Quince esquinas, habidas todas en la misma calle, sorteé a babor y estribor hasta alcanzar cuya ancha avenida, con doble carril en sendas direcciones, admito torcer camino de mi destino. Añada por esta arteria dos chaflanes, media luna en rotonda y otros tres cantones adelante, por desviarme a diestra en vía estrecha, tres puertas y paciencia al estacionar, que vehículos a decenas por minuto disputan sorteo de plaza por ocupar.

Diga peripecia o tal vez fortuna, encontré zona libre a escasos metros de cual edificios de oficinas me aguardaba cita ese miércoles, diez de la mañana puntual. Llegué por supuesto diligente, dado preví margen por si tráfico se emboza, o torpe dormilón embiste faro por detrás, mas no se ría, que ocurrió por primera vez en marzo y fíjese casualidad, burdo inepto repitió el mayo pasado.

Crucé puertas corredizas, saludé conserje, y por escaleras subí peldaños hasta el despacho B de la sexta planta, pues detesto los infernales ascensores, invento para vagos y acosadores. Llamé timbre, sito exacto de una agencia de modelos interesada en mis servicios, y aunque rehúyo de estas ofertas vine confiada, que conozco esta empresa de labores recientes, anuncio publicitario de marca textil y azafata en ferias y congresos, aburridas y cansinas donde quien desfila son corbatines impertinentes, que buen favor nos harían si optaran por apretarse mayor el nudo de su corbata y colgarse de una viga, los muy asquerosos y babosos.

Deduzcan entonces entré repetida, y cual ocasiones antaño clamó mi nombre una pintoresca señora de mediana edad, maquillada en tonos que de verla usted diría es pintura al óleo de siglos pasados, duchada en perfume que no le pierde rastro ni perro resfriado, y presumida con su blusa blanca transparente a reventar de pecho operado y botón desabrochados, trampa provocativa de cuantos mirones no le incomodan en absoluto.

Sentada en su puesto y yo enfrente, menciono cantante que sólo pronunciarlo no necesita presentación, pues su fama mundial sólo ignora ermitaños, analfabetos y odiosos de la música, requisitos los cuales de esta trilogía ninguno se cumple en mi caso, y me asombré al confirmarme tuvo interés tal sujeto en contratarme.

"Aquella estrella de rock quiso contratarme para su concierto sábado por la noche"

Pregunté cómo podía competir en ese terreno, y tras disertación que no sufra dado usted también sabrá en líneas posteriores, comentó dar concierto próximo sábado, diez de la noche, en majestuoso estadio con cabida para treinta mil espectadores. Preguntó por si estaba predispuesta, promesa inquebrantable, mas antes de mi respuesta anunció pago por mi trabajo, y en escuchar cifra alucinante no tuve duda, y conteniendo mis nervios dije dónde había de firmar, ya y ahora mismo.

Sacó de su escritorio un manojo de folios, original en agencia y copia para mí, y rubriqué mi compromiso decidida, bendito dinero en época oportuna. Jamás me había ocurrido que tras signatura me entregara un sobre repleto la oponente, cual dentro albergaba fajo de billetes con cantidad exacta prometida, mas supongo que en la gloria de las estrellas se vive del despilfarro y la abundancia, muy a favor yo si de esa manera me hago rica.

Los tres días siguientes, a la espera de la efeméride, estuve entre algodones, por no contraer catarro en febril desplomada sobre cama con la faz desteñida, por no tropezar llorando con pierna partida prosternada en camilla, en cuidar alimento no tuviera indispuesta urgencia en fugar a cañerías diarrea, en errores cero y ojos avizor, neurótica de no pisar hielo ni desliz en piel de plátano, que es verso de nuestra especie ser patosos, despistados y cegatos atontados.

Cumplí escrupulosa siembra de cada segundo, y llegado el día señalado me presenté impaciente a cruz en mapa con una hora de antelación. Nombre y apellido me identificó en seguridad, y a pesar de mi puntualidad permitió mi entrada, donde vino a mi encuentro componente del círculo privado de aquel grandioso artista. No me pregunté su cargo, que se hizo el remolón y yo no osé importunar. Forajido no resultó, que egocéntrico miraba prepotente plebeyos a sus órdenes, en acento que de haberlo escuchado hubiera jurado estaba agobiado por estresante tarea, mas no tenga este concepto, que tales pendejos disparan fusiles y se quejan de su yema en el gatillo.

Guarde callado vos este comentario entre usted y yo, que el muy soberbio vigilaba muy de cerca mis labios cerrados, pero soy astuta en contener la cólera que escalda dentro mío, y en contra exhalo cortesía y encanto. En tal carácter apócrifo me puse a su lado, y dejé al creído chismorrear.

- "¡A ver, bonita!" - masculló porte en pecho erguido y manos juntas en rezo al frente - "el break even es ganso, y el flat deal un robo, el fee, hija, ni te cuento, ya me entiendes!" - concluyó feliz y desentendido.

Para ser sincera, clara y llana, no entendí una mierda sus palabras, y aturdida ignoraba si me había hablado del robo del ganso a su hija, o su hija robando un ganso, o un ganso le había robado a su hija.

Disimulé, cruzada sonrisa, asentida en vaivén afirmativa con la cabeza, cagándome secreto en su estampa y mirada felina, mientras oculto en los abismos de mi mente buscaba descifrar qué demonios había balbuceado aquel sujeto.

Serenada, y previo comodín de alguien sabio, supe el fee son los honorarios del artista, que tal galán de fama mundial es suma escandalosa su dineral. En cuanto el flat deal, válgase a ser siamés, refiere a cuyo precio fijo se paga en todo espectáculo independientemente del número de entradas, y puesto a vencer cultura sepa trata el break even del umbral de entradas a vender para cubrir los gastos del espectáculo o la producción, a fin de no tener pérdidas.

Cerró cancela, en punto de partida una amplia sala, que de haber medido poco error hubiera sido vaticinar su perfecto cuadrado, diez pasos arrollados, torcer a derecha y adentrarnos por aquellos pasillos restringidos, intestinos de las entrañas del estadio.

En poco recorrido encontramos un guapo varón, que por su acento adulo soltó al verme, si bien disculpe no comparta con ustedes, pues no entendí por entonar en lengua nórdica.

- "Ni caso a los roadies" - retomó con sus vocablos extraños - "son muy creídos" - despotricó arrogante.

Antipatía por aquel lumbreras dé usted por confirmada, que tan simple hubiera sido mencionarle miembro de cual equipo técnico viaja con el artista, pero le vi dispuesto a rebuscar el diccionario con la mala leche de poner a probar mi ignorancia, mas de mi profesionalidad no tenga duda, temple regio, impasible, escoltando pacífica su andar por infinitos pasadizos donde en caso de perderse necesita de experto o retroceso por retomar dirección y senda.

Avancé cincuenta metros, rebasando puertas de aseos en ambos costados, cuartos de mantenimiento barajados entre ladrillos dos llegué a contar, y antes de continuar todo recto torcimos por otro túnel, custodiado el angosto atajo por dos gorilas de músculo granítico labrado en gimnasio, cuya altura mi punto más alto no sobrepasaba la falda de sus barbillas, con ese típico cabello corto donde florecen tímidas canas deslumbrantes, panza férrea vaya a saber si con los surcos probable del chocolate, brazos plagados al frente cubiertos por sendas mangas elásticas a punto de reventar sus cosidos, pectorales siameses inflados cual molde de dos bloques de acero, mandíbulas robustas de caballo dicho sea en el buen sentido del elogio, de la fuerza, de la pureza, y rondando esa mediana edad que de bien conservados son para sexo una tentación diabólica.

Mostramos acreditaciones, apenas sin echar freno y con el mero esfuerzo de aminorar velocidad, y apenas diez metros recorridos alcanzamos la base del colosal escenario, templo de majestuosas exhibiciones que para multitudes son vivencias inolvidables. Tratase de un escenario modular móvil, ideales para conciertos, dado van totalmente equipados con grúas para altavoces, camerinos e iluminación, y algunos detalles que a buen entendedor diría son propios de retro-iluminados, pues en eventos nocturnos no tienen competidor creativo. Disponía de una rampa, hoy en día ya prácticamente perenne en todos los espectáculos, pues ofrece fácil acceso con los elementos provistos de ruedas, aunque nosotros subimos por las escaleras a un lateral, él vacilón calzando deportivas ligeras y yo zapatos de fino tacón de agua.

Sólo pisar la tarima, me fijé ser ésta de madera antideslizante, crucial en baile para evitar resbalones infames objetos de burla y mofa los días y semanas y meses y años siguientes, y tampoco soporto enmoquetado, culpables de tantos tropezones, discretos o míticos según artista o la torpeza.

Quedé inmóvil ante un enjambre de gentío corriendo por toda la cuadrícula del enorme stage, de norte a sur, de este a oeste, no fueran a atropellarme, atronando gritos a viva voz de backliners histéricos y enajenados, portando uno monitor al ritmo locomotor de sus zancos sofocados, mientras el resto se ajetreaba en amplificadores y cuanto material usted habrá visto en conciertos, uso de músicos e intérpretes. Comprobaba el climber celosías, varas y vaya a ser qué otro artilugio en las cimas nevadas del recinto, mientras el scaffolder daba el último repaso de no haber fisura ni error en el montaje de aquel espacio.

- "¿Qué coño ocurre con el full range?" - chilló a decibelios de querer reventar mi tímpano un tipo al borde de un ataque de nervios.

En las penumbras de la platea, alguien contestó estar el woofer a 40 Hz y 1 kHz todo ok, y los subs para los graves de 20 Hz confirmó estar listos, y en cuanto a los sonidos del espectro audible no haber incidencia, mas no me pida traduzca toda esa jerga, pues sólo repito como loro, que igualo su inopia o supero con franqueza.

- "O sea" - pijoteó aquel divo - "esos de ahí con camiseta verde son runners, los de negro con letras blancas son riders, y ese es rigger" ´- dijo ante mi asombro de ver un joven treintañero portando sobre sus hombros un manojo de cuerdas en centenares de metros muy seguro.

Pregunté dónde iba con tal suma ingente de sogas, y debería de haberme respondido son técnicos e ingenieros encargados de calcular cargas de sujeción de estructuras y elementos volador, pero dijo el muy desgraciado son todas y restantes para atarme a mí.

Rubriqué mi antipatía dentro de mi alma callada por semejante individuo, y a superficie respondí con dulzura y sonrisa, aunque tomé buena nota, y desde aquel instante decidí no volver a preguntar, salvo imperiosa necesidad.

Previo examen del stage plot, salimos por la rampa del escenario, milagro de no haber sido embestidos por esa turba histriónica, camino del backstage. Cerrado con llave estaba el camerino del artista, y ruego comprendan no describa sus aposentos ostentosos, pues aún intentar ceder pomo la cerradura no abría. Justo a su vera, estaban nuestros vestuarios, de coreógrafos, bailarines y bailarinas, maquilladoras en número de diez no exagero, y asistentas de vestir, que por si acaso usted desconoce, yo le informo grata son chicas que nos traen prendas de ropa, nos las ciñen, nos abrochan y engalanan, nos desvisten y nos vuelven a cubrir, todos juntos y juntas, hombres y mujeres, que en el espectáculo no hay vergüenza ni secretos tras las bambalinas.

- "Aquí están las bailarinas, coreógrafo, y yo me voy que tengo prisa" - exclamó para mi alegría, no sin antes darme la espalda con arrogancia y desdén, el muy presumido.

El neófito diálogo arrancó con cuyo Director estaba prendidamente enamorado de mi personaje, visto, aclamado y alzado en culto por plataformas de vídeos, y el cual permítame presentarle, dado le imagino sumido en la perturbación, dado no deberá entender de qué narices estoy hablando.

"Mi famoso personaje es una preciosa ángel atrevida y pervertida"

Refiero a un canal donde cuelgo vídeos de baile mío, interpretando un ángel celestial de hermoso cabello rosado en melena hasta casi alcanzar mi lumbar, sensata a la vez de atrevida, inteligente a la vez de alocada, y un tanto pervertida, devota del bondage, y quien ceñida al guion pasa la mayor parte de su tiempo deleitada en nudos, ataduras y otros amarres, infringidos por ella misma, los cuales según mi personaje angelical usa por meditación, por sacrificio, por penitencia, por superación, y simbolizan la libertad.

Aun atada con hilos de cáñamo o algodón, acompaño el movimiento de elegancia acrobática, dado no descuido dieta y dedico horas a mi elasticidad. Galardón de mi arte, mi simpatía, y mi belleza, tengo millones de seguidores y seguidoras, de quienes los más osados, varones y féminas traviesas también, me proponen retos que mi personaje audaz asume entusiasta por abastar el mayor número de logros posibles, abierta a exigencias desde surrealistas a pecadores degenerados no negaré, y he ahí que tengo por narrar situaciones inverosímiles, con técnicas, lugares, horarios, estrategias y el infinito potencial de las mágicas cuerdas mezclado con las crueldades de todas masas.

Eirel es mi nombre comediante en vídeos, y cuya heroína visto con pétalos blancos en mi cabello a modo de corona, pues el color de la candidez celeste es nívea, dos alas a mi espalda de plumaje albo cuya envergadura plegada imita la majestuosidad de las águilas reales, y lencería blanca en cuya estupefacta colección de conjuntos dentro de mi armario vería usted la treintena rebasada, dado en mi rol, y en mi vida personal, soy descarada y desvergonzada. Piso sobre vertiginosos zapatos de tacón fino de aguja, de tono albino por supuesto, y muestro a mis fans mis esbeltas piernas al desnudo, mi avispada cintura de mi delgada figura, ombligo bribón a campo abierto, y brazos descubiertos sin un ápice de tela, a excepción de nombrada erótica y sexy.

Mis cuerdas tienen el poder sobrenatural de cumplir el orden en el mundo, dado no creo en la suerte, excusa de perdedores y cobardes, sino soy protagonista del magno destino, que en su tierna inocencia considera fue convocada a la tierra por guardar en el cofre de las almas aquellas virtudes hoy perdidas o camino de su extinción, mas si usted quiere saber mucho más de mi interpretación vaya indudable a seguirme, que a centenares de actuaciones dispone por visualizar y entretenerse, y por supuesto visitarme cada mes, no sin antes terminar este relato de galán exquisitez.

Tan sólo permítame el lujo de añadir un párrafo, por presumir de su valiente carácter y su fuerte personalidad que despiertan en los comentarios de mis fans elogios, aplausos, admiraciones y felicitaciones, y por si acaso usted incrédulo no da veracidad a mis palabras vaya raudo a mi canal, aunque repito de nuevo aguarde no todavía, que mi historia en el concierto justo arranca su motor.

Cordial y entusiasmado, demostró saber a la perfección quién soy, y dijo no haber de preocuparme por ensayo o acoplarme a bailarinas, que mi único cometido debía ser recordar cuya memorable actuación puede usted contemplar en el penúltimo vídeo del mes de marzo, y reproducir sobre tarima.

- "Fácil" - respondí escueta y segura.

Las restantes chicas, un coro de cinco féminas danzantes, bien conocen su escenografía, y yo, simplemente, debía dejarme guiar, lo cual, conociendo mi excelencia y profesionalidad, no cabía duda de no haber de perder tiempo con explicación, sino es tan sólo acoplarse y disfrutar.

Al grupo de muchachas se unía el bailarín principal, dotado de cuya belleza era lo más hermoso que no recordaba jamás habían visto. Sus facciones conservaban esa cándida inocencia en su rostro, con sus ojos de azul luminoso donde casi creí revelo los secretos de mi enrojecida lujuria. Erguía porte recto, pecho fuerte sin yacer orgulloso ni pretencioso, sonriente en cuyos labios calcaron su alegría al sembrar par de besos en mis mejillas latientes, redondas nalgas bajo sus ajustadas mallas de baile, y mal disimulé el desvío de mis pupilas abiertas de par en par, ya sabe usted adonde alberga testículos y gigantesco tronco cuya silueta la lycra no podía ni quería ocultar.

Su cabello dorado era vivo reflejo de los rayos del astro rey, peinado pulido y sereno, con aquel bíceps esculpido que en mi testimonio afirmo cautiva y atrapa, y no continúo en dar repaso, que en su figura no encontraba defecto sino un océano colmado de virtudes.

Pareja afortunada deberá de gozar su pasión, con abrazos, mimos, caricias y polvazos de hacerla estremecer, pero mi cometido es bailarina, y por supuesto disfruto con placer de tan grata compañía.

Presentados y calentados para escena, comenzamos a reemplazar los atuendos de calle por disfraces acordes a espectáculo, ellas de ceñido top y escueto short, negro azabache de fondo y llamas rojas avivadas cual símbolo de las calderas del infierno, mientras a mí me entregaron un excitante conjunto de braguita y sujetador de blanco puro y destellante, visible desde los confines del estadio, dos alas en puesto de cual halcón se predispone alzar vuelo, y un traslúcido velo a modo de visera, con la frente, cejas, párpados, ojos y gran parte de la nariz amagados al envés de su cortinaje.

Coincidíamos grupo y yo tan sólo en los preciosos zapatos de tacón alto de aguja, salvo con la matiz de ser negro en las mozas del coro y blancos mis lucidos, y no crean resulta sencillo mantener el equilibrio sobre aquellas pértigas de vértigo, mas como todo en la vida es práctica y aprender.

A pesar de esconder mitad de mi faz, sesión de maquillaje nos reclama, colorete en pómulos, labios de cuyo rúbeo incandescente son antónimo violento del tinte de m atavío, mentón mate y terminar en mi caso, que mirada y su aureola de brillo no requería.

"El concierto y el bondage estaba a punto de comenzar"

Terminó la rutina cosmética cuando el público comenzaba a agolparse en el estadio, los más privilegiados y privilegiadas buscando su primera línea, donde las vallas dan distancia prudencial, y nosotros aguardamos como bien nos place el tiempo de espera. Hay chicas absortas en sus móviles, tecleando raudas y veloces cual guepardo se abalanza por su presa. Otras chicas, sin embargo, aguardan de pie a dorso del escenario, cruzando sonrisas y dos frases con todo hombre que se cruza, que deambula o se acerca, y que prácticamente son multitud si disponen de libre oportunidad.

En cuanto a mí, estaba a su vera, con una simple cuerda de dos metros de longitud, cáñamo cortado, instrumento de mi performance, ultimando gestos y concentrada en mi personaje, ignorando los reojos de cuyos machos les vencían las hormonas al verme lucida en erótica lencería, cuando apareció de camerinos privados el ídolo de masas, icono de una música, adorado y aclamado en los dos hemisferios y de oriente a occidente, con su larga melena rizada, maquillada su faz con tonos fluorescentes rojos y blancos, camiseta negra con cuyas letras no entendí idioma de su escritura, ajustados su pantalón negro de cuero, cadenas a decenas cual abalorios de brujería, y calzado que en la baja lumbre se ensombrecía y no puedo detallar.

Saludó a personal dispuesto, besó en mejillas a las chicas en ronda, y en turno siguiente fui yo, también por supuesto dos besos cálidos, y afortunada me sentí al pedir esta estrella fotografiarse en exclusiva junto a mí. Reclamó a su fotógrafo dos disparos, posados juntos él y yo, en el primero con el velo caído ocultando mis dulce mirada, y en la segunda con la cortinilla alzada, cómplice y muy próxima. Dijo arder en ganas de conocerme al terminar el concierto, y yo acepté encantada.

Estorbó el coqueteo el black-out, todas las luces apagadas, previo inicio del concierto. Subió poderoso y faraón a su trono, los altavoces reventaron tímpanos audaces que osaron curiosear demasiado cerca, el gentío enloqueció, gritó, la lluvia de luces inundó toda la atmósfera, y nos dieron partida a bailarinas y bello para ocupar prestas nuestro lugar.

Primera línea del cuadrilátero fue inviolable para el zar, a su retaguardia nosotras, en un lateral el batería, y los locos guitarristas búsquelos, que zozobran de arriba abajo, pareja a ratos con cantante, mezclados traviesos de tanto a tanto con nuestro jaleo, rúbrica demostración del talento y el esfuerzo, y en su naufragio corriendo de un extremo a su opuesto como gallo descabezado.

Permítame aclarar no impone el actuar, dado el público se percibe como al fondo de un barranco, lejanos, y a partir de la quinta testa tan sólo se ve un mar de cabellos alborotados, luces de teléfonos alzados, y alguna chica a hombros de su humano equino que no descarte levante camiseta por enseñar las tetas. Los altavoces a toda potencia conceden escuchar el jolgorio como una sola voz, sin distinguir quién alza mayor o menor volumen, o diferenciar el fanático de aquel presente sin saberse letra o título de la canción.

Dicho esto, por poner en situación, comenzó la segunda canción con un solo de guitarra atronador, infernal, que hipnotizó el gentío con tal histeria que ni el propio diablo hubiera conseguido. Durante este largo ensordecedor, me tomó la estrella de la mano para llevarme a primer plano, ante la vista de decenas de miles de una tropa enajenada que saltaba, gritaba, cantaba, aclamaba, bailaba, y él, por contentar, me puso por delante, apartó a un lado mi larga melena, posó su mano diestra sobre mi pecho por debajo del sujetador, y lamió mi cuello desnudo resbalando su lengua entre la clavícula y el lóbulo, arriba y abajo, al tiempo de entrecerrarse mis ojos de excitación.

El auditorio entero vitoreaba y animaba, mientras una pérfida estructura cuyos hierros dibujaban divina escultura de tela de araña bajaba de las altas penumbras del escenario. Sujeta a los sólidos truss de acero, sirvió sus varas para su descenso mediante una ingeniera de poleas y frenos, proyectando su sombra tétrica entre desfiles de risueñas líneas desafectas que aprecié frente mis pies, hasta aterrizar práctico en el cogollo del escenario.

Interrumpieron el festín de aquel beso las chicas danzantes, que en batallón de amazonas vinieron a tomarme presa de su calvario, la mayor rauda por mi cinto, la siguiente por el flanco diestro descubierto, dos valquirias por donde húmeros, la quinta con mala saña por la puntas del cabello, y desvié la mirada a cuyo estandarte mundial retornó berrear al vuelo letras de sus canciones, ignorando despiadado la piadosa ofrenda de mi ser.

Me resistí, abanicando con esfuerzo echar malhechoras, simulada espada blandida mas por no haber arma nadie vendió ni una tacaña gota de sangre, y en plena lucha que creí al principio vencida llegó de tierras remotas el caballero bello de mallas ajustadas. No vino en mi rescate, sino en apoyo de aquellas cuya virginidad ponga sabio en duda, y en ser diana de sus ojos hipnóticos me paralicé, fruto del destello armonioso y dulce bajo el cual fluye pasión encarnecida, mas asumo no es excusa por haberme dejado arrastrar, atrapada en las tretas de aquellas arpías, hasta semejante armatoste.

Mi indestructible táctica viró a no oponer resistencia, y en ser franca sepa sospeché abocar al fracaso esta nueva estrategia. Hoy dirá usted podría haberlo meditado, pero no tuve reacción fulgurante sino quedé indecisa, y cuando se toma tal oposición dé la victoria por perdida.

"Su objetivo era dejarme atada en esa perversa tela de araña metalizada"

En apenas segundos, quedó mi espalda en aquellos hierros sin poder volverse, alas angelicales aplastadas entre lomo y parapeto, mis brazos entregados, mi rebeldía errante, y cual viento furioso enredaron cuerdas cuyo cabo abría paso, con el resto trenzado venía deslizante, persiguiéndose y pararse cuando patrón alcanzaba puerto. Ambas sogas se atenazaron cual opaca tormenta enluta el capote del cielo, cruzando la orilla de mi piel hasta la otra riba, donde el hierro marcaba de ahí ni pasa ni marcha carne.

Aquellas retorcidas malignas pretendían atarme contra aquel artilugio, y no me atrevo a afirmar si por compasión, pavor o antojo, desdeñé luchar. Me dejé llevar, dado tampoco estaba en la horca, y templada mi alma ilesa esperé en aquel claustro las muy probables severas ataduras.

Nudos guardianes se apostaron en sus trincheras, y aunque quedó de rastro mudo todo el hilo de las cuerdas fue sueño inalcanzable asaltar su guarida. Buscarlos resultó pretender una flor roja en el sórdido desierto, e insistir condujo al suplicio por rogar liberarme de tal condena, pero el gentío aprobó justicia, con vítores y ánimos de cuyos fanáticos viciosos y libertinas se donan a sus dioses.

Apestados descarriados, cínicas alimañas, sabandijas lenguaraces, pensé en privado, que mucho canto y adoro pero su clamor estalló en un frenesí incalculable cuando vieron el teatro y yo declamando piedad, y no echen culpa a los hombres, que mujeres también se sumaron de muy buen agrado a la orgía.

Incitadas por tanto alboroto, partió rubia la descosida, tomó ambos ovillos de origen que no vi, cabalgó por evitar embozo, deslió el embrollo, asió manceba sendas puntas, y velando por mantener lazada nivelada vino en busca de mis tobillos. Pataleta di cuando sus lazos bordearon el talón, y de no apartar villana su facial hubiera acertado en todo su pómulo, en cuyo gesto resbaló a casi estamparse contra el suelo. Ojeó el telón, y enfebrecida acercó sus vocales a mis orejas, por pronunciar en bajo tono me iba a arrepentir.

- "Lo pondré a tope" - susurró sin desvelar a qué se refería, justo cuando un primer escuadrón de cuerdas ya habían logrado asaltar frontera por encima de mis tacones.

Al ritmo de la música, sola frente esa estepa donde ni una garganta vino a mi favor, asumí el rol conforme, no fueran a pensar las muy desgraciadas que esa simpleza sería demasiado para mí. Tomé reto en mi nueva identidad, e interpreté mi personaje angelical con esa mezcla de fuerza y dulzura que prometí debilitar multitud enemiga en frente bélico.

Ladeé mi cabeza atrás, sensual no discuto, y sonreí tierna pues las cámaras anónimas de los dichosos móviles a flote en el fondo azabache debían de estar enfocando ligaduras. Del fotógrafo nuestro no hubo duda, dado se apostó cual pelotón de ejecución, ametrallada por un sinfín de disparos que no hubo modo de contar, y ahí estuve, posando, elegante, lasciva, morbosa, mientras las cuerdas abrazaban en abundancia y sin remilgos desde la planta de los pies hasta el vértice de los muslos y suba arriba.

En cuanto a las piernas, sogas triunfantes asistían al apropio de mi reino, gemelos, rodillas, muslos y zapatos fetiches allí pasmados, paralizados, expuestas sobre plano en pirámide egipcia, esperando el redoble de un tambor por anunciar llegada de salvador con ánimo de liberarme, mas de tal héroe no había presencia ni tan siquiera en curvo horizonte.

Ante la escultura ya estaba atada, y de nada servía mi queja, desatarme diablas del infierno llegué a pronunciar, e inútil gesto supuso estremecerse sufriendo apegada al neutro hierro, que no mostraron compasión, y en vista de su travesura pretendí morder, volviendo testa a un lado, al menos de consuelo por el mismo precio imponer sobre tarifa que me habían clavado.

Abrí la boca, atrevida, que de pillar dedos de diabla el incisivo hubiera hincado, pero interrumpió la caza una enorme bola de silicona roja, que entró tras el tejido gingival, se adueñó de sombra bajo blando paladar, y cerró asalto con cuyas sendas hebillas, cada una por mejillas a sendos lados, se abrazaron tras mi nuca. Cual herrero forja en yunque, quedó inmóvil la mordaza, y culpable de fechoría, varón grácil y danzante, se dio a la fuga, sordo a mis gemidos, malnacido y traidor hubiera traducido, terminada mi captura.

Desde platea, hágase la idea si digo el público expectante me vio atada en menuda figura espectacular que con cuerdas tejieron. Tardaría páginas en describir, pero sepa que tal obra majestuosa guardo en privada confesión, que estoy seguro que copias baratas o mezquinos imitadores intentarían emular. No obstante, en un gesto de bondad, diré detalles abreviados para que usted, sexo y género quien sea, pueda mi imagen visualizar.

Imaginé, estimada lectora, un cinto hecho de cuerdas aferrado en mi cintura, apoyada contra el moldado mineral, formando con las sogas una red colosal de la cual no tenía sistema ni tan siquiera de arquear un ápice mi lumbar.

Imaginé, estimado lector no se ofenda que no le descuido, los brazos atados con las manos señalando al fondo, una al este y su congénere al oeste, alejadas lo máximo entre sí, con falanges en altitud dos palmos por encima de mi cabeza, sin alcanzar nudo ninguno o ayudarse en su urdida fuga, atados desde escapula hasta carpo, líos por doquier, cuya tensión y firmeza no había fórmula de quebrar o gestionar, simplemente inmóvil y quieta, unidos al férreo como quien baila un tango, puzle indivisible que no me permitía los brazos abrir, levantarlos, alejarlos, separarlos o bajarlos, estatuas su único permiso.

Imaginen, ambos sexos al mismo tiempo, mis piernas atadas, con tal ingente cantidad de cuerdas que de muslos a tobillos son una red pesquera, impedida toda pierna de poder separar, cerrar, andar, levantar o bailotear siquiera. Cuerdas tirantes enlazaban estas ataduras a los hierros posteriores, con lo que si han considerado podía caer la creación como castillo de naipes tenga la certeza de estar equivocados.

Las viles zorras se esfumaron en las notas vespertinas de la canción, y la estrella nacida para triunfar naufragó cual velero a mi bondage. Fe doy que ovaciones del gentío no acaeció simulacro, bestias salvajes que de no haber foso todavía me hubieran devorado. Examinó caprichoso torzones y giros, palpó verde pálido del cáñamo, y en medio de esa locura estiró devoto de las cuerdas tensas, por comprobar de ahí postrada no huía. Miré sus yemas impregnadas de la suave delicia de las camelias blancas, y brotó de mis labios un meloso murmuro, típico de toda boca amordazada. Sonrió, y al girarse al enjambre agitado de sus seguidores ardientes, me señaló con el dedo para anunciar su victoria. Bien podría haber dicho colaboré en dejarme conquistar, que de haber opuesto resistencia quizá hubiera sido su meta quimera, pero su postrer gesto fue poner micrófono en mi mordaza, y yo, santa inocencia, abismada en el juego, mascullé un gemido ininteligible.

Menuda algarabía de alegría se produjo en el aforo completo, que al unísono clamaron su esperanza en cuyo chillido pareció un simple afirmativo, sí fue por matizar. Marchó, desprecio de mi anhelo inútil por su indulto, y revirtieron su rumbo las coristas, terrible noticia para mí desamparada. Portaban un cuchillo que, de haber esgrimido en axila, habría sido hidalga lanza en ristre, y animadas por la muchedumbre exaltada cortaron mi sujetador por cuyas segas estratégicas sirvieron para dejar mis pechos tersos al desnudo. Llegaron al limítrofe precipicio, y tal cual tratase de un atleta en prueba olímpica arrojaron la muy hija de puta mi prenda a seguidores.

En mi posición no hubo discusión, que no disponía de dicha facultad, y negué el uso de la razón, dado ya ajustaríamos cuentas finalizado el espectáculo. Calmé mi ira turbada, no por la desnudez sino por destrozar vestuario, pero la muy odiosa regresó, con una malévola sonrisa que temí lo peor, y en efecto, cumplió mi vaticinio al cortar mi braguita a conjunto y lanzarla a seguidoras, ahora a oeste de la sima.

Me desnudó la aguda daga, y por supuesto volvió a la velocidad del rayo el fotógrafo, que no descubro misterio ninguno de la humanidad si digo preciosa atada y desnuda soy delicia de maleducados y caballeros, y dado no pensaba rendirme ante la cámara oculté suspenso, y me agité excitada, erótica y ardiente.

Tomó imágenes por masturbarse él y millones de visitantes que contemplen a posterior su enfoque, y marchó justo cuando danzarinas portaron máquina tortuosa que ajustaron en la base de aquel monumento. Disponía de una barra expansible vertical, metal negro en cuyo extremo superior sostenía un dildo loable en dimensiones, y un soporte retráctil para ajustar la altura. Ajustaron el ángulo, múltiples opciones a escoger por si no tuviera bastante un castigo, y con su mando juguetón de control remoto izaron estandarte hasta llamar su glande lubricado a la puerta de mi vagina.

No avasalló de inmediato, pues todavía venía previsto de otro artilugio abatible, diseñado el muy cabrito para apegarse y succionar mi clítoris con tanta emoción que de su abrazo no hay forma por desembarazarse. Una tuerca prensada eliminó cualquier retroceso, fijo en su garita imperturbable, mas aguardó paciente adormecido a posarse cuatro almohadillas adhesivas a flancos de mis labios vaginales. Otras dos almohadillas pegajosas se ubicaron en el valle de mi vello rasurado, sumando un conjunto de electrodos monopolares, milicia que amenazaba sonsacarme confidencias, advertida que de nada sirve suplicar cuando el ejecutor es simplemente un robot automático.

"Arrancó dildo, electrodos y vibraciones en mi clítoris, conmigo atada y amordazada"

Párase el eco retumbar de la música el lapso entre canciones, mas no le suplantó el silencio, sino un escándalo de aplausos cuando autor gozó del privilegio por tomar mando mágico que marcaba el devenir. Lo alzó en alto, muy visible, viéndole todo el paisaje ocioso, sostenido en la cúpula del pulgar y el índice de su zurda, y no es necesario ser adivina para vaticinar lo que iba a acontecer. Reté su sonrisa satírica con una mirada de aquí estoy, esperando la guerra fratricida, atada, indefensa, y al mismo tiempo poderosa, que sus herramientas no me espantan ni me socavan horrores.

Presionó el botón, y al penetrar fragante aquel falo de silicona en mi tropical vaginal me revolví de placer. Un dulce masaje batiente despertó mi clítoris sobresaltado de su modorra, que miró entusiasmado al monte por buscar rebaño pastoreando en su prado, y por aureola de mi vulva se cosió tejido un circuito, diría un hormigueo bullicioso, o mejor aquel aleteo de mariposas en todo enamorado, aunque también definiría como espasmos musculares, no crean malditos, dado son mayor típicos de encarecidos ardores.

Mis pupilas bravas se dilataron cuando en toda esa ofensiva el dildo comenzó a resbalar arriba y abajo de mis paredes vaginales, abiertas en bienvenida de par en par, augusto el sellado frenillo, tallado en cuyo excelso bálano perforaba cavidad muy profundo, espero no buscando petróleo, pues es sabido amaga otro tesoro.

- "mmpppfffiiii mmmmppfffiii ffiiiii" - jadeé incontenible en bucle a breves intervalos.

Acercó alcachofa a mis labios escribanos, y en la acústica del recinto se escuchó nítido y claro mi asmático jadeo, del centro al derredor y donde gradas y gallinero, de puerta se asomaron y de aseos corrieron cual caballo en su hipódromo, y un himno entero brotó de acuerdo en el tumulto, arriba, arriba y arriba, repetían con brusca impaciencia.

Justo entonces, enarbolaron poleas mi prisión, y echaron freno a tres metros emergidos de superficie. La gravedad me arrió un miserable centímetro en dar generosa cantidad, pues la severidad de las cuerdas atadas me prohibía desplazar, pero fue suficiente por disculparse aquel consolador de no poder exhalar umbral de vagina en fuera.

"La estructura se levantó en el aire, y la multitud me vio desnuda y atada"

Desde mi bóveda, veía la vasta planicie extenderse hasta confines donde no alcanzaba la vista, inagotable mar de cejas arqueadas, bocas entreabiertas, puños cerrados y móviles en plural, diría miles en decenas, imposibles de contar. Lejano, hacia donde ya erige paredes y penumbras, veía falanges terminales, rectas del trapezoide por ubicar, señalar mi fortuna, y algunos descerebrados agitar metacarpianos en saludos que digo yo quién es aquel imbécil que no conozco, y que en aquel instante tampoco estaba oportuna por recordar. Divisaba sus risas por la cima de los cabellos, atrás los mentones también, y en la inmensidad aprecié envidias, de muchos y muchas en mi lugar querer estar.

Olviden ustedes ruines prejuicios, expulsen sus ridículos tabúes, no concurran en falsas hipocresías, y permítame ser sincera, excitante, muy excitante, fue estar desnuda, atada y follada, izada a la vista de tantos miles de testigos. Me encantó, y no crean quise calmarme, que tal estupidez no figuraba en mis planes. Muy al contrario, me centré en las sensaciones, un cosquilleo por toda mi vulva, las nalgas prensarse, los muslos oprimirse como si pretendieran partir en añicos las cuerdas, alcé mi barbilla, cerré los ojos, resoplé, jadeé, mucho, rápido, muy rápido, preaviso de mi orgasmo.

- "MMppffififiif ffffffiiiii mmmpppfffffiiiiiiii" - clamé al sucumbir ante un maravilloso éxtasis que no encuentro adjetivo por describir.

Abrí los ojos, y en una primera impresión vi el mundo idéntico, alocado, desatado, pero en realidad todo cambió. Las traidoras colegas pasaron a ser damas aliadas, y el verdugo pasó a ser masajista, y el miedo pálido se tornó en fuego avivado, y continuaría dando señas, que enmudezco por no aburrir y tampoco importar.

Volvamos al meollo, digo núcleo del orgasmo, que fíjese no sabía existía en humanos corridas de tal calibre. Desvelaría si pudiera su cronómetro, pero no tuvo fin. Retumbaban mis gemidos, esparcidos al vuelo por ver si lograban captar la turba, sin voz extinta.

- "Mpffifi ffffiiif mmppffififh mmmpfpffhfhiiiii" - repetía confiscada y deseada.

Todos los esfuerzos por concluir y tomar descanso resultaron baldíos, que en combate seguían, y retornaban, enigmático su desenlace nunca alcanzado, y alcé las pestañas ojeando al infinito, más allá de esos muros, al firmamento, vaya a saber si buscando tierra, efímera, transitoria, y al desistir regresé al encierro de mi alma, arrastrada por la lujuria invencible de aquel tormento.

Espasmos mágicos por efecto de los electrodos me asolaban como terremoto que desmorona rascacielos, derechos a un segundo orgasmo, o el primero continuado, pues perturbé mis sentidos hasta no saber matemática de si uno y uno son dos.

De pronto tuve la extraña sensación de que toda la aglomeración estaba de mi bando, y que en verdad nadie quiso de mí escuchar aullidos y lamentos. Absorta comprendí que no se buscó mi angustia desesperada, y que allí atada, desnuda, expuesta, no era la más débil sino todo lo contrario, fuerte y deseada. Entendí que las velas se izan porque son vitales para el navegante, y hubiese cruzado barreras por dar gracias y repartir besos, pero mayor gratitud es mi entusiasmo, y con toda dignidad y orgullo apunté mis pezones erectos a todo espectador y espectadora, por vosotros y vosotras ahí va.

- "MMppfffffiii mmmpffffiiiiiiiiii mmmpffffiiiiiiii" - canté escandalosa con todo mi cuerpo traqueteado sin control.

Tembló cada poro de mi epidermis, y me puse a representar en público una función que nunca mostré, protagonista única y muy sobrada, con el corazón acelerado, la pasión ardiente por las nubes, y el ansia por gritar no se vayan todavía, que justo acabo de empezar. Risueños, joviales, excitados, seducidos, animados, entusiasmados, digo en masculino y subraye en femenino también, el sin fin de personajes se acopló a mis sentidos, y es muy complejo relatar cuánto significó, sobre todo cuando los pistones de mi sexo vacilaban como tren sin freno en cuesta hacia abajo.

Para mayor dificultad de mi filología, a medio orgasmo alguien debió de presionar el cambio multifrecuencia, que traducido a idioma popular vendría a ser que la máquina reguló velocidad, a otra marcha, tres metidas lentas y una ráfaga al ritmo que bien quiso, acceso y vía libre a su vertiginosa celeridad, y al mismo tiempo varió el modo de oscilación telescópica, trazado otro ángulo y profundidad donde al giro descubrió el enterrado oro de mi punto g. Lo supe por la irresistible tentación de ser follada, muy follada, hasta el fondo, no pares, cabrón, no pares, sigue puto cerdo y fóllame toda.

Disculpe soez vocabulario, no es propio de mí, y fortuna tuve de estar amordazada, por no soltar sarta de improperios desvelados, pero entiéndame, dado notaba sus embestidas y su potencia, y la diferencia con la polla humana es que esta silicona no desfallece, no afloja, y no atiende a suplicas o pleitesías.

- "Fiiiiifgugggge ffffmmppfpfiguue" - murmuré en hablar amordazada e irracional con aquel objeto inanimado.

Sobre mi clítoris, la ametralladora vibraba a una tensión de vatios que a ese ritmo iba a tener el recinto un cortocircuito eléctrico. Imagine un dedo en tal órgano erógeno a velocidad mil meneos por minuto como mínimo, o dos mil si considera exagero, o tres mil, que semejante bombardeo de masturbación no había experimentado jamás. De tal intensidad no descarto por el roce inventar de nuevo el fuego, pues en el fondo algo de cavernícola tenía, fiera, primitiva, bruta, animal y salvaje, incluyo en el listado.

Aquel voltaje debía de estar a punto de fundir plomos, al menos de mi cerebro dé por indudable, y a fecha de hoy no he descubierto si fue fruto de mi imaginación, pero tengo la sospecha que jugaron con las marchas desde su escondrijo remoto, a mi vera o a diez metros de distancia, pues las tres metidas fueron cinco pausadas, y sustituyó siguiente una metida muy lenta, despiadadamente lenta, para llegar al fondo y en su engañoso retroceso soltar metralleta, insoportable de placer.

Afinando el oído, hubiera escuchado el chapoteo inundado de mi vagina, en cuantos litros no sufra por desgarro, que lubricaba estaba por soportar single y álbum entero. Impermeable tenga por homologado, resistente al agua, al chaparrón, al diluvio, o el desbordamiento de un huracán, pues noté a tacto el flujo resbalando por el interior de mis muslos, y en cuestiones ergonómicas apruebo con matrícula de honor, acoplado diga usted su comparación favorita, que yo estaba inmersa en otros excitantes trajines.

Invitaría si pudiera a saborear orgasmo paradisíaco, pero las corridas no se sirven en bandeja. No están hechas para entregar en timbre, o por servir en vaso o taza donde absorber. Es propio, es una sacudida interna, personal, intransferible, y hasta el vaho del aliento en los jadeos no hay dos idénticos. El aire se carga de un perfume enervado que se resiste a evaporarse, y aun queriendo ventilar hálito verá suspenso en resultado, mas no tenga rencor ni codicia, que por ley de naturaleza, tarde o temprano, experimentará su coito privado.

"Aquello fue un desfile en procesión de orgasmos celestiales"

Las ondas de la música se habían transformado en zumbidos, a no distinguir ya entre copla y villancico, o los aullidos de aquel gigante del rock. Los ecos repercutían en las cuerdas estreñidas en las aspas de mis brazos contra metales, que al principio desvelo dolían al borde del sollozo por no alcanzar apoyo en los pies, pero en el bullicio de las hormonas debió hígado de fabricar en química su anestesia, o es producto mismo de la ambición, pues su tacto suave me hacía sentir ángel real, levitando entre estrellas, mientras centenas de emociones roían mi espíritu poseído.

De repente me sorprendió pellizcos sobre mi vulva, aflorados en el ir y venir de los electrodos, y me asusté, pues pensé entre tanta broma e ironía a ver si iba a ser verdad provocar un cortocircuito y arder como bruja atada en la hoguera. Inmediatamente sentí contracciones en las paredes vaginales, que se aplastaban contra el dildo, sumiso y obediente el muy canalla oscilando de lado a lado y de adentro atrás, y reanimó la excitación que daba por superada tras el inicial orgasmo. Creí haber alcanzado la perfección a muy temprana edad, pero a hechos me remito por certificar equivocada.

Apreté desesperada los músculos de mi vagina en un intento desesperado de abrirme paso, de pedir espacio, de separar diques elásticos, pero aquella electro estimulación anulaba todo esfuerzo, y de nuevo mis gemidos alcanzaron la nota de soprano, válgame qué asombrada señoría.

Por puro instinto, cerré los ojos. Levanté mentón, y percibí un torrentoso hilo de baba caer en cascada sobre mis pechos, resbalar por canalillo, y no descarto en el balanceo de la estalactita alguna gota en tarima, que de pasar alguien debajo hubiera mirado al cielo, por goteras o lluvia sospechada.

Mordí la bola sólida causante de estar amordazada, y busqué retrasar ese orgasmo, que venía demasiado enérgico, demasiado fuerte, imperial, no vaya a romper barrotes, pero musitaron varillas de aquella reja, córrete tranquila y por nosotras no sufras, que no desfallecemos.

Estiré tontamente las piernas, ya me dirá dónde y cómo, que de límite no pasaba, e intenté tirar rodillas progresen, aunque de sus ligamentos escuché qué coño estás pidiendo, si de aquí no nos movemos. Intenté contenerme, buscando dirigir a un orgasmo suave, pero aquel sonido de los jugos en mi gruta me absorbía. No lograba distraerme, y lo intenté de cualquier manera, pensando en astros, gaviotas sobre mares, piedras pulidas por un río, porque me dije he de cruzar ese tormento, he de vencerlo, y recordé la lista de la compra, bolígrafos, libros, plántanos, y ¡maldita sea! ¡No! ¡Plátanos no! ¡Que me recuerdan la polla!

Se hincharon mis nalgas como globos de éter al despegue, endurecí los muslos, y un orgasmo invencible me arrastró hasta su celda.

- ""fffiiimmii fffififi fffiifi fffififififii" - repetí una y otra vez ante la ovación de quienes me aclamaban.

Estallaron palmas marea muy adentro, fíjese si fue notable mi júbilo, y de aquel entonces adelante no me pregunte por concierto ni cualquier otro detalle, porque perdí noción de espacio y tiempo, e incluso lugar me atrevo a jurar. Entré en trance, en hipnosis, en otro cosmos, mágico, universal, al que el destino me había transportado desde allí sin poder moverme.

- "mmmmppfpffifiiiiii" - chillé exaltada con la clara aprobación de no dar marcha atrás.

Zumbaba constante el artilugio sobre mi clítoris, cuyo bailoteo de felicidad sería llamarlo puro flamenco. ¡Que arte! ¡Que delicia! ¡Que pasión! Los electrodos seguían cual constrictor ciñe mi vagina a valle acotado, y el pepino de silicona me follaba poseso e ignorante de cuya gloria es la búsqueda durante toda la vida. Nada supera ese momento. No hay dolor. No hay suplicio. No hay tormento. No quiero huir. No quiero escapar. Que nadie me desate. No quiero que termine jamás.

Mi psíquica maquiavélica dominaba el admirable ejército de trillones de mis neuronas, y escribió en el libro histórico de mi memoria un recuerdo imborrable e inigualable. No tuvo bastante con aquellos párrafos, y por poner meta inalcanzable hirvió mi sangre a mayor temperatura, como queriendo desvanecerme de tanto júbilo incandescente, a su antojo, y me engendró una procesión de orgasmos que soy incapaz de discernir si fue uno, o dos, o sume tres, o a lo mejor parí uno interminable, o fue un seísmo en mi vagina, sentido incluso en trompas, ovarios y al sagrado útero. Siguiente fueron réplicas, y me encantó oír el escándalo de mi voz, forjando murmullos incomprensibles que arremoliné a compuertas de yunque y estribo, por escuchar una y otra vez, gota a gota, con los pulmones bombeando bocanadas de monóxido de carbono e insuflando oxígeno puro, inspirar apresurado y espirar cual búfalo enrabietado.

Sobre el escenario, avanzaba todo ese show majestuoso, con el rockero burlando afonía, alumbrado por un juego de luces que dígame daltónica, pues no distinguía yo de rojos o azules o verdes o tenues, básicamente por estar centrada en otro interés, como bien comprenderá. Las muchachas, mis aliadas origen de toda amarrada, por ahí deberían andar, bailando y brincando con arte y energía, nutriendo la belleza visual que toda la infantería espera en magno evento, y en cuanto a los guitarristas alocados venidos del infierno deberían de tener yemas cortadas y cinco kilos adelgazados, pues no tuvieron tregua del comienzo hasta el final.

Tengan en cuenta tampoco tuve yo alivio en mi cielo privilegiado, y ni lo había pedido cuando ante el inexorable avance de las saetas sigilosas del reloj sonó la última canción, y con ella finiquitada mi misión. No se acabe por favor recé, desenfrenada y todavía intacta, que me queda cuerda para rato nunca mejor dicho, pero sordos a mis súplicas emprendió el ingenio descenso, pulgada a pulgada, por coincidir rapsoda y yo en el acorde final.

Los camaradas fervorosos aplaudían, leónicas melenas zarandeadas por el éxito, disparando postrimeras fotos con sus móviles, primer plano con aquel famoso pegado a mi mordaza, y tras cual envés emanaba yo un jeroglífico en arameo o lengua antigua muerta, que yo traduzco su significado en ser diosa afortunada.

- "¿Te ha gustado?" - me inquirió mientras aquel dildo, y los electrodos, y la trémula vibración, me revolvían desde el zócalo a la bóveda de mi cuerpo.

Articulé en la boca gemidos que no salen de la razón, no germinan en pensamiento, puro arrebato es la mejor explicación.

- "Fmmpfffjiiiii mmmmmpfffiii mmpfiii mmppfhii" - asentí cuarteto, siendo el primero pausado y el postre sismo de otro regalo orgásmico.

Alzó su mano, no sé dónde señaló, y el paraíso se detuvo. Encaró rostro a sus fanáticos seguidores, damiselas a miles por igual, y saludó agradecido, que el respetable correspondió al tiempo de ir yo recomponiéndome, agotada en parte y desconsolada el restante, que la historia se acababa.

Apagaron luces marchitas, recogieron micro repudiado, empeñados los altavoces al mudo griterío, echados ya todos aun tenaces incansables en querer festejo, y en tal ambiente a flote se aproximó el gerifalte a mi desnudez, buscó hebilla tras mi nuca, y al liberar mis palabras de su cautiverio preguntó si quería acompañar a su hotel, íntimos, a solas, seductora y angelical, y abalancé mi cuello por fundirnos en un morreo, inequívoco sí por supuesto, lista para volar, pero las cuerdas me mantuvieran presa, rígida, clavada, y me tuve que contentar en expresar mis sentimientos con un mayúsculo adjetivo afirmativo, mas de aquí en futuro detallo en otro relato, porque de tanto vivo recuerdo en portada me voy ahora a masturbar, ¡ay pillín! machos o cortesanas, tal vez ustedes también.

 

Todo el contenido es de mi propiedad y autoría, todos los derechos están protegidos y reservados, y yo soy el único autor de todos estos relatos eróticos.

Está ESTRICTAMENTE PROHIBIDO su reproducción, comercialización, copia, publicación, y cualquier otro uso no autorizado previamente por escrito. Cualquier interés que tengas, sea cual sea y seas quien seas, es obligatorio mi autorización previa por escrito.

En caso de estar interesado/a en este relato,indistintamente cuál sea la razón,, escríbeme con el asunto "Interesado/a en relato", especificando el relato de tu interés, el por qué estás interesado/a, y para qué uso solicitas mi autorización, facilitando toda la información completa, lugar, fecha y horario exacto de publicación, reproducción y/o lectura, entre otros.

Por supuesto es imprescindible y obligatorio firmar la solicitud con tu nombre y apellidos, ciudad de residencia, email y teléfono propio y personal, para contacto directo. Todos los datos han de ser reales.

Estas solicitudes se han de enviar a mi correo electrónico info@exoticbondage.com

SIEMPRE respondo a todos los correos en un plazo máximo de siete días. Si en siete días no te he contestado, puede haberse perdido el envío en la carpeta Spam o puede haber algún otro error. Vuelve a escribirme, o llámame por teléfono para notificarme el envío de tu petición, y así extremaré yo la atención en su recepción.

Se emprenderán inmediatamente todas las acciones legales que se estimen oportunas, incluido las DENUNCIAS POR VÍA PENAL, contra cualquier persona, portal, foro blog, web, perfiles, periodistas, medios de comunicación, grupos, empresas, e incluso Administración u Organismo, sea oficial o no oficial, del ámbito público o privado, que vulnere mis derechos, y haga uso prohibido y/o no autorizado.

Periodistas, y medios de comunicación, indistintamente sea freelance, radio, televisión, prensa escrita o digital, deben de contactar a través de la sección "Press", en la barra inferior a pie de esta página.

 

© ExoticBondage.com