Ninguna angustia siento por cuya historia cargada de pavor escribo en estas letras, pues es de justicia inmortal contar la agonía de ancianos, plural pues no redacto la epopeya de un anónimo senil, ni ejecuciones en decenas, tampoco hablo de centenares fallecidos, miles es cifra cauta, cuántos entonces, mar de sangre en genocidio es una generación completa.

Tremendo episodio narro sin espanto, y si por mi frialdad escucha escándalo sepa es pasmo falso, dado la muchedumbre vivió su dictadura sin llanto. Encerrados en sus hogares, dieron rienda suelta a la manecilla del reloj, corra aprisa o despacio despreciaron con hastío, baldosas no pisan, menores prohibido sus recreos en el parque, mentecatos son sus padres, y ancianos vayan al edén o ardan en el infierno, que en la llanura de la hipocresía reposan sus retoños perezosos.

Ubico tal crimen de la humanidad donde vos sabrá vislumbrar si tuerce vista al ventanal, mas de excusarse en reposar en otro lugar, el mullido manto de su césped, o al cobijo de una sombra veraniega, o descansa en cual butaca banal acoge su siesta, es indistinto su sito, tiene el escenario por testigo.

Si acaso todavía se cierne un halo de duda, permítame le ayude, simple formato es elija listado y nombres al azar, en todos ha acertado, mas por centrarme en marco exacto estoy seguro con teatro de mi testimonio habrá tropezado. Coincidencia despejo su apuesta sin dilema, es protagonista cuyas residencias prometen cuidar de los abuelos, traigan aquí si las arrugas les molesta, e inmediato el mal montaje de la farisea familia toma su espíritu primitivo de jauría, y de acuerdo votan expulsada el estorbo de la manada. Prometen charlatanes dormirá cómodo en su guarida, en la avenida hay demasiada fiera, y el viejo, de garras desgastadas y cuya gloria y honor ha muerto en la egoísta desdicha, entra en las salas de exterminio.

Augurios de su vida digna son aullidos de hienas, mas sus hijos asesinos calman de su porvenir escabroso, que en estas instituciones sobra vianda y compañía. Abuelo entrañable está en desacuerdo, drogan asiduos de medicinas, e insiste su primogénito lenguaraz en pintar su fabuloso paraíso, falta en promesa desgraciada será campeón olímpico muy en breve, y ya puede berrear y sollozar el disconforme, que la alimaña homicida tiene firmada su sentencia bien lacrada.

"Comenzó a trabajar de enfermera en un matadero"

De no saber las entrañas de estos mataderos, yo se lo desvelo, pues en la segunda década de este siglo destructivo tuve por oferta laboral cumplir tarea como auxiliar de enfermería. Crucé su cancela un lunes matinal, y el primer panorama fue ancianos y abuelas esparcidos cual despojos piojosos por taburetes corales en mesas circulares. Junto las paredes, menguaban quién sabe si fueron hidalgos heroicos, otros a lo mejor antaño obreros que la fortuna del esfuerzo no les fue piadosa, o muy probable la abrumadora mayoría bultos menguados que sus descendientes infames celebran haberse quitado de casa.

Viendo la prometida alegría de los huéspedes marchita, me encaminé a recepción, buenos días exclamé, mientras atónita aprecié la mitad de los dechados carentes de sonrisa en sus labios. Impregnaba la atmósfera un aire caduco, pestilente, que la fiel higiene venerada en sus panfletos no transpira ese perfume maloliente. Su pulso desmotivado yacía inerte, digo yo den al menos a cobijados, varones y féminas, un juego de cartas, que sus dedos pansidos atestigüen por respeto y éxito su bélico pasado, también fueron jóvenes audaces y apuestos.

Quebrantó el silencio mi nombre pronunciado, por intrascendente disculpe omita, es un garabato impuesto cual no me identifica, pues grite usted si anhela mi mote en público, en plena vía rebosante de zafio auditorio, y en número superior a la veintena se giraran aludidas.

Cumplido protocolo del saludo cordial, crucé cuyo portón de acceso lucía un rótulo a gran tamaño, quieto dinosaurio arcaico, por su arco usted no pasa, traduzco su inscripción a lenguaje coloquial. Recorrí ocho pasos exactos por un estrecho pasillo donde en trayecto rebasé un tacaño aseo, es de servicio básico, que de entretenerse oprime el jefe su botón de pánico, y desembarqué en cuyo fausto despacho acribillaba su teclado el gerente del patíbulo.

De aquel hombre destacaba su mirada indiferente, carpintero o panadero o camarero irradian en su iris mayor entusiasmo por su oficio, adornada por tupidas cejas y un pestañeo incrédulo, pobre hombre pensé, se le habrá metido un mosquito en el ojo. Erré mi pronóstico, que en tal parpadeo pretendió el sujeto ser gracioso, y guarde secreto entre vos y yo, mi querida lectora y lector, mas no haga este gesto, es deplorable y penoso.

Alargó afable su mano, buen inicio de esta etapa, mas yo hubiera jurado clavó el arpón de sus pupilas en mis pechos. Por efímero y confuso perdoné, resguardada de impura osadía por cuya barrera entre nosotros alzaba una imperiosa mesa de nogal, dígame dónde he de robar por conseguir semejante trofeo en mi hogar. Aposentos y su trono van a la par, y tras arrastrar las patas macizas por mosaico de afligido grisáceo resonó mi graduación. Asintió satisfecho, y tras estampar los folios agrupados sobre la tabla modelada por la mano humana, trazó las instrucciones en mi desempeño y trabajo.

Gozaba el degolladero de un médico especializado en geriatría, me alegra en equipo susodicho miembro, dado al entrar he visto una abuela anémica y demacrada, diría rezando por milagro un facultativo capacitado para su buen diagnóstico, mas excusó no hubiera facha del doctor, es de lunes a viernes y en horario matinal. Insistí yo enfermedades y virus sacuden sin tregua, no se preocupe señorita, replicó el director, que la rancia arqueología verá su alborada.

De cuidadores y enfermeros, hombres y mujeres, disponen la docena, dígame dónde andan, yo he contado ermitaña una secretaria huraña en la entrada, repartidos por turnos narró, cuadrillas de cuartetos en el tercio del día entero. Auxiliar de enfermería presumió en plantilla, ahí figuro yo, me satisface saber que en velar por los mayores sumamos trece jugadores en equipo, mas calmó mi ilusión, en la docena anterior se incluye mi contrato. En tercio deduzco tres profesionales somos suplentes y titulares, tampoco acerté, es nuestra agenda turno de día y noche.

Ajeno a los inscritos en nómina, resurge el cargo del psicólogo, tendida su simpatía al cuidado de vetustos, dado soledad ronda malhechora por apartamentos, y a cada oceánica nocturnidad deambula por sus íntimos pensares la congoja de cuyo emigrado amanecer es una quimera a su longevidad. En ocasiones es el rumor de los recuerdos, aquellas batallas quienes nietos exclaman no les cuenten, aburren a saciedad, y así les va a los subnormales, cometen errores vestigios de tiempos fugados, patético es no haber aprendido y deleznable resulta saber no quieren aprender.

Felicité por su pertenencia a filas, ya supongo matinal y entre semana, mas a pesar de la limitación sumamos por fin trece, de ahí a rebasarlo en busca de la quincena, pero sucumbió mi gozo al instante, ¡no, señorita!, siguen siendo doce, pues de timador se dispone por presupuesto de una vez al mes.

En timbre entusiasmado, el personaje es todo labia y descaro, cacareó orgulloso haber personal de cocina, limpieza y mantenimiento, qué gran noticia, ahora sí la cuota es inevitable, que en mi impaciencia callaba educada cagarme en su puta madre, mas es culpa mía ser ingenua e ilusa, pues por cocinera sepa es la esposa de su heredero, define la nuera en un solo vocablo, que se acerca muy temprano por preparar cuyos platos son calentar y servir durante toda la jornada de apetitos. Apilan cuidadores vasos y tenedores, y al prescindir de la vasija volverá la pariente, todo en bandeja y a la máquina, rece salga sin rodaja de tomate u hoja de ensalada.

Por limpieza es una señora, inmigrante laboriosa de bajo sueldo, calla y barre y friega, ¡ah!, y calla y tiende ropa y pliega y ordena en lavadora, ¡ah!, y calla y quita polvo, ¡ah! y calla y limpia espejos y lavabos, ¡ah! y callada se marcha, es su plata espoliada en el sagrado alquiler de su ratonera, compra en supermercado y facturas gratifica sin retardo, y cuanto sobra palmean políticos en sus hombros jorobados, aproveche le pavonean, cómprese un jersey o un helado, son sus privilegios en este repugnante capitalismo.

Y espere, aún falta mantenimiento, que de estropearse pomo o fundirse bombilla fíjese en la pared de recepción, hay un registro enumerado de teléfonos por llamar a lampista o fontanero, son de barrio y arriban pronto por estar dentro de radio.

Tras varios halagos, un buen deseo y mi malgastada expectativa de la docena franquear, aquel fantoche finiquitó la conversa y se levantó de su trono, cruel es tildar su altura de renacuajo, aunque largo como espárrago es burla de bufón con desparpajo. De barriga prominente, queman sus ácidos en aquel puchero kilos de bollos y grasa por semana, dulce exige su paladar, ponga amargo y verá su berrinche lagrimar. Impute andar patoso a esa bola de sebo, ¡menuda panza!, de estar preñado porta muy seguro trillizos. Luce un cabello canoso y despoblado, fíjese que me atrevo a trazar un plano geográfico, en cada sien un desierto arábico, y en la altitud de su coronilla aterricen helicópteros, cuidado tengan con la aspa, viene el sujeto de la nieve o esos copos son todo caspa.

Marché atenta a su palma descarada, este gorrino palpa tetas y nalgada, y decisión del destino, en casualidades se guarecen los cobardes, estalló tres meses después un golpe de estado que, bajo el pretexto de una epidemia, instauró su dictadura sanitaria. Órdenes autoritarias dictó un tirano de aspecto divorciado, amargado y mal follado, y del inmenso elenco que linchó la democracia moribunda destacó fusilar a los ancianos.

No me malentienda, que en estos términos se censuran escribientes del caudillo, y en buscar documento de tal sentencia no encontrará prueba alguna. Muy al contrario, los súbditos loros en sus jaulas televisivas clamaban desesperados, proteger a los abuelos detrás de la puerta, sin excepción macho o hembra, sexagenario o centenario, en casa quietos, y de posadas impidan su huida de la cárcel, mas yo expuse no hagáis caso al farsante, peor es el remedio, dado de aplicar medidas les aguarda oxidarse inexorable, jamás recuperaran la movilidad perdida.

Salvajada tortuosa declaré es encerrados en un tugurio, que por poner ejemplo cito un señor de intelecto hábil y memoria prodigiosa, ¡ay señorita! se acongojó, con quién salvo la conversación, loco me calificará si discurro con mi reflejo en el espejo. Tenga otro patrón, anciana divertida y juvenil, válgame su carácter dicharachero, que al nacer la aurora digo dónde va con tanta urgencia, le aguardaban sus amigas en la plaza, chácharas que de ser vos testigo diría son traviesas universitarias, exagero que las nuevas épocas son muy idiotas, y en saber se acabó sin previo aviso su jovial alegría entró trémula y sollozante, ¡ay señorita! dígame no es verdad, que aquí sin salida me siento claustrofóbica y desorientada.

Añada otro asesinato, dedicado a cuya turba lerda niega la masacre intencionada, es este tercer patrón abuelo de ánimo encomiable, cuadruplicaba mi edad y en su tradición diaria maniobraba los mandos al volante, un vehículo de otras décadas por acercarse a sus tertulias donde junto huertos amenizaba su tiempo en plantar tomates y otras verduras u hortalizas. En saber la noticia, me miró con semblante abatido, ¡ay señorita!, he de ir al campo por regar mis plantas, de no irrigar se pudrirán, y de mi coche qué será, de mancharse por rateras palomas ni tan siquiera me permiten limpiarlo.

"En mataderos de ancianos se produjo un genocidio histórico"

Espoleó el administrador canalla, quédense tranquilos, no se olvidará nadie de ustedes, bien cuidados y protegidos, mas su conferencia interrumpí, yo digo que el riesgo sedentario es mayor a cuyo peligro escenifica el dictador les acecha.

Marché enojada y enrabiada, y en mi vuelta topé con agente de policía, dónde va usted, negligencia es circular, y estuve por espetar no te importa una mierda, sicario uniformado y mal vendido, pero quiso el destino tuviese un instante reflexivo, y confesé cuido de cuyas abuelas y abuelos, bien podría ser el suyo, se subyugan a la alarma de ser matados.

Regresé al día siguiente, y al no encontrar conductor mencionado supuse dieron lógico permiso de regar su cercado, pero tuve por aciaga noticia murió y está incinerado. Imposible repliqué, que ayer mismo hablé con él, sano y sin dolencia, deprimido pero esperanzado de poder conducir el próximo martes hasta la huerta, añorado de su carro y vegetales, y con hipócrita gesto apenado masculló el verdugo, esto es la pandemia.

De cuya anciana disertaba carcajadas con sus locas amigas también despídase, murió la misma noche y yace enterrada, o mejor dicho cocida, por borrar rastro de todo crimen la dictadura dio orden de arderlos descuartizados. Reconozco pensé es broma, tras secuestro no sonreía la señora, pero no requería de ninguna atención especialista, ni tos ni fiebre ni cansancio la fecha anterior, su bravura optimista, simplemente el agobio por despertar de la pesadilla, mas al comprobar su cama vacía y su cuerpo ausente supe sumó su infortunio a la mera demografía genocida.

En cuanto al vetusto de prodigiosa inteligencia, lo vi en soledad, amargado y devorado por un acuciante temblor del cual no encontraba fórmula de cobijarse. Tomé manta inmediata, que en estas turbulencias es sana pócima, y agradecido de mi gesto me confesó su terror, hay criminales en el gobierno que quieren acabar conmigo, y de ser rebelde o contestataria advirtió, me incluirán en su lista.

Dígame, mi estimado y estimada leyente, le intuyo por leerme inteligente, cien maneras de matar un anciano, y en atreverse de aplicar condena al ajusticiado dirá lo asfixia con un cojín, o lo ceba de cuyos medicamentos no dejan rastro en organismo, o lo arroja escaleras abajo, que la condición de torpe es innata en la especie humana.

Suspenso doy en su examen de homicida, búsquese otro oficio, demasiadas huellas deja en su fechoría, y además olvida que los lisiados marcan asterisco en su agenda, pues quieren vivir su etapa final en paz y feliz. Lección primera, agárrese fuerte, que jamás habrá escuchado tales artes maquiavélicas, pero tenga por método no secarlo tras la ducha y exponerlo en su sórdido descuido a la corriente del ventanal abierto, o a la turbulencia de un trivial ventilador. De llevar a cabo su trastada, las enfermedades respiratorias expiran al lunes siguiente plazo de ser fiambre.

Proceda como quiera, restan otras mañas, mas indistinta cual virtud opte fue un gran invento forense el epílogo ha muerto de viejo, seguro vos habrá escuchado cansinas de veces, mas salvo busque su retorcida perfidia el amparo en excusas absurdas, asentirá por decencia y honestidad no es la vejez causa de fallecer.

Avisó el sabio, este déspota no se detendrá, dado lamentos de patriarcas arcaicos no habrá grabación, yo su único testigo. Un pueblo entero puede devorarlo, pero mírelos, a las ocho en punto aplauden como focas amaestradas cada ejecución, vitorean cada cadáver para sus tumbas, y hay descerebrados que insatisfechos de su júbilo abruman música a todo volumen, cada cual canción peor y mayor mezquina. Encogido de hombros, en canto sosegado dijo este cabrón convertirá mi efigie en hueso, ándate con mucho cuidado, justo recién su matanza ha empezado.

Arrancada la fecunda primavera, con los rayos del astro febo besando las pieles blanquecinas del gélido invierno, la rigurosa muerte había seccionado con su guadaña todos los pacientes enfermos terminales, y en su grupo añada apiñados aquellos desvalidos dependientes, raíz es su patología crónica. Inquirían a mi conocimiento, enfermera ayer no tuve ayuda y tratamiento, dígame si el negocio quiebra, pues marcho a otro albergue, mas yo conté hay una dictadura autoritaria, el pueblo prisionero en casa, y sorpréndase, disgusto no es su síntoma, pues en venir yo a sede me han insultado espías desde balcones, ¡obedezca fiera inmunda!. Quieren mi sangre en jarra, ¡puta! sal de la calle y entra en tu casa, han llegado a gritarme, y de ir acompañada un cura pudoroso dijo estáis en el paraje pues sobre el colchón sois de mal follaje. Subnormal quise gritarle, taje el opaco cortinaje, yayos y sus amores los están eliminando, y entre vulnerables y excluidos hay de repente muchos desaparecidos, aquel de la barraca en la fábrica abandonada se ha desvanecido en su choza quemada, autoridades afirman habrá sido de la tormenta un relámpago, o el truco ingenioso de algún mago.

Siento mucho sus dolencias, conforté a penitentes, tengan paciencia, esto es una guerra, tan allende se divisan y tanto asedio hoy nos tosiga, golpista pagará su precio, las aceras desérticas, multado pisar con sus imberbes y sus amadas, pero gallinas en sus moradas cacarean esperpénticos con el vientre pleno, vuelve a tu casa, furcia malcriada.

Sean valientes exhorté, son sus biografías de gente tenaz y trabajadora, y púgiles se insuflaron el heroísmo suficiente para un lustro de crepúsculos como mínimo, mas los acontecimientos verídicos acreditan en data a principios de abril destrozo apocalíptico, qué ha ocurrido esta noche, deduzco ha entrado comando militar frío como el hielo y los ha ametrallado, pues ayer al partir no hubo indicios por temer tal mortandad, defunción rubricó fue la pandemia sin piedad.

Mentira, yo hablé con perecidos, ni tan siquiera agonizaban, examine en autopsia, alarma de ser envenenados, pero norma del régimen criminal morían sin homenaje y en soledad, a familiares y allegados prohibían preciado trámite, y en querer descubrir origen de asesinato estableció por decreto incinere el fenecido veloz y sin demora, reguero del genocidio investigue en la ceniza.

Mediados ese mismo mes, deshabitadas en la absoluta orfandad estaban las camas de cuyos internados sufrían deterioro cognitivo. Convertidas sus alcobas en pérfidas catacumbas, impresionaba su magno silencio, huérfano de cuyos enfados resonaban por rutina, retirado todo programa terapéutico desde la caída de nuestra débil democracia. Aquellos suplicios, propios del herido desatendido que ha mermado sus capacidades funcionales y mentales, enmudecieron a cuya presteza suprimió el margen a despedida.

Apresurada abrí la puerta del cándido erudito, rumores de esquela son bibliotecas de autores nominados y esto es un campo de exterminio, manso galán florece en la quiniela, y un alivio indescriptible copó todo mi ser al ver su tierna sencillez ahí sentada, al rincón del ventanal, qué otro lugar podría buscar, si el hijo de puta ha ordenado mantengan tortugas aisladas en su cuarto.

Irguió su dedo índice, bloque del oído externo, puso entre el lóbulo y la concha, apuntó a la bóveda celeste, y advirtió no hay carreras en vestíbulo, no hay chirridos estridentes de las ruedas desengrasadas, no hay bramidos impertinentes de quien su vejez le harta. Son los escuetos sonidos extremadamente lentos, suenan forasteros y feliz le colma ajenos, en esta transición es mejor la puerta atrabancada. Abrasa el mutismo constante, advierte es el peligro tajante, que el sigilo es la clave en toda caza, y al echar en falta éxodo característico de presas interpreta son sus mártires asesinados y quemados.

A este ritmo, extermina el psicópata todo septuagenario en adelante, ha predispuesto no se escabullan de refugio, geriátrico es su cárcel y gentil caballero una silueta errante en el postrer dolor de su vida brillante. No es calvario su artritis, menos son los huesos molidos, tampoco cuya cabeza sigue intacta, provisto de un lúcido pensamiento, sino la congoja de aguardar, solo y abandonado, forajidos del poder.

"Anciano preguntó por la verdad de la dictadura sanguinaria"

Preguntó, dígame enfermera, dado callan estos súbditos periodistas quienes difunden las proclamas autoritarias de sus dirigentes opresores, si el pueblo se ha manifestado indignado, o ha surtido en masa de edificios por sublevarse ante un linchamiento intolerable, o exigen su derecho legítimo de restaurar la democracia, dado la televisión es epístola de monigotes y guiñoles, mas sonrojada y abochornada confesé la población obedece a rajatabla. Grillos están afónicos, jamás desde su dama pariese han rivalizado con estrépito acústico desorbitado, contaminado su reino por cuyo torbellino de azotes molesta en la estratósfera, alienígenas detienen su invasión, estos corderos aplauden entusiasmados a sus leales carniceros.

Matrimonio mueren separados, llevan inseparables desde su bella adolescencia, aficiones codiciadas siempre juntos compartidas, practican deporte de raqueta y al descanso se acurrucan en cuyo arrumaco inspira a poeta, o van al teatro principal y en salida comentan actriz desempeña papel crucial. Diga viajes por el mundo, en tren o carretera han estado unidos en la pasión y la cartera, repase ochenta años dan para extraordinaria solemnidad, emblema épico de amor, mas ordena el hijo de perra, muéranse solos y díganse adiós en el averno.

Balcones espantosos se decoran con dibujos horripilantes, vos diría es trazo de un demente o un bebé, son los padres los pintores y su clase de mediana edad. Vigías traidores se asoman a las verjas, usted dónde va, vuélvase a casa o llamo a la policía, chantajean los chivatos, y ni se le ocurra denunciar en comisaría, sitiadas cual fortaleza en cruentas escaramuzas por comarcas usurpadas, mas de ver guardias por la calle apártese, acorralan criaturas al saltar los precintos en patios blindados, ¡pobrecitos! infracción es correr y jugar a la pelota, y al salir de compras hay escoria bastarda uniformada que exigen ver su cesta, multan si en su canasta hay ariscas un paquete de arroz o de cebollas una terna.

Persianas bajadas, todo negocio clausurado, el panorama es desolador, y entiéndame, que por mí bares y restaurantes ojalá se extingan, pero es nocivo un clima social aprensivo y medroso, menosprecie vos esta campiña y quédese tranquilo, es su aire limpio, fundas pulcras y confíe en el destino, todo cerdo tiene su degüello.

A víspera de esa misma efeméride, reuní en oficina a gerifalte y trabajadores de su turno, y en discurso contundente aseveré sé estáis matando ingresados por orden del cacique, diezmado compruebo el pabellón. Sabandijas y basura son quienes liquidan personas indefensas y desvalidas, nosotros en las antípodas, siervos de su bienestar y protección, es nuestro oficio, en total desobediencia a cual perturbado absolutista aterra niños y viejos, y aniquila con violencia derechos y democracia logrados gracias al coraje de estos antepasados, por millares a hornos arrojados.

Amonesté en reprimenda mezcla de diva y traficante, quiero ver al señor de la novena habitación vivo en mi regresar cada jornada, y extiéndase al resto de supervivientes, incluida cuya anciana piadosa de pupilas tristes gusta de tener su estancia perfumada, florista desempeñó de moza a jubilada, viuda en fechas negras, arrugada cofia y palmas trémulas reza por consuelo, su reliquia es expandir el vivir, ya que no dista muy lejana su muerte, pero nadie impuro va a precipitar su funesta suerte. Guarden entre renglones mi advertencia, si de entre algodones se extravía otra moneda, tendrá el caco su pena.

Sé de robos ha habido, de contrabando han saqueado joyas y lingotes, al saco anillos si son de oro, ahorros en bolsillos camuflados, ni un céntimo quitar, son saurios atrofiados que no pueden ni masticar, apenas se percatan, y quienes pescan el atraco enmudecen por el horror, el asilo es su prisión, temen el estar dormidos, pasar de nivel dentro de la villa es fallecidos.

Marché convencida de saberme despedida al siguiente mediodía, mas de entre sus venganzas asignaron aludidos una reacción insólita, trato afable, ristra de felicitaciones vos le henchiría orgulloso, promesas de su inocencia, y en ser sincera hallé vivos en la madriguera desde jovenzuelo sexagenario a quien convalecía de su grave enfermedad.

"Mostraron un insospechado apoyo al día siguiente"

Sentados alrededor de la mesa en cuyo cuadrilátero es nuestro tablero, se respiraba un ambiente relajado, positivo pero inesperado. Tres comensales portaban su comida, diminuta tartera el varón cuarentón, cuenta su cónyuge lo ha puesto a dieta. A su diestra, glotón de mayor juventud, exigua la diferencia, es apasionado delirante de los viajes, dado toma maletas estresado en cuanto dispone innegociable de tres días festivos, aprisa al aeropuerto, semáforos en ámbar pisa pedal a fondo, y en suicidas aviones visita a canguros o ruinas legendarias, y al regresar aporta fotos en dosis ingentes de fauna austral, monumentos pintorescos o un rústico sombrero, le da absolutamente igual, su insignia es viajar.

Tercera en discordia de la comida es señora que, de apariencia física, vos diría es eremita resentida, dado siempre luce en su expresión ese calco malhumorada, ponga por referencia quien los tórridos veranos merodea por la playa en traje de baño y sombrilla. Chistes léale en la prensa, sus cejas fruncidas coaccionan el gracejo, y de sus víveres sepa engulle como un pato, devora al extremo que crujen los piñones de sus frutas al morderlo, juro un bocado de tal calibre la apareja a potencia de cocodrilo.

De mi manjar cuido mi alimentación, tengo figura fina y delgada, traigo hecho en fiambreras, aquí caliento al minuto exacto, y por ahorro económico me sirvo de cuyos botellines de agua están a nuestra disposición, hurte sobre bufete de querer natural o abra el pórtico de la nevera si su seducción es glacial.

En kilometraje de un postre caprichoso, inmersa en monsergas banales con el resto de comensales, percibí una confortable sensación, envuelta de una templanza serena que es envidia en mitad de tanto conflicto. Sumergida en esa deliciosa emoción, digna del conjuro de una bruja, percibí mis parpados sobados, en cascada precipitados, y en mi mudo cavilar me dije despierta, estoy en el trabajo. Tomé por decisión raspar modorra en el baño, surtidor del grifo refresca mi sopor, mas al querer alzarme ocurrió algo desconocido, izarme fue una agonía el esfuerzo nacido.

Dar un zanco se convirtió en mi odisea, a máximo logro imité un paso de distancia reducida, a mi vera quise el soporte de la mesa. Mis ojos somnolientos obraban el milagro de mantenerse abiertos, y con la atención clavada en los arteros les vi impasibles. Faltó su premura a mi costado, ruin protegerme de caída, y con timbre indefinido expresé suspicacia de su pecado, barbitúrico en el brebaje me habéis combinado.

Posé mis rodillas en el suelo, cayeron a plomo, y en un halo de locura quise dar un grito, por si ángel bondadoso me regala cura y rescata, pero mi último recuerdo es de una vista borrosa y turbia, colores de los azulejos igualados en una rara mezcla cual no tuve oportunidad de perfilar sobre el lienzo liso y negro.

Recobré la divina consciencia bajo la tenue fluorescencia de nuestro siniestro almacén. Parpadeé ligera y dinámica, y emulando el enfoque de un disparador fotográfico ojeé a mis puntos cardinales. A mi espalda la pared, todas iguales de esfumados ventanales. A babor alacenas saciadas de cajas justo revolví en preliminar cronología por encontrar gasas y un vendaje, e idéntico panorama a estribor, dista de un armario a su opuesto al metro la medida inferior, y enfrente, todo recto, pasadizo cual vira al este, donde en su confín quince escalones trepan a las plantas de la fortificación.

"Recobré el conocimiento tras el somnífero atada a una silla"

De todos modos, inasumible son autopistas que conozco, pues me encontraba atada en cual silla de ducha basculante de haber visto vos habría dicho surgió de las peores mentes perversas en ingenieros aeronáuticos, dado tal magna sofisticación es inviable a dóciles imaginaciones.

Mención requieren las ataduras, son parentesco de soldaduras, con el cúbito y el radio, desde el codo a las muñecas, atados sobre el acolchado de polipropileno del reposabrazos abatible. Desmontarlo ni pensarlo, a profeso ha sido atornillado, y por eliminar riesgo rufián su dispositivo de bloqueo ha activado. Calculé distancia entre agnadas extremidades al roce de alcanzar la cifra de medio metro, inalcanzable el socorro aliado de gemelos pulgares.

Piernas abiertas se alejan a cuyo horizonte grita centinela resta una yarda por lo menos, es el cálculo a ojo avizor, y ni sueño con patalear, pues presiona una soga en tobillos, su duplicado soto rodillos, afín por encima de la rótula, y emparentada la cuarta donde el muslo linda limítrofe a cuyo aluminio y material inoxidable conforma su chasis, debería de arrojar al abismo marino por atisbar un ápice de su estructura corroída.

Tomando por iniciativa las plantas de los pies, empujé del armazón al centro por rectificar su apertura, ángulo agudo ofrece de garantías su abertura, pero inútil es el ahínco, no cede ni un miserable brinco. Presioné entonces hacia arriba, que por su inclinación o altura escoja, de partida tiene cuatro estaciones hasta su andén final, pero infructuoso fue el altercado, fijo e indestructible arraigado.

Cuatro ruedas habilitan el transporte, e intenté estéril acelerar el trasto, freno puesto a todo neumático va equipado, y muévase cuanto quiera, que en su atalaya permanece inexpugnable el peso ostentoso del cachivache negro y plateado.

Contra el respaldo blando recostaba mi espalda pegada, doy razón en su tacto cálido al empalme con la piel desnuda, íntegra en toda mi escultura. Su tenso tapizado anestesiaba los poros de mi espinazo con esa suave tersura que dé por real si les cuento es mentira la fábula absurda de ser nuestro envés insensible al manoseo, y de pedir mostrarle sepa no puedo, cuerdas me envolvían todo el torso en cuya maestría y rigidez anulaban el combate de encorvar hacia delante.

Grité desesperada, soltarme subnormales, pero rugidos no resuenan foráneos de aquel antro. Conjeturé vendrán a verme convencida, y en efecto, largo espacio después, dado perdí toda noción de tiempo, escuché girar la llave en cerradura, pomo invertido y andares por las escaleras son enjambre, visitas de engendros amorfos ahora es mal momento.

Varón descrito en párrafo ya he leído, dos compañeros de la permuta en vela, la desquiciada hembra y la morsa del director, se presentaron con la horrible confidencia de estar toda la plantilla de acuerdo en el infame plan maquinado, y juro que de mi garganta emanó cuya sarta de improperios es codicia de todo coleccionista.

Diálogo baldío, aquellos fanáticos de la dictadura advirtieron tomara la rienda de callar, nadie del rebaño avala mi homilía, y no hay perdón por mi insensata rebeldía, son todos alianza, mas yo al desmarcarme he intimidado bandidos y maleantes, ¡esto no puede ser! , delatora a la galera, es dictamen de mutantes.

Advirtió soltarme no se contempla en el guion, de ahí la causa de tal sillón, pues sepa que el asiento donde sestea mi nalga desabrigada abre de par en par su tapa de poliuretano cerrada, recortada la superficie a corte loable de refinado sastre y contorneada digno de ensalzable delineante. Tecnología punta dirán las voces ignorantes, por su orificio se facilita pulcritud o inserte orinal, si es caso en darle asco la cubeta inodora cierre su cubierta, y problema solucionado. Lleve silla a la ducha, ponga a zócalo de su torrente, regulable en plano o inclinado varios grados, créanse su existencia, ideado para ancianos y de movilidad reducida su asistencia, aunque en poder de almas diabólicas permite al pirata ser villano antes que señor.

Bascula el asiento, téngalo erguido por embobarse en el alba al horizonte, o inclínese al reverso, la rodilla ensombrece la barbilla, o alce su vista a las románticas estrellas en su océano azabache, estrictas al convite tras cada anochecer superar su bache, mas si tal detalle le asombra, queda otra sorpresa en el tintero, pues dotado de un mecanismo deslizante y pivotante el asiento emprende rumbo a las profundidades y hacia adelante.

Pánico me invadió, aquella aventura no trataba de ser una simple travesura, bestias asquerosas, sois la deshonra de la medicina, oro es la ciencia, miserable quien la aplica. De ciclópeo genocidio sois culpables, qué diantres os ha sumado al magnicidio, dinero es embuste, cobráis el mismo sueldo, riqueza es utopía, que del expolio no tendréis ni moneda para el billetero, y trabajo es engaño, en décadas sucesivas la sociedad verá algo extraño, vuestros templos son carnaza para fábrica de ataúdes.

En total indiferencia, agachó el muy loco su porte, no me pregunte por el actor, desborda millones de tarados la piara vigente, y en fonética irónica me desafió, ¡marcha de esta lúgubre cámara!, ¡auténticas son tus acusaciones!, obscura es la muerte en estas salas de tortura, que en nuestras promesas se lee venga aquí señor, tendrá nuestros mejores cuidados, ¡mentira, es una pedazo de huesos en su recta a la meta!, y convidamos ¡sí!, de comida saciará su panza y agua aplacará su llama sedienta, ¡mentira podrida!, si me hinchan los cojones tendrán por castigo hambruna y sequía, y proponemos santificado es enjabonado y lavado, ¡mentira también! , huélalos, señorita es enfermera, apestan a cuyo aroma putrefacto es prehistórico caducado.

Indiscutible dardo en la diana esconde tu vocabulario, me espetó despojado de empatía, corre y cuéntalo, ¡vaya mi despiste!, olvidé estás atada en cuyo rincón no penetra la luz solar, no hay ventanas, vecinos eluden quebrar las reglas del dictador, parásitos mitad están aniquilados, un tercio a cola en la sala de ejecución, pensión que la dictadura se ahorra, y el resto de vejestorios aguardan resignados su forzoso fallecer, es nuestro quehacer.

Sonrisa encadenada a la condenación eterna esbozó en sus sádicos labios, hecho en ese trazo que certifico hiela la chimenea del diablo, y retirado dando siete patadas atrás ordenó a sus sicarios convertirme en abono para pastos y flores.

Rebusqué de enciclopedia argumentos de persuadir contra dolores, probé en afligir su conciencia y reñir, estrategia fallida, tuve por su debatir un lacónico toca ahora divertir. Extrajo de entre cajas una mullida mordaza médica, desconozco si usted sabrá de este modelo, trata de un espeso almohadón revestido en piel sintética, cinco centímetros de alto y en ancho tanto cuanto penetra de comisura a su doble almendrado, y a pesar de balancear mentón cual navío en tempestad brava logró ubicar su grosor al fondo de mi cavidad bucal, condujo correas por sendas mejillas mejillas y tras la prominencia de mi occipital trabó la hebillas.

Tomó un antifaz, y sabida la batalla perdida por experiencia, no opuse resistencia, preferí guardar reserva de energía por encontrar modo de escapar. Prensó en altitud de la sutura lambdoidea, de ascender son los bosques del hueso parietal, y un beso de carnosos labios desconocidos aterrizó en cuya área privada es propiedad de la glándula parótida.

Imploré por favor en idioma transcrito de la mordaza, aquellos típicos gimoteos que en el clasicismo cinematográfico es exagerado y falseado, tenga por cierto puede intérprete recitar literatura en verso con el objeto mordisqueado.

Nulo efecto tuvo la demostración de mi terror, que dio inepto en abuso recreado uso al cinturón de seguridad, ceñido su alargado poliéster en la vuelta novicia a valle de la glabela, apretando el cinto mi testa contra el reposacabezas ajustable, y avaro el muy degenerado volteó otro prieto subalterno en soporte de cuello ergonómico por el maxilar inferior, su diseño anatómico logró encajar que es un furor.

Consiguió mi calabaza paralizada, ni asciendo ni desciendo, ni viro ni ladeo ni tuerzo, y jamás en toda mi vida había presenciado por mi mente desfile de fantasmas, espeluznantes y terroríficos, circunscritos al paraje de una niebla enigmática, ven invitaba su risa necrótica, y en afán por perderles de vista murmuré fuerte, a cuyo volumen descomunal disipó la penumbra y acobardó a los espectros.

Humano no se amedrantó, sepa este animal es el mayor depredador, absorto en el retoque definitivo de su puzle, colocar mis puños cerrados dentro de cuya manopla se constriñe a los dedos plegados, fetal acurrucados, forma esboza de balón de tenis su esfera, apelotonadas las falanges, yemas contra cuñas, juraría las huellas imprimidas en cuboides y escafoides, su cincha abrochada rebasado el carpo, quedan ahí doblados e inutilizados.

"Follaron a la rebelde atada y amordazada"

Nadie en mi socorro, y presagio es todo negativo, que aquí dan sepultura con excepcionales artes de matar, elija a su gusto, en primer plato congelado y resfriado, tropezón los espantados, súbitos en su catre es sabia alternativa, pastillas en bebidas marque las casillas, y yo atada y encerrada estoy en inventario de psicópatas, pues la plebe vital tiene por preocupación salir a balconadas y ventanales, es aquel concurso patético entre vecinos por ver quién aplaude muy temprano, quién irrita sus garras beato o pagano, quién culmina el bullicio que me saca de quicio.

En aquel perenne ocaso, presidiaria raptada mientras la locura irracional del burdo gentío escribía las líneas más vergonzosas de la humanidad, un dedo hiriente escaló el pico de mi clítoris, creyese estrella el alpinista, ¡quita de ahí!, nauseabundo imbécil, se requiere consentimiento si aspira coronar su cima eréctil.

Insolente y odioso, frotó como si tuviera en su poder lámpara mágica cual libera mago de pedir deseos, yo tengo mi elección predilecta, condena estos fratricidas a las fauces voraces de la rúbea lava incandescente, arrójalos al cenit del volcán, de esta mierda fétida no ha de quedar ni sus trabéculas derretidas, simplemente desintegrados, extinguidos por error admitido de la genética troglodita, a lo sumo conservar un capítulo en nuestros libros, escriba el autor con deshonra humillante, ira en las sílabas es su medalla condecorada, jamás debe volver a repetirse.

Lógico supondrá que aquel neandertal pidió por ambición un orgasmo, yo con ancla echada le deniego tal tesoro, insiste y persiste cuanto quieras, atrofia tendrá en su tendón de tanta hélice repetitiva el mamón.

Le intuyo analfabeto al muy cabrío, porque honesta desvelo se emplea con esmero, callado y concretado, no vaya sus uñas a despeñarse por el precipicio, mas por mí puede frotar hasta el candor de la aurora boreal, limpio de patena, verá de madrugada reluce y tendrá brillo, pero si de mí querrá el clímax ya puede enfundarse el colmillo, que agotado llegará frustrado a su morada, cuéntele a su princesa ha sido un estrepitoso fracaso.

Avecinado fiasco, estiró en el gobierno de las riendas la cuadrilla virginal. Supe de esta incidencia por un pellizco descocado en mis pezones, matemáticas proceso, de haber una mano en mi vulva y su congénere percibo en el muslo, es un monstruo deforme u otro partícipe, dado la suma postrimera me da tres manoplas en su conjunto. Deduzco son par de jugadores me apunto, disculpe omita su descripción, antifaz de mis ojos vendados es impenetrable, y si me permite corregir el resultado numérico digo tres los cavernícolas, que noto zarpa en el ombligo y en los sótanos aledaños de mi vagina.

Inmóvil y petrificada, ruego aparta explorador, dentro es mi guarida, admisión apta para pasajera escogida, mujeres también si me da la gana, cartel inscribe en mayúsculas ¡no traspasar el muro!, de haberse caído pancarta o cubierto por el polvo sabe mantiene su infinita vigencia hasta el más burro.

Desde porche vaciló, afuera cae el rocío, mentirosos, que el riego está en mis ojos, derrame en vendaje quedan tapados, chivata la escarcha de los bordes señalados. Vanidoso se abrió paso, detente he dicho, el tesoro del orgasmo está muy escondido, cáliz de la inmortalidad se ha torcido viandante del recorrido, y felicidad es con visado y libertad ser bienvenido, que encañonada es lesión martirizada.

Encogí mis nervios al topar la punta redondeada de un vibrador con la entrada de la sima. Atrás he dicho, retírate, mineros de tu calaña se le deniega entrada a yacimiento, diamante no está en venta, retrocede, veta es inexistente, ¡márchate y no repito!, mas hizo caso omiso, y el cabecilla pilotó al resto de pelotón, seguidme, vamos de excursión.

Ingenua de mí, pretendí cerrar las piernas, qué demonios hago, si mi único movimiento es la planta de los pies. Naufragué en abortar cuyo cohete en despegue vertical se acopló a todo mi imperio, y en mi categórica indefensión protesté con un gemido inconfundible brotado colindante a la laringe.

Hienas a carcajadas, disputaron el agarre del cacharro, quita tú que yo lo sujeto, digo yo se pongan rápido de acuerdo, dado a bofetadas puedo ser yo la víctima malherida por el lerdo. Desconozco cual enemigo manejó la batuta e hirió mi corazón, pero demostrado su desprecio por mi persona taladró a cuyo ritmo es el chisme eléctrico o hidráulico, o el bellaco tiene el privilegio de aleación titanio en su bíceps, que sólo una máquina alcanza tal celeridad de vértigo, de ser ascensor vaya del ático al subterráneo, y en cada meta repita viceversa de la pata al cráneo.

Apoderado también de mi escudero y leal perfil, machaca cual mortero aplasta el ajo, o ha enloquecido el aparato o soy yo la chiflada, pues del sufrimiento extravío mi lucidez enajenada. Gimo, sí, es cierto, bastardo hijo de perra confunde la excitación con el dolor, que sí instinto, el gemido antes ermitaño es ahora un coro celestial, pero me hace daño, cada nota alegórica de ópera es inevitable, quien maneja el artilugio lo capitanea admirable, pero menudo disparate es pensar gozo en tal pozo, ¡mira directo a mi cara!, la piel tersa y airada emana tácita la penitencia torturada.

Vaya a saber, algún Juez de neurona atrofiada negaría la chica es violada, que la gorrina chilla apasionada, también braman las gacelas al ser cazadas, díganme si el berreo es síntoma de regocijo al ser devoradas.

Zumbaban en mis oídos frases que mi cerebro ha optado por no ser grabadas, el ciclón de la algarabía es ensordecedora, despedaza las grafías y queda simples garabatos, silbidos unidos en tal ráfaga esquizofrénica que transeúntes a platea atestiguan es ininteligible y frenética. Ustedes ahí espectadores, aparquen hipocresía, es nuestra estirpe salvaje, heredamos cruel linaje y agasajamos barbarie a nuestra descendencia, en esta lasciva desfachatez es el lenguaje burdo y soez.

Estos bastardos en nada difieren, y ya puede lamentar o arrepentirse, decide el rastrero sustituir en mi pico su lengua al montañero, se confirma es chasco su resultado. En refuerzos extendió la palma misteriosa su dominio del pezón a mi pecho entero, su paralelo afectado, tomó el falo velocidad de crucero, busca el engranaje del flujo viscoso por adquirir premura supersónica, inútiles aborregados, afinad el tímpano, callan cornetas de los orgasmos apagados.

Prometo me negué a colaborar, y su ira alcanzó cotas de perversión jamás imaginadas en un mamífero equilibrado. Envuelta de blasfemias y calumnias, ¡córrete maldita cerda!, repitió o es rimbombancia, confesó un malandrín maté la semana pasada aquel anciano del balancín, yo recuerdo su vaivén, verificar su baja presión requería cotidiano mi atención, rememoro nostálgica su mecedora estática, por pandemia fallecido mintió el parte médico.

Es todo falso, doctor está implicado, él y decenas de miles de licenciados, que al quedarse adormecido entró en su camarote el pistolero, le volvió de espaldas, abra el culo fue su epitafio, por ahí penetró medicamento, el cuerpo absorbe y fulmina muy mortífero, sin punzada, vacío de bolo digestivo, y la rapiña es ya estadística, tampoco tome el padrón muy en serio, que dígitos reales son ficticios.

"Se fueron turnando en sus perversiones sexuales con la chica atada"

En la búsqueda de mi orgasmo, trabajó su ejército lo indecible. Tentó a mi delirio, alza las compuertas de tu dueña, y hurgó donde ni yo misma me conozco por sobornar mi abisal diablesa, dile a esta bizarra se rinda posesa, es absurdo consultar la ínfima migaja de su apática sensatez. Arpía le contestó, dame el elixir de su frenesí, yo le doy de beber, que con el tridente que con el tridente decomiso y en cazuela se lo guiso.

Desafié encorajada, ¡hazlo valiente!, clava tus púas y enciende tu mecha arrebatadora, que si pretendes ese incipiente acero en nalgas endurecidas pídela a los ogros en sus ciénagas, antes elaboran ellos que yo, mas si cuanto buscas en mí es aquel resoplar a cuya cadencia es de un búfalo enfadado o tractor de vapor escacharrado, pulsa el timbre en castillo de los dioses, pues será antes el huracán en estas latitudes a concederte yo vuestro antojo.

Aumentó su cabreo a cuya temperatura revienta termómetros, y la cólera de su demencia produjo un compás desenfrenado del que ya no hay vuelta atrás, rebasada esa línea roja cual tiene por único amo la peor de la sinrazón. Digo en singular, porque de ir por unidad hay millones en esta genealogía abominable, habrá un germen en el fertilidad o se encamina a la extinción la humanidad, mi plegaria es subsista fauna y naturaleza.

Iracundo y poseído, meneó el monolito de silicona cual bate de béisbol en su terreno de juego, ¡imbécil repulsivo!, con esa destreza es agónico mi ruego. Yemas como pinzas retorcían mis pezones, ¡tonto del bote!, tuercas es ferretería y botones sastrería, que los pechos es anatomía, y en cuanto a los lamidos de la lengua aparta y pon camello, cualquier vertebrado te avanza en suavidad y tacto bello.

Por zozobra y repulsión, enturbió quién soy yo una inmensa convulsión, mi nombre no recuerdo, mi oficio he olvidado, dónde vivo queda lejos, onomástica en almanaque he borrado, a lo sumo soy soprano, dispongo de poco alfabeto por el dique amordazada, mucha consonante y vocal abreviada, mas grito que de haber concurso arraso con el premio, decibelios superlativos vote, sus tambores o mis jadeos.

Un hilo de baba resbalaba por la comisura de mis labios, necesito reponerme, urge la paz por recobrar mi mente serena y sosegada. Sin embargo, antónimo de aflojar, las manos pegajosas amasaban mi carne en faena de panadero, habrá creído mi galería es torre de extracción petrolífera u horno de herrero, de seguir profundizando se va a precipitar por el cuello uterino, ¡detente estúpido! , los tabiques es el miometrio y ahí dentro es todo oscuro. De lumbres carece, dirección sin salida, ¡vuelve atrás!, es suficiente haber entrado en la antesala sin autorización.

Rato descontado es demasiado, perdone mi falta de exactitud, bien sabrá saetas de reloj ni llevo ni veo. Podría si acaso tomar de guía mi corazón, por debajo setenta pulsaciones por minuto es frecuente, y en contar los latidos rebaso los cien en sesenta segundos insistente, haga cálculos usted, mi cautelosa mente se excusa, brega inagotable contra su chola obtusa.

Prodigioso milagro, pausa se produjo en escenario, dudo si atañe a su maldad o su bondad, habré llorado en mi faz extasiada ausencia de libertad, y un signo lagrimal habrá surcado mi meandro de pómulos postrados.

Paréntesis efímero, reanudó una amenaza la adversidad, contigo justo acabamos de empezar, y admito un drama perturbador se apoderó de toda mi confianza. No obstante, convengo aturdida me despistó el hecho de liberarme, única y exclusiva, de la mordaza, y en tan dispuse del privilegiado don del habla apremié suplicar, soy compañera y a favor de vuestro bando, aquel demócrata por cuyo regir sois presente aquí y ahora, futuro de angelicales es la esclavitud.

Refunfuñar fue su evasiva, de política somos iletrados, esto es una institución donde mimamos a pacientes y pernoctados, fíjate en cuán es promesa, que enjuagamos tu saliva, llega ya hasta el apéndice xifoides, mas por tu mejor cuidado abre tus dientes de blanco esmalte, es propuesta para ayudarte.

Abrí en cuya cuantía muestra la dentadura, ¡no, no!, espetaron desagradecidos, hazlo al bostezo de un gato, y al ceder bisagras otro cacho renegaron de nuevo, ¡no, no, no!, finge al bocado de hipopótamo, por qué inquirí, ¡que no! replicaron descontentos, procede o será peor tu amargura, y al dilatar bocaza donde humanos es el límite de su quijada penetraron dos sólidas varillas de hierro, sé muy bien cuál es el armatoste.

Respectivas varas de frontal curvadas se colocan detrás de los incisivos y caninos, atino al incluir los premolares, dado depende de la práctica del facultativo, con el metal sito entre el velo palatino y el pilar posterior, radiografiado los secretos del maxilar superior. Se alejan de sí en vientos opuestos mediante el giro de unas tuercas, y de este modo quedé boquiabierta, de volar mosca cegata tropieza sin obstáculo con la faringe.

Puntualidad impropia de este país, entró entró un miembro viril, ¡saca el nabo perro sarnoso! , de tener facultad habría hincado una cruda dentellada, mas sin capacidad de control hundió hasta mitad de su tronco, adelante y atrás, bucle escueto, que el macho iba enardecido o es eyaculador precoz, se ha corrido veloz. Disparó esperma directo a la amígdala palatina, y a tacto un par de gotas saltaron exultantes en la tráquea, qué coño celebran, por esta vereda no me quedo embarazada.

Secunda esquirol, se repiten los embistes a cuya magnitud son superiores las réplicas a su parto terremoto, en tanto tráfico que auguro van a formar atasco, ¡basta ya!, cada embestida me electrifica de escalofríos que me dan asco, mas limitado mi lenguaje a la primera vocal y un gruñido gutural daba por supuesto que esos idólatras de la masacre absolutista me iban a repudiar.

Obstinado impulsó con tanto ahínco que al insuflar yo aire al exterior se formaron burbujas de oxígeno en la pasta ensalivada, y por el peso adquirido pendió un grumo espumoso de mi babeo cual estalactita es virgen de todo un siglo, mientras el eruptivo hálito por mis fosas nasales y los espasmos atosigados en mi recto abdominal rogaban al sayón un exiguo gesto de clemencia. Declinó mi petición, que urgía reventar sus huevos, golondrina excluya de la lista, buitre tache de posibilidades, yo apunto a una bruja y un conjuro, salvedad incierta de si es por recompensa o castigo duro, pues de espermatozoides vertió en tanta cantidad que guardia en epiglotis advirtió, superáis el aforo permitido.

Pretendientes son todos muy diferentes, transportan cargas de todo tipo, según su mercancía verá en cuna un castaño o un dorado, de órbitas orientales o tintadas de nítidos azules septentrionales, o piel blanca o azabache, sospechas da en crianza si progenitor es albo y pálido, mas en abrumadora estampida salen los renacuajos al aire libre, son como vampiros, la luz diurna los elimina.

Del sucesivo me callo, perdone si me considera maleducada, es producto de mi consciencia desahuciada, mi ambiguo raciocinio no distingue qué está ocurriendo. Lácteo y babaza forman una masa fangosa, de seguir desalmada esta pandemia sumará otro episodio concluido, autógrafo forense estampa es de un virus, falacia millonaria, es tortura y asesinato.

De pronto, auguro debido al agotar las existencias en sus bidones de leche, finiquitó opresión el intruso, cerca rondaba un trágico suceso cuya serenata acompasaba mi aterrado sollozar. Aguanté estoica fruto de la reserva vital que se acopia en nuestro instinto de supervivencia, y doy franca gracias al destino nos entregó este donativo, pues de ninguna manera habría sobrevivido, si confiara ayuda a la nación borrega ya estaría muerta.

Libre por fin de todo alambre, cayó brusca mi mordedura. Rebotó la apófisis frontal de mi malar en tal trompazo que en su distante siamesa temporal se levantaron exaltados, dónde ha sido el epicentro del seísmo. Flameaba la cresta vertical de la sínfisis mandibular, qué barbaridad, es hueso de mayor dureza que el cemento. Un calambre insensibilizaba todo tramo desde la fosa digástrica al foramen mandibular, mas titulada sé su resucitar, tranquila y sin prisa, aquí en habitáculo estos berzotas no tienen otra premisa.

"Ninguno de aquellos asesinos tenía pensado desatar a la muchacha"

Estallidos de risotadas resonó al rogar desataran, que tengo los brazos inertes y el cuerpo entumecido, árido mi pedido, en sala de despiece trocean al mancebo y desvalido. Desátate tú sola, obtuve por reto, tu entrevista al infierno es el viernes, falta ficha de confinamiento, ¡pobrecita se puso enferma! , narraremos entristecidos, tan joven y bonita, bien preparada y muy mimosa, tuvo la desgracia de caer contagiada, y por el bien de los seniles ordenó ministerio en dictadura ¡quemadlos en la hoguera!, y ventanas abiertas, despeje toda estela de su hedor a muertas.

Desterrada en la tétrica clausura de aquella mazmorra, luché brava contra la firmeza de esas cuerdas, a ciegas supe ubicar por el abrazo a mis carnes desnudas. En silla no hay cantos ni esquinas agresivas, todas sus aristas redondeadas y pulidas, inútil segar las sogas con el frote incesante. Preferí entonces incansable de los brazos, no ceden ni una mísera ranura por donde circular el aire arrogante. Sinónimas apostadas en mi torso tampoco llevaron la contraria a su líder, y a las piernas sólidas atadas invoqué, vuestro músculo es gigantesco, mi propuesta es propulsadas al unísono, vamos a intentarlo, ¡desiste! clamó el subconsciente pesimista, eres flaca y enclenque, pero en cariñoso acento insistí tozuda, ahora es el momento, ¡marcho y suerte en tu voluntad!, despidió el tertuliante.

Arruinada toda esperanza, dado no logré profanar las infames piezas, toda yo un fragmento inmóvil, grité darme de comer, estoy cansada y tengo hambre, práctica tenéis en atormentar porque la comida se demora, dais sal a quien su corazón es intolerante, o en dar azúcar al diabético o reactivos al alérgico, y en las defunciones se falsifican documentos, vuestras momias son rubíes para féretro de mortuorias.

Ya me sé vuestras historias, viejas pulverizadas me contaban su gaznate desecado, clamaban por limosna un arcaico ducado, y las obreras mala pécoras respondían ahora le traigo un vaso, mire el atardecer mientras tanto, escuche los trinos de las aves o atóntese mirando el televisor, salen los siervos difundiendo cada mañana las proclamas de toda esa caníbal alimaña.

Subrayó de nuevo el inválido sentado en su sillón, hermana por favor, pregunto si me aporta la copa de cristal, ¡tranquilícese! que voy estresada, de entonces hasta ahora me ha sonado el móvil y y he ido a echar meada, tan ocupada que olvidó la ramera su vicio maligno de pegar la fumada, consumió la muy guarra su pitillo, y al terminar apalabró portar su líquido, en broma masculló al dinosaurio, no le voy a matar raquítico y aburrido.

Huye la bribona al partir de viaje el rey sol, toca dorar el extremo hemisferio del planeta, ahí se pudra el abuelo, falto de fluido la noche es una hecatombe, duelen sus riñones y queja taquicardia, y la holgazana suplente legitima, di por su mejor reposo una pastilla para dormir, lástima no despertó, diga adiós y reemplazo, que carnaza va al sepulcro y siga el venidero, es un buen negocio lanzar inservibles al vertedero.

Transcurrió mi cronómetro atada a espera de la hora odiada, toca hoy ducha, silla está diseñada para discretos menesteres, y a palmera muda mientras me enjabonaba rogué suéltame una mano, que prolongada atadura me atrofia la musculatura, ¡ni lo sueñes!, son los nudos fijos y las vueltas maravilla de enroscadas. Libérame por lo menos de la venda, por cuerdas estoy en sillón plantada, por melancolía quiero ver colores y geometría, qué te importan en tu estado, amarillenta es la llama de la fogata, rectangular fogón que le alimenta.

Retornó a la cochera, y ya aparcada rogué ¡frota con elegancia una toalla!, estoy empapada y en esta atmósfera mañana me verá resfriada, alteza replicó alegre, simplifica tu matanza.

Enfebrecida y roncado el desnutrido estómago, pechuga de pollo añora aciago, tuve bastantes visitas por orden y relevo, interés nulo en mi fiebre, todos centrados en mi sima indefensa o mis bustos desguarnecidos. Barricada abatida, hagan lo que quieran, tienen práctica y experiencia los criminales, zancos nunca son consuelo, suplico ya mortificada sea cada ciclo el último duelo.

De mi mensaje poder ser, entrego un recado a cual devenir misterioso le aguarda herencia catastrófica, sepan de la actual mortalidad hay miles de ejecutados, no hay en la ciencia ninguna epopeya heroica. Dirá dónde está la acusación, sepa fui a jefatura, en puerta me obstaculizó gendarme, y al decirle vengo a denunciar crímenes de ancianos asesinados esbirro me denegó acceso, por contar adentro este cuento ha de ponerse burka cual cubre del hueso nasal a la espina mentoniana inferior, ¡venga ya!, es polichinela sordo o idiota disciplinado de la dictadura, testifico su padre o bisabuelo podrían figurar en saco de maltratados hasta morir, ¡jovencita le repito!, en recinto ingreso no permito de negarse a cubrir.

Juzgados atiendan, mire qué perversión sin precedentes, vasallo tapona el asesinato de ancianos quemados, han inventado los secuaces su freidura por borrar residuo de masacrados, y al querer denunciar me prohíben mi derecho, alegan desabrigo mi rostro de cuyo símbolo equivale al sello talibán, y con total respaldo a la tragedia me contestan, pida cita previa y cumpla con las normas de la dictadura. Pedazo de gilipollas son todos, trapos de níveas sábanas es su mortaja, mas de querer demostrarlo se lo impiden, ¡alto!, ¡de puerta no pase!, ni denuncia ni confesión ni sermón.

Tengan por correcta esta leyenda, y por favor agradezco no me incluyan en obedientes de este periodo, que yo no aplaudí tambor de ningún modo. Fotografié mi patria silueta a lomos de un caballo, y en cual péndulo fluctúa en la pala de un tractor, me mojé en torrentes agrestes, y doré mi piel bronceada en cuyo oscuro pigmento miraban rabiosos, ¡qué diantre ha hecho esta chica!, ni en estíos se alcanza estos matices. De haber yo comandado timón, amotinador hubiera metido en calabozo, o en el abismo de un pozo, despeje interrogante, veredicto perpetua hasta el día de su muerte, e idéntica fortuna adjudique a compinches y cómplices del desecho, aquí tuvimos ministros que de autoritarismo y torturas sabían un buen trecho.

"Viejo sabio y astuto fue el héroe en mi escape"

En cuanto a mí, como un suspiro ejecutor se abrió la puerta a cuya cripta es magistrado de mi carpeta. Otrora quince pasos lentos y desquiciantes bajaron su escalinata, debía ser el maldito viernes. Torció por los estantes con aquel grácil virar propio de la brisa crepuscular, forra en su frescura al público apostado frente el mar, y mis venas advierten, apreciado leyente, avecina libreto el final de mi narración latente.

A marioneta mezquina no le pienso gritar ni hablar, hazlo ya traidor, cuélgame de la viga, no necesitas ser muy hábil, lánguida y extenuada soy presa fácil. Mete tu cápsula por el ano, enfermeras asesinas hay exquisita colección, dime tu sistema, que de tan gigantesca mi carne fatigada siento incluso la cuerda desatada. Ambigüedad evaporada, ¡sí!, las cuerdas se aflojan, es una trampa, mas al quitarme títere el severo antifaz aprecio ante mí la figura escuálida de aquel sabio anciano, ¡que inmensa felicidad!

Señorita me confesó, escuché por las paredes de su rapto, sanitarios nos espían, necios majaderos, el sonido en ladrillos atraviesa desde el centro al este y al oeste. Cúbrase con esta bata, es vestuario de sus perchas, y coma esta barra de pan, la escondí soto cojín, que nos están matando como cerdos en mataderos. Tiene la puerta abierta, están en su sala reunidos, que les gusta el ridículo pasatiempo del fútbol, pero a su conclusión vos morirá. Corra tan rápido como pueda, tenga cautela, altavoz resuena a tal estruendo que le ayuda a discreción, y ya en calle vaya a su casa, escóndase, póngase a cubierto, no acuda a gendarmerías, son peleles adiestrados, tribunales corruptos son igual de malvados, ¡váyase!, y dentro de unos años explique lo ocurrido, sepa el mundo que la leyenda genocida ha existido.

Venga conmigo señor, vos me ha salvado, deuda mía le pago, mas matizó el anciano, yo soy una centenaria carcasa, bajo peldaños de uno en uno, venga la muerte si quiere, que su mala memoria me ha demostrado, en dar mi estocada se ha olvidado. Márchate ya, corre por mi nombre y el de millones de exterminados, que el destino está escrito, y el relato, inacabado.

 

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