infame opresión en un ir y venir de riberas a la altura del oblicuo externo el primer sello, estampar otro cordón sitúe en el ancho dorsal, y cincelar la trilogía ligeramente inferior al músculo redondo mayor.

Quedó al concluir mis codos besados juntos, ambos cúbitos en efusivo abrazo, encantados exclamaban casi nunca nos reunimos, y los ocho carpianos apuntalados en los otros octavos, de su lugar todos inseparables.

En mi ayuda salió el mozo, por favor es la novia del hijo del Presidente, y en tal afirmación tomó teléfono el individuo, y escuché presentarse, señor soy delegado de seguridad en su edificio, y aquí tenemos intrusa, cuenta trabajador es pareja de su primogénito. Nombre coincide, descripción es exacta, y mientras raudo se dirigía a fábrica transmitió orden custodien presa en la celda, puede barrenar bajo la línea de flotación.

Soltarme grité asquerosos bellacos, no se os ocurra sacarme en bragas y atada por los húmedos pasillos, que si queréis presumir de vuestra maestría hacerlo en otro sitio y con vuestra esposa. Deseo no fue concedido, y con total descaro salimos a la galería despoblada, quince metros alejarnos en sentido contrario de la salida. Abrieron puerta pesada metálica, que en su fisonomía externa es típica del cuadro eléctrico, no abra, alto voltaje, mas tras su amparo no hay desgracia de corriente, sino una angosta escalinata circular, anchura la precisa por desfilar un cuerpo rozando las paredes, cual conducía a un lúgubre subterráneo.

Contrastó suplantar el último escalón estrecho con un espacioso corredor, créanme cuando digo caben de sillas la veintena en fila india paralelas, mas no busque enseres, totalmente vacío, techo alto y un eco inquietante al retumbar de cada zanco. Esto indica es zona de almacenaje y transporte, por ahí deben entrar y salir camiones de carga, que al fondo se divisa un gigantesco centro logístico, pero nosotros nos detuvimos mucho antes, junto otra puerta reforzada cuya galería laberíntica se adentraba dos metros, torcía a diestra, otro par y virar a zurda, repetir a babor, misma longa tirada, y cimbrada la vista al norte aguardaba una puerta horrible de hierro grueso, cerrojo y pasador, desde el interior no se abre.

Darme al menos mi vestido blanco, que es mi petición cubrir la lencería, y quitarme estas maromas, tengo los brazos inertes y adormecidos, pero los sicarios me empujaron a su absoluta oscuridad, cerraron y marcharon, dejada sola y atada en aquel campo de batalla donde por ganar es decisión del sigiloso destino.

Habrá visto en cinematografía heroicas luchas donde unidades especiales rescatan capturados, permítame me ría, que la imponente realidad es muy opuesta, estoy sola y jódase con su fortuna, sería solo otra baja en un plan fallido, pues nadie sabe dónde estoy, ni he confiado ni he llamado, no tengo número, no he escrito cartas, aquí no se felicita onomástica. No sé quién eres, no nos conocemos, no hemos hablado jamás, a esta loca la condenen, y en sede dirán traigan de banquillo a suplente y súbala a vanguardia, es el continuo amanecer.

Esperé sentada en un meandro del suelo tiempo impreciso, sepa en la inmensa ceguera se pierde el ritmo de las saetas, a ratos contadas aceleradas y muy habitual son sustraídas, y el silencio perpetúo, divorciado apenas por mis bostezos, no ayuda en absoluto. Abstraje el pensamiento, que en cualquier momento aparecía mi flirteado, y en efecto este pronóstico se cumplió, acompañado de su patriarca.

Sollocé mira qué me han hecho tus vigilantes, estoy atada en lencería desvergonzada, aquí encerrada en este antro oscuro que en comparación con este espanto son los suburbios degradados unos barrios de riqueza, mas yo prometí soy inocente, tu amigo virólogo me ha traído sin yo quererlo, por ver concurso amañado, y al terminar me ha mostrado su oficio, no entiendo de ciencia y sólo quiero volver a casa contigo.

Por mi sorpresa, abroncó no debía haberle acompañado, que esa arquitectura no es un parque de atracciones, mucho menos un yate soleado, y pena no siente, soy preciosa y estoy encantadora, para divertirse los soldados. Desplomada y aterrada, dio el mandato ya tenemos voluntaria para ensayo, recordar no quiero escándalo, que parezca un accidente.

Marcharon todos salvo dos uniformados, mi confesión era su cometido, y aun haber encendido la luz no me había percatado de la terrible instrumentación a lo largo y ancho de aquella estancia sin salida ni ventilación. Prestos preguntaron quién soy yo, aventurera joven y dócil en conocer mundo contesté. Ultimato dieron, aquí hay instrumentos de heridas peor al hierro afilado, no tenga desprecio y cuente la verdad, y dije es real, he visitado la plaza céntrica, puertos y sus costas, fotos tengo a mostrar si me desatan.

Cabreados los primates, sensible su espíritu pobrecitos, me arrastraron hasta una viga de madera de carácter ortotrópico, cantos redondeados, distante apenas un zanco largo de su pared próxima, cruzada todo el calabozo desde el muro septentrional a zambullirse en su reflejo austral, con varios anclajes clavados en su fibra, y de la cual sólo emergía su parte circular soldada.

A su sombra de ecuador, vi una simple caja de leñosos tablones paralelos y en diagonal, vestigio de las épocas vikingas o la chapuza de un carpintero borracho, y obligada a subirme encima ataron un enredo de cuerdas cuyo trayecto fue en ida y venida de mis brazos a los aros de la viga, paralela y enhiesta la dura tensión de los cordones. Recordaron los bárbaros, todavía puedo rectificar y contar quién soy y qué hago, y dije tengo pensado un museo visitar, si me desatáis me podéis acompañar.

De nulo sentido del humor, no les hizo gracia mi ingeniosa chirigota, y mientras ataban una cuerda en mi tobillo prometieron me iba a arrepentir. Doblegaron rótula al vuelo por acercar calcáneo al trocante menor, ubique en cresta de nuestro fémur, y créanme aplicaron tal grado de maldad que llegaron sus forros carnosos a tocarse. Voltearon por el hueco delimitado entre gemelos y el bíceps femoral, y al prensar el nudo quedo mi pierna atada cual anca de una rana no puede ser estirada ni apoyada planta al llano del tablado.

Otra cuerda de menor dimensión, entienda por esta extensión los siete metros de longitud aproximadamente, despegó de sus parentescos atados en tobillos, acrobacia inclinada directa a cuyo aro muy lejano es isla asilada al filo de la viga, y al anudar firme pensé verá vos arácnidos y hormigas, son para insectos una tirolina.

- "Confiesa" - masculló escueto y serio un sicario, y en mi gesto pensativo, mirada bizarra al frente, afirmé menudo ogro estás hecho, tanta perfecta atadura esto no va a parecer ningún incidente.

Sufrir horrores por mi bravuconería sería mi suplicio, y al instante levantó mi otra pierna, perdiendo contacto al plano de nuestra especie terrestre. Tomó otro embrollo de cuerdas, y léase los párrafos anteriores, mismos gestos calcó.

"Esas ataduras tenían por objetivo mi tortura y mi imposible confesión"

Tome usted lápiz y papel por dibujar mi figura, frontal mi caja torácica a vos, pechos desnudos y tersos bien expuestos, pezones bien bonitos punzantes, brazos atados a la espalda no han de verse en trazo, recuerde estoy de cara. Bosqueje la viga gruesa, en usar color sea madera maciza, brillo cual barnizada, y raye seis líneas de cuerdas, tal manojo de espárragos, del armatoste a perderse por detrás de mi omoplato, acerque las rayas a columna vertebral. Perfile las piernas dobladas, encogidas, con el talón a tocar su nalga respectiva, ningún pie toca el suelo sino todo lo contrario, buscan el arrecife del escafoides y cuboides a la antónima estratosfera. Garabatee bien las piernas muy abiertas, a límites de cruzar la arriesgada línea roja, tome por molde los pétalos de una uve, aleje las puntas un trecho largo, y esquematice las sogas, cada una de una pierna a su esquina correspondiente, cuatro hilos en idéntica tensión habrá visto de las arpas o guitarras.

Concedo ilustre el flagelo contenido en mi rostro, por no desvelar a aquel cabrón el dolor de su salvaje suspensión, pero recuerde transmitir levito en el espacio, imposible desplazarme, quimérico cerrar las piernas, inasequible estirar las piernas, inverosímil erguirme en pie, ilusoria en liberar muy brazos, confío sabrá obrar este bosquejo y mándemelo, a ver si me ha entendido.

La afilada hoja de una navaja tajó el sujetador y mi braguitas por las cosidas molestas a su fin de despojarme de todo atavío, y totalmente desnuda dijo de violarte no te salvas, clementes seremos si confiesas espionaje, y en mi estilo inamovible respondí fóllame salvaje, que tu rabo no concede título universitario.

Apuntó su glande a mi vagina, afortunado quedó en altitud correcta, asomó el cabezón henchido de sangre al orificio, y de sopetón empujo adentro, muy adentro, que en esa postura nada le entorpece ni le estorba. De suavidad una mierda, tampoco confié en reparos, y por la seca fricción en mi poca lubricación cerré los ojos, esforzada en no gritar, que es ley naturaleza destripar los cazadores a cuyas víctimas chillan alborotadas. Dirigí el vocablo a gemidos, lubricar es menos doloroso, la angustia amagada por dentro y el clamor por gozo a la intemperie.

Dígale es magnífico, sigue y sigue, por esa ruta hallaremos el paraíso, y el brabucón orgulloso embestía con tanto ahínco que el bondage pareció un columpio, adelante y atrás, a costados dijo ataduras no doy beneplácito, pero tampoco crean el balanceo fue de mucho recorrido, el justo de perder el equilibrio y los nudos ordenar, este es el linde, ni más adelante, ni más atrás.

Arremetía apasionado, juraría son sus testículos cuyas maracas resuenan en el aire, y a viva voz le grité no te canses, no aflojes, no pares, descarga y córrete, que estoy de turismo y ardo por tener sexo, caro el precio de tomarse un café, mas no me importa, bebo sólo agua fresca y transparente.

Enajenada clamé, mete ritmo, aprieta, hunde hasta el fondo, que tu polla no es tan grande y quedan recodos por limpiar, sigue, no pares, que ahora lo tienes fácil con toda razón, pues si aquel simio hubiera estado callado habría captado el chapoteo en mi gruta, pero jadeaba el orangután a cuyo volumen parecía la matanza del cerdo, que soy yo la torturada y él mi verdugo, al revés hubiera testigo deducido de ceñirse a los sonidos.

Me sumé, bésame hijo de perra, lame mamón mi cuello, no parten los gemidos del muro de la prisión, que por su grosor y sus giros retorcidos ya está insonorizado, y el estruendo puede ser mayúsculo, nadie acude en socorro ni a cortar la diversión, y el tarugo abalanzó su lengua por mi esternocleidomastoideo, y pensé yo qué nervios tenemos por ahí, será el nervio hipogloso, o el facial, o serán los ganglios cervicales, culpables de ese gozo enloquecido, me encanta, lo adoro, me fascina, no dejes ni un centímetro por rastrear con tus papilas gustativas, sabor verás soy dulce.

Beneficio extraje de mis ánimos, que la alimaña entro en un estado airado del cual no podía detenerse, frenético, desesperado, ametrallador, sigue campeón, vas de récord, no jodas la fiesta, y forcé mi cadera adelante, acabemos cuanto antes. Falsifiqué gemidos cual si estuviera al borde de mi orgasmo, y contagié al forajido, que imitó mi mismo berrido, lo igualó y lo aumentó hasta aquel nivel que cambia el tono, bombardeo suelta de su semen, con las palmas atrevidas posadas en mis nalgas prietas.

No me va a preñar que soy precavida con anticonceptivos, pero el grandioso hijo de su puta madre derramó todo el semen dentro de mí, a lo sumo una gota de esperma cayó del frenillo al transitar su pene en periodo refractario.

Tocaba el segundo, venga enseña tu rabo prodigio, que comience rápido el espectáculo pornográfico, pues quiero acabar pronto por las plomadas ataduras, mas masculló el sucesor, esta puta disfruta y la quiero martirizar.

Me ordenó abrir la boca, antes lo haga antes acabamos, y en otorgar concesión acampó dentro de la cavidad un incómodo embudo en forma de tubo, largo por rebasar el paladar duro en su profundidad, y anchura muy fácil me comprobará, dilate sus propias mandíbulas a casi desencajar. Tal pieza espantosa estaba sujeta a un tapiz de cuero espeso, que cubrió en su forma rectangular de la barbilla al maxilar superior, y de la apófisis coronoides a su melliza al otro lado, prensada y apretada contra pómulos y labios. De su fijeza no se soltaba por sendas correas en rumbo contrario, cuyo reencuentro se produjo tras el occipital, pasar hebilla y consolidar su cierre en el último de los agujeros.

- "aaamgggghhhh" - fue el único rugido del que yo disponía, varíe letras o añada haches o emes, o suprimas las ges y sustituya por una turba de las a, la jota quizá en el suplicio y las e en el mayor desespero, acento prolongado y aterrado, no dispongo de mucho mayor margen.

Activó su verga los motores de fuego cual cohete parte al espacio, meteorólogos transmiten no hay meteoros, y transportó todo el misil crecido a las recónditas entrañas de mi húmeda vagina. Acoplado se quedó quieto, rastrea y agita el mazo, que esto es molestoso, pero el miserable llamó a esbirro de mismo rango, trae botella, desenrosca la tapa y echando testa de la guarra atrás vierte un chorro de agua, centilitros muy escasos, no quiero la puerca se ahogue, sólo sufra y suplique.

Qué terrible espanto, que no quise engullir pero no evite tragar, y en mi rostro desencajado se notó el esfuerzo por recobrar el libre respirar. Le agradó al muy cabrón, que entonces empezó su balanceo, con toda su lanza en el acto de mortero machacando ajo, y al verme retornar la normalidad pidió échale otro trago, estira su cabello atrás que embuche la traidora, qué horror, qué angustia, que tan pronto soltarme incliné el mentón cabizbajo, cascada de baba brotó a raudales.

Improperios y blasfemias sabía ese criminal todo el diccionario, y en crueldad fue demandando, de tanto en tanto ves agua echando. En el tercer martirio sentía no entrar mayor líquido en la panza, que entre gotas y saliva mi pozo se estaba llenando, pero esa escoria le importó mil pepinos si estaba viva o muerta, sigue ordenó a su secuaz, que se pone roja y se hinchan sus glóbulos oculares.

Saqué todas mis fuerzas por resistirme, y giré el cráneo en todas direcciones, vaivén aun fuese mareante, que al quinto se volvió insoportable y aterrador, y al aumentar el encontrarme mal sentí al instigador estar en su delicia, mirarme a la jeta, excitado en aquel calvario, insultos de todo tipo, escarnios que jamás había oído, mientras su compinche volvió a la carga entre risas.

- "aagghhh gggjjjj aaaggagag" - suplicaba débil y ahogada mientras aquel satán no dejaba de violarme.

Tuvo la ocurrencia el desgraciado de saber una práctica, échale un buen trago y raudo coloca tapón de la mordaza, que no salga ni su espuma babosa, y al cumplir tuvo el presentimiento de ésa no me salvo. Sin embargo, el destino está escrito, y él bien sabio y regio dijo no habita tu turno en la hoja de inscritos para fenecer, sufre pues lo indecible, que sobrevivir dalo por garantizado.

Desbordaron lágrimas por mis ojos, intuyo ese flujo salino sólo era cloro desbordado, y tengo también la plena convicción era ducho el monstruo en la aplicación de esa tortura, pues controlo la cantidad al vertido exacto de no peligrar un luctuoso final.

Con él no hubo besos, los lloros le suplantaron, y jaleado por su camarada taladró a ritmo obsesivo de superar su exámen, cual si fuera la recompensa el podio de los dioses. A monosílabos empezó a gritar, ya, ya, ya, repetitivo y monótono, y en mis anhelos deseé ojalá se le meta el semen de su camarada por la raja de la polla.

Anidado toda la piel de su miembro viril desde la punta hasta raíz, grito me corro con la notoriedad ser de interés público, y una primera erupción de lava blanca desaguó en mi íntima vasija. Avisados están los millones de espermatozoides que, en querer correr traviesos por las trompas de Falopio y hospedarse en ovarios, tengo gladiadores que les cortaran la cola a trocitos, todos exterminados, mas en su inconsciencia expulsó otra tanda de magma, y aguantó incluso el goteo escurrido, no insistas que todo renacuajo va a ser vencido.

Retirado el nabo flácido, quitó la insufrible mordaza, y fue cual si abrieran las compuertas del pantano a presión, con un derrame de baba acuosa que apártese inmediato, o queda bien empapado.

- "No hemos terminado contigo, salvo confieses eres una asquerosa espía" - y respondí he mirado con disimulo los escaparates de ciertas marcas, publicidad no hago que de éstas no tengo pago, y sin testigos he ojeado la paradas del autobús, que agradezco puedan indicarme cómo llego desde fábrica a mi casa, en cuyo barrio identidad no se me escapa.

Doloridos por mi resistencia, acercaron una batería, cables eléctricos conectados tantos como brazos en decenas de pulpos, todos con su propia pinza de hierro al otro extremo, ¡ay que mal pinta eso! Siete pinzas en cada pecho, que de por sí el pellizco es harto doloroso, exiguas repartidas en el torso, seis pinzas en labio menor vaginal, misma cantidad en labio mayor, una pretenciosa buscar el bulbo vestibular, número al azar en el recto interno del muslo, accionar el interruptor y despedirse sin reparo, ahí te quedas, maldita hija de perra.

Reacción de las novicias descargas eléctricas debió de ser vomitar el agua ingerida, desconozco los litros que no tuve cubeta de medición, pero mi preocupación era soportar aquella tortura, descargas de tres segundos, pausa, conté en mi mente hasta veinte y volver las electrocuciones, tres cifras consecutivas en su unidad y sigue el bucle, reposo y atormentar, eso dura hasta el mismo infierno.

Mis tendones y ligamentos estaban estirados a esos límites del mártir desencajar, pero soy atlética y elástica, bien entrenada, y mostraban una resistencia digna de elogiar, que muchos varones ya se hubieran partido o fallecido. Por no llegar a este extremo, chillé a nivel soprano, soltarme soy una pobre víctima, aun tengo por visitar avenidas y parques, y en nevera he dejado plato por cocinar, mas sólo la tortura eléctrica tuvo por indecencia acudir, tú eres quien no quiero sentir le respondí.

Desgastada y agotada, aquello no tenía fin, me sentí cercana a desvanecerme, casi desfallecida y en un estado de semiinconsciencia, sin sentir ya ni el latido del corazón, el respirar forzado y entrecortado, cuando entró un espectro o un astronauta, ¡mal síntoma dije, deliro o estoy muerta, imposible que el destino lo ha negado!

"Vino un hombre con traje estanque a gases después de la infernal tortura"

Vestía el sujeto un anaranjado y brillante traje estanque a gases, de aquellos que llevan cremallera hermética, botas estancas unidas a la armadura, doble sistema de guante con el interno laminado de protección química y el unido externo de neopreno externo para protección mecánica, y sus costuras ribeteadas y soldadas con ultrasonido. Sus válvulas de exhalación en aquel artilugio garantizan el cambio de presión por no superar determinada cantidad de pascales por minuto, visor semirrígido que aun puedan parecerles cegatos ofrecen una claridad óptica excelente, mas yo pensé qué demonios están desarrollando en este edificio, si esto es la mejor tecnología actual para agentes químicos, biológicos, áreas explosivas e incluso el manejo de sustancias tóxicas y criogénicas.

Llegó frente a mí, y justo entonces, con la mirada nublada y borrosa debido al padecer indecible tan prolongado, me percaté llevaba un frasco, un rollo de cinta de precintar y unas tijeras. Apagó la tortuosa batería, que alivio por fin, superé y vencí carrera que muchas víctimas no contemplan. Bufé, y di las gracias espontáneas no sé por qué, dado no se las merece y tampoco ha obrado en mi ayuda, fíjese si duda en cuyos sospechosos elementos porta mal intencionado.

Abrió el frasco con aquel mimo de haber sustancia peligrosa, tomó pincel diminuto, impregnó sus cerdas y anegó cuya región es en varón su bigote. Por escurrir supongo remojó mi vómer y la corona de las fosas nasales, y a simple vista no ocurrió nada, es agua con cierta densidad, o un gas licuado, no odorífero e incoloro. Tampoco fue inmediato, dado no me encontré peor de cuanto ya estaba moribunda, y acerté esto no es vapor o éter, algún virus contiene. Vital es incrementar el exhalar oxígeno de los pulmones, fluya vendaval huracanado por la boca a fin de minimizar sus daños, y terrible error es quien decide cubrir faz respiratoria de su rostro, pues el peso del virus se incrusta a células en cantidades ingentes, mayor será la tragedia. Científico experto sabe de esta maniobra, y esa ejecutor procuró quitar mi ventaja, usando para ello cubrir toda mi boca con la cinta aislante, y sin fuerzas por rebelarme le fue demasiado sencillo, nueve vueltas al ruedo completo toda la circunferencia, de la nariz al mentón sin resquicio, apresando inclusive parte de los lóbulos y todo el cabello posterior, severamente amordazada por no exhalar mi aire. El uso de las tijeras fue por cortar las cuerdas de la suspensión, no, no, aguarde, no me descuelgue a cortes, que aunque me urge con apremio voy a darme un costalazo tremendo contra el suelo, hay un metro de separación en alto y estoy atada, pero prosiguió con su idea, cortó soga de la pierna diestra, no, no, espere, sigue encogida y atada mi pata sin apoyar la planta, mas hizo caso omiso, cortó la segunda cuerda, y al quedar sólo sostenida por los brazos escuché un chasquido, algo debe de haberse roto, tendón, hueso o ligamento, no sé cuál, no ubico su sitio.

Sometida a un dolor insufrible y desesperante, rogué ésta sí, coño, corta esta ya, ésta sí, padezco lo inenarrable, va a desarticular los hombros por esta sentencia, y el hijo puta tardaba, pero sí, la cortó, y atroz resultó la caída, que golpetazo madre me arreé al estrellarme. En situaciones normales, me habría revolcado de dolor, pero en este caso ya no cabía mayor amargura, fue sólo sumar un grado al brebaje de la olla hirviendo.

Marchó dejándome allí tirada, desnuda, amordazada y atada, con esa mierda vírica muy seguro trabajando en mi ser, agonizando mortecina, con el latido pequeño resonando a marchas forzadas, mas cuántas veces le he jurado, mi querida y querido lectora y lector, soy devota firme del destino, mi único fervor, eseeeetá escrito, pero no me subestime la creencia, no hay edén si existe el despojo humano, y si sueña en esquivar la humanidad sepa está en el universo, ahora invadiendo otros planetas, y si se adentra en cuevas kilométricas verá guías férreas que son pisadas de espeleólogos, y espere, que perdida en el desierto le aparece nómada o beduino, y acuda al porte norte si quiere, poblados a cincuenta grados bajo cero, vehículos sobre hielo y una tienda donde comprar bebida y comida. Prosiga si usted es de alegato, que en la Antártida tendrá pingüinos y expedición científica, y adéntrese en profundidades marinas, fauna fantástica bajo el agua y aletas de buceo, y hártese mosqueado y antoje su capricho volar, que nauseabundo pájaros de acero colapsan el espacio aéreo, de hemisferio norte a sur y de occidente a oriente.

Esta escoria está en todo rincón absoluto, y no pida clemencia, no comulga su vanidad con la piedad. No aguardo misericordia por tanta herida y su cicatriz, y me limité a quedarme inmóvil, yacente, en ralentí consumo de energía, no dormida pues he de otear mi respirar, pon de tu parte alecciona el destino, que aunque se cumple cuanto está redactado, también es cierto nada impide acortarlo antes de la fecha de caducidad.

Descuide, me mantengo firme y viva, aún estoy pensando y respirando, eso es buena señal, incómoda por un escozor en el cuello, sequedad diría, son molestias de estar presa, largas horas de condena, quien sabe si ha amanecido ya un nuevo alba, pues tengo sueño y un descomunal cansancio, pero no puedo dormirme o rendirme, con la mordaza me podría asfixiar. Recuperarme ni lo pienso, pues despiadados no han traído ni un gajo de pan, con la hambruna berreando enfadada, tengo mucha hambre, pero rogué a mi estómago lo comprenda, atada y amordazada no tengo qué darle por embuchar. Tampoco nadie trajo agua, se agrietaba mi gaznate, escucha cuanto he dicho a miembro de tu equipo digestivo, sé estás sedientas mas tiranos no traen el jugo en jarra. Quemaba todo mi esófago, calma espeté, no voy a rezar, el destino ejecuta sus renglones siempre a pie de letra cumplidos.

"Empecé a experimentar los síntomas del virus atada en el sótano"

No hubo cambio en esa etapa hasta sentir la frente caliente, fruto pensé de la carne desabastecida, pero pronto sospeché es careta de la fiebre. Soy experta desde mi infancia en estos síntomas, y dije esto tatúa la salud muy mal, voy camino de los treinta y ocho y subiendo, no se asombre si digo los treinta y nueve se aproximan muy aprisa, y en esa temperatura debía rondar cuando retornó presencia científica, con el mismo traje protector, junto una camilla. Cortó cinta de precintar, aleluya alegría no recordaba ya aspirar por la boca abierta, y de las sogas intuí tendrán acopios de millas en provisiones, que sesgó cual azada al trigo recogido.

Un bombardeo de tosidos involuntarios y exasperantes rugió de mi garganta, y al colocar termómetro observó estar paella de mi frontal por chamuscar un pollo asado, disculpe la licencia de mi ironía.

No tuve fuerzas por ponerme en pie, soy honesta y no finjo, un temblor me acucia, de los ojos emanaba un vapor abrasador, de los poros en mis piernas fluía una fumarada calcinante, ponga mano fría en mis muslos y verá se calienta en menos de un minuto, siento náuseas de qué, si no he comido ni bebido, fue debido a un pus infecto extendido desde la laringe hasta la porción cardíaca del estómago. No huelo con las fosas nasales, sólo resoplo oxígeno incandescente espero no sea inflamable, y no explico mi dolencia a doctor pues el rojo vivo de mi gaznate me ha dejado afónica. No tengo habla, diarrea apremia, no llego al aseo, tampoco hay aquí ninguno, que se jodan y embarro el cemento a mis pies, es reacción de su tortura.

Resuelto el astronauta, me subió en camilla, está gravemente enferma notificó, y en una ambulancia me llevaron a centro clínico, que sea enfermedad su defunción, recordaba la orden. Ingresada con nombre falso, delirando al borde de los cuarenta grados bárbaros, me encerraron en planta quinta de vigilancia intensiva, enfermos todos terminales.

Seguí viva al día siguiente, y tengo un secreto para vos en mi don genético, soy de fiebres inalcanzables desde mi odiosa infancia, reconozco su llama, y resisto mientras el destino afirme no es mi hora todavía.

Tras un tacaño arroz hervido y por fin hidratada, reposé la glabela en el gélido cristal del dormitorio, voy a bajar la temperatura, no desciende de treinta y nueve. Abrí la puerta de la fúnebre habitación, y encaminada a mostrador, con el único hilo ínfimo de voz, afine oído me entenderá al cuarto intento, advertí a vigilante, hay un extraño en mi alcoba, quiso tocarme y ahora está escondido.

Marchó el muy burro, y no encontró a nadie, ni fantasma bajo cama o el armario, tampoco a mí en el recibidor. Prenda cualquiera horrenda y en talla grande me sirvió por vestirme, me da igual fuese tomada de fiambre vecino, y con paso endeble y frágil avancé muy lenta en morada a cual ir. Hube de descansar, incapaz de andar quinientos metros seguidos, dado me faltaba aire y los músculos ardían cual hierro en el horno de su herrero. Fui actriz sobre escenario de teatro, nadie puede percatarse de mi estado, difícil pues son cuatro horas de caminata en mi estado, no es tanto el trecho contado por palmos de asfalto.

"Cumplí mi misión y escapé sana y salva"

Llamé a timbre, por qué no viniste estas noches me preguntaron mis compañeras, estoy muy enferma y salí de hospital, es el tope de mi locución. Comí y bebí hasta cuerpo decir basta, y escribí ahora así, por primera vez desde partida, misión cumplida, tengo el virus, traer inyección es mi huésped.

Todo el invierno tardé en sanar, en primavera ya recuperar, prefiero tortura atada a estar enfermada, y en recuperar la sonrisa es la historia concluida.

¡Alto!, dirá usted, que sospechara es real pues se asemeja mucho a la realidad, no sea iluso, recuerde es este relato pura fábula de mi loca invención. No obstante, si quiere tomar por cierta la vivencia está en su derecho, es su libertad, mas por vivirla con mayor intensidad asuma entonces han sido ustedes sólo cobayas de un ensayo, ¡venga, valiente, me ha retado recuerde al comenzar! admita se cocina en laboratorio virus mucho peor, ¡no se me raje ahora!, aunque dejemos para continua poesía este otro mito, tengo ya de escribir el dedo frito.

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