Un grito desesperado cruza las puertas automáticas del ambulatorio, y su frontera rebasa señor de mediana edad, a simple vista lo enviaría al infierno o al tanatorio. Sangra en abundancia por la narina, y un lago rúbeo anega el depresor del septo nasal. Afectado intenta derrame frenar, o al menos con un trapo blanco se esfuerza por drenar, pero el notable desborde sitia el orbicular de los labios y repta por el borde inferior de la mandíbula.

Aprisa ruega un doctor, ¡cálmese!, le espeta secretaria, esto es la sanidad pública y hay una cola de espera reglamentaria, mas el auditorio concurrente siente compasión por su dolencia, ceden el turno por bondad y conciencia. Aprenda gesto la zorra burócrata, tiene modales de autócrata, y tras apuntar su nombre en ordenador le conducen a urgencias, para ser tratado por un bobo sanador.

En una rápida exploración, comprueba que el tejido fibroareolar se ha deshecho, el cartílago del ala mayor aprecia maltrecho, y presenta las arteriales etmoidales seccionadas en su techo. Rieras anastomosadas presentan roturas en mil pedazos, y por detener su hemorragia medita si taponar con algodón o colocar en el suelo un par de cazos, dado la pérdida de lava es abundante.

La quebrada carantoña en el rostro del facultativo delató la gravedad de sus dolencias, ¡ay, doctor, dígame cuál es la enfermedad! Túmbese en la camilla le indicó, y al reclinarse la bata de níveo inmaculado salpicó. Supino se apreció su piel pálida, y preguntó el curandero con quién ha estado, pues la lesión es de un severo puñetazo, pero perjudicado confesó es imposible, conocí apenas unas horas a una chica preciosa, llevé a mi casa, y tuve atada con cuerdas y fuerte lazo. Nos besamos y retozamos, ella en su rol de angélica cándida y yo malvado, y ha sido justo en el orgasmo que me he sentido mareado. He pensado sudo como un cerdo, pero al enjuagarme el agua he percibido mi nasal herida, y al girarme a mi amante he comprobado estupefacto se había marchado, dónde ha ido, yo no la había liberado. Por casa he rebuscado, de mi cuarto al aseo y la cocina, pero ni bajo el colchón he encontrado la cochina, y dado sangraba copioso he venido a su consulta presuroso.

Por elaborar diagnóstico y tratamiento requirió si consumió bebida alcohólica o droga, pero el sufrido emite un sofoco incomprensible, incapaz de articular ni un mísero vocablo entendible, y al ojear su cavidad bucal se percata le ha explotado la arteria palatina mayor. Ramas bucales y alveolares son insalvables, y llevándolo al desaguadero le indicó escupa sangre, pero esa solución es baldía para tanta cascada. Las encías se han desintegrado, el pliegue sublingual es una piscina a rebosar, y sus incisivos caen a plomo, intactos de la corona al foramen apical de la raíz. Asustado zarandea el maxilar, y agita sus palmas como quien caza perdices al vuelo, apremia la cura o se hunde en el desconsuelo, dado el pliegue vestibular y la mucosa alveolar se doblan, y al vacío se despeñan caninos y premolares.

Jamás ha visto profesional nada semejante en todos sus años de experiencia, y reclama ambulancia con descarada impaciencia. Sirenas a todo volumen, que se tiñen las sábanas de cuyo pigmento las convierte en mortaja, su única esperanza es cirujano que con su maña ataja, mas ya en el hospital su salud ha empeorado, pues sangra por ambas orejas. Su arteria timpánica está hecha trizas, es propio su daño de inhumanas palizas, pero ni esos casos extremos se ha constatado un conducto de la cóclea inundado, hay presión en el ganchillo, y por salir es tan violento su cauce que ha desplazado hasta el martillo. Compuertas del tímpano han sido aniquiladas, directrices se le da al moribundo mediante palpadas, dado ya no escucha y no ve, es debido a cual geiser emana tinta escarlata por los conductos de la glándula lacrimal.

Operador detiene la intervención, y ordena a enfermeras y secuaces apartarse. Aquel claustro de silencio es el templo de su inmediato fenecer, cuan de asqueroso fue ver la víctima desangrarse sin remedio ni piedad a confesarse. Peor todavía, que en ese ambiente estupefacto se levantó de su lecho, ¡apártense!, que de tocar a alguien puede ser contagioso. Presentaba inequívoco problemas de equilibrio, y aquejado de visión cegada agitaba sus manazas como las zarpas de un oso.

Anulado utrículo y el sáculo, mostraba incapacidad de detectar la rotación de la cabeza, dando zancos cortos a cada cual mayor torpeza. Sus aullidos sonaban con ese tremebundo eco propio de haberle abierto el diablo las puertas de su reino satánico, y una rigidez muscular se apoderó insospechado de toda su efigie. Cayó de bruces, patas juntas y brazos extendidos en cruces, y una ametralladora de espasmos inimitables arrojó manchas de un rubí cercano al granate por todo el paisaje, desde el blanquecino que rebozaba las paredes hasta bisturís y la tropa disfrazada, juegan a ser dioses en su vanidad disparatada.

"Aquel caballero se desangraba como sólo causa la Muerte Roja"

Abatido el equipo médico, contemplaban atónitos y estériles cómo el mamífero pretendía en su jerga prehistórica implorar su ayuda, pasotismo es actitud que nos sonroja, mientras un repelente olor a oxido embriagó la atmósfera, ¡protéjase!, es la muerte roja. Dio otras convulsiones, y la postrera llevó su existencia a la hoguera, para la estadística pase fregona y en la ficha anote defunción con tiza, mañana será una mera urna de ceniza.

A testigos llamó la prensa por entrevista de aquel incidente, dado se había apoderado de la sociedad una vertiginosa oleada de pánico irracional, ya que su guadaña actuaba con un tajo muy poco normal. Destacaba la eficacia, pues de contagiarse hasta morirse no transcurría ni veinticuatro piadosas horas, mas periodistas no buscaban serenar los ánimos, sino todo lo contrario, ya que su loca ambición es la audiencia y la gloria, por armas usan el embuste y el engaño, el querer contar la verdad es un burdo amaño.

En clínica les atendieron por teléfono, murieron los solicitados entre lunes y domingo próximo a esa data, y prestos pusieron los rotativos a toda máquina, ¡corran!, ¡huyan!, viene el fin de mundo, desgraciados malnacidos, cacique no les deja despedirse ni de sus seres queridos, y a montones eligieron su eutanasia, ahorcándose con una soga en vigas de las buhardillas, o atravesarse las carnes con el acero tajante de cuchillas, o arrojarse desde lo alto del rascacielos, su futuro marchito emigró y tomó de ventaja insalvables millas.

Abrumadora mayoría de plebeyos parecía volverse idiotas, pero no se equivoque mi estimada lectora y varón, ya eran antes berzotas. Se encerraban en sus chabolas, y desde el envés de las ventanas le insultaban si salía vos a pasear o no andaba a solas. A menores los enclaustraron en cuchitriles, a parques prohibían ir los mandriles, y de corretear con sus afines alevines o traperías juveniles llamaban a sicarios, no obedecen al dictador los becarios.

Tres semanas después de arrancar esa locura, acudió alarmado el brujo del castillo por advertir al caudillo, llegan los féretros al muro, cierre el puente levadizo, libre su reino de cualquier apuro. Angustiado replicó, que habéis hecho quienes juráis ser científicos, pues el listado de asesinatos tiene ya carices de cuentos bíblicos, que ya habéis exterminado centenarios y aledaños ancianos, hermanos de cual escritor garabatea sus poemas o madres de cuyos cantantes deleitan con sus temas, sume al frutero y al marqués y al barrendero. Cuántos os faltan por matar, que no es eterno el disimular y el pueblo borrego se va a cansar, y al contarle esto es sólo el principio decidió su egoísta protección, a continuación relato cuál fue dicha opción.

Tal medida consistió, dado por dinero y poder pudo, encerrarse en su inexpugnable fortificación, de villa no entra ni sale nadie. Disconformes rogaban, he de ir a visitar mis familiares, pero hombre déspota e insensible donde los haya replicó, ya los verá en sus funerales. Impedidos expulsó de sus dominios, a la chiflada que clamaba insolente su verdad ordenó dadle el pasaporte a la eterna oscuridad, y aquel que me agobia cada alba en su pedir limosna haz que desaparezca, es una oportunidad para limpiar miserables y que mi riqueza crezca. Delincuentes echó a vagar lejos de sus tierras, y a capitán aliado encomendó buscarlos en parajes desolados o ruinas devastadas, y asegurado el escenario solitario mata y los entierras.

Sábado tres de abril de aquel infausto año para la humanidad, las puertas pesadas de noble haya con revestimiento de hierro, cuales eran el único acceso al seguro dominio de su feudo, se cerraron inexorables. Murió con el enrosque de ese engranaje su democracia y libertad, pero si se imagina la muchedumbre amotinada o angustiada yerra en su totalidad, pues aconteció que en la última vuelta de ganzúa los súbditos aplaudieron como focas amaestradas, ornaban su prisión con salmos triunfales, nos superan en inteligencia los conejos y el resto de animales. Hubo quien compuso música tan atroz que prefiero me tarareen las odas de misales, y zar se quedó estupefacto, tanta sumisión y benevolencia rebasó su ridículo arte abstracto.

Una gigantesca muralla imposible de franquear y cuyo grosor excedía sobradamente de los dos metros, circundaba sin fisura todo su territorio, edificada por cuyos antepasados expropiaron durante siglos huertas y viñas de los honrosos campesinos, pero ceñido a las reales circunstancias se hacía exagerado su colosal tamaño, ya que no hubo conato de huida por parte del rebaño.

Cabe decir que la ciudadela estaba acondicionada para suplir con creces todas las necesidades. En sembrados no se vislumbraba hoja triste, sol refulgiendo en pigmentos manzana o cereza, labriegos miman sin pereza, se levantan cuando el gallo todavía sigo dormitado, dónde vas currante, amanecer sigue oculto en el bañado. Tintura verde hay en peras y en olivas, también en verduras y hortalizas, que planta campesino con sudor y sin pudor, mófese de su arada y su tractor, y acabará comiéndose las uñas de sus pezuñas.

Granjas al remanso del recinto dan un homenaje a nuestros ancestros, obreros honrados y cultos que difieren enorme de los urbanos cabestros, vienen de la capital bípedos atontados con una sarta de coplas cada cual se reta en pregonar la mayor estupidez, y lo peor es que presumen de su ignorancia en los momentos de mayor lucidez. A tales pazguatos prohíba su acceso, tengo tabla enciclopédica con razones de peso, pero dejemos de hablar del payaso y el obtuso y el obeso, que le quiero mostrar corrales, a babor ovejas y a estribor las cabras, hacen cosas raras y muy macabras, pues hay un macho que se pasa horas dando con la cornamenta a un tornillo, se nota que no lo paga de su bolsillo. Tienen por inconveniente los cabritos que es de manjar selecto, sucio se niegan a pastar y anhelan su forraje predilecto, pero por suerte son distintas las vacas, engullen cuanta pastura atrapan, y a simple examen visual me remito, no hay ni una flaca.

En hectáreas fértiles brotan raíces ebrias, arranque antes del mediodía y superada la quincena de las vísperas vuelven a presentar su aspecto lozano, pues confluyen los terrenos oxigenados con los canales de riego, en primavera es constante su trasiego. De saber cosechar su vianda nunca le va a faltar, pero no me vaya a salir imbécil, por su alfombra no se corretea ni se juega a pelota, tampoco salte o se zambulla, que no es piscina donde se flota, y si quiere dar a su piel ese toque bronceado hágalo en el pórtico o cualquier otro lado, aquí es fábrica para ser alimentado.

Pozos de agua potable hay innumerables, quise contar previo de escribir, pero se me hicieron interminables, pues cada morada en altillo dispone de cisternas, profundidad equivale en hilera a dos piernas, y en cada jardín hay una balsa, cañería conduce por saciar la sed a las bestias contiguas, sea un precioso cordero recién nacido o abuelas antiguas. Lecherías y explotaciones tienen sus privados depósitos, y de temer por si escasea sepa fluye enfrente, donde desde la atalaya se divisa, un río caudaloso, cuya agua filtra subterránea y surte tanques de tabique rocoso.

Ahí dentro están a salvo, el melenudo y el calvo, el capitán y sus grumetes, ancianos y retoños, mujeres y sus cónyuges. Al exterior se contemplaba los terribles estragos del castigo divino, muertos echados por cunetas y en cualquier rincón, y el agónico que gateaba la turba lo esquivaba, púdrete le gritaban al desahuciado, dado no les bastaba con ver apáticos su sufrir mortecino, habían de humillar al porcino. Demostraba este bastardo comportamiento que se habían vuelto locos, y mi alusión no es por unos pocos, míreles las pupilas si tiene dudas, yo aconsejo en su socorro no acudas, pues le confesaré descubrí en ellos alguna atrofia, será un defecto en la genética de esta bazofia, y lo afirmo rotundo porque muestran una actitud inusual.

Por ser concreto, patosos y lentos han incrementado por encima de lo habitual, y despistados hay anécdotas insólitas, que estando yo sentado en un edificio público vino una chica, buscaba el aseo, teniendo la puerta delante siguió andando todo el pasadizo, ¡menudo paseo!. Vuelve, ¡ánimo!, a la tercera descubrirá es la estancia que hay frente sus narices, pero fuerza el umbral cerrado de su diestra, ¡qué me dices!, es el otro pomo, y al no poder abrir se larga, no tendrá angustia para su descarga.

Es una lerda me digo, pero al cabo de unos minutos viene familia con sus hijos diminutos. Miran la entrada del lavabo, abre la rendija de su marco, ¡bien!, ¡vamos bien!, se ven los espejos y los grifos, mas el hombre masculla, son vestuarios y camerinos, tomemos otros caminos. Analfabeto es insuperable, mas permítame una disculpa, que largo rato después aparece un grupo de amigas, son tres jóvenes femeninas. Abren la cancela de los inodoros hombrunos, clausuran fugaces, pueden haber distinguido chorros inoportunos, y para buscar el suyo sólo han de darse la vuelta, seis baldosas exactas a su espalda le esperan, pero por incomprensible que resulte vuelven a abrir la misma puerta, ¡que sí!, ¡sigue siendo meadero del sexo masculino!, y al cerrar se quedan pensativas y desorientadas, ¡mirar atrás!, ¡está justo detrás! Ojean por la ventana, ¡qué coño hacen!, si tras el cristal es la calle, y en un detalle benévolo les señalo mudo su lavabo. Se ríen avergonzadas, sita su meta a dos zancadas, y le confieso real esta experiencia, no es incidente único, se repitió durante meses copias necias de absurda vivencia.

Quedaron al perímetro foráneo esta escoria indeseable, allí donde caían como moscas, esfinges que preguntaba cotilla por caballero o señora que no veía, acudió indispuesto a enfermería, y murió al darle facultativo una pastilla. Hay dudas de los doctores, matar es el método de sanar los dolores, y se ha alcanzado tal nivel de temores que los pacientes mueren abandonados, en su catre sin ser reclamados o en los mataderos donde no les permiten estar acompañados, ¡jódanse!, ordenan los sicarios de bata blanca, hijos de puta les exterminan y los introducen en el horno, borran todas las pistas de su matanza al dar a la palanca.

Con este tétrico escenario, ¡cómo iban a salir!, si les rodeaba cuanto placer colma las penurias de los mortales. Diálogos joviales se cruzaban en la plazas, reluce un celaje de nítido azul celeste, miraban contertulios al confín su monte agreste, ya habrá época por aventura se consolaban, que en sus habladurías era tema ocurrente esa horrible peste. Contó una gorda mentirosa, sabéis aquella adefesio que vendía telas, pues ahora me han explicado yace tísica y con el único lumbre de velas. Lágrimas son desecadas, eso es problema de las plebes desdichadas, pero en medio de esas chácharas viperinas tuvo una anónima acertada reflexión, de dónde ha partido la masacre y cuál ha sido su inflexión.

Sonrieron maliciosos, ¡vaya a saber!, contestaron, yo me decanto por un alquimista en su laboratorio, hubo quien quiso influir, es un parásito en la fauna salvaje, pero es curioso que lo sermonea ataviado con ornamentos de oro y sosteniendo en sus tentáculos copa de alucinógeno brebaje. Misterio tampoco les importa, su ignorancia no les inmuta, que el parásito no les joroba ni para dar cachetes a la puta. En tal frase despreciativa zanjaron el debate, sorbieron de la pócima, y con el profuso intercambio de besos y abrazos dieron la estocada por remate.

Cumplido el sexto mes, se mostraba el emperador cabreado en su círculo de intimidad, dado huidizas oían el picar fúnebre de las campanas, y tan pronto cesaban volvían a resonar, del ocaso a las mañanas. Fiambres por doquier se enterraban en fosas comunes, pues ya no cabían entre ladrillos y los fogones bullían a toda máquina, y al caer la noche acudían las alimañas, mordisqueaban y desenterraban bajo la serenata de sus rugidos. Por distraer peroraban en vocablo irónico, ¡mire la parte positiva!, el carnoso ha sido digerido, pero si acaso ave en el convite se infectaba mandó apostar en lo alto de los baluarte arqueros de precisión, de volar paloma o graznar el cuervo lance su rudo arpón, servirá a sus congéneres de lección.

Esparciese un rumor por los siervos, rodean espectros estas defensas, y en pleno silencio, si se presta atención, captará su radar auditivo una especie de gemidos delirantes, son sus lamentos errantes por no encontrar su fosa, mas el problema radica en que no tienen sepultura adjudicada, se han tirado como cual insignificante cosa. Enmudecían ante tal fabula, y hubo quien optó por desertar, preferían arriesgar, y buscaron resquicio por donde fugarse, cavando subterráneos en los que arrastrarse o por aberturas colarse, irresponsables sucumbieron, fue debido a la puntería del cancerbero o haber escogido equivocado derrotero.

"Monarca organizó un libidinoso baile de máscaras"

Meditó el monarca cómo aplacar la creciente paranoia, y con tal finalidad ofreció a todas las gentes, coincidiendo con su cuarenta aniversario, un baile de máscaras de la más insólita magnificencia, a celebrar en la sala magna, donde en la historia desde su edificación sólo habían entrado condes y marqueses, realeza y aristócratas, alta alcurnia y por supuesto protagonista, vestimentas de gala y ni una sola de prendas baratas. Permítame le describa el recinto, al cual se accedía resiguiendo una imperturbable línea recta, corredor cuyas tapias estaban adornadas por maléficos espejos, observe si no me cree sus reflejos, tienen un peculiar brillo a despedida, mas ajenos al peligro los invitados se detenían a contemplarse, daban la vuelta como sartén vira la tortilla, se adula y lisonjea el auditorio, e incluso presume una pardilla, renace su melancólica travesura de chiquilla.

Dentro el escenario conduce al engaño por su apodo, pues no se trataba de un diáfano pabellón, ya que había en algunos costados cuartos dispuestos en distancias que diría trazo arquitecto borracho por su irregularidad. Dos habitaciones se tocan, su sobrina se sitúa en lejanía, o una trilogía se ubica al ala opuesta, separadas por una cantidad milimétrica que, por desmesurada en un tramo y minúscula su otro ramo, transmitía al observarla un burlesco aspecto de desorden. Si se trataban de picaderos o lavaderos es imposible describirlo, dado que todos los umbrales estaban lacrados, manecillas no cedían, y en aquel cuadrilátero delimitado los huéspedes se fueron juntando en coros, ¡cuán felices se les ve!

Jurado del carnaval se lo confirmará, quiénes son dirá, cuadros terroríficos pintados por entes malignos, pues sus rostros son extremadamente anémicos, las fauces sucias de sangría, y en su iris escrita una ira retorcida que estremece si a la invitada le pilla desprevenida. Evite de mirar fijamente, que si da dos pasos en cualquier dirección, suya libre es la elección, verá le sigue atentamente, y mientras medita si es posible fíjese en un detalle, ha cruzado por delante un partícipe en la fiesta, y en su falta de educación se ha producido una sombra tan viva que ha parecido saltara de su marco, ¡no puede ser!, polizonte se ha colado en el barco.

Respecto a pecadoras y sus primates masculinos, me cuesta descubrir al herrero o al carpintero, la florista o la mezquina periodista, e incluso es difícil diferenciar al bufón del ladrón, o la carnicera de la enfermera, pues sus semblantes se ocultaban tras máscaras espectaculares. Coincidía sin embargo en casi todos unos gustos grotescos, fuese sólo del risorio al arco superciliar, o cubriese por completo del mentón a la frente. Había antifaces tallados en madera, quién ha sido el maestro que las esculpió con ese dibujo siniestro, pero también portaban caretas fantasmagóricas cuyos ángulos sinuosos esbozaban notas alegóricas, ¡capte su mensaje!, de no saber leerlo va a pagar su trágico peaje.

Desfile es obra de un diseñador esquizofrénico, salvo se halle entre bailarinas y divos alguien infiltrado, pero quién habrá de ser. Escudriño por asistentes para satisfacer a mi espectador, mas a estas alturas del relato todavía es inviable, que confunden la mezcla de gamas, blancos y negros o turquí o marengo o magentas o carmesí se fusionan, por sospechosos a todos les votan. Apuesto yo por una maquiavélica careta, por la básica razón de aventurarse a mostrar un espeluznante color de esmalte sangriento, y cual producía un efecto espantoso sobre la jeta de quien a su paso se cruzaba, la faz de su misma tonalidad le pintarrajeaba.

Envueltos en el jeroglífico pícaro de espiarse, apareció cual vampiro de pronto su alteza entre el tajo rasgado de una cortina de terciopelo oscuro, y al gesticular con hábil destreza los músicos de la orquesta iniciaron la algarabía. Se sentó en su trono, y advirtió rotando su cuello casi noventa grados a poniente que el anciano carrillón, cuyo péndulo se balanceaba con un chirriante y monótono resonar, había marcado ya las nueve en punto, pero le extrañó que ese día, cuando la saeta mayor completó su obligado circuito, no sonó el escandaloso tañido que emerge de las tripas de bronce del mecanismo.

Pensó se habrá estropeado su movimiento, mas es herencia molestosa de sus estirpes, y su quiebra no le causa ningún remordimiento. No meditó si es un mal augurio, y por no aburrirse se alzó titán, paseando en medio de un espectáculo que si discurre por mis párrafos algún chafardero puritano o mojigato, o trogloditas de conceptos retrógrados y arcaicos, o el típico neandertal cuya vida le domina los tabúes y prejuicios, recomiendo váyase ahora mismo de mi narrativa, ¡ya!, sin demora alguna, mas si en acto chulesco y bravucón desafía su propia sensibilidad hágalo asumiendo su propia y única responsabilidad.

Conste he advertido, quien se haya sentido amenazado tiene demasiado florecida su cobardía, o si se ha percibido aludido piense si es por incultura o gallardía, que yo continuo, sabrán ustedes por dónde van los tiros, hombres que asían sus parejas por las nalgas, y féminas que aferraban su impúdica pelvis al rival, frote deja de ser un percance trivial. Ningún bando alegaba guiño quejoso por cual pervertida actitud les desvelo, hembras pinzando la tela con cima erecta de los pezones, y los mulos adversarios perdiendo el control de sus cuencas desorbitadas, ponga termómetro en los cojones, que estalla en tres mil porciones.

Tímidos se sonrojaban, pero aun siendo frígidos o vírgenes desviaban sus pupilas a su carne codiciada, y de fogosos apártese, son como dos búfalos en celo, se apretujan y se estrujan y se morrean con cuya pasión se devoran, se roen con los dientes soto el lóbulo, se soplan y sus garras les rodean cual depredador saca los garfios afilados para trazar en las costuras un corte desgarrador, es asimétrico pero efectivo, sin consentimiento es punitivo. Alientos se impactan al vacío estrecho de sus hocicos, y al embate crea un preludio de diluvios míticos. Cantidad de litros se lo hubiera preguntado a la actriz o actor experimentado, pero sus lenguas echan un pulso empapado, adentro no se ve de tan oscuro, aunque es tan válido como esa par, ¡mire!, sus papilas gustativas se restriegan que se intercambian los sabores, dulce y salado y agrio se cocinan mezclados por mutuo agrado, añaden los efusivos el amargo al encargo.

Charlas son en un dialecto primitivo, en cuyos entonaciones ningún otro idioma usa o traduce, hay quien se apunta o quien da regate esquivo, pero no hace falta consulte diccionario, que yo se lo desgrano. Las mayúsculas se pronuncian como asombro, las tildes se realzan que a novato le confunden con un llanto, pero relájese, no es ningún drama sino marcar, o perdón quise decir encajar, un tanto, y las esdrújulas tienen por peculiaridad que son interminables, un derroche de no acabar y que, salvo filólogo me contradiga, es léxico que a la i latina le fustiga, pero letra al ser mencionada sube a la peana, quiere aclarar se arrea de muy buena gana.

Nada podía estropear aquella orgía magnífica, y puesto envidiaba su merecido trozo de pastel buscó doncella solitaria entre aquel hirviente cartel. De entre todas, advirtió la presencia de cuya joven he coincidido en señalar, destaca a kilómetros su visibilidad, búsquese otra invasora, que solamente quiere resaltar la viciosa, pero se obsesionó en que la muchacha ocultaba su cara de tal modo que su identidad no le resultaba conocida. Quién debía ser esa preciosidad, su meneo lujurioso sobrepasaba los límites del liberal criterio de la época, ¡lingüista venga aquí!, dudo si ése es el significado de estímulo, destroza lasciva su acepción y todos los sinónimos en su cúmulo.

"Nadie podía reprimirse al baile provocativo de esa desconocida"

Vos hubiera asentido cuanto digo si aquella doncella hubiera danzado ante ustedes, espectadores resoplan y encontrar imitadores deberá de acudir a local umbrío, por estos lares no iguala ni la reputación de tugurio sombrío. Su altura despunta por encima de los comensales, apenas una decena compiten en la cumbre de su occipital, y su fina cintura cimbrea lascivos remolinos que hipnotiza al noble anfitrión, hormonas espuman en su estado de cocción. Caderas vibran que propicia el amor bendito o el deseo maldito, y con el andar particular de un pingüino se acercó a la desconocida, su mote le inquirió, pero un sepulcral silencio fue cuya respuesta obtuvo de partida.

Se hizo de rogar pícara y maliciosa, y aunque insistió en su cuestionario la veinteañera mantuvo su postura, responde o te haré pasar un calvario. Lucía la dama un disfraz tremendamente aferrado a su inmaculada escultura, para encajar se ha de tener alguna diplomatura, pues es prenda elástica sin botones ni cremallera, cómo se ha vestido la fullera. Es todo entero de una pieza, no hay cinto y su permiso es el único precinto, y yo le hubiera solicitado la dirección del sastre, mancharlo es un desastre, pero alucinado por la hermosa se obcecó en su identificación, última oportunidad, pronuncia alto y claro tu apellido, mas no exclamó ni un silbido descolorido.

No retrocedió a pesar de la amenaza, y sin mayor dilución la asió por la muñeca con su índice y pulgar por tenaza. Del empuje se aproximaron a cuya separación marca el sextante es menor a un pulgada, y en aquel angosto cañón chocaron la barriga hombría con la enigmática delgada. Arrastró entre la legión de acróbatas y las contorsionistas, dio varios quiebros como habilidoso que a rival despista, y ya libre su pista se encaminó al margen septentrional, tras un pórtico se les perdió de vista.

De haber apreciado la ornamentación de aquella habitación se nos hubiera desencajado a cualquiera de nosotros la facial expresión, con los zurcidos del cigomático descosidos y las simas del músculo depresor hundidas, pero en emperatriz es ficticio describir alguna cicatriz, dado mantuvo impertérrita su aspecto oculto incluso delante de sádica decoración, emergen del pavimento hierros agarrados con cemento, y del tejado penden cadenas que le auguran un tormento. De las grietas en las losas verticales manan aros de pétrea fijación, y el mobiliario que copa su espacio es de la mayor perversión, ¡hazme caso bonita!, dile un vocablo y vete, ahí puesta el castigo nadie te lo quita.

Cerró degenerado la compuerta, ¡cómo contárselo al verdugo!, la malvada que persigues muy probable por la enfermedad es tuerta, tambaleante cual marinero novato surca océanos bravos en su primer viaje, conductor pare el navío al próximo viraje, que tiene su estómago descompuesto, va a salir de sus tripas pescado y bollería que detesto. Otro distintivo tendrá por el miedo a morir, ha de clamar súplicas en su lenguaje, mas la moza en el silencio se escuda, ¡quién sabe!, quizá es muda, pero por evidente es sabio optar a su descarte, me temo es tarde mi consejo, ya ha tomado las cuerdas para atarte.

La puso de rodillas, ¡que huyas te he dicho!, está bastante loco y no se conforma con dar vueltas un poco, mas por el fulgor diamantino de su córnea opino le agrada, pues colaborativa hizo un movimiento sereno y deliberado, entregó su inocencia al descarriado. Sito fue apegada a un artilugio férreo en forma de un carácter del alfabeto, es la T mayúscula con la que empieza su epíteto, quedando su columna recta adherida al frío mástil enhiesto y la nuca donde finaliza la vía. Párese, que de seguir pisando el acelerador se precipita por el barranco, y verá tiene dos trayectos a cada flanco. A esas veredas condujo sus brazos siameses, separó extendidos al máximo a su oriente y occidente, jamás habían estado tan alejadas las falanges de sus gemelas.

Arrancó la partida de las sogas en contacto con el carpo, enredó por el área de las articulaciones radiales carpiana y cubital, y apretó entusiasmado completando la circunferencia por el metal. Serpenteó por la diáfisis y los bordes interóseos, recuerde el requisito, ha de constreñir los poros contra el acero descrito, y al cuarto giro alcanzó la gorra del supinador. Saltó el codo, bienvenido sea el cabo al húmero, y enrolló la liana en la cresta supraecondílea, afianzó en la tuberosidad deltoidea, y culminó su enrejado en el surco bicipital, quedó su brazo en rigor inmóvil. Repitió el proceso en su afín, y estrujados los nudos inalcanzables tuvieron el duplo la etiqueta de fósil.

Tocó turno de las piernas, fíjese qué tortura, que unió sus tobillos y al tenerlos juntos empujó de la maroma a su altura, vino a buscar la esquina crucificada. Enfocaron con tal patraña sus pies al firmamento, apoyarse sólo en la cápsula de las rótulas es doloroso sufrimiento, pero el villano disfrutó, y la presa no protestó. Revisó todo hilo en su máxima tensión, de ataduras no se escapa por sí misma, y en ese instante procedió con un suceso que a ustedes y a mí nos hubieran provocado un cisma, mas la cautiva debió de verlo con otro prisma, dado no hizo ni un furtivo comentario.

Dicho asunto, dígale catástrofe según le tuviera al vestuario cariño, fue desgarrar a jirones su disfraz, he visto hambrientos al pelar naranjas tajar más sagaz, que el bestia descuartiza como si fuese liebre cazada por ave rapaz. En menos de un minuto la misteriosa callada quedó despojada de sus vestiduras, fuese tela insignificante o diseño de altas costuras, y fortuna para víctima fue estar ladeado al verla toda atada y desnuda, que de entre sus piernas ha brotado una palanca erecta, le apunta su flecha ansiosa y recta.

Faltaba un detalle, que extraño objeto porta en sus yemas, son dos varillas metálicas con un esquive a la raya paralela en su centro y dos tuercas de rosca en los chaflanes, ¡qué diantres es!, pienso que algún rito de chamanes. Funcionamiento es el siguiente, coloca las sólidas varitas tras la dentadura, por precisar indico tras la papila incisiva, y al rotar las mariposas consigue se dilate la quijada a una dimensión descomunal. Asegura con su tuerca se evite cierre o descenso no autorizado, queda perpetua la mandíbula a casi desencajada, y dos correas rodean la periferia de sus pómulos hasta encontrarse en la hebilla. Quiso su desvarío abrochar por detrás del elaborado mineral, y con tal fechoría consiguió el animal quedara su testa erguida, no puede girar ni agachar a ninguna medida.

"Dictador se propuso disfrutar de la doncella atada y amordazada"

Amordazada y atrapada, se pueden imaginar cuánto ocurrió, mas de la escena que esboce su fantasía borré los mimos, que besos y caricias no había, y palabras se sustituyeron por un monólogo que la dialéctica extinguía. Jerga es prehistórica, permítame se la enseñe, se redacta con aquella zanahoria estilográfica que la naturaleza nos ha dotado en disparidad de tamaños, con algunos los fabricantes han sido tacaños, en la mayoría han rellenado haciendo apaños, y en grupo selecto se han excedido con los tamaños.

Suele ser pasión mutua, pero en aquella atmósfera sólo aparecía un volumen tosco y agudo, o bien era el colmo de la erótica tacañería, o el ímpetu fogoso del semental no le permitía deleitarse en estímulos preliminares. Directo fue al grano, que sin oposición entró en la caverna sin preguntar, allí vive la mucosa del paladar duro, pero saludó con desprecio y siguió su andadura, en ese barrio se halla la choza del blanco. Turista empieza relajado y pausado, esta todo encharcado, y una lluvia de baba derrama sus anticipadas estalactitas por el carnoso almohadón de sus labios. Forastero ensancha su recorrido por las glándulas palatinas, se sumerge en los abismos peñascosos del maxilar, y para aprovechar su visita se mueve rápido, quiere examinar hasta recóndito lugar. Lo recorre adelante y atrás, tiene la gabardina del tronco empapada pero a parajes secos no sale, espeleólogo experimentado su capucha le vale.

Calva desvergonzada toma un camuflaje camaleónico, entró rosáceo y ahora es púrpura y abultado, algo histriónico, pues se enfurece a tal dimensión que propietario ha de descansar. Pobrecito estará cansado, no se equivoque, es por demasiado excitado, que la gamberra agita su lengua, se enmaraña y se enzarzan que vaya preparando el teléfono de los bomberos, se necesita de cizallas para liberar a semejantes canallas.

Hidalgo tiene el regazo de su vientre pegado a su vientre, y embestía con el escroto cascabeleando en cuanto sería un martirio para mamífero mortal, ¡qué gracioso!, las maracas están sonando. En atroces ataques alcanzaba la punta de su pértiga la barrera del arco palatogloso, a cualquier espécimen le hubiera dado arcadas, pero ese ánima misteriosa se mostraba impávida, como quien aspira la suave fragancia de flores aromáticas o se embelesa con los pétalos esplendorosos de latitudes tropicales o selváticas. Permanece en absoluto mutismo, y eso que un abrumador torrente de saliva cae de su barbilla húmeda, pero aguanta estoica e impasible, tráiganme una medalla, es merecedora la vasalla.

Por el contrario, púgil descarado es un alboroto que reventara las cristaleras si sube un par de notas sus decibelios, y los adjetivos que vocifera me reprimo apelativos, pues es un rosario de blasfemias e improperios, de dónde fue alumno en su sinvergüenza educación. No quiso responder el bribón, centrado en cuyo motín se producía por la región que su próstata. Qué ocurre ahí abajo exigió, cuentan desde sala de máquinas que los testículos se encuentran a la máxima capacidad. Presión es insoportable, los renacuajos se han vuelto subnormales, pues inmaduros se chafan por el seno del epidídimo, y se pelean por colocarse primeros de la fila, ¡quita gilipollas se insultan!, ¡he llegado yo antes!

Interfono del portero suena sin césar, estos descerebrados aporrean el acceso al conducto deferente, y les pido tengan calma, su luz es penumbras y hay casi medio metro de gruesos muros, pero su inteligencia no alcanza ni la cota de burros, abro o caporal algo se habrá de inventar, que de tantas ostias el revestimiento va a reventar.

Meditó si alzar barreras, pero mientras aguardaba un rayo de inspiración volvió a llamar el centurión, ¡que ya van!, cuántos son le preguntaron, millones se amontonaron. Pararlos es inviable, que el cremáster ha elevado el huevo, le he dicho se espere, pero el incremento de un grado de temperatura ha constatado el registro nuevo. Dartos se ha aliado, y en el cuadro de mandos he buscado los botones por rebobinar la subida de los cojones, pero tal función no tengo en mi asignación.

De tanta urgencia los túbulos seminíferos se han quedado vacíos, van atolondrados, se pisan y se zancadillean y se cogen de la cola, quién diría están hermanados. Zumbido percibo ya lejano, deben de haber cruzado los vasos ilíacos, e incluso la avanzada trota por el conducto de la vesícula seminal, en esa estación no se apean pero ya han colapsado el canalón eyaculador.

Van con la panza llena, pues se han atipado de provisiones con una pócima cuya fórmula consta de un espeso líquido alcalino con fructosa y un agente coagulante, páseme la receta, al cojo lo ha convertido en atleta. Demostración tiene en que se dan de bofetadas por aquel angosto desfiladero, vencedores prosiguen y derrotados arrastra la marabunta al vertedero.

Me guío por el griterío, han de estar en los colículos seminales, desconozco si encima o en la abertura del utrículo prostático, que no tengo campo de visión y la explicación es por el estruendo que capta mi audición, error es un milímetro arriba o abajo en mi descripción. Velocidad llevan de vértigo, y dado la provocadora golosa no hace pausa ni para aspirar sorbos de oxígeno, apártese de la mirilla, van a salir a toda pastilla.

Narrado desde el exterior, el sermón del truhan es una ametralladora de sílabas afirmativas, repite en cadencia de rígidas normativas. Chilla que se desgañita, siente un hormigueo que le encoleriza el trabuco, y al borde del desmayo surte el derrame del orgasmo, reventón inaugural irrumpe a la velocidad del rayo, dosis vertida en cuantificar ha de rondar los cuatro milímetros. Andanada sucesiva es una quinta parte de mencionada cantidad, y por escurrir su posterior son cuatro gotas banales.

Cronómetro en marcha son veinte segundos aproximados del pistoletazo de salida a la escoba rezagada, mas aquella corrida presenta una anomalía, se alarga en demasía. Dígitos siguen su ascenso, y el volumen ya marca la báscula un gramo, ¡cuánta leche almacena esa vaca! Adviértale de la situación inusitada, mas eclipsado en el ordeño le ordena prosiga a la prisionera atada, y rehén mantiene el cosido de su lengua en el pepino, ¡llámeme adivino!, pero algo ocurre que no atino.

Supera un minuto su éxtasis, ¡colega!, se va a secar tu chasis, y notándose algo agotado le da orden de parar, que se va a deshidratar, mas cortesana hace caso omiso, sigue a su labor con un entusiasmo sorprendente y conciso. Consigue en su faena que el hercúleo se debilita, sus ligamentos flanquean, sus bríos flojean, y al querer desembarazarse de la mamada se nota atrapado por un especie de ventosa, es una sensación sin precedentes, pastosa y pegajosa. Desvía sus glóbulos oculares al subterráneo, y emana de dónde no sabe dónde una regatera de sangre.

"Se desangraba el cacique a una velocidad de vértigo"

Asustado investiga, proviene de la sonrisa en su prepucio, y justo entonces vio por sus muslos un tejido líquido, es cual recorre nuestro organismo a través de venas y las arterias y los capilares, desde las autopistas a las carreteras son todas las sendas fundamentales. ¡Mierda!, el imbécil se desangra, pero la herida no tiene explicación científica, pues a borbotones la riada se multiplica a un detalle que sólo iguala el microscópico. Será consciente de mi afirmación si le digo que, sin necesidad de tecnología, se distingue la forma redondeada de sus glóbulos rojos, ¡aleje de los infantes!, parecen caramelos, pero si quiere postre vaya a la despensa por pomelos, que esta desgracia inflige el peor de los flagelos. Hay esparcidas decenas de miles, tenemos de las células millones por milímetro cúbico, pero no demore el aplacar la hemorragia, que pierde el transportista del oxígeno, antídoto es taponar la brecha de lleno. Tejidos ya se quejan, nos falta suministro y defensas desertan, ¡mire!, soldados de uniforme níveo se distinguen por la viscosa lava en el sartorio, macrófagos y linfocitos y granulocitos has de reclutar, de seguir desaguando pronto te van a sepultar.

Quiso retroceder, pero un calambre orgásmico se apoderó de todo su ser, pues ya habían estallado multitud de su venas, con la epigástrica superficial desintegrada, venas testiculares desmembradas, arterias iliacas fraccionadas, femoral desprendía un perfume a putrefacta, y vasos linfáticos desmenuzados. Son algunos ejemplos, pero para entender la gravedad sepa quiso enjuagarse el sudor, y al pasar su palma barriendo entre las cejas y el cuero cabelludo comprobó arrastró lagos de sangre, poros se inundan de su rocío grotesco, sale deprisa que quieren tomar el fresco.

Respira con dificultad, y quizá se ha estropeado el termostato del planeta, pues tiene frío el profeta, diagnóstico le hago apresurado, se encamina su ruina a los dos litros de elixir. Aterrorizado me pregunta cuánta bancarrota puede asumir, máximo dispondrá en los estanques de seis litros, pero a partir del par peligra su existir. Deme agua implora, ¡ay analfabeto!, manufactura la médula ósea, y aunque en alarma aumente su producción es desorbitada su destrucción. Coagular se le asigna al plasma, ¡observe sus gemelos!, aquel rastro amarillento contiene glúcidos y lípidos y hormonas y las proteínas de la coagulación, urgen albañiles, pero la causa de no presentarse parados a la oferta es que se trata de un arma inmortal, no es humana y su ataque es inexorablemente letal.

Endeble le cuesta alzar el habla, verbos son discordantes y las faltas de ortografía orales se multiplican apabullantes, pues coloca artículos en géneros que no debe y los acentos permuta la aguda por la esdrújula. Ronronea como su era antaña en cuna, y desorientado reza por una brújula, deambula en círculos sin dirigirse a ningún punto cardinal, dígame qué busca, contesta saber quién es aquel diablo infernal.

Son los párrafos previos al punto y final, frase que integra el último esfuerzo del dictador, descubrir cual señorita se amagaba bajo la indumentaria. Alarga sus trémulos apéndices, estira de las gomas elásticas hacia el cráneo, y al quitarle sin resistencia de su oponente la máscara se oyó un estremecedor grito de terror, al ver que tras su envés no existía ninguna forma humana. Composición no es tangible, y por describir no hay modo posible, pues la infecta imaginación esbozara esos retratos amorfos plasmados en películas o dibujos, haga lo que quiera, confíe si le apetece en la farsa de los brujos, que cuanto fantasea es imagen farisea.

Cayó a peso muerto sobre cuyo lecho de abundante sangre salpicó toda la aureola del ambiente, y la muerte cambió los papeles, pue se alzó erguida, cuerdas se han evaporado, ¡ay iluso!, por qué se muestra confuso, si la túnica lóbrega que ejecuta la orden del destino es imposible de atar. Chapoteó su andar sobre el pantano caoba, libre y sagaz, y al volver al salón le doy mi juramento que el panorama fue de enterramiento, con todos y todas los invitados cadáver, caídos sin orden unos sobre otros en un mar de rúbeo glutinoso, vísceras fétidas ya vendrán buitres al banquete, tienen por zamparse desde morsas al zoquete, e impasible la muerte marchó, ¡escúcheme bien leyente!, no cometa el mismo error, digo el de jugar a creerse un dios superior, hágalo y le aguarda a vos el mismo fúnebre terror.

 

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