Artilugio con cual arranco el novicio párrafo de este relato existe de arena y digital, péndulo o números o saetas avanzan sin moverse de lugar, y al marcar la cifra en punto emiten con timbrazos o repiques su recital. Hallará clavado en los tabiques, cuco que apresurado surge del nido cuesta un robo de peniques. Erguidos tendrá de alturas bíblicas, o para sus bolsillos o muñecas hay tamaños clásicos o de dimensiones pírricas, dígame vos si ha deducido el artefacto, ¡supongo habrá acertado!, relojes y carrillones son las máquinas que he detallado.

A tales chismes señalan irresponsables de su tardanza, ¡buenos días!, con tu demora ya me ronca la panza, y culpable se excusa en el aparato, que por aquel misterio de las ciencias místicas ese alba se le ha retrasado o estropeado. Infractores ignoran el delito que amagan en su burdo justificar, ¡tranquilos!, ley no pena y ningún juez a condena les va a sentenciar. Por crimen indico al desprecio de aquél tiempo que dejó marchar, y para comprender su negligencia les planteo una reflexión, pregunto si desearía alguna vez dar marcha atrás, razón es rectificar cual error ya es demasiado tarde para solventar.

Auditorio leyente tendrá su personal opinión, mía transcribo en advertir no somos dueños de nuestras horas, y a quien dice lo contrario vigile en el malgastar, destino se tiene callado ese trágico desenlace que es rubrica de punto y final, verá cómo le urgen las prisas al oír el retumbar de su timbal. Serenata es inmortal, nadie se escapa de su guadaña letal, y dado detesto arrojar al saco sin fondo cuyas jornadas al crepúsculo fallecen, yo me espabilo en aprovechar los segundos que ilusos auguran crecen, ¡decirles la verdad!, matemáticas dan otro resultado, las unidades perecen.

Con tal norma sagrada, me levanto en el ritual del bostezo matutino, almuerzo me ayuda en mi despertar paulatino, y en la incógnita de si será una fecha rutinaria o acontecerá una historia extraordinaria inicio la escritura diaria de mi biografía, epitafio miserable se sabrá pues tendrá distinta caligrafía. Líneas neófitas pasan por vestirme y rauda a mear, que durante la placidez del sueño se llenan los tanques de la vejiga a reventar, y ya con los sentidos en funcionamiento salgo a la carrera, prevengo de portar llaves y teléfono y botella de agua con un bocadillo, es carne que a mordiscos de caimán voraz lo acribillo.

Salgo a la calle con la llama del astro febo que deseca un charco anémico, lloviznas de pocos litros compone nuestro clima endémico, y en la esquina, donde me exaspera un local ocupado por delincuentes, se me acerca un drogadicto, narra de su vida cual episodio transcurre en la heroína estar adicto, y en su homilía me solicita por denarios una calderilla, ¡lo siento!, comunicó al rehusar, tengo el importe exacto para comprar la lechuga y la mantequilla.

Refunfuñó el merluzo en esa jerga que se asemeja al fenicio, y proseguí mi trayecto hasta un singular edificio, enfrente hay un solar donde nunca se ha construido ladrillo, y la tapia alzada para evitar se cuele algún pardillo ha convertido el terreno en un foco de ratas, asaltan basuras como si fuesen piratas. Justo rebasado el bloque llego al garaje donde guardo mi coche, es un utilitario discreto que logré adquirir por administrar mi economía sin derroche, y en el recorrido habitual por el asfalto saturado me ocurrió un incidente, fue con un ciclista insolente.

Ocurrió en un semáforo en rojo, he de frenar que tiene prioridad el peatón desde el anciano al cojo, y al detenerme colisionó contra mi bombilla trasera la bicicleta del borrego. Cayó el atolondrado sobre el pavimento, y rauda salí del vehículo en medio del trasiego. Asno se hallaba en perfecto estado, pero el idiota se enfada por haber parado, ¡óyeme!, el disco cárdeno se ha iluminado. Maldice en hebreo antiguo, dado soy incapaz de reproducir ni una sola sílaba de sus vocablos, sabrá identificar algún traductor políglota o foráneo periodista, y al regreso a mi asiento marchamos cada uno según su ruta prevista.

Llegué a mi trabajo que la zona de estacionamiento se ha acordonado, hay obreros y grúas que taladran el alquitrán, pues una cañería ha reventado. Viernes ha emergido con un carácter jocoso o voy yo en racha, dado al izar persiana y encender la lumbre veo sobre el escritorio una cucaracha, ¡qué asco!, estoy por fumigarla o despellejarla con la hacha. Solución que opto es la zapatilla, corría la hija puta que se las pelaba, pero al aplastarla me ha dejado sus intestinos y una masa viscosa y verdosa a zócalo de la plantilla. Limpio en el grifo y por fin me acomodo, que hoy sospecho me depara la crónica un folio incómodo.

Finiquito de mi labor repica en el badajo, y archivos pliego a destajo. De regreso al carruaje percibo un boleto mostaza en el parabrisas, ¡venga ya!, por superar el periodo estipulado en la plaza me ha multado un grajo, y del enojo que llevo percibo el fanal en ámbar, piso acelerador a fondo y transeúnte con patinete casi lo atropello cuando a su turno se aventaja, ¡dónde vas, malnacido!, tu imprudencia te enviará temprano a luctuosa caja.

En madriguera me he de relajar, tengo mi largo cabello rubio alborozado todo su peinado, ¡parezco una bruja!, me faltan los potingues y la olla donde fabrica los conjuros que maldicen al desgraciado. Mis ojos de ese glauco turquesa emanan una ira que irradia una furia superior a las sirenas con su lira, ¡cálmate!, me digo a mí misma, he de enfocar cuanto resta del pastel con otro prisma.

Estrategia les desvelo, ¡cambio de planes!, sacio mi sed y hambruna, y tomando equipaje partí a la costa, tenderé toalla y me pondré cual rebanada se tuesta aposta. Rincón favorito se ubica en el ámbito de una población humilde, tejen los ancianos las redes artesanas con sus hilos hogareños, se aplican al aire libre de enero a diciembre con tanto esmero que su piel blanquecina ya ha calcado los tintes trigueños. Son reservados e introvertidos, callan y saludan lo justo mientras hilvanan aposentados en sus sillas, y la cofa desierta que yo elijo dista de sus tronos varias millas.

El por qué me alejo de multitud lo entenderá fácil, altura mía me confunde el petrolero con el faro, soy espigada y con cintura delgada que los varones ojean babosos en su total descaro. Mi torso se yergue estilizado, silueta de pechos tersos y cuyos pies dijo antaño un fotógrafo, ¡monada!, fetichistas devotos quisieran lamer o masajear, ¡ni se les ocurra!, son piezas sucias donde se acumula hongos y roña, desde la planta bípeda a la herradura de la burra. En belleza soy privilegiada, mas he de soportar las molestias comunes, viene el moscardón por invitarme a la fiesta o el casado con hijos que a mi vera se acuesta, clavan su sombrilla maldita de los cojones, críos cocean los balones y un chute siempre termina con el golpe y su hipócrita disculpa, agresor a la mala fortuna inculpa.

Recodo ermitaño cual me agrada se arriba andando, auto se deposita en cuya explanada de tierra se extiende en comarca de la nada, se atisba alguna casa oculta entre pinos de los montes cercanos y sus senderos maltrechos se comprimen por zarzales que esquive rozar, pues de clavarse su aguijón una ristra de blasfemia va a despotricar. Por leve terraplén se ha de aventurar, imponen los cactus con sus temibles espinas, y tras cruzar hierbajos y la vía del tren se arriba a una ribera encantadora, su escaso público son nudistas ariscos, ¡ya me sirve!, estoy a salvo de los gorrinos que persiguen ostras y mariscos.

Alcancé este escondrijo estratégico con el sol que arreciaba desde poniente, y estera extendí sobre el tapiz arenoso que arquitectos imbéciles obviaron en su mapa geográfico, al sur y en el atlántico desembarca el narcotráfico y en el mediterráneo es turismo su tráfico. De ropa me desprendí, he dicho en los renglones previos que no es guarida del mamífero textil, y al unísono de aplicarme la crema investigué el auditorio aledaño, quise prevenirme de rucio extraño o pervertido con delirio febril.

Avisté caballeros a cien metros, cálculo es mínimo en el margen de error, van individuales y se hallan al este, el viejo leyendo, jovenzuelo inmerso en la pantalla de su móvil y cual tiene pinta de orangután peludo exhibe supino su barriga agreste. A oeste, diviso la presencia de una pareja, género masculino holgazanea cual oso perezoso sobre el granulado del litoral y fémina se zambulle sin vergüenza en el mar, es manso oleaje contra el que ha de remar. Han de rondar la cuarentena en cuya cronología despegó con su parto, y en este comentario he apreciado que guarismo de mi edad he excluido todavía del reparto. Descuido solivianto de inmediato, tal inamovible efeméride parece que fue ayer, y sin embargo veinticinco años han volado del permiso hasta fallecer.

"Lejos se escuchaba el motor de una barca pesquera"

Subsanado el olvido, con el rumor marítimo por melodía y las huellas que la marejada escondía, deleité mi espíritu en los destellos que brillaban fosforescencias sobre el manto del océano, y al efecto sanatorio de su embrujo me tendí despreocupada, párpados caídos y sólo una cantinela, sonaba remoto el rumor de una barca pesquera centinela.

Calor he de reconocer apretaba de valiente, temperatura sumaba esos grados que derrite el hielo y tiñe de una aureola pajiza el cielo. Tras su halo hay un espectacular azul celeste, pero en plena canícula de agosto el termómetro señala es época de un sudor angosto. Labriegos rehúyen de patear el huerto, si se deshidrata va a deambular tuerto y si le golpea el fuego englobará su defunción la estadística de otro muerto. Algún idiota sale a practicar deporte, su temeridad la salud le acorta, ¡y fíjese!, es el mismo mendrugo que en el crudo invierno se pavonea por andenes en manga corta. De ser usted zoquete en esta inclemencia, ¡hágame caso!, engulla fría agua en abundancia, satisfaga el estómago con cuantos platos le den plenitud, y traslade a los flancos matinales o vespertinos las patéticas hazañas de subir rampas en altitud. Muévase cuando quiera, alarmas de la dictadura y sus secuaces le insto a desobedecer, ¡ya es adulto!, pero use el cerebro, es la proeza escasa que yo siempre celebro. Cumpla estos requisitos, y sus vacaciones y recreos se llenarán de momentos exquisitos.

Tribulaciones variopintas freno, he caído en una fase de modorra donde, al izar las pestañas por un deseo chafardero espontáneo, compruebo ha discurrido el cronómetro un buen trecho, y en la platea sólo perdura perenne cuyo navío debe perseguir gambas o berberecho. Concierto de sus hélices, muy al contrario de enturbiar, enriquecen ese magia que el arte cinéfilo o la dulce poesía buscan rendir homenaje, ¡mírela!, allí en ángulo a la izquierda ha tirado el áncora por apuntalar su anclaje.

Desde mi atalaya, su eslora se asemeja a un vagón ferroviario, timón apunta al firmamento, quilla bucea sumergida y en púlpito reluce un pincelado argento. Bauprés excede su longitud habitual, y en cuanto a la siguiente descripción habrá de comprender mi tregua, nos segrega una legua. Añadir sí puedo versos de poetas, relatan en sus poemas que navíos surfean las dunas del desierto, sestean en la cuna ajardinada del puerto, ¡qué hermoso!, le observo tan atenta que en el vértice de su crujía me da la impresión de haber marinero audaz enfocando mi esfinge con sus catalejos, ¡menuda bobada!, es el diámetro entre ambos brutalmente lejos.

Encaré la última etapa en ese paraíso saboreando otro letargo en la hamaca marina, pronto anochece y por el sonido intuyo la embarcación vira a su retiro, pues la murga de cilindros y gasolina se difumina al radar del tímpano. Itinerario va a levante, desde la torre me piden coordenadas, pero aquellos trazos de tangentes y secantes se los dará tutelas autorizadas, que yo me expreso en cual devaneo es característica de las vasallas ensimismadas.

Coronó su fuga esa insólita paz, frustran cada intento las fariseas familias con su revoltoso rapaz, y debió de ser por el sosiego inaudito que el sopor llegó a cuya cota dirá testigo soy sonámbula si gesticulo, pues continuo estática mientras su majestad diurna se amaga por el montículo. Yazco con el morro al núcleo terrestre, palmas acostadas en las pilas de grava desmenuzada, y de pronto interrumpió aquel paraíso un hecho espeluznante, se ha derrumbado sobre mí un cachalote o ha tropezado un cegato pasmarote. Rauda recuperé la consciencia, tengo una foca voluminosa que me aplasta el trapecio, ¡aparta, so necio!, tus cuádriceps estancan mis dorsales en tal estrechez que me impide alzarme, mas espetó el anónimo un lacónico mandato, ¡cállate!, expresó con total desfachatez.

Batalla estalló a raya a la locura, he de encontrar el hueco por desprenderme de la morsa que me apisona, desplazo el húmero pero con su fémur tropiezo, del romboides abajo no hallo resquicio, y un pánico me usurpa la serenidad, temo ser víctima de un atraco o de cabrito por satisfacer su vicio. Me revuelvo que se aúpa la polvareda, zozobro la cresta ilíaca para causar su naufragio, pero al ver mantenía sus orzas intactas doy aquel chillido que las novelas terroríficas resumen en un adagio. Bandolero entonces asió mi melena, y con una crueldad inhumana hundió mi hocico en el campo, ¡he de cicatrizar la escotilla!, o me embucho hasta el esqueleto de la polilla.

En cesar mis gritos insiste, con la nariz enterrada y los labios empotrados sólo emito un rosario de resoplidos, y al prometer aflojar si extermino el bullicio hago un murmuro afirmativo, que el corte de oxígeno ya es significativo. Suplico un sucinto ¡suéltame!, timbre es trémulo y lloroso, pero remarca el bastardo no estoy en condiciones de negociar, sus cláusulas he de aceptar. Lágrimas derramo, le ofrezco billetes en mi bolso, joyas son bagatela y el mísero fajo le da para la driza de la vela, mas llanto es en vano, tiene otro propósito el villano.

Por el escollo de mis cejas fruncidas orbita un satélite que los astrónomos no han catalogado, ¡anoten!, es diminuto cual pelota de golf, eje es siamés en todas las flechas cardinales, colorido le hermana con el matiz de la cereza, ¡investigador quiere saber su posición!, va directo a mi pico, pero acceso deniego al forastero, invasor persevera por la fuerza, y por trabas doy vaivén a mi cabeza. Pirado me amenaza, sepulta mi jeta con ese odio que me asfixia, ¡abre tu maldita boca!, masculló el psicópata grave y áspero, y soto el yugue del ahogo gruñó un asentir, el execrable horror ha desembocado en mi sucumbir.

Separé el maxilar, y su pérfida esfera sobrepasó merlones y almenas de incisivos y caninos, curvatura rozó los pliegues palatinos, y soto la bóveda mucosa del paladar duro consignó la mole petrificada. Correas envío por cada mejilla sonrojada, traspasó la frontera de la apófisis mastoides, encajó sus púas en la hebilla, y abrochó al máximo tensado donde la nuca le sirvió de buhardilla.

Acongojó cual silencio le suplantó, pájaros en las copas de las árboles ya se han refugiado, foco retrocede y se cierne una tiniebla tenue que me camufla, sólo es un retoño que de adolescente el miedo en dosis gigantescas me insufla. Coros han guardado en los estuches sus instrumentos, me iría fenomenal otra canción, sacar la tuba y los trombones y las trompetas, que venga la plebe a grabar el fugaz vuelo de los cometas, queda una estela fino como el alambre, ¡apresúrese!, que antes de concluir la ovación su vestigio ya es fiambre.

Bellaco denota una apatía gélida por las reliquias del museo, designio es conducir mis muñecas al envés, y forzadas a cruzarse en el regazo de la séptima vértebra cervical enredó una soga con saña, aprieta como quien la pata de jamón o una caña, en trazos horizontales y diagonales y verticales, por su perímetro exterior y los recovecos escondidos, hasta afianzar los nudos en ese rigor exclusivo de los metales fundidos.

Al erguirse elefante invoco la epopeya de la huida, que cuya apariencia vi con su máscara profunda es una pésima noticia, pero en detener mi corrida es mayor su pericia. Apenas logré el periplo viajero de tres baldosas, y su placaje no va a salirle gratis, pues me rebelo contra el tirano con el resto de armamento que dispongo, es sobre todo de coces y patadas, que mordiscos y arañazos me ha anulado con la mordaza y las zarpas atadas. Responde el criminal a golpetazos que me aturden, su ejército goza de mucha ventaja y es dueño de la región que ultraja. Rendición me aconseja mi séquito, el mellado escudo es inútil para cubrirme del destrozo, y aunque sea por un breve periodo dejo de bregar, gladiador rival las ataduras se apresura a reanudar.

"Me apresó amordazada y atada en la soledad de esa playa nudista"

Secutor enreda una cuerda cual si me envolviera como objeto de regalo, pues la desliza por las cunetas de los senos y al filo de la fascia braquial, serpentea en el desfiladero raso a mis axilas en una serie de idas y venidas, y al constreñir certificó el verdugo hizo un cordaje magistral. Pausa le reemplazó, y en aquella oportunidad exclamé berridos en un dialecto que debe de ser fenicio extinto o sanscrito, pues se componía de muchas consonantes, las emes y las efes son una plaga, ges y las pes son minoría, vocales que intercalan son las os y las aes, algún diccionario para traducir se habrá escrito. De no entender el jeroglífico, yo se lo descifro, me aterra el aislamiento y soy analfabeta en cual giro imprimirá aquel primate, nuestra especie es indigna de cualquier disparate. Ruego por favor mi soltura, lagrimal desborda riachuelos que resbalan por los pómulos, han cruzado su llanura e inundan del mandibular a mis lóbulos, y para que mi tristeza le pueda generar misericordia me aparto dos míseras pulgadas, ¡mírame!, tu figura es imponente y yo me siento impotente.

Táctica es un fiasco, chorro de pena ha empeorado la situación, y aumentando su perversión atroz me indica ponerme en pie. Difícil es la gesta en mis condiciones, pero el proceso lo plasmo untado de cándido dulzor, anhelo incite la piedad del malhechor. Método no da su fruto, y por sorprenderle salgo a la carrera hacia el pálido confín, meta es el alquitrán afín. Equilibrio es mejorable, la manos atadas me impiden compensar, pero muslos apremian para ganar una velocidad descomunal, soy gacela y el contrincante un hipopótamo, ¡inculta!, me tilda mi intelecto, paquidermos son veloces en su recinto predilecto, mas tampoco lo pillé desprevenido, se temió mi argucia y con una simple esprintada ya he sido cazada.

Derrota es inapelable, mérito suyo es mezquino, y usando los amarres con asa me ordenó andar, ¡espera!, que mis pertenencias nos vamos a olvidar. Mamarracho le da igual, ¡ahí se quedan!, son ganzúas de la morada y la tartana, ducados y denarios y el carnet y documento de identidad, pero morlaco me empeñe con su repugnante frialdad. Insisto en los murmullos amordazada, ¡recoge mis trastos!, vendrá caco que los va a saquear, y hasta los céntimos de la caja fuerte podrá malversar. Me resisto y me estremezco, ¡regresa!, en cada empuje que me das pierdo mi tesoro, su contorno se borra y acudirá el zorro, pero en el rifirrafe difunde el macaco una frase lapidaria, entregarán los recolectores de setas a la funeraria.

Un tembleque colosal asoló mis entrañas, y despejado el fúnebre futuro me negué a seguir avanzando. Valerosa me clavé, prefiero ser acuchillada en ese pedestal que dónde quiera me lleve acabar agonizando. En duelo me bato aun sabiendo es nula la posibilidad de victoria, prefiere mi alma emigrar como un ídolo pagano antes de ser la esclava de un marrano, pero estatua mía derrumba de un tirón, ¡te torturaré cuanto me da la gana!, y las sobras arrojaré a las fauces de un tiburón.

Lucho a sabiendas del capítulo caduco, mas el gorila me propina una monstruosa paliza, tumbada moribunda creo ha de haberme roto alguna costilla, en moflete habrá un hinchazón y un dolor brutal me acucia por todas las áreas donde recibí cuyos impactos me han hecho papilla. Claudiqué, y abatida por las ostias a mansalva cumplí a rajatabla los preceptos de aquel simio, tiene orquestado un castigo maquiavélico para mi espectro cadavérico. Única esperanza por auxiliarme de aquel horrible secuestro es algún intruso, quizá un vecino con su mascota, o un artista por plasmar el ocaso bucólico, pero en el espacio desértico sólo resalta un casco de color calizo, mascarón tallado en roble macizo y un alias siniestro, escalofrío produce su lectura del sapiens actual al troglodita ancestro.

De repente, tuve el presentimiento que aquel sujeto era el pescador, ¡déjeme investigar!, sus manoplas tienen el rastro de los arduos trajines contra olas que baten con el músculo de otro mundo, prendas cuales luce son impermeables, botas remontan a su rótula, y el manejo de las silgas le es cotidiano, con las varas y señuelos es ufano. Quise preguntar, ¡vi que me espiaste!, pero sin terciar diálogo nos adentramos en su cómplice mar, profundidad marca mi distrito abdominal, y por la amura estribor me subió a bordo con los modales de un déspota animal.

Puso en marcha su goleta, anduvo al volante entre los misterios custodiados por lonas de tela violeta, y el cacharro veo va dotado de tecnología moderna, pues sin haber de estar en su pilotaje tomamos rumbo al meridiano austral. Saltar aborto, que atada me voy a ahogar, y a su retorno canturreo un gemido mutilado por apelar su compasión, cautiva en su corral no tengo forma de evasión. Se acercó desbocado, ¡aminora!, vienes como un ogro y yo soy una señora, pero con toda la intención de contagiar el mayor espanto posible me empuja poniéndome la zancadilla, costalazo que me arreo ha hecho repiquetear las campanas de la capilla. Mudas les invoco, que hago alarde de haber soportado el tortazo, pero despeñada en cuya posición ya no sé ni a dónde enfoco se abalanza sobre mí el grumete, lleva aquellas sogas cuyos nudos por sólidos ha de sellar con un soplete. Pierna diestra me dobla, talón contacta con el glúteo aliado, y la liana enrolla por el flanco somero de la tibia y el peroné, circunda en femoral, repite al octavo del bucle la circunferencia, y con los rodeos en perpendicular estruja sin benevolencia. Queda de este modo el calcáneo besando la nalga, imito el anca de una rana, y al efectuar la misma praxis en mi gemelo pernil logra me sea inviable agarrar las tijeras o pisotear la manzana.

Cual saco patatas me arrastra por los tablones, el roce con la fusta me siembra rasguños en la piel de los hombros, y aunque mi griterío revela el malestar se mantiene impasible, remolco sólo acaba en la aduana de dos postes que anuncian fatalidad, ¡qué quieres de mí!, gimoteo en sollozo amordazado por su caridad. Jarcias atornilla por mis tobillos y las férreas ligaduras, y al impulsar me izó un trecho de golpe, ¡lo haces mal!, maniquí voy al revés, gimnastas colocan su occipital en latitud del cuboides cuando adiestran el pino, pero matizar mío le importa un comino. Eleva de babor, enarbola del antónimo, cuerdas sustituyen al obenque y la baluma, y una copia macabra de la escota del foque dilata abductores a su abertura mayor.

Tome vos lápiz y papel, ¡póngase a dibujar!, el bosquejo es muy sencillo, dado simulo una pirámide invertida, tengo la base desencajada que se exhibe desvergonzada a la cúpula del planeta, y la greña cual pende como estalactita enfocando a la meseta. Sesenta centímetros es cuanta medida se desperdiga para no partirme la crisma, y al macaco imploro su perdón, me ha colgado como un pendón, presume de su carisma, ¡daré su querida recompensa!, pero en la bárbara suspensión por bandera soy como la arpía que las hordas inquisitorias chamuscaban en la hoguera.

Marchó con absoluto desprecio a popa, ¡dónde vas!, en mi cálculo inexperto es breve mi martirio, si se prolonga entraré en un exhausto delirio. Tenga por síntoma inequívoco cuyo babeo resbala por la comisura labial, aun es incipiente pero el derrame se incrementa, mortecina se filtrará por el trancanil y la acumulación en la varenga puede acarrear una humedad peligrosa, quiebra de la flotación sería su losa. Exilio perduró un buen rato, ¡algo ha ido a buscar!, son unas vasijas minúsculas cuyo contenido mi intriga, pues si abre la tapa es para su uso, ¡hechiceras!, lanzad ya un conjuro que le maldiga.

Son anzuelos de todo tipo, ¡para!, ¡dónde vas!, que los hay metálicos y plásticos, ¡ni pensarlo!, es la firma de su asesinato, pero sin ningún disimulo ni lástima puso su aguja afilada en mis poros, ¡hijo de perra!, atravesó hasta la curva, unió el hilo del ojal a un sistema de bobinas, agitó la manivela, tambor recogió el cable, y detuvo la infamia cuando logró bachear la carne con esa rigidez sádica, soy mártir de una evocación satánica. Hincó por el cúbito y el sartorio, en el vasto y el sóleo, por el deltoides y la escápula, y al incluir el serrato y el oblicuo se dio por satisfecho el crápula.

Truco malicioso es penalizar cualquier milímetro de mis espasmos, ¡alcornoque!, la polacra se columpia y su oscilación me asola de cuyos tirones son una tortura quemante, ¡mírame!, tengo los glóbulos oculares impregnados de un dolor acuciante, soy como sardina en su matadero, e inevitable por las circunstancias expulso unos gruñidos que excitan al carnicero. Rúbeos filamentos de sangre germinan de los pozos excavados, algún político mediocre y torpe que sermonea con su laringe pastosa podría describir como hilitos de plastilina, ¡escúcheme a mí!, es peor que las uñas de una madre felina.

Sabandija estudia mi fosa, ¡voy a reventarte!, y en su epitafio doy la partida por perdida, pues por la sima quiere meter el mortero y el garrote y la secuoya si hubiera, y jura será el colofón el agua salina por caldera. Supliqué tanto cuanto pude, ¡basta ya!, rubíes son las gotas de mis venas, truenos son mis bramidos de cuya borrasca el sonar no detecta, ¡lo sé!, ondas de mi sacrificio no le afecta, y diamantes que se custodian en la mina vendrá el mercenario explorador, su expolio es con las mismas normas que el escudero traidor.

Batracio es inmune, por baúles se apropia de armatoste que prefiero no mirar, y sometida a los estragos de cuyos nervios no hay sinónimos ni metáfora donde comparar sentí un trabuco arrasar con todo el túnel. Aullido mío han de haber percibido los delfines, ¡vete a sus clases!, te rebasan en inteligencia hasta sus alevines, pero verdugo tiene por preferencia insistir en cual machacar se aplica en la extracción petrolífera, ¡para!, insistí en mi vocabulario, que al estremecerme estiro de cuyas astillas me fustigan en la pesadilla de mi calvario.

"Me penetró con objetos atada boca abajo"

Fechoría de tal calibre es insoportable, pulveriza como máquinas que exprimen las uvas de las viñas, carboniza con aquellas flamas que abre los pétalos de las piñas, muele cual rueda mastodóntica de molino descuartiza aceitunas para extraer el aceite, y cada lamento de mi agonía es otra pieza de cuyo puzle forma su deleite. Berreos míos alborotan a las hienas, pero si busca el mayor depredador del globo terráqueo tan sólo ha de avistar a su derecha y la zurda, atrás y adelante, ¡hágalo!, y verá está rodeado de adefesios y mutante. De tener tal acierto, asumirá que el cretino irradia su maltrato por la romanza de mis ladridos, y estratagema que me planteo es posar callada, mas la trampa es zafia teoría, los estruendos guturales señalizan que moría.

Carta por despedida iré redactando, membrete es un adiós por si acaso se agota a mitad del editar la pluma estilográfica. Texto hay múltiples epopeyas por narrar, los trofeos en ajedrez, las medallas en atletismo o las ocurrencias atrevidas, ¡auditorio se aburre!, ansía la secuencia pornográfica. Advierto es una experiencia traumática, allende de la muerte que celebra su éxito con el cadáver inerte, ¡increíble!, el palco codicia parágrafo donde lea esta suerte.

En demora tengo mi legítima potestad, y al percatarse el cerdo permuta el palillo por el pepinillo, rasga cual gaviota carroñera despedaza la paloma, endereza la bala y hacia el útero lo desploma, y del griterío oigo alas en desbandada, vendrán de madrugada para devorar la tripa desechada. Quisiera decir que a la angustia me acostumbré, pero si alguna vez, sea en coloquios mundanos o conferencias ante miles de ciudadanos, oye vos esta estupidez, ¡interrumpa semejante paparruchada!, dado no hay fórmula para domar las sacudidas eléctricas cuando la daga se incrusta en la virgen aniquilada.

Aliento conservo, ¡menudo cocinero!, en la parsimonia por apagar el fogón habrá incinerado el cordero, ¡venga, chaval!, te quedan lustros para obtener el diploma de chacal. Acometidas por el orgullo ofendido acompaña de un soez lenguaje coloquial, injurias mantengo en secreto pues he suprimido del memorial. Cimento la decisión en que calumnias tienen un cariz trivial, el martilleo con la zanahoria y un gusto amargo a hierro ostentaban el rango de primordial. Sazón me perturba, habrá una lesión en el diente o en la encía una erosión, y al echar una mirada por recuperar el control de la cordura avisto incrédula hay un desagüe grave, es por la sínfisis del pubis, torrente de lava que fluye por el cráter ya linda con el ilion, ¡cafre cavernícola!, quiere añadir en la nómina de difuntos a una inocente terrícola.

Debió percibir cernícalo el devenir, y para postergar la travesura hizo un paréntesis, anda por la moqueta con aquella pachorra del escultor que contempla absorto el busto cincelado, y cual si pretendiera pulir el polvo acumulado acaricia con las yemas de sus falanges distales mis flácidos pezones, ¡soba cuanto te plazca!, fruta madura se ha podrido, repelen los veganos y los peones, ¡dádselo a los buitres!, fue lección impartida a quien estuvo en los pupitres. Al restriego soy insensible, tengo el conocimiento que pulula por un limbo lúgubre, sudario casi me cubre, ¡sigue si te divierte!, que ya no siento ni cosquilleo por el pedúnculo y la ubre.

Luna perlina esparce cuya alfombra llega hasta la traca de pantoque, y resplandor que me delata muestra patente estoy sin otra maniobra que el enroque. Fuelle es exánime, notará usted mi destierro en el festival de poesía, soy cual toro vapuleado le falta la estocada que el machote hispánico apuñala con cobardía. Mis afónicos graznidos son a menor volumen, atestado hace hincapié en el descenso de los decibelios, ¡gendarme dígame qué pone en su anexo!, modula con un silbido funesto de quien sufre empache con tragos de helios, mas especialista en la materia confirma que no concuerda, aquellos atrasados ríen a carcajadas y aquí el altavoz se desinfla afligido como furcias crucificadas.

Adivinó informe el mameluco, viene con machete y sin ningún respetó seccionó las sogas que me suspendían, ¡puto gilipollas!, los garfios siguen clavados, y en una tremebunda mezcla de la inercia y la gravidez me expidió contra la madera, travesaños han hecho de madera. No obstante, el acto me ha provocado desgarros donde se hincaban los alfileres, ¡urgencia!, avisa a salvamento o pon un vendaje que subsane el diabólico tormento.

Frío cual los témpanos del ártico, desabrochó su pantalón, extrajo de su forro un salchichón encauzado al antártico, ¡fíjate!, te sirve de brújula, de no saber su definición hay otra coincidencia, bitácora también es palabra esdrújula. Vara erecta es de otra utilidad, penetra en el cenote masificado, ¡qué ocurre hoy!, cotillas se embuten sin permiso, tabiques han lisiado y por cañerías se produce escapes a borbotones, y alguacil les dijo ¡eso no se hace!, mas hicieron caso omiso. Marcharon forajidos hace poco, y mientras albañiles procuran taponar viene ahora este energúmeno chorizo, va por donde le da la gana de la geografía, ¡mire el cartel!, prohibida la entrada sin consentimiento se lee en preciosa ortografía.

Pancarta ha mancillado como el gamberro con las bermejas amapolas en la plácida primavera, y totalmente enajenado azuza los azulejos que aún son sólo parche, se desmoronan pues hormigón no ha lacrado su enganche. Embiste que vulnera todo el protocolo, reglamento ha hecho añicos y la hecatombe llega a su clímax con los cañonazos del semental, la única reserva íntegra es fusilar los renacuajos que a millones bracean, ¡mendrugos!, ni uno va a lograr transformar el capullo en una alubia fetal.

Postreras convulsiones del gaznápiro fue por escurrir el churro, ¡fortuna la suya!, yo padezco y me aburro. Pocilga aquella supongo será mi féretro, permanezco impertérrita el desenlace cuando percibo que el rucio desenvuelve una red de arrastre, son para buques de mayúsculo tonelaje, en su góndola puede causar un sabotaje. Abre sus relingas, en la inferior acumula excesivos pesos de plomo, y en la superior ha barrido cualquier resquicio de cuyos flotadores tienen por misión conservar su abertura, conmigo dentro el copo soldado su rendija satura. Nylon híspido se me adhiere maleducado, abusa de que sigo irremediable atada y amordazada, y no hay ningún indicio de abolir mi cilicio.

Guayas ha cosido directamente a la telaraña, ha prescindido de la malleta de cáñamo que une lápidas de los corales a la maraña, y mediante poleas hidráulicas me elevo, rota el apéndice por colocarme sobre la marea, y ya en mi mazmorra rea pone la corveta que el turbo arrea. Reguero de rúbeos arroyos es constante, si me pretende llevar al hospital de esa guisa será un desastre, a médicos diré, ¡ametrallar a este gusano!, pero sicarios de la dictadura notificarán al navegante, ¡váyase!, nosotros le inyectaremos el mortífero sedante.

Elijo quedarme en mi cofa, al menos seré el banquete suculento de albatros y cigüeñas y aves que me barajen parentesco con atunes o pulpos, y justo coincidió mi alegato con que las cadenas rechinaron, desciende mi malla hasta a ras de la superficie oceánica, desacopla el gancho a través de un mando, y la senda inexorable es recta a la pradera abismática. Bramas mías se atenúan entre burbujas, ¡páralo!, ya con la glabela sumergida me voy a ahogar, pero a párroco depravado es absurdo el rogar.

"Caí atada y dentro de la red al fondo del mar"

Un añil nítido me da la lóbrega bienvenida, y los arqueros del infierno disparan una ráfaga de flechas que en el reino acuoso deja una muesca efímera, destellos son de rubíes y gemas valiosas, pero al intentar atraparlos aprenderá son una visión fantasmal, traspasan los ligamentos y el astrágalo y el escafoides como si fuesen el azote de un sortilegio, ¡mire!, sigue en descenso mi fardo regio. Almohada quisiera donde el parietal acostar, dado la oscuridad se hace impenetrable, labios repletos de cuyos besos aun dispongo experimentan una sensación narcotizada, cabellera se alborota en una fiesta rizada, y el fulgor glauco en el iris languidece ante la sotana que flaqueo capitulada.

Ya estoy yerta, en breve daré por extinguida la reyerta, pues mis dedos fosilizados ya no buscan los cruces de los lazos, soy como la piedra de marfil que el imberbe arroja con un desdén pueril, pero cuando escenario ya casi refrenda mi despedida en ese tálamo fatídico ocurrió un lance impresionante, pues del vacío opaco escuché un eco similar a un mísil, ¡desvarío o ya estoy muerta!, un torpedo es inverosímil. Ha de ser secuelas de la extenuación, aunque al derredor vuelvo a oír ese fragor, viene a una potencia supersónica que destroza adobes y cristales, y el rostro que asoma me es conocido, vi en fotografías de los libros en bibliotecas, si vos me lee en los siglos sucesivos identificará por pez espada en las hemerotecas.

Hábil zarandea el sable con una elegancia que los ignorantes no darán crédito, y en cuyo virtuosismo sólo dispone los dioses realiza unos cortes minucioso y expedito, ¡apresúrate!, la carga de los pulmones anegados me roe y el vértigo al morir me corroe. Verja despedaza por las trincheras clave, ¡resistiré cuanto pueda!, que en la siguiente fase la emprende por los codos y los hombros y las particularidades palmípedas, ¡libre!, de acallar verbos y socorros se acabaron las vedas, mas hay otro problema insospechado, la celeridad de la inmersión me ha llevado a una hondura desorbitante, nunca ha llegado jamás a este límite ni submarinista ni otro habitante. Por subir carezco de escalera, para trepar no hay enredadera, y la apuesta secular por mi resucitar se ha de ser realista, sólo un anfibio podría conseguir su epopeya escapista.

Peces entonces se multiplicaron, hay lenguados y bacalaos y boquerones y sepias y muchas otras especies, ágora al pórtico del teatro se ve a rebosar, tienen maravillosos ánimos los protagonistas y los vástagos y los discípulos, ¡os lo agradezco, mancebos!, pero vuestras escamas son exiguas para mi envergadura, y en la cúspide os acechan maléficos cebos. Temo es tardío, ¡devoradme!, y al digerirme siempre estaré viva, mas se niegan en rotundo, tortura cruenta en un ángel sólo es ardid de nuestro espectro inmundo.

Intercedió héroe que me ha desatado, ¡usemos mi cimitarra!, la ensarto como el pimiento en la brocheta o cual sargento con la bayoneta, y en el prado sobre el que reposa la deposito en su colchoneta, ¡qué dices, so bruto!, frágil es el epitelio de su carcasa, que es filete tierno y grasa su argamasa. De sabio se urge, ¡gracias de nuevo, mis queridos!, pero veo ya aquí el funeral, y estando abatidos un mocoso de la prole se alteró, ¡qué ocurre!, canturrea una buena noticia, el arrapiezo lo auspicia. Dinos por qué tan convencido, percibe una acústica majestuosa, ¡por allí vienen!, y justo por el hollín hermético asomó una comparsa de delfines, ¡súbete!, antes de que tu latido pete.

Cabalgué sobre el cetáceo a un ritmo trepidante, ballena que en parsimonia engullía plancton a toneladas hubo de apartarse fulgurante, ¡atontados!, recriminó, en la tómbola o la policía corrupta os han regalado el permiso de conducir, ¡perdón!, me disculpé, tarado que le quiere arponear por servirle en plato de cerámica es de quien me escapé. Exclamé la estrofa, y justo pasamos en los aledaños del balandro que vi una manifestación multitudinaria, son tiburones martillo, magullan la flotabilidad de cuyo diablo se oculta tras la túnica de monaguillo. El estruendo es ensordecedor, colman las bofetadas por las turbinas y los cestos, son de esas averías que por reparar debe recaudar ingentes presupuestos, y en una furtiva ojeada le distingo una brecha en el cascote, desde el combés tira almendras y nueces que ha extraído de su camarote.

Corcel avisa hemos de abandonar la grada, y a toda pastilla emprende diligente el periplo por la estrada. Lecho marino trepa a la cumbre, y ya en el borde de su territorio realiza una cabriola magnífica, su fama dignifica. Aterrizo yo en un arenal sedoso, y el prodigio que me ha curado emite un tañido previsor, un carril he de reseguir, ¡dime que hay en su extinguir!, se agradece un comercio donde adquirir alimento, tiritas ojalá disponga en sus estantes el establecimiento. Onomatopeya suya me suena a bocina, hablamos idiomas antagónicos los vertebrados con los peces y la jauría porcina, mas obedezco y husmeo el derrotero, ¡sorpresa!, hay una tortuga que escarba como una posesa.

Al verme afronta travesía invertida, ¡no, por favor!, consolida el cobijar los huevos de tu camada, pero al apartarse veo atónita exhuma mi mochila, es tan bella su nobleza altruista que suscita un diluvio en mi pupila. Con la vista traslucida por la lluvia, ahí lo tengo todo, mote cual me pertenece desde el bautizo hasta el peine con que desenmaraño el rizo. Batería aún tiene el celular, y a través de las antenas sofisticadas reclamo la inmediatez de una ambulancia, que frente al paredón del patíbulo sangro en exuberancia.

Fuera de peligro, mientras rehago las fracturas y contusiones, invadida de cardenales violáceos y zurcidos labrados por las pinzas de crustáceos, vino sabueso y su secuaz a mi habitación, ¡estoy en camilla!, sano la infección con fármacos y pócimas de manzanilla. Cortesía se debe a su acta, han rastreado helicópteros y lanchas miles de hectáreas, y tan sólo han hallado un desperdicio de serrín inconmensurable, fragmentos minúsculos de trancanil y consolas hechas trizas, tracas de aparadura reducidas a cenizas, lombardas como único flotador y la grimpola que se mofa de quien se ha sumergido por fofa. Trinquetes se han dividido en decenas de miniaturas, mas al recopilar todos los cascajos han extraído una conclusión, ¡ejército ha erradicado la flota entera!, desde el yate recreativo a la fragata con galera.

Dije yo al comisario que fuera por las bahías que pueblan los lobos náuticos, sabrá quiénes son pues otean las crestas espumosas con admiración y respeto, se sientan en los cobertizos donde retienen los escarmientos que sufren si se exceden en la osadía y la bravura, interrogue al del espigón y a la carabela de bajura, tienen montones de estigmas en su dermis por las picaduras y quemaduras. Tendrán los coyotes el mejunje por limpiar el estaño, mas entienda el esbirro que yo soy sólo una secretaria, y en la experiencia traumática no le puedo desglosar la leyenda legendaria. Tampoco me importa, ¡a mí ya me sirve!, hay un tribunal superior a cualquier títere o prior, veredicto ha decretado y laudo ha ejecutado.

 

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